ROGER DE FLOR 2009

Roger de Flor, retrato del caballero medieval con swing y retranca
 
 
 

Rogelio Arias, curtido en grupos como La Sociedad Protectora del Hombre Mono -banda homenaje a The Kinks-, Bang 74 (power-pop) o un dúo de bossa nova junto a Alejandra Parada, publica su primer disco como Roger de Flor, Naturalidad silvestre (Nothing Toulouse) con el swing y el pop como estandarte.

 

¿Qué había, para quien no lo conozca, en Canciones de amor y retranca?

            Pues un puñado de canciones –posiblemente- mal grabadas y mal interpretadas, pero con muchísima emoción, encanto y con una manera de hacer que vislumbraba algo diferente a las corrientes estilísticas a las que estamos habituados. Como bien indica el título, la temática estaba impregnada de desamor y mucho sentido del humor, entre otras cosas.

 

¿Por qué el nombre de un caudillo de los almogávares?

            Pues resulta que cuando acabé la grabación de Canciones de amor y retranca, mi primer proyecto en solitario, estaba dándole vueltas al nombre artístico, y ahí fue donde hizo acto de presencia Luís Maquieira, que es el anciano sabio que aparece en mi video clip “Os dous amigos”, gran aficionado a la historia, fue el quien comenzó a llamarme Roger de Flor, y así quedó. Me hace gracia, pues el nombre esconde cierto lirismo, lo cual no deja de ser paradójico, pues el personaje histórico era, por lo visto, un tipo ambicioso y sanguinario ja, ja…

 

¿Dónde apareció ese amor tuyo por el swing?

– En realidad no soy tan apasionado de ese estilo, aunque sí me gusta lo suficiente como para cultivarlo puntualmente. Hubo una temporada en que interpretaba en directo mucha bosanova y versionaba temas de Sinatra, la Fitzgerald, etc. Supongo que algo de todo aquello se me habrá quedado. Si a esto añadimos las vibraciones que me transmite  “O Marqués das Viñas”, trovador galaico-portugués muy amigo mío, que con su forma de jugar con los bajos y el rasgueo, podría estar potenciando esa influencia en mis composiciones…

 

Supongo que los Kinks es otra de esas referencias inexcusables, ¿no? Incluso formaste un grupo de tributo. ¿Puedes comentarlo?

– Así es, en su momento formé con Cristóbal Veiga, con el que luego coincidí en Bang 74, el dúo La sociedad protectora del hombre mono, en el que, como bien dices, repasábamos el sublime cancionero de los hermanos Davies y compañía. Recuerdo que en Ferrol había (y hay por desgracia) cantidad de grupos tributo a gente como Queen, Pink Floyd, Miguel Ríos, Sabina, etc. Recuerdo que pensamos: “hagamos un tributo a alguien que si merezca realmente ser reivindicado”. Fue una experiencia estimulante.

 

Hay una cierta perversión en “Mi dulce Inés”. ¿Cómo te dio por ahí?

– La canción surge estando en la playa con mi batería Serguei Izmailov, mientras observábamos a unas bellas jovencitas correteando por la arena. “¿Que te parecería hacer una canción en la que un hombre semi-maduro le declara a una de estas chicas de unos 18 años, su amor, después de unos años ocultando sus sentimientos?”, le pregunté a Serguei. Rápidamente nos pusimos manos a la obra… con la canción, puesto que las chicas ya habían desaparecido ja, ja. Digamos que el tema habla de los amores ocultos y de la valentía para que dejen de serlo. Creo que eso no es pervertido, ¿o sí?

 

Tienes un humor muy particular. ¿Retranca gallega, ironía, o de dónde viene?

– Viene del hecho de que uno tenga que lidiar, por desgracia, con ciertas calamidades que van surgiendo continuamente (véase, problemas económicos, amorosos… fundamentalmente). Es la manera de afrontar estos hechos de manera que se suavice, digamos, la ‘tragedia’. El reírse de uno mismo como mecanismo de autodefensa. También me gusta reírme de ciertos estereotipos sociales, que creo, se prestan a ello.

 

¿Cuánto hay de real o ficticio en tus textos?

– Un 72,666 frente a un 27,333%, ja, ja.

 

Los videos también lo demuestran. ¿De quién son idea? ¿Hay algún referente claro?

