THE JESUS AND MARY CHAIN PSYCHOCANDY

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

SELECCIÓN  DISCOS CLÁSICOS


The Jesus & Mary Chain: Psychocandy (1984)

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Me gusta mucho, cuando pincho a lo talibán, tirarme al vacío, sorprender y, de cuando en cuando, tocar mucho los cojones en el ambiente indie-poppy en el que me muevo, tan lleno de corbatas, chapitas y excursiones de fin de curso al Fib, como vacío de interés real por la música, los discos y los conciertos. Una de mis salidas de tono favoritas es “Upside down”, el primer y mítico single de JESUS AND MARY CHAIN. Procacidad. Cuchillos afilados. Provocación. Caos. Kamizakismo noise-pop. Auténtica catarsis de rebeldía juvenil elevada a obra de arte del ruido y la melodía. QUE SE JODA EL MUNDO!!!!.

Cada vez que acciono el play, miro a mi alrededor. Aún hoy se suele ir gente en esos momentos. El resto permanecen inmóviles. Sólo puedo ver bailar a un pequeño número de personas, pero las veo completamente poseídas. Imagino. Bobby Guillespie marcando un ritmo demoledor desde las mismas calderas del infierno. William Reid tocando las cuerdas con cuchillas de afeitar. Su hermano Jim sujetando el micro de dos manos como si se tratara de un Ian Curtis sedado. Me entran ganas de estallar vasos contra el suelo, de romper en mil pedazos el reproductor de cd´s, de coger un sillón y tirárselo a la cabeza del pesado que no para de pedirme cosas “más moviditas” por que sus amigos se aburren. Oír “Upside Down” a las 5:00 de la madrugada es un subidón de adrenalina incomparable. Casi todo lo que busco en la música se comprime en esos gloriosos tres minutos de delirio.

Soy persona de extremos. Las medias tintas rara vez casan conmigo. Me gustan Suicide y Natalie Imbruglia. Pj Harvey y los Softies. Go-Betweens y The Third Eye Fundation. El pop más dulce y amable al oído y el rock más extremo, radical y violento. Los rostros virginales y los tacones de aguja. Tomarme 3 cafés solos y luego atiborrarme a tilas y cápsulas de valeriana para poder conciliar el sueño. Decir que Programme son uno de los mejores grupos del mundo y no perder la oportunidad de despotricar contra Stereophonics si se presenta la más mínima oportunidad. Así que el día que llegó “PSYCHOCANDY” ( Blanco y Negro, 1985) al hogar, el lp de debut de JESUS AND MARY CHAIN, aterrizó en mi plato y chocó con mi voluble carácter como un misil scud lanzado con toda precisión. Sobre mi inmaculada virginidad adolescente. Para poner todo patas arriba. Todo, absolutamente todo. Sin metáforas: acojonaba.

Pero acojonaba de verdad. Tuvieron que pasar meses para poderlo asimilar, casi tantos como para el primer disco de la Velvet Underground. Referencia nada gratuita, puesto que en “Psychocandy” estaba todo lo que mi espíritu pedía, pero esta vez sintetizado en una sola cápsula. “European son” y “Sunday Morning” pegándose un revolcón juntos y revueltos e invitando a Phil Spector, Donna Summer y Brian Wilson a la orgía melódico-ruidosa. Mis sufridos vecinos aún tienen secuelas. Algunos aún no saludan. El revival “Psychocandy” en mi dormitorio se ha revelado con los años permanente. (Mi) año cero. Sí, yo también soy (otro) hijo (más) de “Psychocandy”.

 

CAOS, RUIDO Y AZÚCAR

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Hay otros JESUS, no cabe duda. Los de “Darklands” desbordando oscura belleza e introspección. Los de “Automatic” fusionando a Bo Didley y los Stooges con bases programadas. Los de “Honey´s dead”, los de “Stoned and Detroned”, incluso hay algo aprovechable en “Munki”, pero de lo que hablará este articulo es de los primeros y primitivos JESUS AND MARY CHAIN, aquellos de diluían la suavidad pop en el caos ruidoso, aquellos que aún hoy dejan a boquiabiertas a las nuevas generaciones, aquellos que definieron un estilo mil veces imitado y reverenciado, un islote de rupturismo y subversión en el maquillaje neo romántico de la Gran Bretaña mitad de los 80.

