ROBERT WYATT: Comicopera

ROBERT WYATT: Comicopera (Domino-PIAS)

 

Curioso que a sus 62 años, y tras doce discos en su haber, Robert Wyatt parece que comienza a gozar de otro tipo de reconocimiento, como el que pueden tener outsiders como Scott Walker. Para empezar, ahora graba en el sello Domino, discográfica de Franz Ferdinand, Arctic Monkeys o Bonnie ‘Prince’ Billy. La nota de prensa de este disco ha sido escrita por uno de los componentes de uno de los grupos de música electrónica más reciente, Alexis Taylor de Hot Chip. Y, además,  en este nuevo álbum colaboran músicos de países como Brasil, Israel, Cuba, España, Colombia y Noruega.

 

Él no ha cambiado, y sigue siendo ese viejo con pinta de cascarrabias que hace unos discos imprescindibles que todo el mundo debería escuchar, en los que su música se pasea más cerca del jazz y la estética Dadá que del pop, con unos textos que le deben bastante a su filosofía marxista. Ahora, esta Ópera Cómica, grabada en una de las habitaciones de su casa en Lincolnshire, parece más el resultado de una colaboración de una banda, y no un disco ensamblado a partir de pequeño retales.

 

Su título podría llevar a confusión, pero no debería. Tras su colaboración en la ópera Welcome To The Voice, con Steve Nieve y Muriel Teodori, Robert Wyatt se ha decidido por una mini ópera en tres actos: “Lost in Noise” habla del amor y las intrigas domésticas; “The Here And Now” investiga qué significa ser inglés hoy en día, con sus inevitables referencias a la guerra, la violencia y la religión (aquí es donde se encuentra la cima emocional del álbum, “On The Town Square”); “Away With The Fairies” incide en algo que todos sabemos, pero de lo que casi nadie habla: el imperialismo de los países de habla inglesa (y en esta última parte, Wyatt utiliza el italiano y el castellano, evitando su lengua materna).

 

Puede que algunos sigan prefiriendo su obra maestra de 1974, Rock Bottom, pero Comicopera, más accesible que Cuckoland y más ambicioso que Shleep, los dos discos que le preceden, remite directamente a otros discos suyos de los 80 como Old Rottenhat o Nothing Can Stop Us.

 

En cualquier caso, ahí están, como siempre, un abanico amplio de emociones, en un disco de nuevo complejo, exigente y político, que mezcla el humor y lo absurdo, la nostalgia y la confusión, de una persona que sigue hoy igual de despierta que cuando tuvo el accidente que le postró en la silla de ruedas. Tal vez ya entonces, con aquella borrachera que le costó la parálisis, nos estaba diciendo que éste es un mundo difícil de entender, pero al que el arte de gente como él hace un poco menos incomprensible y más llevadero.

 

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