– Las ideas salen -por supuesto- de mis canciones y de la inspiración que éstas producen en el cerebro de Carlos Alberto Alonso (www.asmuxicas.com), cineasta ferrolano y vecino durante muchos años de Fene (donde vivo). De ahí surgen los video-clips de Roger de Flor. Tenemos una sorprendente química artística, y eso se nota luego en el resultado. En cuanto a los referentes, te los podría explicar él mejor que yo, aunque personalmente creo que hay mucho de John Ford en sus propuestas.

 

Por cierto, ¿grabarás más en gallego?

– Sí, desde luego que sí. Si la salud me lo permite…

 

Me gusta la definición de ‘castizo, campechano y canalla’. ¿Qué te parece? ¿Añadirías o quitarías algo?

– Pues ‘canalla sentimental’ no estaría nada mal, ja, ja, aunque algunas de mis canciones escondan un punto naif, tirando a Jonathan Richman (¡ojalá!) que no sé si tendrán mucho de eso.

 

A pesar de que en este proyecto el sonido está muy claro, me da la impresión que te gustan muchas otras músicas. ¿Algo insospechado?

– Me gustan mucho las pandereteiras gallegas que salen en programas como Luar, de la Televisión de Galicia, aunque todavía no sé cómo integrarlo al estilo ‘rogerdefloriano’.

 

¿Y cuáles son los clásicos a los que vuelves una y otra vez?

– Pues de vez en cuando reescucho discos que me han marcado profundamente. A bote pronto se me ocurren el único disco de Pete Dello & Friends, el Álbum Blanco, Tributo a Noel Rosa de Ivan Lins, Arthur (Or The Decline And Fall Of The British Empire), Blood On The Tracks, London Calling, etc.

 
 
 

 

 

¿Ves una relación con otros grupos de la zona de Ferrol?

– Estilísticamente hablando, no; espiritualmente hablando, sí: Los Huéspedes Felices, Quant, O Neno Elliott (Dani ex-Blood Filloas), Los Cosmonautas Rusos, etc.

 

¿Qué importancia crees que ha tenido en vuestra formación el Felipop?

– Absolutamente fundamental, que no definitiva. La cantidad de grupos que han pasado por el festival y el conocimiento musical que tiene la gente que lo organiza esconden una riqueza mayúscula, y forman un pilar básico en mi manera de crear e interpretar.

 

¿En cuántos proyectos has estado o estás involucrado?

– He estado desde en una orquesta de verbena hasta en un grupo de rock’n’roll, pasando por un dúo de bosanova, un grupo ye-yé y alguna otra cosa más que no recuerdo o “de cuyo nombre no quiero acordarme”, como dice el arranque del Quijote.

 

¿Hubo un momento o un disco que te marcó para dedicarte a hacer música?

– El que un amigo me pasase una cinta de casete antigua con canciones de los Kinks, siendo un chavalito, me llevó a coger una guitarra y querer cantar aquellas canciones.

 

¿Tenéis algún héroe, musical o no?

– Lo cierto es que no me considero nada mitómano. Pero sí hay mucha gente a la que admiro profundamente. Tengo la frustración de no haber sido Rock Hudson en películas como Su juego favorito, de Howard Hawks, o no haber sido Humphrey Bogart en Casablanca, por ejemplo.

 

¿Cómo llevas la realidad en la que vivimos?

-Cómo en mis canciones: soy un tanto idealista y tengo la esperanza de que las cosas mejoren algún día, aunque me temo que habrá que esperar más de la cuenta.

 

¿Cuáles son tus ambiciones? ¿Y los proyectos a medio plazo?

– En estos momentos mi máxima ambición es acabar esta entrevista e irme a tomar unas cañas, ja, ja. Prefiero no hablar de proyectos; soy un poco supersticioso (y gilipollas) con estas cosas. Sólo pienso en la gira inminente que comienzo en marzo.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en el mundo de la música?

– Será difícil escoger una, además no soy muy bueno con las anécdotas, tengo muy mala memoria… Pero bueno, hace poco sucedió algo que creo merece la pena ser contado. Al día siguiente de un concierto en Vigo, con unos cuantos licores de más en el cuerpo, íbamos en un bus urbano por esa misma ciudad y nos pusimos a cantar, acompañados por el Marqués das Viñas con su charango, una canción para animar a la gente tristona que se desplazaba con nosotros en dicho transporte. ¡Casi nos echan a patadas! El mundo está loco, loco, loco…

 

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