THE KILLS 2008

The Kills

(Sala Metro, Chicago, 9 de mayo de 2008)
 
 

Un día en Chicago. Investigo si hay algún concierto en la ciudad. Entre grupos de blues, jazz y otros desconocidos, también encuentro en la oferta a Dolly Parton, Ministry, M.I.A. o Engleberk Humperdink. Pero voy a decidirme entre Jim White y The Kills. El primero pilla más lejos y, aunque creo que nunca ha tocado en España, no sé si aparecerá con banda. Así que decido volver a ver a The Kills, con los que ya me había encontrado en el Primavera Sound del 2003 presentando su debut y que ya ahí me habían convencido.

Entro en la Sala Metro y veo que no está lleno. Abren Telepathe, un cuarteto de Brooklyn con tres chicas -tengo dudas de si una lo será- y un chico. Me gusta lo singular de su propuesta, pero no me llega su música. Tras media hora de espera, sin música que los anuncie ni cambios de luces, entran en escena Allison Mosshart (VV) y Jaime Hince (Hotel). Van sobrados de actitud desde el primer momento. Se bastan los dos solos para llenar el escenario. Los ritmos están pregrabados, pero por encima colocan sus guitarras. Debe de ser el único que grupo que, con caja de ritmos, suena todo lo contrario a algo sintético.


Durante hora y cuarto, incluyendo los bises, esto es un concierto de rock'n'roll. Hay tensión, hay nervio, garra, suciedad, sudor, electricidad, chispas, desafío, juego sexual… Estos son los Kills de hace 5 años en versión mejorada. Antes cantaban mirándose entre ellos; ahora no es sólo eso. Si acaso, prefiero los momentos en los que VV no coge su guitarra, cuando se siente libre para moverse como gata en celo por el escenario, nerviosa, con el pelo tapándole los ojos, buscando el enfrentamiento con no se sabe bien qué.

 
 


A ratos pienso en Screamin' Jay Hawkins, en Bo Diddley, en Iggy Pop, en los Primal Scream más sucios, en Sonic Youth… A veces escucho a P J Harvey, el sonido de su Rid Of Me, que era el que sustentaba sus dos primeros álbumes. Por suerte, Midnight Boom les ha abierto nuevos caminos. En disco parecen haber aireado su cerrado mundo, pero en directo todo encaja, y no parece haber diferencias. Me creo más a VV que a Hotel, quizá algo escorado hacia la pose. Acaban abrazados el concierto. Seguramente lo hagan en todas las fechas de esta gira, pero realmente pueden celebrarlo.


Cerca de las doce salgo a la calle cansado por la diferencia horaria (siete de la madrugada en España), pero sigo viendo a VV y Hotel restregándose en el escenario. Pienso que cuando haces un concierto así, una de las mejores cosas que puede haber en esta vida es estar encima de un escenario.

 

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