SALVAJE MONTOYA

Salvaje Montoya, demolición

  

 

“Durante un fin de semana de relax en la casita de la playa, una música cavernosa empezó a sonar en el estéreo del automóvil. De repente, una necesidad imperiosa de bailar sobre el capó y el techo se adueñó de nosotros. 2 minutos y 55 segundos después, recuperamos el sentido y fuimos conscientes de los daños ocasionados. En ese preciso momento supimos que debíamos formar una banda capaz de sacar a relucir los más bajos instintos animales. La canción se llamaba “Demolición” de Los Saicos”.

 

Historia verídica la que cuenta Salvaje Montoya sobre su formación. El grupo catalán acaba de presentar su debut, Boda Rumana (Bcore / Mama Vynila), un catálogo de canciones para la celebración hedonista y el movimiento de caderas despendolado.

 

Contadnos, para quién no os conozca aún, cuáles son vuestros antecedentes. ¿De qué grupos y de qué frenopático venís?

           – Coincidimos en una cárcel mejicana por escándalo público. Ahora ya conocemos los efectos de la ingesta masiva de esa bebida llamada mezcal. A raíz de ello nos hicimos buenos amigos y, desde entonces, nuestra única pasión ha sido incendiar guateques a base de gritos cavernosos, guitarrones descacharrantes, buen twang reverberado y baterías mortíferas. Gritos, tambores y ¡danza, danza, danza, danza! Se nos suele confundir con el cantante de Manos de Topo (menudo llorón), el bajista de Moon Men o algún chiflado de Pt Bizarro.


¿Cuáles eran las intenciones al formar la banda: algún artista de referencia, algún sonido en concreto? ¿O simplemente pasarlo bien y superar por un momento todo lo que habíais hecho? ¿Estaba claro el sonido desde el principio, se fue haciendo con el roce o fue todo una casualidad?

Nuestro principal punto de partida fueron los conjuntos latinos relacionados con el punk, el garage, el surf, la psicodelia o el tropicalismo (a saber: Los Saicos, Los Incas Modernos, Los Shain’s, Los York’s, Los Locos del Ritmo, Os Mutantes…) así como muchas otras bandas anglosajonas en las que estos se fijaban (The Sonics, The Kingsmen, The Trashmen, The Ventures…). La estética del sonido de todas estas bandas nos vuelve locos: esas reverbs de ultratumba, las guitarras rítmicas ininteligibles como constantes zumbidos, las voces que raspan por crudas, los bajos directos a línea sin amplificar y las baterías a 10 metros de distancia del resto de la banda. ¡Es puro placer sonidístico! El único peligro de este género es el propio género. Y es por ello que sentíamos la necesidad de enriquecer, extender y complementar nuestras piezas con otras aromas. Y la suerte dijo… ¡cumbia! Un patrón rítmico endiablado que consigue abrirse paso en tus entrañas y moverte al compás. La raíz latina y la santería eran las respuestas definitivas. Encontramos valiosísimos referentes en bandas como Los Mirlos, que en sus principios practicaban una especie de cumbia amazónica muy cercana a los sonidos psicodélicos sesenteros. Otro descubrimiento importantísimo fueron los mejicanos Sonido Gallo Negro, auténticos revitalistas de la cumbia psicodélica, el trance amazónico y la chicha.


Hasta ahora habéis dado bastantes conciertos. ¿Hubo algo más que el casete compartido con Piñata anteriormente? ¿Tuvo la suficiente repercusión ese artefacto como para que os llamasen a tocar de todos lados?

– Hubo unas demos muy caseras en la cueva secreta de Albert Guàrdia (Nueva Vulcano/La Castanya) con una mesa totalmente analógica y grabando a cinta. Fue lo primero que colgamos en la red y fue nuestra carta de presentación. También colgamos algunos cortes de un concierto que dimos en la sala Apolo 2 de Barcelona, para la fiesta de scannerFM. Más adelante, para un recital compartido con los hipervitaminados Piñata, quisimos hacer un casete para conmemorar la ocasión. Todo súper amateur, grabaciones en el local de ensayo con medios de otra era. Si nos preguntas sobre el poder de difusión de este material, no tenemos ni idea. Nosotros creemos en el boca a oreja; ven a nuestros shows y luego recomiéndalo en tu círculo de confianza.


