RON SEXSMITH

Ron Sexsmith, artesano de la melodía

 

 

 

El verano y los festivales hacen posible ver por aquí a artistas no tan habituales en nuestros escenarios y con toda su banda. Así sucedió con el canadiense Ron Sexsmith recientemente. Con vistas al mar, bebiendo una sangría que él mismo había preparado para él y su grupo, Ron Sexsmith parecía totalmente relajado y deseando hablar de su último álbum, Long Player Late Bloomer.

 

 

 

Para empezar, reconoció que estaba más a gusto sin ser cabeza de cartel, ya que en los conciertos españoles no contaba con su guitarrista habitual: este trabaja para distintos artistas y había tenido que marchar la noche anterior a atender otros compromisos. Además, en sus honestas respuestas, Ron Sexsmith derivaba una y otra vez hacia la depresión que le llevó a pensar en abandonar su carrera musical hace ahora unos tres años. Como eso ya había motivado otras entrevistas, convirtiéndose en el tema central de la charla, había que hacer un pequeño esfuerzo extra para encaminar a Ron hacia otros terrenos, que mostrase su pasión por la música, la que le llevó a querer ser uno de ellos, y la suya propia, repleta durante dos décadas ya de melodías para recordar y degustar.

 

Tengo curiosidad por saber qué es lo que motiva tu creatividad. ¿Hasta dónde crees que puedes llegar? ¿Queda mucho por investigar en este aspecto?

 – Es lo mismo cada vez: las canciones. Nunca escribo una canción sola, sino doce o quince. Cuando tengo un grupo de canciones empiezo a pensar en hacer un álbum, me emociono con la idea, y me pongo a buscar músicos para las sesiones. El problema llega a la hora de decidir con quién trabajar, porque no soy un productor. En este caso tenía cerca de 30 canciones. Me pasa muchas veces que suelo acabar con más de las que necesito. Ahora mismo ya tengo más que suficientes para un nuevo disco.

 

Tengo entendido que este álbum viene motivado por la falta de respuesta a tus dos discos previos, Time Being y Exit Strategy of the Soul.

 – Antes de empezar a componer canciones para este álbum estuve pensando en dejarlo. No quería grabar más discos porque, cada vez que editaba uno, parecía desvanecerse inmediatamente. Sucedió que fui a Nuevo México a pasar una temporada y empecé a escribir otra vez, así que fue como recuperar las ganas de hacerlo. Es realmente como un círculo vicioso. Mis dos discos precedentes no tuvieron ninguna repercusión, así que pensaba que mi carrera no estaba yendo a ningún lado, pero todo hay que tomarlo relativamente: debo dar las gracias por haber tenido una carrera y haber podido viajar por todo el mundo. Cuando estás deprimido no ves el lado bueno de las cosas.

 

¿Por qué Nuevo México? ¿Tuvo alguna influencia en las canciones?

 – A mí mujer le encanta ir allí, pero yo no quería en esta ocasión. Era justo después de las Navidades y yo había estado de viaje todo el año, así que me apetecía descansar. Finalmente me convenció y fuimos a visitar a unos amigos ricos que nos dejaron su casa de invitados. Ni siquiera llevé mi guitarra, pero mi mujer alquiló una. Me di cuenta de que no tenía nada que hacer más que beber café y componer canciones. Todos los días caminaba hasta un café cercano, a más de una milla, y al hacerlo iba pensando en las melodías. En trece días que estuvimos compuse la práctica totalidad del disco. No pensé que fuese tan rápido. Fue algo mágico, porque volví al año siguiente y, aunque nos casamos entonces, no compuse nada. Supongo que fue porque un año antes necesitaba exorcizar mis pensamientos negativos.

 

Desde entonces has compuesto nuevas canciones, como decías.

– Sí, pero nadie las ha oído aún. De hecho, acabo de contactar hace unos minutos con el productor Mitchell Froom por el correo electrónico y me ha pedido que se las envíe para ver si podemos hacer algo juntos de nuevo. No sé con quién trabajar. Hace poco colaboré con Ray Davies y le propuse grabar juntos, así que no sé qué pasará.

 

¿En qué trabajaste con Ray Davies?

 – Fue en el Festival Meltdown, en Londres. Me gustan mucho The Kinks, así que cuando me propuso participar y me preguntó qué canciones conocía, le envié una lista de 50 que puedo tocar de memoria. Escogió “Misfits” y la cantó con mi banda. Fue algo surrealista, porque es mi héroe desde los 15 años. Después me pidió que fuera al estudio y la grabase con él. No sé muy bien para qué será. Sé que hizo un disco de duetos, así que puede que haya una segunda parte.

