SEXSMITH & KERR

Sexsmith & Kerr: Destination unknown

 

 

Pueden pasar modas, podemos inventar efímeros géneros y subgéneros, modernidades que dejan de serlo en seis meses condenadas al rutinario revival veinte años después. Quizá sea necesario, pero lo que no cambiará nunca es algo tan viejo, quizá intemporal suene mejor, como el arte de escribir una gran canción, lograr en tres minutos ese inefable ‘no-se-qué’ que consigue emocionar al que escucha. Podemos hablar de acordes o letras, diseccionar   el esqueleto de los clásicos, pero lo que no puede de ninguna manera faltar es ese algo inexplicable que va mucho más allá, y que reconocemos al instante cuando se produce.

 

Sabíamos de las cualidades de la voz de Sexsmith y sus virtudes como compositor, pero aunque en este disco todas las canciones sean suyas, nos descubre una arma secreta, la voz de su compinche Don Kerr, que fundida con la suya saca a la luz una tercera voz invisible, una calidad extra mucho más poderosa que la suma de sus partes. Esa intangible calidad es la que eleva a cotas celestiales una colección de melodías agridulces que se pasean con toda naturalidad por el filo del sentimentalismo sin llegar a caer en el empalago.

 

Prácticamente grabado con un par de guitarras acústicas, una discreta sección de ritmo más algún detalle de mandolina o cuerdas, y seguramente sin pasar mucho tiempo en el estudio, obviamente Destination Unknown tiene sus raíces en el lado más country/folk de la música americana, pero hay algo en el encaje de las palabras y la precisión en la estructura de las canciones, en el swing que bulle discreto bajo la superficie y la inmaculada dicción de los cantantes, que los emparenta con los Berlin o Gershwin de principios del s. XX, y aunque las armonías nos hagan pensar inmediatamente en los Everly Brothers o, en ocasiones, en Brian y Carl Wilson, tampoco sería descabellado imaginar a Tony Bennet interpretándolas al frente de un pequeño cuarteto de jazz.

 

Demasiado modesto para ser una obra maestra, es algo más importante No merece la pena destacar canciones; una tras otra se suceden como ese irrepetible primer trago de cerveza del día, pero multiplicado por trece. Espíritus cínicos y duros de corazón abstenerse.

Carlos Rego

 

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