¿Y cuándo sobornáis a BCore para que os grabe un disco?

– ¿Quién te ha dicho eso? ¡Es mentira! Siguiente pregunta, por favor.


Vuestro productor, Sergio Pérez, tiene un pasado garagero que no todo el mundo conoce. ¿Es más difícil trabajar con él por ello o todo lo contrario? ¿Tenía instrucciones vuestras de lo que queríais que aportase? ¿Fue todo grabado en analógico? ¿Había algún tipo de regla o decisión en cuanto al sonido o al tipo de grabación?

– Con Sergio (Pérez) es una alegría la grabación. Siempre tiene las palabras acertadas para que no te acomodes durante la sesión. Tiene gusto por la música y se nota en los referentes que nombra. Lo que hizo con Thelemáticos nos ponía muy brutos y nos parecía genial grabar con él. El único problema es que es vegetariano y cuesta encontrar un buen restaurante que satisfaga las exigencias de su dieta. Sergio tiene su propio método. A decir verdad, no nos habló mucho de ello. Es algún tipo de secretismo profesional del que no le está permitido hablar. No le insistimos, se le notaba incomodo cuando le acribillábamos con cientos de preguntas y todo lo que salía de su piquito de oro quedaba registrado en nuestros buenos cuadernos de notas personales. Nos obligó a quemar todas esas libretas. En fin, una pena. Él nos conocía, sabía el tipo de sonido que teníamos en la cabeza y fue un alegrón tenerlo de nuestro lado durante todo el proceso de grabación.


Canciones como “La huida” me llevan hasta “300 kilos” de Los Coyotes. ¿Conocéis esa canción? Me imagino que ese rollo rocker latino os gustará bastante, y que tendrá que ver en ello la devoción que sentís por Los Saicos o Los Mirlos, ¿no?

– Pues conscientemente no éramos conocedores del tema “300 kilos” de Los Coyotes. A nosotros nos flipa el sonido naftalítico de las bandas latinas de finales de los 50 y principios de los 60. Los Saicos por supuestísimo son un gran referente para nosotros, es la banda más grande que ha dado el continente sudamericano. ¡Ellos inventaron el punk y ocurrió en Perú! Y de Los Mirlos sólo podemos decir que son unos alquimistas de la melodía, músicas que se graban a fuego en la mente y no dejas de canturrear como un energúmeno.


De ahí podríamos llegar hasta Thee Oh Sees o Black Lips o, por aquí, Los Chicos, Wau y los Arrrghs!!! o Guadalupe Plata. ¿Sentís esa afinidad con estas bandas os están pisando el camino?

– Muchas de las bandas que comentas nos encantan, no sólo vivimos de referentes viejunos. Hay bandas geniales, pero que abusan de género, y eso nos aburre. En cambio muchas otras, se embarcan en esa locura llamada la invención del género. Se arriesgan más y el premio suele ser mayor. Y esos son los grupos que no devuelven la fe en el rock and roll. Las bandas inclasificables nos tienen el corazón robado.

 

¿Alguna otra que quisierais destacar aunque en principio esté totalmente alejada de vosotros?

– En un pasado fuimos jevis adolescentes, hasta que descubrimos lo aburrido que era serlo. De todas formas, un trallazo de Pantera nos vuelve muy burros. El jazz modal de Miles Davis o la época de ascensión espiritual de John Coltrane son cosas con las se nos eriza el vello púbico. También tenemos gran afinidad por los grandes exponentes de la canción romántica clásica. En el fondo somos muy tiernos y sentimentales.


