RED BIRD RECORDS

Red Bird: ¿Quién dijo que los artistas eran importantes?

Seguro que no fue ni Phil Spector ni Shadow Morton, eso está claro. Los únicos que importaban eran ellos, los productores, y los compositores que les proporcionaban material de primera clase. Los músicos curraban como en una cadena de montaje de la General Motors y los cantantes… bueno, se dedicaban a cantar, sí, pero sólo lo que les ordenaban y de la manera que mejor le parecía al iluminado de turno. Si no, había cientos de chicas y chicos esperando en la puerta una llamada para subir al tren de la gloria… aunque sólo fuera durante tres minutos escasos.

 

El maestro en este tipo de artes fue, por supuesto, nuestro amado Phil, pero también tuvo sus contendientes, quizá no tan dementes, megalómanos y geniales como él, pero sí lo suficientemente avispados y dotados como para ganarle la partida en su propio terreno en alguna que otra ocasión. Estamos hablando de los muchachos de “Red Bird”, el sello neoyorkino creado por Leiber y Stoller que durante cinco años (1962-1967) proporcionó algunos de los mejores momentos que la década de los sesenta ha dejado para la posteridad.

Hacia 1962 Jerry Leiber y Mike Stoller ya eran uno de los equipos de productores/compositores de la historia del rock’n’roll y habían fabricado hits para, entre otros, Coasterrs (“Poison Ivy”, “Yakety Yak”, “Charlie Brown”), Drifters (“There goes my baby”, “On Broadway”), Ben E. King (“Stand by me”) o Elvis Presley (“Hound Dog”, “King Creole”, “Jailhouse Rock”). Casi nada, vamos. El caso es que se hartan de trabajar a sueldo para la Atlantic o la United Artists y tienen la gran idea: “¿Porqué nos vamos a conformar con 2 centavos cuando podemos tener nuestra propia compañía y conseguir 21?”. Así que se ponen manos a la obra y se montan no uno, sino dos sellos: Tigre y Daisy. Editan unos cinco discos en su estilo favorito, el rithm’n’blues, que pasan sin pena ni gloria a pesar de las fabulosas voces de Bessie Banks o el gran Alvin Robinsosn, por lo que deciden empezar una segunda fase uniendo las dos marcas en una sola: ha nacido RED BIRD. Al mismo tiempo y aconsejados poe el dueño de Roulette Records, Morris Levy, aceptan como tercer miembro de la sociedad a un elemento llamado George Goldner, un exbailarín de mambo, ¡??!, que llevaba metido en el negocio desde los años cuarenta y se había forrado a cuenta del doo-wop y también arruinado a base de ruleta y similares. Además había tenido un éxito con las Chantels en 1957 (“Maybe”), considerado como la primera muestra de “girl group” de la historia. Como hombre de negocios era un desastre, pero lo sabía todo de la promoción de artistas y sus contactos con la mafia también ayudaban lo suyo. El será uno de los responsables de que la idea inicial de Leiber y Stoller de dedicar el sello al soul y al r´n´b vaya derivando hacia el sonido de los “grupos de chicas”, sonido que no era muy del agrado de la pareja pero que es por el que siempre se recordará a la marca del “pájaro rojo” y en el que centraremos nuestra atención.

