THE DIVINE COMEDY

The Divine Comedy,  disfrutando su madurez

 

 

A principios de los años 90, el mundo descubría a un caballero apuesto, que hablaba sobre asuntos literarios y cantaba con voz de crooner. Parecía tener ya 50 años pero frisaba los 20. Decía que no se sentía a gusto con su edad, y era plausible. Treinta años después está más satisfecho consigo mismo. Y por eso se permite experimentar, más que nunca, como hace en su nuevo doble álbum Office Politics. Charlamos con un distendido, inteligente y a veces irónico Neil Hannon sobre su nueva obra.

 

Este es tu primer disco doble. ¡Al fin! Te ha costado 30 años llegar a ello.

– Cierto, ¡por fin! De ahora en adelante voy a añadir un disco más cada vez: el próximo será un triple, el siguiente un cuádruple y así… Será un crecimiento exponencial. En este caso, además, se puede considerar también un disco triple porque he incluido Swallows and Amazons, las canciones del musical que se estrenó en diciembre de 2010 en el Teatro Old Vic de Bristol. A veces me gusta intentar convencer a la gente para que compre más copias de mis discos de las que necesitan poniendo pequeños detalles extra que creo que les pueden interesar.

 

¿Qué fue lo que hizo que prestaras ahora atención a los sintetizadores y las máquinas?

– Cuando escribí la mayor parte del material hace unos años, porque lo hice al mismo tiempo que las canciones que aparecieron en Foreverland (2016), todo surgió porque había acabado un ciclo de disco-gira, también había acabado con las canciones escritas al órgano para el musical y, de repente, tenía bastante tiempo para mí, lo que no me sucede casi nunca. En lugar de ponerme a componer otro disco, puse todo mi material en otra habitación y experimenté con ello. Tengo cajas de ritmo y sintetizadores que no me permito usar habitualmente porque no es lo que entendemos por The Divine Comedy. En esta ocasión sí me lo permití y me di cuenta de que estaban apareciendo dos tipos de canciones: unas hablaban de relaciones, lo habitual de The Divine Comedy, y las otras eran más raras. Así que este es el álbum atípico. Hay bastantes cosas de la new wave, tipo Elvis Costello o Squeeze, del post punk, del pop electrónico que me gustaba cuando era un chaval, de minimalismo clásico, de Depeche Mode cuando hacían “Personal Jesus” e incluso de Tom Waits.

 

“The Synthesiser Service Centre Super Summer Sale” es todo un tour de force, la pieza central y la sorpresa, con tu parte hablada y la instrumentación. También resulta inesperada “Philip and Steve’s Furniture Removal Company”.

– Sí, la primera es la canción más extraña que haya incluido en un disco de The Divine Comedy. La segunda es más hermosa, no la tildaría de rara. No sé muy bien de qué va pero me gusta.

 

Podríamos decir que es tu disco más variado. Hay humor en “Queuejumper”, electrónica in “Office Politics”, electro-swing en “You’ll Never Work in This Town Again”, glam en “Infernal Machines”, electro-funk en “The Life and Soul of the Party”, guitarras duras en “Dark Days Are Here Again”, incluso una canción que me recuerda a The Cars (“A Feather in Your Cap”)

– Ah, pues sí, supongo que podríamos asociar esta canción con The Cars, los de los últimos discos. Bien pillado, no lo había pensado. Me gusta esa última época suya.

 

De todas formas, no es un rotura radical con lo que significa The Divine Comedy.

– No, no diría eso. De hecho, si escuchas Liberation de 1993, es bastante aleatorio en su sonido, y siempre me ha gustado hacer un hueco a cosas así. En 1998 estuve en una fiesta maravillosa en la que ponían hardcore techno… Digamos que he hecho algo así en el pasado pero no en un mismo álbum.

 

Por ejemplo, “I’m a Stranger Here” podía haber estado en cualquiera de tus otros discos.