Vuestros directos tienen ya merecida fama. Supongo que os gustará más que estar encerrados en el estudio. ¿Es el escenario una forma de desconectar la sociedad en la que vivimos?

– Somos bestias furibundas con mucha hambre por demoler. Nos entregamos al frenesí de la vida. El rock and roll no es física cuántica, y un buen recital debe cumplir con la máxima de alejarte de cualquier convencionalismo o instinto de preservación. Bailar como si no existiese el mañana es la nueva religión, y la promiscuidad su único verdadero camino. Liberarse de lo real, lo aburrido, lo tangible y de ese modo adentrarse en tierras de salvajes y depredadores, es la respuesta que ofrece el rock and roll a nuestras plegarias.


¿Creéis que las bandas deben reflejar o reaccionar frente a lo que sucede a su alrededor?

– Esta es una pregunta ultra delicada. Un grupo no deja de estar compuesto por miembros activos de la sociedad, con opinión y sentido crítico sobre lo que acontece a su alrededor. Nosotros no somos diferentes y claramente nos afecta y nos condiciona en nuestro desarrollo. Nuestra propuesta musical huye de la crítica a todas esas reglas del juego y es por ello que intentamos aparcar ese tipo de cuestiones en nuestra invitación. Entendemos que otras propuestas musicales sí que aglutinen este tipo de opiniones, o que basen su obra en la crítica y la concienciación. Pensamos que cada cosa es para lo que es, y Salvaje Montoya nació con intención de expiar demonios personales y mover el culo de la forma más obscena posible.


En tiempos de descargas digitales y de crisis de la industria, ¿cuál creéis que debe ser el modelo, el objetivo de una banda?

– No estamos en esto para entrar en ningún tipo de negocio, cambiar modelos o vivir de la industria musical. No somos ideólogos culturales ni políticos. ¿Quieres bailar y pasar un buen rato? Ven a nuestros conciertos. ¿Te parecemos frívolos? ¿O tu problema es que no sabes bailar? Nunca hicimos este grupo para salvar al mundo de la decadencia del neoliberalismo.


¿Algo que os haya cambiado la visión de la música últimamente o siguen siendo los sonidos, los artistas que descubristeis como adolescentes los que os siguen marcando?

– De pequeños mamábamos buen rock and roll gracias a las personales discotecas de nuestros padres que giraban en el tocadiscos familiar o a compilaciones que no dejaban de sonar durante los largos trayectos vacacionales (los grandes: The Velvet Underground, Creedence Clearwater Revival, The Who, The Kinks, The Byrds, Cream, The Beatles, Los Brincos, Módulos…). Esa música sigue muy vigente en nuestros corazones. Pero la democratización de la información hace que puedas escuchar bandas que sólo editaron un single (o ni siquiera corrieron tanta suerte) y que algún loco ha colado en una compilación de rarezas mejicanas de los 60s. Y descubres que es un temazo de magnitudes épicas, tiene una frescura jamás vista, y piensas que es una pena que haya pasado tanto tiempo oculto. Cada día descubres temones que se incorporan a tu “abc” musical, y no sólo del pasado; continuamente surgen nuevas bandas que aportan aire fresco a esto que es más viejo que el tebeo del rock and roll.


Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en la música?

– Recordamos con cierto cariño la vez que tocamos en una localidad de la Cataluña interior (que mantendremos en el anonimato) y al acabar el recital unas vecinas ya entradas en años, pero sin desmerecer, se ofrecieron a hacer las veces de guías turísticas locales. Nos llevaron a buenos antros, donde nos invitaban a licores calientes y el ambiente era relajado. Una cosa llevó a la otra, y finalmente acabamos todos en casa de una de ellas. Allí la cosa fue in crescendo: bailes, divertimentos y mucha golfería. El ambiente se enrareció y el tono empezaba a ser asfixiante. Lo que empezó como un juego inocente se convirtió en lo que podríamos llamar una tentativa de rapto y violación. Supimos capear la situación y finalmente escapamos de los cantos de sirenas de secano. True story!

 

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