SONS AND DAUGHTERS

 

Sons And Daughters, killbilly deluxe

Sons and Daughters

 

         Lo tienen casi todo para convertirse en un grupo de referencia. Un pasado curtiéndose en la sombra: Adele Bethel (voz y guitarra) y David Gow (batería) estuvieron con Arab Strap, The Zephyrs y David Kitt; Scott Paterson (voz y guitarra) comandó March Of Dimes; y Ailidh Lennon (bajo, mandolina) estudió composición clásica en la Universidad.

 

         Conocen bien la tradición folk escocesa -Bert Jansch, Davy Graham, Anne Briggs, John Martyn- pero miran hacia los  nombres intocables de los EEUU: Johnny Cash, Will Oldham, Bob Dylan -de su “The Times They Are A-Changin’” toma el nombre el grupo-, Neil Young, Tom Waits, Leonard Cohen, Smog… Se presentan arropados por el sello Domino, una de las discográficas con un catálogo irreprochable.

 

         Recorren Europa y América teloneando a Franz Ferdinand, con lo que ya se han expuesto a otros públicos y más numerosos. Por suerte, no cuentan con el apoyo desmesurado de los medios. Su mezcla de la tradición norteamericana folk con casi cualquier cosa -blues, funk, country, post-punk, rock’n’roll- no encuentra fácil acomodo. Algunos lo han llamado killbilly y no van descaminados. Un mini álbum, Love The Cup, el año pasado, y un disco de supuesta larga duración este año -se queda casi en la media hora-, The Repulsion Box, los convierten en uno de los grupos mejor colocados para no quemarse tras el primer álbum. Nos lo confirma David Gow.

 

¿Qué habéis aprendido trabajando con otras bandas anteriormente?

         – No estoy muy seguro. Supongo que nos dio experiencia sobre qué esperar cuando vas de gira. Y, desde luego, lo que nos dio fue el empuje y la formación necesarias para empezar Sons And Daughters. Siempre les agradeceremos la oportunidad que nos dieron y los respetamos mucho.

 

¿Era el sello Domino uno de vuestros objetivos principales?

         – Nuestro disco salió en los Estados Unidos en un sello pequeño llamado Ba Da Bing!, que llevaba un amigo nuestro, pero era difícil que tuviera repercusión en otros países, y el disco sólo se podía conseguir de importación en Escocia. En ese momento, nos ofrecieron firmar por Domino, que se puede decir que era nuestro sello favorito. Es cierto que hay sellos en Escocia, pero la primera oportunidad nos la dieron ellos. Además, los que hay en Escocia son pocos y no demasiado potentes; lo que falla es la industria.

 

¿Empezasteis con canciones country compuestas al piano?

         – Sí, solíamos ser bastante más introspectivos, con canciones más calmadas. Después de unos meses, empezaron a surgir canciones más enérgicas y con más guitarras. Fue un cambio gradual, sin ser premeditado, y disfrutamos con lo que iba saliendo, así que continuamos por ahí. De aquellas canciones hay varias grabadas, y algunas acabaron en las caras B de los singles que hemos editado.

 

“Johnny Cash” fue vuestro primer single. Parece toda una declaración.

         – Supongo que se podría afirmar algo así. Es una referencia, desde luego. Es cierto que escribimos temas que hablan del amor, la muerte o las relaciones personales, como Johnny Cash, salvando las distancias, pero nosotros le añadimos una sensibilidad pop, en dos o tres minutos. En este caso, la canción nos recordaba a una vieja grabación de Johnny Cash para la Sun Records, así que empezamos a llamarla así, y así se quedó.

 

También parece que vuestras canciones se pueden bailar.

         – Sí, nos gusta que sea así. Es cierto que no son canciones puramente para bailar, pero depende de lo que a ti te apetezca bailar. Hace poco, era más fácil encontrar grupos de música electrónica en todos lados y era más popular. Cuando nosotros empezamos, estaba más de moda ir a los clubes a bailar esa música, pero parece que su protagonismo ha sido tomado por las bandas de guitarras que también inducen al baile. Ahora puedes encontrar el término medio en bandas como LCD Soundsystem, The Rapture o !!!, que son increíbles en directo, con un cantante que realmente levanta al público.

 

¿Cuál es el principal paso adelante entre los dos discos?

         – El primer disco fue producido por nosotros en colaboración con un ingeniero, ya que teníamos claro qué queríamos, y lo hicimos en un período breve de tiempo, al estar todos trabajando. Para el segundo tuvimos más tiempo, unas cinco semanas, y empezamos a usar el estudio como un instrumento, jugando con los efectos. Aun así, tampoco queríamos un cambio radical.

 

Tengo entendido que seguís a Smog, Leonard Cohen, Nick Cave, Johnny Cash, Bob Dylan… ¿Alguna otra clase de grupos?

         – Desde luego que todos esos artistas son gente que escuchamos y seguimos. En cuanto a otro tipo de artistas, durante la grabación de este segundo disco escuchamos mucho a Serge Gainsbourg o Nina Simone. Me gustaría decir que hay mucho de ellos ahí. También escuchamos a Gun Club, The Triffids, Franz Ferdinand o Antony & The Johnsons, al que vimos en el Primavera Sound Festival en Barcelona, a pesar de que no era posible encontrar asientos en el Auditorio.

 

¿Están las dos voces ahí desde el principio? ¿Cómo llegasteis a ello?

         – Si, siempre han estado ahí desde el principio. Scott tocaba la guitarra y para él fue natural ponerse a cantar. Adele le siguió y vimos que funcionaba bien. Nos gustan ese tipo de canciones con dos voces, la masculina y la femenina. Viene de la tradición folk, eso de la invocación y la respuesta. Además, Scott y Adele también son pareja fuera del escenario, por lo que supongo que cuando tocan juntos se produce una química especial, pienses o no en ello.

 

Vuestros conciertos dan la impresión de ser catárticos para vosotros.

         – Ponemos mucho empeño en ello y lo hacemos por la gente que nos va a ver, pero también por nosotros. Siempre intentamos aportar el máximo de energía y de ganas. Salimos ahí y tocamos canciones llenas de rabia y furia sobre relaciones. Al cantarlo, lo sacas de tu vida personal y no tienes que sentirlo todos los días dentro. Es una liberación tocar una canción en la que has estado trabajando tanto tiempo y comprobar si la gente la disfruta o no. También es importante para nosotros qué canciones tocamos y cuándo; creemos que crear una tensión y un ambiente determinado es decisivo para una actuación.

 

Parece que la escena de Glasgow es más ecléctica ahora que nunca.

         – Solía pensar que no, que siempre ha sido así, igual de vibrante y activa, pero creo que en los últimos tiempos he cambiado de opinión. Ahora hay más variedad que nunca: cada grupo es distinto, hay conciertos todas las noches, no tenemos la presión de las discográficas y los medios de Londres, y además el éxito de Franz Ferdinand ha acabado por darle a la ciudad el empujón que faltaba, apareciendo aun más grupos. Cada músico tiene su grupo, pero hay entre todos una sensación de camaradería que no encuentras en otros lugares. 

 

Xavier Valiño

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