RICHARD ASCHCROFT

Richard Aschcroft, la verdad de un loco

richard ashcroft

 

Dice que no ha escrito ninguna canción para la historia, aunque no es cierto. Aunque sólo fuese por “Bittersweet Symphony”, que compuso y grabó con The Verve, Richard Aschroft ya tiene su cupo bien cubierto. Ahora, en solitario, llega a su tercer disco, Keys Of The World -Las llaves del mundo-. En sus reflexiones queda bien claro el significado del título y que, aunque se le ha tomado por un demente, tiene muy claro lo que busca y lo que quiere. ¿Lunático? ¿Quién?

 

¿Cuál fue el punto de partida para tu tercer disco en solitario y cómo te enfrentaste en esta ocasión a la grabación?

– Tras publicar Human Conditions tuvimos unas cuantas actuaciones en Europa, aunque no en América, no sé muy bien por qué. Después comencé a revisar las canciones que había escrito en ese tiempo. La primera fue “Why Not Nothing?”, la que abre el disco, y, a continuación, apareció “Break The Night With Colours”. Esos temas marcaron las bases de lo que iba a ser el nuevo disco y me puse a trabajar. Fuimos a un estudio antiguo en Londres, que pertenece a un cantautor. Allí grabamos al viejo estilo, en cinta analógica. Hicimos unas sesiones de las que salió la mayor parte del disco. Así que este álbum parte de unos momentos intensos y muy concentrados. Los músicos tuvieron que aprenderlo todo rápidamente, porque no quería que nadie, aparte de mí, pensase demasiado en las canciones; quería que la grabación fuese más fresca y espontánea.

 

¿Había alguna idea clara antes de grabar las canciones?

– Antes de reunir a una banda o grabar un disco, no tengo una idea preconcebida sobre cómo debería sonar o cómo debería comportarme yo. Sólo me interesa que la gente me siga viendo como lo que soy: un cantautor interesado en todos los lados de la condición humana. No me gusta quedarme obsesionado en unos sentimientos o en una sonoridad en concreto. Soy alguien a quien le gustan por igual ABBA que The Stooges, la Velvet Underground que las canciones de pop perfecto. Todo eso permanece en tu cabeza cuando escribes canciones, y yo siempre he pretendido crear una mezcla extraña a partir de ello, una mezcla de la que se puedan deducir esas influencias pero que sea algo nuevo. Nadie puede empezar a componer de la nada, pero tampoco se puede pretender sonar exactamente igual que tus influencias.

 

¿Es el título el mejor ejemplo de lo que contiene el álbum?

Perspex Confession Box iba a ser el título del disco; incluso teníamos ya montada la idea y hechas las fotos, pero el título Keys Of The World se me presentó de repente y me pareció más adecuado. Es también una de las canciones del álbum y, aunque no me gusta señalar una por encima de las otras, la verdad es que ésa resume bastante bien todo el disco.

 

¿Ya has podido superar tus problemas con la imagen que los medios han venido dando de ti?

– Bueno, es ley de vida. Cuando empezaron a hablar de mí y de mis canciones en la prensa, me di cuenta que la imagen que se proyecta de ti es una caricatura, una reducción a cuatro puntos de tu personalidad compleja. Aquello me deprimió mucho en un principio, pero ya he aprendido a vivir con ello. Se me ha juzgado por alguna de mis canciones y se piensa que tengo una visión negativa y depresiva de la vida, especialmente a causa de temas como “Lucky Man”. Curiosamente, en aquella canción hablaba de ese último momento de tu vida en el que finalmente te liberas de todos tus miedos. Yo siento que la vida es así de compleja: en un momento puedes apreciar la belleza y la inocencia al admirar a tu hijo y, un segundo después, te viene a la cabeza tu propia mortalidad.

 

En este disco brillan especialmente las melodías.

– Al principio fue complicado elegir las canciones que aparecerían, porque había bastantes temas para elegir. Algunas se habían editado ya y otras habían circulado por Internet. Al final no fue tan difícil, porque las mejores se impusieron. Tenía bastantes canciones largas, difusas y oscuras, pero tendrán que esperar a otro disco, ya que en esta ocasión buscaba una colección de canciones memorables, con melodías que se quedaran en tu cabeza y que las acabaras cantando sin darte cuenta. Eso era lo que me parecía interesante esta vez: que la gente se quedara con las melodías, sin tener en cuenta las letras. De hecho, esta vez las letras no aparecen en el libreto. Quiero que la gente construya su propio texto, su propio significado de la canción.

 

Aunque quieres que se fijen en las melodías, está claro que lo que está pasando en el mundo nutre tus letras.

– Vivimos en un mundo en el que el horror y el miedo son algo cotidiano. No puedo hablar por todo el mundo, pero creo que esta situación de locura puede convertirse en una oportunidad para expresarte, por ejemplo, a través de la música. Creo que hoy la música tiene que ser la clave para encontrar una voz diferente. Pensamos que vivimos en tiempos de libertad; pensamos que ser felices y dar un paseo bebiendo botellas de leche caliente con azúcar mientras escuchamos música en el Ipod significa que somos libres. Pero detrás de todo eso, resulta que las libertades y los derechos están retrocediendo. He querido que eso se reflejase en las letras, ya que yo no me di cuenta de lo poderosos que son los textos de una canción hasta que escribí unas cuantos. Siempre había notado mucho lo que me afectaban los textos de otros, pero, hasta que no lo hice yo mismo, no me di cuenta de que la letra y la melodía pueden pasar por encima de cualquier barrera, por encima de la raza y la clase. Tienen un inmenso poder. No hace falta que sean letras muy profundas. De hecho, yo siempre he encontrado mi lugar en letras sencillas, personales y casi confesionales.

 

¿Y eres consciente de cómo esas letras personales pueden afectar a la gente que las recibe?

– El título de una de las canciones de este disco resume muy bien mi filosofía: “Music Is Power” (“La música es poder”). Pero no se trata de un poder monumental, como el de una nación. No se trata de que la música vaya a cambiar a millones de personas, no. Se trata del poder de una sola persona que puede cambiar escuchando una sola canción. Yo no pienso en el oyente cuando escribo, pero sí soy consciente del viaje que cada canción va a iniciar. De alguna forma, mis canciones intentan encontrar alguna verdad en unos tiempos en los que la verdad ya no existe. Por eso el esfuerzo por encontrarla es ridículo, y consigue que me ría de mí mismo en ocasiones. Hay algo desesperado e imposible en escribir canciones, pero también hay algo de esperanza. Lo sigo intentando porque la gente, de algún modo, me dice que siga adelante, buscándolo, aunque viva en un mundo en el que soy considerado un lunático simplemente por cuestionarme estas cosas. Dicho esto, me gustaría dejar claro que no quiero ser demasiado profundo, no quiero ser pesado ni trascendente; quiero ser inspirador, alegre y ligero. Yo no he escrito ninguna canción para la historia, no he terminado ningún trabajo. Estoy todavía escribiendo, luchando. Cualquier persona que se dedique a crear, cuando termina algo ya está pensando en lo siguiente, porque es una rueda que no para; no tenemos otra elección. El impulso de crear, de decir cosas, de buscar, no termina hasta el día que morimos.

Xavier Valiño

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