Respect Yourself: el documental de Stax

Respect Yourself: el documental de Stax

 

 

Fue una ganga: alguien adquirió en una subasta el reloj de Isaac Hayes con incrustaciones de esmeraldas y diamantes a un precio que parecía más bien un regalo. Stax se deshizo de este y otros bienes cuando tuvo que cerrar, después de que una demanda del banco Union Planters por no poder devolver un préstamo de 10 millones de dólares hiciese imposible continuar adelante. Con aquel reloj como símbolo, Stax tuvo también que dejar las películas, obras de Broadway y equipos deportivos, negocios en los que se había metido a principios de los 70.

 

Esa subasta es uno de los descubrimientos de Respect Yourself: The Stax Records Story, la película que hace diez años filmaron los directores Morgan Neville y Robert Gordon sobre el sello Stax, un documento imprescindible de principio a fin para conocer su historia, que recoge imágenes y momentos como los de esa subasta. “A veces el crecimiento desmesurado y la ambición pueden arruinar una compañía… Tiras una ficha del domino y todas las demás caen”, aseguraba entonces quien en su día fue propietario de aquel reloj.

 

 

Para contar esa historia, Neville y Gordon utilizaron declaraciones de archivo y persiguieron a los músicos y trabajadores de la compañía por distintos Estados, consiguiendo el testimonio de sus fundadores, de Isaac Hayes, Sam Moore, Mavis Staples, Eddie Floyd, William Bell, Carla Thomas, Sam Moore o The MG’s, además de otros empleados más curiosos, como Dino ‘Boom Boom’ Woodard, el guardaespaldas que acabó siendo un ejecutivo de la discográfica y que hoy es pastor de una iglesia baptista.

 

También exploraron las raíces del racismo y la política que Stax contribuyó a derrocar, gracias al éxito de Otis Redding en el Festival de Monterrey, el Grammy de Hayes por Shaft o el éxito del Festival WattStax y la película posterior que galvanizó a la población de color de costa a costa. Por suerte, los realizadores no olvidaron la música: junto a imágenes de la huelga sanitaria que llevó a Martin Luther King a Memphis, las secuelas del accidente aéreo en el que falleció Otis Redding o las noticias sobre la caída de Stax, también incluyeron imágenes en blanco y negro de Booker T. and the MG’s tocando “Green Onions”, retazos de la gira europea de 1967 (como Sam & Dave interpretando “You Don’t Know Like I Know”) o secuencias de Hayes cantando “Walk on By” como si el micro fuese su amante.

 

 

“Motown tenía la dulzura y Stax puso el funk”, asegura el desaparecido Rufus Thomas para marcar distancias con el otro sello clave a la hora de popularizar el soul. “No tenían una política de puertas abiertas en Motown”, asegura el guitarrista de sesión Jack Ashford. Y a las pruebas se remiten: Booker T. era el chico que repartía los periódicos en la ruta que pasaba por delante de las puertas del estudio de la avenida McLemore y David Porter era quien despachaba las verduras en la tienda que estaba enfrente. Steve Cropper sería otro buen ejemplo: tras empezar como dependiente de la tienda de discos de Stax mientras estaba en el instituto, acabó siendo el guitarrista de The MG’s, además de productor, compositor y uno de los músicos más reconocidos de la historia.

 

Todos pidieron su oportunidad y todos la tuvieron allí, en el sello fundado por un antiguo contable de banco (Jim Stewart) y su hermana, hasta que su alto tren de vida y sus inversiones acabaron pasando factura, tanto como para ver desaparecer buena parte del símbolo de su éxito en una subasta.

 

 

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