– En este caso, quería que estuviera en este disco porque habla de la alienación provocada por el progreso y la tecnología, de alguien que se siente un extraño en este mundo. Y, para que sonase como una canción alienada respecto al resto, tenía que ser extremadamente sinfónica, de ahí que lleve orquestación, para marcar distancias con el resto. Por eso me permití incluirla.

 

“When the Working Day Is Done” podría ser un tributo a Scott Walker después de su reciente muerte, pero está claro que la escribiste antes.

– Es cierto. Descanse en paz, Scott. De todas formas, lo curioso de esta canción es que comenzó como un tema electrónico. De hecho, en las canciones extra de la versión itunes de Bang Goes the Knighthood (2010) hay una canción titulada “Beside the Railway Tracks” que verás que tiene los mismos acordes. Me gustaban mucho esos acordes y, como no estaba del todo contento con el resultado, la hice de nuevo. A mí me suena más como Ennio Morricone hacia el final con la guitarra twang.

 

Uno de los mejores momentos, con parte electrónica pero también recordando a lo habitual en The Divine Comedy, es “Absolutely Obsolete”.

– Es la más antigua del disco. La música la compuse para otra canción, probablemente en 2006. Siempre me gustó pero nunca llegué a utilizarla porque no parecía la adecuada para nada. Finalmente, volví a ella para este disco porque sabía que ahí había una buena canción en algún lado. Ahora habla de un drama de oficina, en el que alguien es despedido. De todas formas, se puede entender como una canción de ruptura de una relación, sin más. Cuando la estaba acabando me di cuenta de que sonaba como “Cool for Cats” de Squeeze y pensé en Chris Difford para cantarla conmigo. Por suerte, he llegado a un punto en el que puedo llamar a alguien así y pedirle que esté en mi disco. En su día, cuando era un adolescente, veía a esta gente en televisión con admiración y que ahora puedan estar en un disco mío es un sueño hecho realidad.

 

Veo una relación entre su música y la tuya, especialmente en este disco.

– Sí, y todo el mundo que esté leyendo esta revista debería correr a escuchar alguno de los discos de Squeeze, en spotify o donde sea. Eran unos grandísimos compositores de canciones.

 

¿Cuál fue tu principal motivación esta vez? ¿Las máquinas y su relación con los seres humanos? ¿Podemos decir que este disco es una reacción contra un mundo impulsado por máquinas y, al mismo tiempo, una elegía para todas aquellas máquinas que nos ayudan a diario?

– Más o menos. Hay una canción en concreto, “Infernal Machines”, en la que quería invocar un mundo como el de una película de Fritz Lang, como una catedral llena de máquinas chocando y enfrentándose entre ellas. Al álbum lo he llamado Políticas de oficina porque quería enfocarlo en un principio desde una óptica más humana, cercana y cotidiana, y gradualmente el disco y las canciones van siendo infiltradas por las grandes corporaciones y el mundo moderno. Vamos, que es un disco como para animar a alguien, que se recrea en la felicidad, ja, ja.

 

¿Cuál debería ser el límite al usar esas máquinas? Y en tu música, ¿dónde pones tu límite?

– Creo que ya he hecho suficiente en mi carrera como para poder permitirme hacer lo que quiera. Ya he probado a todo el mundo que se quiera enterar de lo que soy capaz de hacer en términos de música sinfónica. No quiero que se me catalogue de una manera, ser arrinconado en una esquina, que piensen que mejor me será que me mantenga de acuerdo al guion. Si tu lenguaje se estrecha, si se hace más pequeño, si solo puedes utilizar una cantidad limitada de colores en tu paleta, se vuelve más difícil hablar o jugar con todo lo que tienes a tu disposición. No quiero hablar de tecnología sin utilizar la tecnología, si se entiende lo que quiero decir.

 

No sé, entonces, si ya has dejado de intentar seguir aprendiendo o, por contra, sigues trabajando para mejorar tus habilidades e intentar dominarlas.