Uno de los productores que trabajaban para Leiber y Stoller, Joe Jones, había descubierto en Nueva Orleáns a un trío de universitarias llamadas The Meltones, a las que rápidamente cambian el nombre por el de Dixie Cups y ponen a trabajar con Jeff Barry y Ellie Greenwich . Esta joven pareja de productores y compositores, casados en la vida real para que la felicidad sea completa, llevaban grabando en solitario desde finales de los 50, habían formado parte de un grupo vocal, Teh Raindrops, y, sobre todo, compuesto joyas inmarchitables para las huestes de Spector como “Be my baby”, Baby, I love you” o “Da Doo Ron Ron”, o sea, que sabían bien lo que se traían entre manos. Y lo que se trajeron fue una de las canciones que compusieron para la factoría Spector y que este no vio muy clara. La readaptaron a su estilo, más dinámico y menos barroco que el de Spector, pusieron a las Dixies a trabajar y viola, la primera referencia de Red Bird alcanza el Número Uno en Junio del ’62. Era “Chapel of Love”, por supuesto. Jerry Leiber lo cuenta así: “George Goldner levantó el acetato y dijo, ‘Me juego la vida en este disco’. Me lo puso y era “Chapel of Love”. Yo odiaba el disco, pero el lo sacó y vendió 1.200.000 copias o algo así, y eso, más o menos, determino el carácter de la compañía”. ¡Caramba con el rey del mambo! . Ahora ya casi no quedaría sitio para el soul y Leiber y Stoller acabarían por ceder el poder de decisión a sus compañeros y abrir un subsello, Blue Cat, dedicado a su música favorita. La Dixie Cups volverían a dar en el blanco al mes siguiente con otra delicia, “People say” , se mantienen con hits menores y triunfan de nuevo en el ’65 con “Iko Iko”, la más Nueva Orleans de todo su repertorio. Cuando deciden dejar la compañía desaparecen del mapa, pero tenían sus razones: “Cuando estábamos de gira durante dos o tres meses nos pagaban cada dos semanas y enviábamos el dinero a New York, en donde vivíamos. Pensábamos que nos lo ingresaban en nuestras cuentas, pero cuando volvíamos no había dinero. El alquiler sin pagar, la luz cortada, todo ese tipo de cosas” (Rosa Lee Hawkins, de las Dixie Cups). Estafa en el mundo del Pop, capítulo MCCCXX.

Si el éxito de las Dixie Cups fue lo que marcó la pauta a seguir por Red Bird, las que realmente definieron el auténtico sonido del sello fueron las Shangri-Las, cuatro chicas del barrio de Queens descubiertas por el otro puntal que nos falta para completar la historia, el inefable George “Shadow” Morton. Morton era un viejo amigo de Ellie Greenwich desde los días de la high school y antes de empezar a trabajar con las Shangri-Las había formado parte de algunos ignotos grupos vocales como los Marquis o los Gems. Se ganó el apodo de la “Sombra” por su costumbre de desaparecer de las reuniones a la mínima oportunidad, aunque no sea esta la única muestra de las excentricidades de este Spector a escala reducida; si tenéis oportunidad, escuchad su alucinada y siniestra versión del “Dressed in Black” de las Shangri-Las, inédita hasta los años ochenta, y os daréis cuenta de lo tocado que tenía el coco y de porqué no triunfó como cantante. Por si fuera poco, no sabía ni tocar ni escribir música, pero según sus propias palabras “lo tenía todo en mi cabeza”. El caso es que se saco de la manga una canción llamada “(Remember) Walking In The Sand” que fue directa al número 5 de las listas en Septiembre del ’64 y al corazón de todos los adolescentes con problemas amorosos. Ahí estaban ya los elementos de lo que será la marca de fábrica del grupo: preguntas y respuestas entre las chicas, dramatismo romántico en letras y melodías, y efectos especiales: en esta ocasión sonido de olas y gaviotas para reforzar lo de “caminando en la arena”.

La cosa no quedaría ahí sino que incluso aumentaría en el siguiente lanzamiento, el clásico entre clásicos “Leader of the pack”, en el que la protagonista se enamora de un motero que no le gusta nada a sus papis y que al final acaba matándose. Vamos, un culebrón sonoro de tres minutos escasos con el que sus autores, según parece, disfrutaron de lo lindo. Ellie Greenwich: “En aquella época,  todos los que tenían éxito en el ambiente musical se compraban una moto. Tenía que ser rosa o del color más chillón que pudieras conseguir, y para completar el cuadro tenías que tener una cazadora de cuero. Jeff y el majara de Shadow Morton no eran una excepción. Como nosotros siempre tratábamos relaciones del tipo chico-encuentra-a-chica y además andábamos por Nueva York en nuestras motos, todo salió de forma natural: la chica tenía que enrrollarse con el jefe de una banda de motoristas y, por supuesto, todo el maldito rollo tenía que acabar mal.”