QUE SE JODA EL MUNDO, reza el titular de este artículo. Y el estado del pop británico de la primera mitad de los 80 era el propicio para que una cuadrilla de jóvenes insolentes expulsaran un vómito sonoro. La ridícula fastuosidad de los citados nuevos románticos (esperpéntica mezcla de americana remangada, supuesta clase deluxe y actitud e imagen de nuevo rico al que el glamour le queda varias tallas grandes) era el caldo de cultivo perfecto para que se produjesen reacciones en todos los rincones del pop de las Islas. Recuerdo esa frase de Bobby Guillespie rememorando aquellos tiempos: “éramos la jodida Velvet Underground en un mundo lleno de Dire Straits” y no hallo idea más gráfica que poner a un lado la ridícula cinta de pelo de Mark Knopfler y, al otro lado, las gafas de sol de William Reid. Spandau Ballet, Eurytmics, los peores Pretenders de la historia, Duran Duran y en medio de eso salta la bomba: “Upside down”, un estallido de punk a 7” en el yuppie pop de los 80. Se había hablado de los nuevos Sex Pistols, pero lo de los JESUS AND MARY CHAIN era sin duda mucho más radical, peligroso y extremo. Y destructivo. Era 1984 y ese single luciferino (con el “Vegetable man” de Syd Barret en la cara b) era la duodécima referencia del sello Creation. En noviembre sale a la venta. En mayo del año siguiente había vendido 35000 copias. Los 80 habían hecho crash!!!.

Los JESUS AND MARY CHAIN de aquel entonces estaban formados los hermanos William y Jim Reid, el bajista Douglas Hart y el batería Bobby Guillespie (el actual líder de Primal Scream) . Entre 1983 y 1984 grabaron varias demos y ofertaron conciertos tanto en su natal Escocia como Inglaterra son su terrorista melosidad a cuestas. En uno de esos conciertos celebrado en The Living Room atacaron, durante la prueba de sonido, el clásico “Somebody to love” de Jefferson Airplane y resultó que allí estaba Alan McGee, el capo de Creation que, deslumbrado, les propone sacar un single en su sello, el citado “Upside Down”. “Con cada sonido me siendo como si me volviera loco” dicen en él. No sólo se volvían locos ellos, público y prensa enardecían. Por esas fechas Neil Taylor dictaba sentencia desde las páginas del hoy alicaído New Musical Express “Jesus and Mary Chain son el mejor grupo del mundo”, el público convertía en una batalla campal cada uno de sus incendiarios conciertos y ellos, altivos, arrogantes, auténticos hooligans del ruido lo sabían: el mundo era suyo.

El impacto de “Upside down” había sido tal que el sello Blanco y Negro, subsidiario de WEA los recluta en su nómina y en 1985 editan tres singles: “Never understand”, “You Trip me up” y “Just like honey”, todos ellos incluidos posteriormente en “PSYCHOCANDY”, sin duda uno de los mejores lp´s de la historia de la música contemporánea y anilla fundamental de la cadena del white noise Velvet-Suicide.Sonic Youth-Spacemen 3-My Bloody Valentine.

Pocas veces un título reflejó tan fielmente su interior como “PSYCHOCANDY”, un caramelo anfetaminizado de efecto devastador. Licuar a los Beach Boys y las Supremes en el “White light/ White heat” de la Velvet Underground, o peor aún, en el “Metal Machine Music” de Lou Reed en un concepto de banda total: estética, sonido y actitud al servicio de una sola idea. Exhortación sonora, ética y estética. Marañas de guitarras afiladas y estridentes, melodías dulcemente envenenadas interpretadas con voz de ultratumba. Esa malsana violencia existencial de Joy Division mezclada con la dulzura del pop y el hedonismo primitivo del rock n´roll. Carne, muerte, sexo, oscuridad y religión fluyendo por unos textos tan estúpidamente provocativos, narcisistas y banales que se convirtieron en los aforismos que necesitaba una juventud con ganas de gritar y reafirmarse sin saber muy bien por qué, tal y como siempre fue y ha sido y será el rock and roll. Por que si entendemos el rock n´ roll como espíritu, como esa música que te incita a follar, a tirarte por la ventana o romper cristales a puñetazos, “PSICHOCANDY” era y es mil veces más rock n roll que “Born in the USA” de Bruce Springsteen. Y también mil veces más sugestivo. Suba el volumen estimado lector, pinche “The linving dead” y entenderá por que muchos nos ponemos gafas de sol para escuchar ciertos discos.

Considero a “PSYCHOCANDY” como un disco perfecto en todos los sentidos. A diferencia de muchas otras obras rupturistas o presuntamente innovadoras (pienso en “Blue lines” de Massive Attack, hace nada escogido por la revista RDL como el mejor disco de los 90 y poco después relegado sintomáticamente al puesto 200 de lo mejores de la historia, casi de manera testimonial) que mostraban un nuevo marco musical mientras que, en esencia (es decir en sus canciones), no daban la talla y sus emociones quedaban lastradas por la artificialidad y los apriorismos estéticos, “PSYCHOCANY” no se queda únicamente en una brillante propuesta formal y vanguardista. De hecho los propios JESUS AND MARY CHAIN siempre sostuvieron que su gestación no respondía a ningún punto de partida teórico, sino que necesidad de expresión no se ve coartada por ningún patrón matemático-artístico. No existe (o, cuando menos así lo percibo yo) en “PSYCHOCANDY” impostación alguna, el QUE SE JODA EL MUNDO era emitido con toda pureza, rudeza y visceralidad. Insisto: la deconstrucción del rock n´roll para servirlo de nuevo del modo más primitivo posible.

