THE CHARLATANS

The Charlatans, sobrevivientes

 

Acid house y pantalones anchos. Las chapas de Smiley y las fiestas sorpresa que se anunciaban como un rumor en el aire. Las madrugadas en Ibiza. La bandas –The Stone Roses, Primal Scream, Happy Mondays…- ¡El verano del amor! Allí sonaba cualquier canción de James Brown en cualquier momento y “Sympathy For The Devil” de los Rolling Stones a la salida del sol.

 

Todas las bandas que nacían en aquellos momentos intentaron capturar lo que se mascaba en el ambiente. Melodías de los 60, órganos Farfisa, guitarras discordantes encajadas a la perfección en ritmos contagiosos y líneas de bajo arrastradas. Hace ya casi 10 años, y varios fueron los perdedores -Northside, Flowered Up, Inspiral Carpets…- Sólo hubo unos The Charlatans, y aún siguen vivos para contarlo.

 

Melting Pot está aquí para dar testimonio de ello, justo en el momento en que dejan Beggars Banquet -increíble: ¡una banda que cumple su contrato hasta el final!- por Universal, un fichaje que se rumorea multimillonario. Siempre habíamos dicho que su recopilatorio de singles sería su mejor disco, y así lo prueba este álbum que cubre sus siete años de trayectoria, comprimido como un sandwich entre dos momentos que definen no sólo la banda sino también su tiempo.

 

El primero de los dos, “The Only One I Know”, algo así como un cruce sonoro de la banda sonora de Shaft con The Animals, recogiendo toda la euforia que vibraba en el aire en aquel verano del amor; el último, “North Country Boy”, el resumen, a partir de una idea de Bob Dylan, de sus momentos más introspectivos y airados.

 

Por el medio aparece el afortunado ritmo de “Then”, el riff a lo Rolling Stones de “Sprotson Green”, el deje a lo Sly Stone de “Weirdo”… Melting Pot captura el colapso del verano del amor y la nostalgia por el rock que le siguió. Recoge la depresión de los días grises -“Can’t Get Out Of Bed”, “Crashin’ In”- y el júbilo de poder sobreponerse a ellos -“I Never Want An Easy Life If Me And He Were To Ever Get There”-…

 

Melting Pot es, en suma, la constatación de que hay al menos un grupo que se ha dado cuenta, a través de todas sus desgracias -la encarcelación y la muerte, algunos meses después, de su teclista- y sus momentos de éxito fugaz, que hay algo más importante en la vida que parecer una presuntuosa estrella del pop. Algunas de esas cosas tienen que ver con la música. Y otras, simplemente, con sobrevivir.

 

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