“Las Shangri-Las eran perfectas para este tipo de disco. Tenían la imagen y, sobre todo, ese deje nasal. También eran bastante estúpidas y pensaban que estábamos locos: nos setábamos en el estudio probando con efectos de ruido de motos y gritando “¡Cuidado!, ¡cuidado!”.. entonces llegaba un ensordecedor sonido de un choque y un montón de cristales rotos. La mayor parte del tiempo estábamos tirados por el suelo riéndonos hasta que nos saltaban las lágrimas, y prácticamente nos tenían que sacar del estudio al acabar la sesión. Pero sabíamos que teníamos un hit”. A finales de Noviembre del mismo año “Leader of the pack” era Número Uno en USA y tres meses después Top Ten en el Reino Unido. Sin comentarios.

A partir de este disco la imagen de las chicas cambió radicalmente: ya eran sólo tres y no quedaba nada de la ingenuidad del principio. Ahora eran chicas duras con botas altas y chalecos de cuero que tenían problemas con la estricta moral de los adultos, un modelo ideal para cualquier adolescente que se precie.Inexplicablemente, su siguiente ataque a las listas, “Give him a great big kiss”, no surtió efecto a pesar de ser otra maravilla, aunque, eso si, más “inofensiva” que las anteriores. La gente quería dramatismo y lo iba a tener.

 “Out in the streets” pasa bastante desapercibida, pero “Give us your blessings” con sus truenos y su epopeya de joven pareja cuyo amor incomprendido acaba con ellos en la tumba, ¡mira que eran retorcidos los tíos!, vuelve a ponerlas en candelero. Para rematar 1965, en Diciembre alcanzan lo que sería el puesto más alto en lo que les quedaba de vida, el seis, con “I can never go home anymore”, que ya no es que fuera dramática sino decididamente siniestra: recitada casi en su totalidad por una voz arrepentida de haber dejado su hogar para siempre y acompañada por una sección de cuerda de lo más triste y oscura que recuerdo.

A partir de ahí las cosas ya no rodaron tan bien para nuestras amigas. Un single tan potente como el que formaban “He cried” y la inmensa “Dressed in black” apenas tuvo impacto, y su último hit “Past, present and future” sólo alcanzó el número 59 en Julio del ’66.

Ese fue el año en que Leiber y Stoller se hartaron del tema y vendieron su parte a Goldner por un dólar, aunque se quedaron con los derechos de las canciones, que de tontos no tenían un pelo. Pocos meses después  Morton se lleva a las chicas al sello Mercury en el que graba un par de singles perfectamente olvidables y hacia 1969 se separan entre líos de todo tipo entre managers, productores y demás. Mary Weiss, la cantante principal, se hizo hippy y voló a San Francisco. A mediados de los ’70 vuelve a Nueva York e intenta un “comeback” con las supervivientes del grupo: su hermana mayor Betty, y Marge Anser (la gemela de esta última, Mary Ann había muerto en 1971). No pasa nada y así estamos hasta ahora. Un triste final, como suele suceder con todos los finales de los “girl groups”. ¿Quién dijo que los artistas eran importantes?

El tercer gran grupo de Red Bird fueron las Jelly Beans, inicialmente un quinteto, aunque más tarde se quedaría en cuarteto y trío, formado por Alma Brewer, Diane Taylor, las hermanas Elyse y Maxine Herbert y, curiosamente, un buen mozo llamado Charles Thomas. Aunque la historia no las ha reivindicado como a otras de sus colegas, seguramente debido a que sus grabaciones fueron muy escasas, las Jelly Beans fueron las intérpretes de algunas de las más deliciosas canciones que salieron del sello. Por ejemplo “I wanna love him so bad”, su primer single, “Top Ten” en 1964 y que podría figurar tranquilamente entre las más bellas canciones escritas por la pareja Barry/Greenwich, que ya es figurar. Otro tanto se puede decir de “Baby be mine”, que fracasó incomprensiblemente y provocó su salida de Red Bird. Parece ser que estaba planeada la edición de un LP que finalmente se canceló no se sabe por qué. Menos mal que en uno de esos rastreos de archivos que tanto proliferan últimamente, apareció una sesión completa de grabación para chuparse los dedos y que puede localizarse fácilmente en el segundo volumen de “The Red Bird Story” , editado por Charly, Zafiro en España. En ella, aparte de material ya conocido de otras compañeras de marca, “Chapel of love” por ejemplo, podemos disfrutar de algunas inéditas que todavía hacen más difícil de entender el relativo fracaso de las Jelly Beans.

