SOLOMON BURKE

Solomon Burke, el glorioso rock and soul

 

¿Qué ha pasado con el soul? No murió con Otis Redding o Jackie Wilson. No paró cuando Al Green lo dejó. No se desvaneció con la voz de Sam Cooke. Su llama ha estado latente en Los Ángeles todo este tiempo, bajo la fiel y astuta dirección de Solomon Burke.  

Burke, el rey del rock & soul, el Obispo, es un gran hombre con un talento aún intacto, un cantante reverenciado cuya maestría no tiene igual en el género que él originó en gran parte. Burke representa al soul más profundo, con una carrera de más de 40 años que ha producido una serie muy consistente de álbumes profundos y espirituales. 

“Sí, mis primeros éxitos “Cry To Me” y “Everybody Needs Somebody To Love” fueron versioneadas posteriormente por los Rolling Stones y recuerdo que Otis Redding eligió en su día “Down In The Valley” para interpretar.” Hechos así hablan de una parte esencial de la música soul y de su condición de referencia imprescindible.  

“Sin embargo, he pasado demasiado tiempo como el rey en el exilio, a pesar de la reputación que dicen que tengo entre fans y músicos.” Aún así, permanece como una figura misteriosa e infravalorada. Con el lanzamiento de Don’t Give Up On Me, el rey del rock & soul asciende de nuevo al trono de su reino en los 60 con Atlantic Records y firma su mejor disco en estos 40 años. 

Aunque todos los temas de su carrera son de una indudable calidad, el listado de colaboradores en este álbum es un testimonio del embrujo de Burke. “Sí, hay canciones de Bob Dylan, Brian Wilson, Van Morrison, Elvis Costello, Nick Lowe, Tom Waits y Joe Henry. Todos estos temas son composiciones totalmente inéditas hechas para mí, y otras están adaptadas a mi estilo. Parece ser que en el caso de Van Morrison los dos temas que me cedió han terminado también apareciendo en su último álbum.” Es la primera vez que todo este talento se ha reunido en un álbum, pero también hay que tener en cuenta que hay muy pocos cantantes con el nivel artístico de Solomon Burke. 

Educado por el gospel, el mero hecho de escuchar una letra con la voz de Burke te deja hipnotizado. Esta habilidad nace de una extraña mezcla: nacido el 21 de marzo de 1940, a los 7 años le llamaban predicador niño prodigio, y vestido con una túnica declamaba sermones, no sólo a la congregación de su iglesia, sino también a aquellos que sintonizaban una emisora del lugar.  

“Cuando sólo era un adolescente grabé mis primeros discos de gospel para la independiente Apollo de la Costa Este, consiguiendo un grandísimo éxito con “Christmas Presents From Heaven” en 1954.  En 1960, a los 24 años, firmé con Atlantic Records, coincidiendo con el fichaje de Aretha Franklin.” 

Con Jerry Wexler, Burke comenzó a ofrecer una impresionante serie de discos clásicos. Habiendo criado una prole de 21 hijos y siendo todavía líder de su propio ministerio eclesiástico, ha sido requerido por distintos presidentes y papas, ha vendido más de 17 millones de discos y no muestra signos de querer retirarse. Como dijo el propio Wexler, “Burke es el cantante de soul más grande de todos los tiempos, y su voz es un instrumento de exquisita sensibilidad.” 

Don’t Give Up On Me fue grabado en directo en el estudio durante cuatro días, con un grupo liderado por el organista de la iglesia de Burke, el productor Joe Henry e invitados como Daniel Lanois y el legendario grupo de gospel The Blind Boys Of Alabama. “Sólo fuimos y lo hicimos,” comenta Burke. “Fue una experiencia asombrosa y una de las primeras grabaciones en directo que he hecho desde los cincuenta. Es increíble lo que se puede hacer con la nueva tecnología, pero también es increíble comprobar lo que no se puede hacer, así que hemos vuelto a las raíces. Ha sido un placer.” 

En “Fast Train”, de Van Morrison, Burke canta con todo su poder. “Diamond In Your Mind”, de Tom Waits, es toda una prueba de su capacidad interpretativa. “Flesh & Blood”, de Joe Henry, es, como dijo Burke, “una gran canción. Es un joven con chispa, un caballero con talento. Tiene mucha visión y es muy original, muy inspirador; sabe exactamente lo que quiere.”  

El siguiente tema, “Soul Searching”, de Brian Wilson, es un clásico, con un Solomon con el corazón destrozado vagando por las calles, una canción desgranada por alguien que aún muestra la realidad clínica de su experiencia como empresario de pompas fúnebres, un negocio en el que todavía trabaja. Esta extraordinaria mezcla se acopla perfectamente a la melancolía nocturna de “Only A Dream”, de Van Morrison, y a la agonía final de “The Judgment”, de Elvis Costello. “Esa canción es como una ópera. Te hace viajar al pasado, te lleva hasta Europa.” 

En “Stepchild”, de Bob Dylan, la cálida voz de Burke y la guitarra pantanosa de Daniel Lanois convergen en una maravillosa atmósfera de blues-funk. El ambiente gospel del lamento de Nick Lowe, “The Other Side Of The Coin,” es uno de los puntos álgidos. Lowe captura el conflicto al que un hombre de Dios, que también es una leyenda del soul, tiene que enfrentarse.  

“Lo que inviertes en el dolor, en lo que lo conviertes, cómo lo aderezas, esas pequeñas cosas que añades para hacer que funcione todo: ése es realmente el significado del soul,” comenta Burke. “El álbum entero es realmente apasionante y me llegó al corazón pensar que todos estos compositores se acordaban de mí. Yo lo definiría como arte, obras de arte, temas que fueron diseñados pensando en mí, en cada una de las mentes de estos compositores, y todos son preciosos. Quería colgar cada una de estas obras de arte en mi propio palacio. Para mí, todas pertenecen a un sitio muy especial. Fue algo extraordinario.” 

Xavier Valiño

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