THE GOOD COMPANY

The Good Company, la soledad del corredor de fondo

THE GOOD COMPANY 1

 

The Good Company llegan a su tercer disco, Walden Year, tomando como hilo conductor el libro Walden (1854) de Henry David Thoreau, quien pasó dos años solo retirado de la civilización en una cabaña en el bosque antes de volver con su familia. Con una banda renovada y nuevos bríos, esta semana iniciaron la presentación del álbum en Las Palmas de Gran Canaria antes de dar el salto a la Península. Víctor Ordóñez, su líder, nos lo presenta.

Este tercer trabajo aparece cuatro años después de Dearland. ¿Cuesta poner en marcha la grabación de un disco cada vez? ¿Hubo en algún momento intención de tirar la toalla?

– Para mí empezar con un nuevo disco es un ciclo muy natural, como tener hambre. Un día empiezas a componer y entonces ya sabes que no hay final hasta que hayas terminado un nuevo álbum. En ese sentido, los cuatro años se deben más a un proceso largo de estudio. Además, las ideas iban llegando también según íbamos terminando, y esta vez hemos dejado que las canciones fueran madurando con el tiempo, que nos fueran diciendo por dónde había que llevarlas a nivel sonoro. ¿Tirar la toalla? Eso nunca es una opción. Creo más en completar ciclos. En ese sentido tenemos mucha curiosidad por ver a dónde nos lleva este álbum.

Finalmente el grupo optó por el micro-mecenazgo para poder grabarlo. ¿Era la mejor opción? ¿Contentos del resultado?

– Ya en su día nos pareció la mejor opción, pero ha resultado aún mejor al verlo todo a posteriori. Implicar personalmente a la gente en la música, en tu música, viene a paliar el vacío emocional que existe hoy en la rutina y la relación que tenemos con la música que consumimos. Esa implicación se asemeja a esa cosa del pasado que era buscar una cinta o LP en vinilo de tu grupo favorito y llegar a casa ansioso por ponerlo una y otra vez. No es lo mismo, pero sin duda es la mejor opción para casi cualquier grupo diría yo. Y tras ver como casi 200 mecenas ponían de su bolsillo cantidades considerables y se llenaban los eventos que hacíamos para apoyar la campaña de crowdfunding, tuvimos claro que fue una buna decisión.

En todo este tiempo ha habido cambios en la formación. ¿Cuáles han sido? ¿Es ya estable la nueva formación?

– Ahora con las incorporaciones de Néstor Hernández (La Perra de Pavlov) y Leonardo Segovia (Bel Bee Bee), tenemos un equilibrio perfecto. Somos un grupo con 3 guitarras, y la idea de ser un grupo grande en número nos gusta, nos permite poner en juego muchas texturas y nos permite sonar grandes cuando todos empujamos.

Walden Year tiene como hilo conductor el libro Walden de Henry David Thoreau. ¿Qué fue lo que te atrajo de la historia? ¿Cómo llegaste hasta ella?

– De Walden me atrajo todo. Me atrajo la modesta heroicidad de la experiencia de Thoreau, porque nos enseña que el peso no está en lo que hizo, sino en lo que sintió y escribió a raíz de su pequeña aventura. Sacó algo de él que ha perdurado por siempre y que es un camino a seguir. Eso lo acerca a todos nosotros, nos pone al alcance de la mano vivir de otra manera y pensar de otra forma sin necesidad de grandes gestas ni un talento extraordinario. Walden es sencillez y es naturaleza. Eso me pareció un material increíble con el que poder hacer un disco. Llegué a Walden y a Thoreau porque había leído que Gandhi y Luther King se inspiraron en él para dar forma a sus pensamientos y reivindicaciones.

¿Podemos considerarlo un disco conceptual o más bien se trata de una colección de canciones inspirada por una misma obra, si es que existe una diferencia?

– Lo segundo me parece más cercano a lo que es, y menos pretencioso, que es justo de lo que andábamos hablando. Poniéndome en la piel de Thoreau y en el de la laguna de Walden (que me parece un personaje en sí mismo en todo el libro), he dado voz también a mis sentimientos. A través de otro encontré un buen reactivo para aportar mi grano de arena también a las letras.

Doce meses de un año de aquella aventura se reparten entre las nueve canciones del álbum. ¿Fueron compuestas las canciones a raíz de las etapas de aquella aventura, de los capítulos del libro…? ¿Y no hubiera sido lógico hacer las doce?

– Digamos que una canción no responde a un mes en concreto, hay canciones que abarcan dos y tres meses, me pareció un corsé seguir ese orden tan férreo.

Parece como si la temática de las letras del álbum reivindicase un cierto individualismo, máxime aun teniendo en cuenta la historia de la que parte. ¿Era la intención?

– Si que hay una reivindicación del individualismo y de cierta soledad. Ahí afuera hay demasiado ruido. Walden es para mí como el ruido de la soledad, tanto en lo sereno como en el caos instrumental.

¿Ha resultado complicado adaptar la temática, los textos de la narración, al lenguaje del pop?