Por otra parte, los JESUS de “PSYCHOCANDY” padecen al ojo crítico el mismo síndrome que, por ejemplo, Jimi Hendrix o Sex Pistols: el de valorar el continente por encima del contenido. Me refiero a que se ensalza comúnmente lo que ha significado y/o influido su formulación sonora, mientras se deja a un segundo plano de manera completamente injusta, un hecho indiscutible: que los hermanos Reid han sido, como recientemente decía Hope Sandoval, ni más ni menos que una de las parejas de compositores más brillantes del último pop británico. Afirmación fácilmente suscribible a la vista de su impresionante repertorio como se puede comprobar en su reciente recopilación de singles, equiparable en calidad a los similares artefactos editados en su momento por bandas como R.E.M, The Smiths o The Cure.

Efectivamente, al margen de los variados envoltorios que hayan empleado a lo largo de su carrera, los JESUS AND MARY CHAIN han ofertado un buen número de estupendas canciones, válidas por si mismas independientemente del pincel con el que hayan sido pintadas. “PSYCHOCANDY”, en ese sentido, se revela por momentos como una bella y escultural figura contemplada tras un cristal rayado en la que apenas se puede vislumbrar la silueta. Temas como “Just like honey” o “Taste of Cindy” bien podrían colarse en el repertorio de las Supremes o las Ronettes. “Some Candy talking” traslada a los 80 el lado más delicado de la Velvet Underground. “Showing Seeds” semeja una de esas odas adolescentes de Brian Wilson. Cuatro ejemplos cazados al vuelo del lado primorosamente melódico del entonces cuarteto.

En efecto, porque luego está el más radical “stoogismo”, “velvetismo” y “suicidianismo” del disco. “The linving dead”In a hole” (el golpe en el cristal) o “Never understand” (los trozos derramados por el suelo) podrían ser el triángulo de la iracundia de musical de los 80. Auténticos torbellinos de ritmos tribales, esquizofrenia guitarrera e incitación a la rebeldía sensorial y espiritual. Cuando eran interpretadas en sus polémicos directos de apenas 20 minutos se producía la loquería colectiva. Salas arrasadas, fans prendiendo fuego al escenario, el punk resucitado a golpe de noise terminal. Pocas veces del barullo se ha extraído algo tan nítido: QUE SE JODA El MUNDO!!!!. (o el puño cerrado), “

Para quienes adoren esta etapa del grupo, les recomiendo que se hagan también con el recientemente editado “THE JOHN PEEL SESSIONS” (Strange Fruit, 2001) que recoge parte del repertorio de esa primera y primaria época con la formación inicial en plenitud de facultades rescatado de los archivos de la BBC. Igualmente el recopilatorio “BARBED WIRE KISES” (Blanco y Negro, 1988) que junto al mítico “Upside down” reúne caras b del periodo 85-88, descartes y temas inéditos, en ocasiones (“Head” o “Hit”, por ejemplo), más radicales aún que los originales y, que en conjunto, suponen a mi juicio uno de los mejores trabajos de los JESUS.

 

DESATA LA RABIA DE LA MANERA MÁS DULCE POSIBLE

Todos tenemos nuestras volubles partículas de rabia adormecidas en el interior, una agresividad latente que, reunidas las circunstancias oportunas, sale a relucir con toda su intensidad. Ese jefe que no te paga la seguridad social prolongando de manera indefinida el contrato de prueba, ese detalle que te han contado bajo secreto que dijo tu amigo de ti y que no puedes revelar pero que martillea constantemente el pensamiento, la pareja que no deja de chantajearte emocionalmente para que tu incomunicación con el mundo sea un hecho,… mil pinchazos de agujas que alimentan la necesidad imperiosa de encontrar una válvula de escape con la que desatar y dar rienda suelta a la exasperación casi de manera fisiológica.

Unos acuden cada domingo al fondo (o al lateral) de un campo de fútbol a entonar sandeces racistas encubiertas de “amor a los colores”, otros ponen el cronómetro cero la noche del sábado y a golpe de éxtasis redoblan las rpm de su corazón hasta que amanece, otros dicen “oye, tío me has empujado” y empiezan a hostias con el primero que se cruce en su camino. Los hay que canalizan todo ello en una canción y los hay quienes lo depositan en la canción que han hecho otros. Para mí pocas cosas en la vida resultan tan excitantes como poner el discman al máximo de volumen y dejarme llevar por la bola de incontinencia de esos primeros Jesus and Mary Chain (prueben a hacerlo un sábado por la tarde en un centro comercial!!!). Los que volvieron a romper el himen reconstruido del pop y lo hicieron sangrar, gritar y loquear como nunca. Siempre como la primera vez. Uno no se imagina la vida sin “Psychocandy”

Hoy, ayer, mañana. Eternamente.

Javier Becerra
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