– Nunca he sido muy bueno a la hora de ensayar y practicar. Soy un tanto perezoso en ese aspecto. Me avergüenzo: debería practicar más con el piano y la guitarra. Por otra parte, siento que las mejores cosas que he escrito me han salido porque no tengo tanta destreza. Siempre intento ir más allá de mis habilidades cuando escribo, trato de hacer cosas en las que no soy tan bueno, porque eso crea una tensión en la música que es buena y suele proporcionar buenas ideas cuando realmente no sabes muy bien cómo hacer lo que estás intentando hacer. Lo único que sí creo es que debería trabajar más mi voz porque creo que está empeorando a medida que me hago mayor. Demasiado café, demasiado vino tinto… Se está volviendo más profunda, pero con lo que estoy teniendo problemas en realidad es con el tono. En mi mente me estreso bastante pensando si seré capaz de alcanzar la nota adecuada y, solo por eso, lo hago peor. Lo mejor sería relajarme.

 

 

 

También es complicado mantener la frescura después de tantos años. No sé cómo te lo planteas.

– Tomo muchas drogas… Por desgracia, no es cierto. Cada vez tengo menos tolerancia. Ya ni puedo fumar hachís. Me hago mayor. Básicamente, lo mío es un vaso de Jerez. Estoy intentando pensar en algo más interesante que decir. He hecho las canciones de este disco, para darle un buen meneo a todo. Si sigo haciendo canciones como las habituales al piano, seguiría sonando igual. Por eso es importante utilizar nuevas técnicas y nuevos instrumentos, para mantener la frescura. Es lo que comentaba antes: tienes que ponerte nuevos retos. “Philip and Steve’s Furniture Removal Company” sería un buen ejemplo. Cuando la compuse había leído esa mañana en el periódico que Phillip Glass y Steve Reich habían tenido que dedicarse a las mudanzas y a mover muebles cuando dejaron la Universidad porque no tenían dinero. Lo que hice fue cantarlo a mi teléfono mientras iba al estudio (por eso se escucha el viento al fondo) y, mientras caminaba, asumía que ese era uno de mis objetivos en el disco, alcanzar el tono en el que había grabado en ese momento. Me puse una tarea, me planteé un problema y después tuve que resolverlo musicalmente. No es que se trate de una canción convencional, pero es lo que me permite ser original y no hacer lo de siempre: estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-puente…

 

Hace unos años dijiste que eras un viejo en un cuerpo joven. Después que eras un viejo en un cuerpo de la mediana edad. ¿Alcanzarás la paz cuando seas una persona mayor con el cuerpo que le corresponde?

– Paz, sí. Pero estoy frustrado con mi barriga, que sigue creciendo. Por supuesto, hay unas cuantas cosas que podría hacer para detenerlo, como hacer ejercicio, que no me gusta, no comer toda una pizza cuando puedo comer la mitad o no beber tanto. Pero me gusta hacer esas cosas. Así que me temo que tendremos que acostumbrarnos a ello.

 

¿Hay algún sueño que todavía tengas como músico, algo que quieras hacer o conseguir?

– Me gustaría componer una banda sonora en algún momento, de una película que la gente realmente llegase a ver. Pero si no sucede, tampoco me sentiré miserable. Me gustaría también escribir un musical como los del West End de Londres, y que tuviese éxito. De todas formas, disfruto con lo que hago, así que no soy avaricioso. Lo que me sucede a mí tampoco es tan importante. Sí me gustaría que el mundo no se acabase mañana repentinamente. Por lo tanto, a la hora de votar, estaría bien que la gente se lo pensase y tuviese en cuenta a aquellos políticos que se preocupan por el medio ambiente.

 

¿Qué es de lo que te sientes más orgulloso?

– Mi mayor logro es estar aquí hablando contigo después de todos estos años. Cuando tenía 13 o 14 años supongo que me hubiese sentido orgulloso si llegase a tener un single en el top 10 en el Reino Unido, que no es precisamente fácil, pero lo tuve, así como un disco de oro. Estoy feliz de que fuera así pero no necesito que vuelva a ocurrir.

 

 

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