THE CORAL

The Coral: mejor sin reglas

 

         Por fin un grupo que deja escapar todo lo que han mamado sin poner cortapisas a su creatividad. Todo vale si el resultado lo merece. The Coral editaron por aquí hace pocas semanas, con bastante retraso respecto a su país, su primer disco, The Coral, en el que demuestran que en Liverpool ya tienen un digno sucesor para Echo & The Bunnymen o The Teardrop Explodes. Ahora, a finales de agosto, aparece su segundo trabajo, Magic And Medicine.

        Hoylake, Merseyside. ¿Dónde demonios está eso? “Es uno de esos pueblos en los que todo el mundo conoce a todo el mundo, pero en realidad nadie conoce a nadie,” reconoce James Skelly, guitarrista, vocalista y uno de los componentes del sexteto The Coral. “ Se trata de una población costera sin nada de particular al oeste de Inglaterra -el anti-Blackpool, por así decirlo- donde la mayor atracción del año es el extravagante Día de la Lancha Salvavidas.” 

        Pero, lo más importante, es que se trata de la tierra natal de The Coral. Seis jóvenes trovadores con edades comprendidas entre los 19 y los 22 años que han formado una de las bandas más excitantes desde hace mucho tiempo. Aun así, tras una rápida escucha de los EP Shadows Fall y The Oldest Path no sería disparatado confundirles con cualquier panda de extravagantes. Escogen sus estilos y se especializan en terrenos que nadie antes se habría atrevido a pisar. Baladas en clave menor infundidas del espíritu del Lejano Oeste bajo un pantano iluminado por la luna, por ejemplo. ¿Qué te parece? Seguramente te veas tentado a intentar comparar a esta banda tan joven y, sin embargo, tan aventurera con sus coetáneos. Y es que The Coral tienen puesta la mirada en el futuro y las manos en el pastel musical.  

        A pesar de ser tan jóvenes, The Coral están prodigiosamente al tanto de todo. Como un calidoscopio cultural en continuo movimiento, “lo absorbemos todo, desde el ecologismo de Adena hasta El Origen de las Especies, desde Hemingway hasta Huckelberry Finn,” comentan. Y así son: eclécticos pero accesibles.  

        “Asimilamos todo cuanto cae en nuestras manos, lo meditamos y después le damos vida con una perspectiva global. Bob Marley. Los Beach Boys. The Doors. La Isla del Tesoro. La Guerra Civil Americana. Las bicis BMX.” Di lo que quieras, que ellos lo exploran. Como el propio James afirma, “la inspiración se encuentra en cualquier lugar”.  

        Pero ¿cómo llegaron hasta aquí? Hace seis años, la banda nació con la unión de un grupo de amigos de Hillbury High, Hoylake. James e Ian Skelly invitaron a tomar el té al que se convertiría en su futuro guitarrista, Lee Southall, convenciendo a su madre de que se trataba de “uno de esos refugiados kosovares”, y por el camino seleccionaron igualmente a Paul Duffy, Nick Power y Bill Ryder-Jones. “Aprendimos algunos temas clásicos –de Oasis, sobre todo- y compusimos otros nuevos sobre piratas, sheriffs y hombres con aspecto de planta.”             

        Lo intentaron con la universidad, pero no les pareció la mejor opción; debilitaba sus fuerzas expresivas y no podían compaginar ambas actividades. James explica: “Todos intentamos estudiar en la facultad, pero abandonamos. No era muy divertido; no molaba. No parecía que quisieran enseñarte. Y, ¿por qué ir a que te enseñen cuando puedes aprender tú solo? ¿Por qué limitarte a una cosa cuando puedes intentar cientos de ellas?” 

        De esta forma se retiraron a una cabaña abandonada junto al mar para ensayar y fumar para regocijo de sus almas. “Trabajábamos media jornada para sufragar los gastos de nuestros esfuerzos, mientras íbamos grabando maquetas. Fue Alan Wills, antaño el corazón de la máquina de ritmos de Shack, quien se hizo cargo de The Coral y creó para nosotros el sello Deltasonic tras alucinar con uno de nuestros ensayos.” 

        En verano del 2001 salió su EP de debut, Shadows Fall, cuyo tema homónimo mostraba un folk de tintes rusos mezclado con un alocado ritmo ragtime. “Entiendo que no hay reglas para hacer música. Si suena bien, es que es bueno,” afirma James, sentando una de las bases del grupo.

        “Después ofrecimos algunos conciertos con nuestros colegas The Music. Los cazatalentos se volvieron locos.” Prosiguieron antes de Navidades del 2001 con el EP The Oldest Path, una mezcla de Johnny Cash con los Specials y otro ejemplo de la impresionante diversidad de estos jóvenes. “Vale, vale, no somos héroes a lo James Dean. Somos más parecidos a Luke Skywalker. Además, aunque no soy peligroso, tengo un sable de luz,” suelta de repente el bajista Paul. 

        En resumidas cuentas, al fin hay un grupo que puede hacer uso de sus variados intereses de todas las formas posibles: intentando captar una energía en vez de usarla como una mera plantilla. Todo esto no deja de ser un placer si los comparamos con algunos de sus coetáneos más veteranos, con cualquiera de esas nuevas bandas guitarreras que ni te molestarías en citar y que, sin duda, a ellos les hará mantenerse firmes durante muchos años y álbumes. 

Xavier Valiño

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