THE LAST POETS

The Last Poets, hechos en la América de la triple K

 


 

Ellos crearon el rap. Son negros y están orgullosos. No luchan contra los blancos, luchan contra los ‘negratas’, aquellos a los que les lavan el cerebro y se olvidan de la revolución. Llevan haciéndolo desde 1969. Y parte de su testamento aparece en The Last Poets. Made In Amerikkka, documental del 2008 que se ha podido ver en nuestro Estado gracias al Festival Beefeater In-Edit (en filmin.es durante toda esta semana).

 

 

 

 

No deberían ser recordados sólo por eso, sino por haber sido el grupo más político de su generación, entroncando directamente con los Panteras Negras, la Nación del Islam, la República de Nueva África, el Movimiento Amerindio y tantos otros que surgieron a la par y tenían los mismos objetivos. Sin embargo su arma era distinta: una combinación explosiva de spoken word, jazz, poesía y ritmos africanos, con los que reivindicar la revolución de su raza.

 

 

Hace dos años, el Festival Banlieues Blues de París ofreció al grupo la posibilidad de dar un último concierto. Tras la pista, el director Claude Santiago se propuso registrar para la posteridad el acontecimiento, optando también porque sus protagonistas se explicaran ante las cámaras, hablando del pasado y del presente, sin tapujos, libremente.

 

 

 

Así que ahí están los poetas originales Jalal Mansur Nuriddin, Felipe Luciano, Umar Bin Hassan, Dahveed Nelson y Abiodun Oyewole, acompañados por los músicos Babatunde, Ronald Shannon Jackson, Jamaladeen Tacuma, Robert Irving III y Kenyatte Abdur-Rhaman, manteniendo y expandiendo su discurso. Todos presentes, sin importar que en su día estuvieran enemistados entre ellos, recuperando parte de sus componentes de la cárcel y otros de sus adicciones a las drogas.

 

 

No se callan, no. De hecho, el puertorriqueño Felipe Luciano, a pesar de su apariencia de profesor universitario, sigue defendiendo a sus 62 años la lucha armada. Y no se contienen. Las letras de sus temas y sus declaraciones van en la misma dirección, complementándose. En sus 52 minutos hay tantas verdades como puños (cerrados, claro), tanto mensaje apretado, que es hasta complicado seguirlo sin perder una parte. Y se entiende que estuvieran en la lista negra del Programa de Contrainteligencia del FBI, cuyo propósito era investigar y desbaratar las organizaciones políticas disidentes dentro de los Estados Unidos.

 

 

Hasta cierto punto, el film apabulla. Tanto que se disculpa al director no haber contado con más recursos para recuperar material de archivo sobre el grupo y los años que configuraron su personalidad. Si no era posible recurrir a ello, al menos que la palabra sobresaliera, parece haber sido el enfoque. Y ahí sí que no hay objeción alguna: The Last Poets tal y como siempre fueron, como son, como serán recordados. Con el puño cerrado y bien en alto.

 

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