THE DUKE OF BURGUNDY

The Duke of Burgundy

Peter Strickland (La Aventura Audiovisual)

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Si en algún momento alguien llega a pensar en el director español más prolífico del terror y el erotismo, Jess Franco, no va muy desencaminado: la primera idea con The Duke of Burgundy era hacer un remake de Lorna, la exorcista. Aunque quedan ecos de las películas de Franco, Peter Strickland (en su tercer film tras Katalin Varga, 2009, y Berberian Sound Studio, 2012) logra construir aquí una atmósfera tan propia con singular.

En este universo no hay hombres pero sí bichos (mariposas, polillas y orugas, primorosamente coleccionadas), en un espacio y tiempo indeterminado, que sirven como metáfora de una relación erótica, sadomasoquista y fetichista, sin sexo explícito pero con un sinfín de miradas y roces, entre dos mujeres en la que los papeles de dominadora y sumisa se prestan a un cambio de roles, especialmente en la mente del espectador. Sus atípicas convenciones respetadas hasta entonces se resquebrajan cuando una desea una relación más convencional, justo al revés de lo que sucede habitualmente en la vida real.

En esta experiencia sensorial cíclica, de rutina y repeticiones, en un escenario fantasioso, bello y bucólico, su director se recrea en los pequeños detalles, con atención especial a los sonidos (de una máquina de escribir, unas sábanas,  la ropa lavada, una bicicleta,…), apoyado en una evocadora banda sonora de Cat’s Eyes y la interpretación de dos actrices perfectas: si Chiara D’Anna provoca y estimula, Sidse Babett Knudsen apabulla desde su veteranía.

 

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