 

 

 

¿Había de verdad la intención de grabar Long Player Late Bloomer con el productor Bob Rock para llegar a una mayor audiencia? Teniendo en cuenta que él es conocido por producir a bandas como Aerosmith, The Cult, Bon Jovi, Metallica o The Offspring, ¿dónde encontrasteis algo en común?

 – Siempre intento llegar a un público mayor. Cuando conocí a Bob Rock, el productor, me di cuenta de que sentíamos la misma pasión por el pop británico. Lo había visto en el documental sobre Metallica, Some Kind of Monster, y pensé que podría probar con un productor como él ya que había tenido mucho éxito y forzosamente tendría que saber algo del tema. Lo difícil fue reunir el dinero para poder trabajar con él. No quería hacerlo si no era con los músicos que él quisiera utilizar o en los estudios que él propusiera. Tenía que ser a su manera y no comprometer la grabación por falta de recursos.

 

¿Cómo fue el trabajo con él? ¿Le diste alguna instrucción, alguna referencia?

 – No, ninguna. Yo estaba allí para aprender, así que mi intención era que fuese él quien me diese instrucciones a mí, que me dijera cómo grabar buenas voces… Solo tuvimos a los músicos tres días con nosotros porque era muy caro, así que hicimos cuatro canciones por día, las pistas básicas. Después, Bob y yo nos fuimos a Toronto a continuar grabando las guitarras y mis voces. Cuando empecé, sabía que podía confiar en él, porque le gustan The Kinks, Elton John, The Beatles, artistas que a mí también me gustan, así que sabía que no me iba a hacer sonar como Mötley Crüe o Metallica. Mi mujer me comentó que tenía un efecto positivo sobre mí, porque me veía muy relajado en el estudio.

 

¿De qué te empapaste en esta ocasión antes de entrar en el estudio?

 – Más que nada, aquellos días en los que compuse las canciones del álbum estuvieron muy marcados por mi depresión. Las letras son un tanto oscuras, aunque las melodías no. Me gusta cuando las canciones salen así. También he intentado que haya un punto de humor. Creo que ya había hecho bastantes discos muy cargados emocionalmente: Time Being giraba en torno a la muerte y en Exit Strategy of the Soul intenté hacer un disco espiritual. En este caso, salían canciones pesimistas, y me parecía bien, ya que he compuesto mucho desde un punto de vista optimista en el pasado. No trataba de desilusionar a nadie, sino de ser realista. No creo que me influya ya nadie a estas alturas, a mis 47 años. Escucho sobre todo cosas antiguas como Judee Sill, y en este caso concreto escuché discos como el último de Ry Cooder, I-Flathead.

 

Es cierto que las letras son más oscuras, especialmente en los primeros temas, con algo más de esperanza hacia el final, pero el disco tiene un sonido mucho más reluciente, como si se tratase de tu película de acción de gran presupuesto.

 – Sí, me gusta hacer discos con algo así como un final feliz, como una película. También es cierto que no me di cuenta hasta que empezamos a grabar en el estudio que había ese hilo común entre las canciones, más oscuras al principio y que posteriormente van encontrando algo de luz, aunque por el sonido parezca un disco optimista. Así que si alguien quiere ignorar las letras, hasta podría pasar por un álbum amable.

 

No tenías sello para editarlo y creo que te costó un año hacer posible esa idea.

 – Sí, fue así, aunque todavía conservaba mi discográfica en Canadá. Ellos pusieron una parte del dinero y mi editorial en el Reino Unido puso otra parte. Cuando acabamos de grabarlo pasamos también una temporada buscando compañías que lo editaran en diferentes países en todo el mundo. Lo grabamos en el 2009 y después invertimos un año en el resto del proceso.

 

Cada vez es más difícil, ¿no? Se escucha música de forma más fragmentada. Si preguntas a tus amigos que escuchan ahora mismo, seguro que ninguno coincide y, de hacerlo, no coincidirían en los discos de un mismo artista.

– Sí, es cierto, pero no me lo tomo como algo personal. Es un panorama completamente distinto. He tenido la suerte de sobrevivir de alguna forma y parece que este disco es el que mejor se ha vendido de los míos en años. Así que ya estoy bastante sorprendido de que haya podido grabarlo y editarlo.

 


Pareces disfrutar tocando en directo, algo que ahora se ha convertido en una parte muy importante para un músico desde el punto de vista económico, aunque eso significa estar bastante tiempo lejos de casa. ¿Cómo lo vives?