Como suele ocurrir en estos casos, su historia no tuvo final feliz. Reaparecieron e principios de los setenta en un pequeño sello, Eskee, y cuando estaban de nuevo levantando cabez una de sus componente es tiroteada a la puerta de su casa. La otra cara de los cuentos de hadas.

Estos tres grupos pueden considerarse los más representativos de la marca del pájaro rojo, pero no los únicos con los que intentaron explotar el filón del “girl group sound”. También estaban “The Goodies”, dirigidas por Shadow Morton; las “Butterflies”, que nos dejaron un single exquisitamente producido, “Goodnight baby”, supuestamente interpretado por Ellie Greenwich doblando todas las voces; la misms Ellie Greenwich firmando en solitario “You don’t know”, otra gema a 45 r.p.m.; y seguro que alguno más que nos olvidamos. Curiosamente una de las producciones más gloriosas aparecidas en Red Bird no tiene nada que ver con el soul ni con los grupos de chicas, sino con el surf. En 1965, los para mí ultradesconocidos “Tradewinds” grabaron “New York’s a lonely town”, una canción que parece tocada por la mano divina de Brian Wilson y que cuenta lo difícil que resulta para un surfer vivir en la gran

No me resisto a terminar este repaso sin mencionar alguna de las maravillas que salieron en los sellos “hermanos” de Red Bird, “Blue Cat” sobre todo, que en algunos casos y a pesar de lo que dijeran Leiber y Stoller no se diferenciaban demasiado del sonido de su hermano mayor. Solamente el arrojo vocal de “soul women” como Bessie Banks o Evie Sands hacía diferentes, y más apasionadamente “adultas” cosas como “Go now” o “I can’t let go”. Los “Ad Libs”, grupo mixto por cierto, eran ya más decididamente r’n’b y su “Boy from New York city” fue rápidamente “top ten”. Lo mismo puede decisrse del gran Alvin Robinson, cuyo “Down home girl” es casi más conocido por la versión de los primeros “Rolling Stones”. Algunos de estos artistas grabaron indistintamente en Red Bird y Blue Cat por lo que la cosa empieza a liarse y es mejor dejarla como está.

Me ahorraré en la despedida todo tipo de literatura sobre una “época dorada que ya no volverá”, o la “inocencia perdida del pop” y todos esos tópicos que solemos usar al hablar de esta clase de música. Simplemente me queda recomendaros encarecidamente la ya mencionada “Tyhe Red Bird Story”, dos lp’s dobles o cja de cuatro CD’s editados por Charly y que recojen, con alguna que otra diferencia, todas las canciones aquí comentadas mas rarezas y la parte Leiber y Stoller del sello. La edición en vinilo está editada en España por Zafiro, pero cargándose todas las notas interiores, que en la caja “compacta” vienen aumentadas por otro artículo más. También se puede encontrar en edición nacional, a muy buen precio y en el formato original, el LP de las Shangri-Las “Shangri-Las ‘65”, que no incluye sus grandes hits y dispone de muchos temas no aparecidos en otro lado, así como la recopilación de las Dixie Cups “Teen anguish Volume One”. Abundan también todo tipo de recopilaciones en series medias que pueden servir de iniciación al que no esté dispuesto a gastarse mucho dinero, así que no hay disculpas para no llorar, reír y bailar con uno de los sonidos más perfectos de la historia del POP. Con mayúsculas, por supuesto.

 

-10 RED BIRD 10 –

1.                              “I wanna love him so bad”, Jelly Beans

2.                              “Chapel of love”, Dixie Cups

3.                              “Goodnight baby”, Butterflies

4.                              “Leader of the pack”, Shangri-Las

5.                              “New York’s a lonely town”, Tradewinds

6.                              “You don’t know”, Ellie Greenwich

7.                              “Dressed in black”, Shadow Morton

8.                              “Baby be mine”, Jelly Beans

9.                              “People say”, Dixie Cups

10.                            “Give him a great big kiss”, Shangri-Las    

 

Carlos Rego

 

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