SUPERGRASS

Supergrass, clima astral

 

Precisamente cuando todo el mundo se preguntaba qué ha sido del rock británico, aquí llega Supergrass para recordarnos que sigue vivito y coleando. Recordemos, por ejemplo, que son los responsables de canciones como “Caught By The Fuzz”, “Alright”, “Richard III”, “Sun Hits The Sky”, “Going Out”, “Pumping On Your Stereo” o “Moving”, y tendremos la banda sonora de una juventud que mereció la pena. En el espacio de tres álbumes, I Should Coco (1995), In It For The Money (1997) y Supergrass (1999), el grupo logró consolidarse como una de las más válidas apuestas del rock internacional. Esta semana están de gira por nuestro Estado.

 En su cuarto trabajo, Life On Other Planets, Supergrass, por increíble que parezca, cuando ya teníamos perdida la esperanza, suenan a la altura de su debut e incluso en mejor forma, y también, tal y como sugiere su refulgente título, un tanto fuera de este mundo. 

Todo empezó, no en una remota galaxia, sino en el sur de Francia. Tras finalizar la gira internacional de su tercer álbum, Gaz Coombes, Mickey Quinn y Danny Goffey sintieron una necesidad irreprimible de tomarse un respiro, pero no para internarse en ninguna clínica de rehabilitación ni nada que pueda interesar a la presa sensacionalista, no.  

“Simplemente nos dimos cuenta de que llevábamos casi ocho años sin parar y que tocaban unas vacaciones,” comenta su cantante Gaz. “Después de pasar unos bien merecidos meses separados, nos percatamos de que necesitábamos más tiempo de inactividad, pero esta vez todos juntos, como banda, para hacer un balance de nuestros logros, nuestro pasado y nuestro futuro. Más que nada, lo que necesitábamos era reunirnos, volver a familiarizarnos con esas facetas de la personalidad de cada uno que permanecen bien enterradas mientras uno trabaja como loco en el estudio o va y viene de un concierto a otro, entre las principales ciudades internacionales del rock.”  

De forma que, a principios de 2001m se retiraron a una casita en Francia. “Cogíamos las guitarras acústicas y algo de vino y nos echábamos unas risas. Luego volvíamos a casa un tiempo y después regresábamos de nuevo al mismo lugar o a otro distinto, pero siempre en el sur de Francia, para disfrutar de un poco de lujo y degustar buena comida francesa. Fue alucinante. Era casi como relajarse totalmente pero componiendo al mismo tiempo. No nos pasábamos el día tocando la guitarra: a veces salíamos a comer o veíamos la tele, pero generalmente salíamos por ahí. De este modo recuperamos la chispa, algo parecido a cuando empezamos en esto, cuando vivíamos juntos en la misma casa en Oxford.” 

Cuando regresaron a casa, lo hicieron con dolor de cabeza pero también con unos 20 ó 30 discos repletos de ideas dispersas. “Durante los meses que siguieron, nos encerramos en distintas salas de ensayo de Londres y Sussex para dar sentido a nuestra estancia en la casita francesa y un poco de estructura a esa música carente de forma que habíamos creado, convirtiendo el material en canciones y componiendo también temas completamente nuevos. Algunos de los temas giraban en torno a sonidos extraídos de un viejo Prophet, un teclado de finales de los 70 que recrea el clima astral de gran parte de Life On Other Planets.” 

La reconstrucción del sonido continuó cuando se metieron en el estudio junto a Anthony Hoffer, su primer productor en I Should Coco, “un tío muy legal de California más conocido por su trabajo con Air y Beck,” según sus palabras. Con la ayuda de Hoffer, un poco del estilo de lo que The Jam hicieron con Sound Affects o The Who con Quadrophenia, el disco resultante muestra a un grupo “elevando su sonido a la cuarta dimensión. Alucinarás con nuestra morbosa hiper-realidad psicodélica, y si la música no consigue transportarte, las letras sí lo harán.” 

“Todos los temas son muy distintos,” explica Gaz. “Algunos tratan acerca de experiencias que vivimos juntos y otros son historias inventadas. O cosas en las que piensas en ese momento.”  Vamos, que podían tratar de lo que fuera.  

Con Supergrass uno aprende a esperar lo inesperado. “Brecon Beacons”, por ejemplo, es una de esas absurdas historias inventadas. “Trata acerca del descubrimiento del cuerpo de una chica, que en realidad es el cuerpo de la hija de una bruja y que ha sido quemado en un aquelarre. Entonces se descubre en el pueblo e interviene la policía.” 

Igual de estrambótico es “Prophet 15”. “Una extraña secuencia de sueños. Vamos, que no sabes si estás muerto,” cuenta Gaz, “o si estás soñando que lo estás. Estás en una cena o has salido a comer con una gente que de pronto se presenta ahí, todos famosos muertos que desaparecieron súbita y trágicamente, y de pronto te ves pasándole la ensalada a Steve McQueen.” 

Según Danny, “Never Done Nothing Like That Before” trata acerca de cuando eres “joven, te encuentras mal y enfermo y tienes que ponerte a cortar el césped como castigo de tus padres y profesores.” 

“Grace”, sin embargo, trata de la persona que inspiró todo el tema mientras el grupo grababa en el estudio de Chris Difford, de Squeeze, en Sussex. “Es acerca de la hija de Chris, nuestra nueva amiga, que venía muy a menudo a merodear por el estudio. Tiene diez años. Venía frecuentemente y se ponía a jugar, a dar vueltas y a tocar en el piano. Venía con su hucha para recaudar fondos para los niños pobres y nosotros le echábamos dinero. Un día, mientras nos tomábamos un respiro, empezamos a aporrear el piano, tocando esas dos notas y cantando su nombre. Cada vez que venía se la tocábamos y así se fue convirtiendo en una canción. ¡En el single!”  

Xavier Valiño

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