SKIN

Skin, el poder del amor

            Skunk Anansie era una auténtica fuerza de la naturaleza. La banda con el nombre más acertado de los 90 podría explotar toda su rabia de inclinación política con la furia salvaje de miles de Rage Against The Machines e inmovilizarte contra la pared con los aullidos vociferantes de Skin, de fuerza exfoliante. Pero también puede cantar de forma encandiladora. ¿Recuerdas los magníficos singles “Charity” y “Brazen (Weep)”? Al bajar el volumen, Skin mostró no sólo que sabía cantar, sino que podía hacerlo como una auténtica diva.

Y ahora viene a confirmarlo de forma extraordinaria. Pasado Skunk Anansie, Skin se ha convertido en una artista en solitario, y Fleshwounds es su álbum de debut repleto de canciones de amor, no tanto una celebración de los sentimientos como un lamento a su desaparición.

            El disco fue grabado en dos tandas, primero en 2001 en Bélgica junto al productor David Kosteny y, luego, mezclado por el colaborador de Coldplay, Ken Nelson. Skin ha compuesto el disco junto a su compañero de composición de toda la vida, Len Arran, excepto “Lost Without You”, co-escrito junto al antiguo colega de Robbie Williams, Guy Chambers. Entre los músicos se incluyen Gail Ann Dorsey (guitarrista de David Bowie), Cass (bajista de Skunk Anansie) y Ben Christophers en el piano, mientras que la trompeta de “You’ve Made Your Bed” es cortesía, por increíble que parezca, del director de cine Mike Figgis. Y no lo hace nada mal, por cierto.

Fleshwounds es un trabajo bueno que muestra una nueva dimensión de Skin. Su disección de las relaciones humanas es de una precisión supina y su interpretación pura, abierta, calladamente cruda y exquisita.

“Al principio de este proyecto me había propuesto componer temas un tanto tradicionales, formados por bellas melodías y letras sombrías e inquisitivas”, explica Skin. “Supongo que lo que mejor se me da es la composición de letras, y quería resaltarlo en el disco. Los temas de Skunk Anansie se centran en el mundo. Este disco soy yo. Se nutre de una energía completamente nueva, es muy distinto de todo lo que he hecho antes.”

Skunk Anansie se formó en Londres en 1994, en plena brit-pop manía. Se colaron en el panorama rock del mismo modo en que se embutirían dos piernas enormes en unos pantalones demasiado estrechos. Metidos en el mismo saco que Suede y Blur, la verdad es que tenían más en común con Asian Dub Foundation o Motörhead. Skin era completamente distinta a los típicos y pálidos artistas de siempre. Para empezar, era mujer. Además, era calva, negra y extremadamente inteligente. Los redactores de las revistas se derritieron: al fin había una estrella del pop capaz de expresarse, de valerse por sí misma, de hacer algo más que simplemente agitar las maracas.

Su primer single, “Selling Jesus”, fue un auténtico Apocalipsis musical, una furiosa pataleta con la que se dieron a conocer enérgicamente. A lo largo de los seis años siguientes, se exigieron mucho más que otros. “Hemos currado mucho más que ningún otro grupo pop. Hicimos mucha promoción, actuamos casi todas las noches y salimos de gira sin parar. Así lo decidimos y fue la decisión correcta, porque sabíamos que para llegar al nivel que queríamos teníamos que hacerlo así. Merecía la pena, pero también fue agotador.”

Editaron tres discos enfervorizados, Paranoid & Sunburnt, Stoosh y Post Orgasmic Chill, todos ellos con gran éxito comercial: el grupo vendió más de 4 millones de copias en toda Europa. “Me pasé la mayor parte de mi época de veinteañera de gira por el mundo con tres compañeros increíbles y me lo pasé muy bien”, recuerda.

Pero los efectos del ritmo de trabajo se hicieron sentir, les devoró y acabó con ellos. En el 2001 estaban ya agotados irrevocablemente. “No hubo nada concreto que contribuyera a nuestra separación”, asegura Skin. “Supongo que fue como un matrimonio. La química había desaparecido. Ya no me lo pasaba bien y, desafortunadamente, ya no era divertido.”

De modo que Skin abandonó e hizo algo que apenas había hecho durante los siete años anteriores: se tomó unas vacaciones, ordenó sus ideas, poco a poco volvió a componer temas y se dijo a sí misma: “No hay vuelta atrás. Voy a empezar de nuevo y voy a intentar crear obras de primera calidad.”

“Ha sido un disco difícil de preparar”, admite. “Todo el álbum trata acerca de esa enfermedad mental llamada amor, sus distintas facetas y zonas grises. Para ser felices en la vida, nos ponemos en algunos aprietos absurdos, y quería documentar todo eso. Cada tema gira en torno a tres relaciones muy concretas que he vivido. Es un disco de rupturas, sin lugar a dudas, y me ha ayudado a desahogarme. Ahora me siento mucho mejor”, sonríe mostrando su blanca dentadura, “y estoy convencida de que es mi mejor trabajo hasta la fecha.”

Su filosofía, afirma, consiste en no guardarse nada, y así lo ha hecho. Fleshwounds es una obra sincera. Incluso en los propios títulos de los temas, como “Trashed” (primer sencillo), “Lost Without You” o “The Trouble With Me”, Skin muestra una imagen que parece sugerir que no se le da muy bien la felicidad. Quizás sea así. “Mis amigos dicen que estoy muy atormentada”, dice con sonrisa irónica. Pero su introspección lo convierte en un tema completamente apasionante. Es un disco oscuro, sí, su voz está surcada de angustia, pero está repleto de temas de amor bellamente amargos. “Listen To Yourself”, con su letra y bajo vibrante sobre “sábanas mojadas”, es tan aterrador como la malaria, “Faithfulness” engancha y en el tema final, “Til Morning”, Skin suena tan frágil como la porcelana fina, tan delicada como una lágrima. 

Xavier Valiño

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