– Walden es un filón de frases memorables, pero hubo que adaptar las métricas y el ritmo en el que el escritor se mueve para llegar al de las canciones. Tenía claro que esto no eran textos musicados, las canciones estaban casi compuestas y no se iban a tocar. El reto era dejar ambos mundos intactos y meter a Thoreau en el pop perdiendo el respeto por cuidar la formalidad del asunto.

Al centrar los textos en esta obra, parece que desaparece el protagonismo de quien escribe las canciones. ¿Libera el despojarse del ego a la hora de escribir al no centrarse en uno mismo y sus historias?

– ¡Es que desaparece! Además de que libera, como te dije antes, abre una vía nueva a definir ciertas cosas en ti, que acaban resultando paradójicamente en dar forma a tu propia voz. A nivel musical, además, me hizo distraerme mucho de querer controlar tanto todo. Como tenía que prestar mucha atención a Walden, hicimos la música que teníamos que hacer, que es ésta. Y muchos vicios e inseguridades acerca de hacer un buen disco o de sonar de una determinada forma se desinflaron.

THE GOOD COMPANY

Una de las canciones, como en el anterior disco, está cantada en castellano. En esta ocasión supongo que habrá sido diferente el enfoque al partir del ensayo.

– Nos encantaría meter más, pero de nuevo fue lo natural, y todo quedó en una canción: “La noche de enfrente”. En esa encontramos las palabras adecuadas para que todo funcionara y, cuando lo consigues, desde luego que el castellano es una lanza directa a la fibra sensible de la gente, tiene mucho poder.

Ahora es el momento de dar a conocer el disco. ¿Qué expectativas hay dentro de la banda?

– La banda estará presentando disco en las plazas que siempre nos han acogido bien durante estos años, que son Madrid, Barcelona, Tenerife y Gran Canaria. Pero a partir de ahí queremos enseñar este Walden Year en otros territorios; si se dan las condiciones, ahí estaremos con mucha ilusión.

En su momento, The Good Company intentó dar el salto desde Madrid. ¿Qué queda de aquella etapa y de aquellas intenciones?

– Madrid, como símbolo de la gran ciudad, es un paso casi obligado para enfrentarte a tus aspiraciones y sacar la verdad de tu relación con la música y los objetivos reales que tiene tu proyecto. Tocar allí y haber estado/aparecido en sitios que se consideran relevantes, ayuda al proyecto y te ayuda a saber dónde estás. Pero el aislamiento es también igual de importante, porque a veces no saber dónde estás es muy bueno. Te hace trabajar e ilusionarte de un modo que cuando la sociedad aparece para juzgarlo (o ignorarlo) se corta. Ahora Canarias es un gran lugar para estar.

Parece que con el tiempo valoras más hacer buena música que tener una gran repercusión, estar más contento con lo que haces que desesperarte por no llegar a más gente, ¿no?

– Llegar a más gente es un problema de tiempo. Puedes llegar por un tiempo a mucha gente, pero ese estado no es constante, y la gente luego pasa a otra cosa. Eso genera frustraciones y altera el modo en el que coges una guitarra y compones una canción. Ya que nunca llegamos a mucha gente, tenemos una libertad valiosísima, y la estamos utilizando. Por supuesto que hay grandes genios que perduran, pero no estamos aquí para eso. Cada vez veo más que estamos para mantener algo vivo, cada uno en su entorno y en su área de influencia.

¿Cómo limita grabar y darse a conocer desde las Canarias, o es algo que ya no te preocupa?

– Mira, Bon Iver creó un grandísimo disco en una choza al norte de Wisconsin tras sacar 4 álbumes muy buenos con su banda de toda la vida. Y justo de lo que hablamos hoy: Walden, el libro, escrito en la soledad y el aislamiento, hizo su camino hasta ser una obra inmortal en todo el mundo. ¡Lo que sucede es que nosotros hacemos cosas más pequeñas! El estar en el centro de todo es una obsesión de la peor parte de la civilización occidental y del capitalismo en particular.

¿Cuáles son los próximos proyectos de The Good Company?

– Ha costado terminar este disco, que ponerlo a punto para enseñarlo en directo nos parece muy fácil en comparación. Así que ahora que lo tenemos bajo el brazo, queremos enseñarlo, tocarlo y gastarlo.

Por último, ¿cuál ha sido hasta ahora la mejor anécdota que habéis vivido en el mundo de la música?

– Estuvimos en el Día de La Música en Alicante, con la mala suerte de que el Murcia o no se qué equipo local había ascendido a Primera División esa misma noche. La gente estaba bastante loca y medio violenta. Nos pedían que hiciésemos discurso del rollo futbolero y, al no hacerlo, se estaban calentando con nosotros. De repente, estoy tocando, giro la cabeza y veo a uno del grupo (además, el que más odiaba el fútbol de todos) enfundado en una bufanda enorme del equipo. Claro, nos dio la risa y eso enfadó más aún al personal. Así que terminábamos cada tema a partir de ahí con un “¡Viva Alicante!” para no cagarla más ya. Alicante es lo más ‘España’ que hemos visto en la vida, por cierto.

 

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