RAGE AGAINST THE MACHINE

 

Rage Against The Machine, la amenaza continúa

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         Furia contra la máquina, sí.  Tom Morello, Brad Wilk, Timmy Commerford y, por supuesto, Zack de la Rocha tienen que exponer una vez más su visión política de la vida a la hora de editar su tercer disco, The Battle Of Los Angeles, un nuevo intento de hacer olvidar su insuperable debut.

 

El proceso de grabación de The Battle Of Los Angeles no ha sido precisamente fácil.

– ¿Con nosotros? Nunca lo es, no es algo que disfrutamos. Sucede que estallaron tantas tensiones cuando hicimos Evil Empire que tuvimos que adoptar un enfoque distinto. Después del primer disco aparecieron demasiados conflictos respecto de la idea que cada uno de nosotros tenía sobre cómo debería sonar un gran disco. Como no componíamos de forma continuada, debido a nuestros compromisos políticos, todos volvimos con ideas muy diferentes.

 

¿En algún momento pensasteis en dejarlo?

– Yo pensaba que mi contribución no era reconocida por los otros tres, cuando había escrito la mitad de las canciones. Sólo buscaba reconocimiento, no dinero ni mayor protagonismo. Así que ahora el resto se han centrado en la música y yo en las letras. Al final fue un proceso mucho más saludable que en el pasado. No veo ninguna razón para no continuar, sobre todo porque hemos superado gran parte de las tensiones. No creo que en el fondo de nuestros corazones quisiéramos destruir el don por el que hemos luchado. Quiero decir que podíamos haber vendido dos o tres veces más que nuestro primer disco, pero eso nos hubiera destruido. La tensión creativa es parte fundamental de nuestra química y no la cambiaría por nada.

 

¿Tiene algo que ver con la idea inicial de no hacer videos?

– Discutimos sobre si deberíamos hacer videos para que la gente asimilara información. Al principio me oponía, y creo que fue la decisión correcta. ¿Se percibirían nuestras acciones de la misma manera si hubiéramos vendido siete millones de discos sin más? No lo creo. Ahí es donde yo y Tom, nuestro guitarrista, no coincidimos. Tenemos una forma de pensar diferente sobre cómo dirigir nuestras opiniones. Pero después estamos de acuerdo en casi todo lo demás. Al final el enfrentamiento nos ha ayudado.

 

¿Y la idea de no conceder entrevistas durante varios años?

– Una de las cosas que quería asegurar era la protección de la integridad del grupo. Que hablábamos de lo que hablábamos en lugar de sólo hablar. Tratamos con una monstruosa cultura pop que tiene una tendencia a domesticar y hacer todo más digerible. Le ha pasado a tantas bandas en el pasado… Es importante que los artistas de nuestra posición prediquen con el ejemplo de que hay una línea muy fina entre la promoción de un producto y la promoción de una idea. Así que para proteger nuestra integridad decidí contenernos.

 

Ya habéis creado escuela. Sin vosotros no existirían Korn, Limp Bizkit, Molotov o grupos españoles como Superskunk.

– Da la casualidad de que hemos sido un grupo que hemos creado un espacio abierto dentro de la música pop y que hemos intentando poner en marcha una nueva era en la que más voces disidentes en la música comercial puedan formar parte de un nuevo diálogo. De todas formas, por cada Nirvana hay 10 o 15 Bush o quién quiera que sean y tras Rage Against The Machine han aparecido unos cuantos grupos no tan buenos.

 

Siempre os ha rodeado el aura de ser una banda especial.

– Para nuestro primer concierto en 1991, después de ensayar durante tres meses, decidimos fastidiar a las compañías y vender nuestras propias cintas. La reacción del público fue tan intensa que se convirtió en una celebración de la frustración y la rabia. Fue una sensación increíble. Me di cuenta de que teníamos algo especial y que podíamos llevar las cosas más allá. No hay nada igual. Pero no es que nos levantemos y rompamos el cartón de leche sólo porque no conseguimos abrirlo. Aunque el hecho de que no seamos el típico grupo crea una mística alrededor de nosotros que es algo bueno. Siempre es más fácil hablar de política que de ti mismo.

 

¿Hay algo más que la gente no alcanza a ver?

– Aunque nuestro trabajo es siempre jodidamente serio, en el día a día puede verse que lo hacemos divirtiéndonos. No siempre hay un sentimiento político tan fuerte. Eso es lo que el público ve, justo lo opuesto a la banalidad de lo que sucede en los camerinos.

 

Aunque no tenéis que ver en ello, hay parte del público que sólo busca diversión con vuestras canciones.

– Sí, pero nosotros no nos escondemos. No es que disculpe a esa gente, la que sólo viene por la música. Sucede que en el mundo de la cultura hay mucho rock, y dentro hay mucho rock misógino y mucho rock escapista. Y hay muy poco rock que sea auténtica música de rebeldía. Así que creo que es necesario que esté ahí, emitiendo por lo menos desde nuestros amplificadores.

 

¿Y cómo os enfrentáis al hecho de que todos los periodistas tengan que preguntaros por la contradicción entre vuestra rebeldía contra el sistema y la utilización de una multinacional?

– Entiendo por qué lo preguntan, y creo que se debe a que destacamos por nuestra posición política. Una pregunta mejor sería a los otros grupos que están en multinacionales: “¿Por qué no hacéis algo con la gran exposición pública que tenéis para lograr algún tipo de cambio?” Mejor eso que atacar a un grupo que lo está haciendo para conseguir unos objetivos políticos. ¿Por qué no dirigirse a quién no lo hace?

 

 

Xavier Valiño

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