– Me gusta tanto componer como grabar o tocar. En cuanto a las giras, casi siempre son agotadoras, aunque no hay mucho más que hacer que beber y tocar. No es como en casa, que me cuido, voy a la piscina y todo eso. De todas formas, no hay nada igual a estar encima del escenario con la banda, es lo que más disfruto. Las giras hoy en día son caras: sí que cobro algo más, pero también tengo que pagar a más gente en el grupo, así que digamos que el balance económico final es que ni gano ni pierdo dinero con ellas.

 

Al mismo tiempo que el último disco ha comenzado a verse la película Love Shines. ¿Qué nos puedes adelantar de su contenido?

– Básicamente se trata de una película sobre la grabación del último disco con Bob Rock. Es cierto que el director me estuvo siguiendo durante 6 años, así que hay bastante más. Hay un lugar en Toronto llamado Massey Hall, algo así como el Royal Albert Hall, y siempre fue mi sueño tocar ahí. Cuando empezó a hacer la película, la idea era capturar ese concierto, pero después siguió rodando. Y cuando Bob Rock apareció para producir el disco, la idea de la película cambió hacia mi intento de grabar un disco de éxito. Incluye también muchas películas caseras en Super 8, entrevistas con gente como Elvis Costello, Steve Earle, colaboradores… Al final, como se rodó mucho en la época en que estaba deprimido, queda la idea de que soy un tipo difícil, que no confío en lo que hago, en mí mismo. Pero a la gente le gusta y en sitios como el Reino Unido ha ido muy bien, con lo que también ha ayudado a que el nuevo álbum se vendiera mejor.

 

Hace seis años me comentaste que ahora tocas más el piano y que sentías que estabas mejorando tu forma de cantar y, también, tu comprensión de la estructura de las canciones. ¿Cómo está hoy?

– No he tocado mucho el piano últimamente porque llevo un muy buen teclista en directo. Solo lo hago en casa. Las canciones que he compuesto en los últimos tiempos han sido hechas todas con la guitarra, así que parece que he vuelto a ella. Echo algo de menos el piano. Sí que aprovecho cuando tengo un buen piano cerca ya que, como tampoco soy muy buen pianista, solo un instrumento realmente bueno me hace parecer mejor músico de lo que soy.

¿Qué dirías que la música que has creado en estos años tiene en común?

– Siempre he intentado escribir música con melodías, así que espero ser recordado como un buen compositor de canciones con melodías. Todos mis héroes escribieron ese tipo de canciones: Buddy Holly, Lennon y McCartney, Elton John, Leonard Cohen, Bob Dylan, Gordon Lightfoot, que es una de mis mayores influencias…. Es lo que se puede ver en todos mis discos. Y las letras también. Últimamente he mejorado como cantante. No era el mejor cantante ni lo soy todavía, pero sí soy la persona más adecuada para cantar mis canciones. Tampoco creo que se me recuerde gran cosa en un futuro, ya que mis seguidores lo hacen sin llamar la atención. Puede que se recuerde “Secret Heart” o alguna otra.

 

¿Y de qué estás más orgulloso?

– “Seem to Recall”, una canción de mi tercer álbum Whereabouts. “Nowadays”, de mi último disco, y, también, “Everytime I Follow”. Todas son mis criaturas, así que es complicado elegir.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota o momento de estos años en la música?

– Tengo unos cuantos. Pero recuerdo especialmente mi desayuno con Paul McCartney en 1996. Era mi primera gira por el Reino Unido y abríamos los conciertos de Squeeze, un gran grupo. Hicimos un concierto un sábado y tenía un hotel reservado, pero Chris Difford me invitó a su casa en el campo. De camino a su hogar, vimos una carretera en el monte y me preguntó si sabía quién vivía allí. Comenté, medio de broma, que Paul McCartney, y resulta que sí era él. Chris me dijo que había estado varias veces allí y que podría llamarlo a la mañana siguiente. No pude dormir en toda la noche con la excitación. Al despertar, llamó y Linda le dijo que nos pasásemos. En aquel momento yo aparecía en todas las revistas como Mojo o Q. Fuimos, desayunamos y acabé cantando unas cuantas canciones con él. Fue uno de los mejores momentos de mi vida, junto con la colaboración con Ray Davies. Yo le toqué canciones de Wings y de Brian Wilson y él me tocó tres canciones que aparecerían después en Flaming Pie. ¡No podía creérmelo! Y hace poco conocí a Ringo Starr en el programa de Jools Holland. Nunca creí que fuese a conocer a ningún Beatle, y resulta que ya he estado con dos.

 

 

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