SANTA N 2009

Santa N, ese oscuro objeto del deseo

 

Mariona Apuí y Carlos Ann se encontraron un buen día, como cualquier otro músico que comparte una pasión. Una serie de casualidades hizo que se volvieran a ver varias veces, hasta que surgió la posibilidad de colaborar juntos. De ahí a su debut, Santa N, sólo hubo un paso, el que se necesita para encontrar un punto en común en el que confluyen los aires arrabaleros y mediterráneos. Carlos Ann se explica.

¿Cómo os conocisteis?

– En el show de presentación del disco de Panero en la sala La Paloma de Barcelona. Nos presentamos y luego tuvimos una serie de encuentros casuales por la ciudad muy curiosos. Un día nos llamamos y fuimos al Bingo,  y en poco tiempo ya estábamos haciendo canciones juntos.


Colaborasteis ya en los conciertos del disco de Leopoldo María Panero, ¿no? ¿Cómo fue?

– Muy bien, la verdad es que si hubiera conocido a Mariona antes de la grabación del álbum puedo asegurar que formaría parte del disco. Ahora, con la distancia, veo que hacía falta una parte femenina y con un cierto aire histérico.

¿Qué influencias o sonidos tomasteis como referencia para hacer algo en común?

– Hemos estado escuchando mucho a Chavela Vargas, Tom Waits, Beirut o Billie Holiday y también hemos visto mucho cine juntos como, por ejemplo, Luis Buñuel, Federico Fellini, Maya Deren, etc…


¿Descubristeis que tenéis mucho en común o se trató más de buscar un punto de encuentro en dos personas con gustos distintos?

– Ambas cosas a la vez. Sobretodo, estuvimos  viendo qué es lo que más nos apetecía a los dos y qué nos divertiría hacer en ese momento de nuestras vidas.

¿Os fue fácil trabajar juntos, teniendo en cuenta, sobretodo, que Carlos  viene grabando en solitario, pero, también, que puede comparar con sus otras colaboraciones?

– Fue muy fácil trabajar juntos, y eso es muy importante para los dos, ya que cuando colaboras con alguien, lo imprescindible es que las cosas fluyan con naturalidad, sin tensión ni historias mentales de por medio. Aparte de lo fácil que ha sido, nos hemos divertido mucho y hemos aprendido el uno del otro.

 ¿Es éste vuestro proyecto más apegado al lugar donde nacisteis y donde vivís?

– No necesariamente, pero hemos encontrado, casualmente, un nexo muy mediterráneo en toda la producción del disco y un lenguaje común en el que se respira toda nuestra cultura más enraizada.

 

 

 

¿Hay algún tipo de límite estilístico en Santa N?

– Ninguno. Es la gracia de esta formación. El único límite lo pondrá la imaginación. Vamos creando a partir de un tipo de azar que nace cada vez que empezamos una canción.

 

Carlos toca más instrumentos de lo habitual. ¿A qué se debe?

– Desde La nada pasando por Bala perdida y hasta llegar a Santa N, estoy grabando prácticamente todos los instrumentos. La razón es que no hay nadie que llame a mi puerta y me diga: “Vamos a jugar”. El músico español está perdiendo la razón de ser y sólo se mueve por finalidad.

Para quien lo escuche, es una sorpresa encontrar la voz de Mariona en este tipo de sonidos. ¿Ha sido una evolución normal hasta llegar aquí?

– Creo que sí. Mariona venía de un grupo influenciado, en sus inicios, por la cultura anglosajona. Pero si conoces el último disco de Fang, Dos vidas, ya apuntaba hacia otro horizonte más identificativo de nuestra cultura más cercana.

¿Cómo fue el proceso de composición en este caso? ¿Distinto a otros discos anteriores de cada uno de vosotros?

– Inicialmente, pusimos en común los textos y, después, se hizo la composición a partir de estos textos. Es una forma de trabajar que los dos ya venimos practicando desde nuestros últimos trabajos.

Las letras se mueven entre lo surrealista y lo terrenal. ¿Qué os inspiró en esta ocasión?

– Nos realimentábamos con nuestras más recientes vivencias y con lo que teníamos ganas de contar y expresar en ese momento. Una gran fuente de inspiración para Santa N es el cine.

 

La imagen del disco creo que capta muy bien lo que hay dentro. ¿En qué os basasteis para ello?

– La portada del disco ilustra claramente lo que es Santa N para nosotros: un viaje alucinante en el que acabamos tirando nuestras maletas emocionales al mar. Además, el arte del interior, realizado muy apropiadamente por la polifacética artista Peinga Rayo, es un collage de viaje, como si fuera el cuaderno de un viajero donde se estampan fotos, textos, sellos, billetes de tren y manchas de tiempo.

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