RAFAEL BERRIO III

Rafael Berrio, algo que se lleva en la sangre (y III)

Rafa Berrio 2 (foto Thomas Canet)

 

«Me has exprimido como a un limón», reconoce Rafael Berrio al terminar esta entrevista. Y, no, no se debe tanto a lo afortunado o desafortunado de las preguntas sino a que, a pesar de llevar en esto 35 años, hasta ahora no le han hecho muchas entrevistas, menos aún extensas.

Por desgracia, Rafael Berrio sigue siendo un desconocido para el gran público, incluso para los más o menos preocupados por el rock que se hace en este país, de ahí que los medios nunca le hayan prestado la atención que aquí entendemos se merece, nosotros y un puñado de seguidores fieles adictos entre los que se cuentan unos cuantos relacionados con el mundo de la cultura, como bien afirma él. Esos pocos fanáticos sabemos que letristas como él son una rara avis en la música en castellano y que el sonido de sus canciones rezuma clasicismo y emoción en cada uno de sus poros.

Su personaje (y, en parte también, su persona) se mueve en unas coordenadas nostálgicas y estoicas, en las que hay sitio para el humor y la ironía, con especial atención al paso del tiempo. “La virtud de la desgana”, dice una de sus canciones, pero también “Cambios a mansalva y decadencia” o “No solo de amor (del aire también se vive)”. Junto a los “Santos mártires yonquis” hay sitio para “Las pequeñas cosas”. A “Perfecto en soledad” le acompaña “Te quiero”. A “Ni odio ni amor” podemos enfrentar “La piel a tiras”.

Así, una detrás de otra, hasta las ciento y pico. Poeta bohemio, músico desde las entrañas a la espera de la llamada de su vocación, sus canciones hay que perseguirlas y descubrirlas en una obra que ha quedado a merced de las veleidades de la industria discográfica. Es en suma, uno de nuestros AUTORES mayores.

Esta entrevista, dada su larga extensión, se publica en tres partes: antes de ayer, ayer y hoy.

Rafa Berrio 1 (foto Thomas Canet)

Ángel de los locos de amor

En tus canciones hay desencanto, cinismo, drama, existencialismo, solemnidad, nostalgia, estoicismo y nihilismo, pero también un cierto humor e ironía que no sé si se percibe de la misma forma. ¿Crees que se capta o son elementos que pasan más inadvertidos?

– Bueno, yo invertiría los términos. Diría que primero hay humor y luego todo lo demás que has citado. Ahora que te lo confieso, escucharás las canciones de otra manera.

Es fácil percibir, a lo largo de tu discografía, que siempre ha estado ahí la música que te formó de adolescente, como es lógico y suele suceder. Pero, ¿ha habido algún punto de inflexión crucial en todo este tiempo, algo que haya marcado la evolución de tu música?

– No se me ocurre nada ahora mismo. Quizá el aceptar con los años que lo más interesante de uno mismo es lo que antes juzgábamos como carencias y defectos. Creo que ya me entiendes.

¿Qué bandas alejadas de tus postulados te interesan, si es que hay alguna, aunque tengo entendido que te despierta más curiosidad la música clásica?

– Más que bandas diría que ciertas canciones. Sin guardar fidelidad ni seguirles a muerte. Hallazgos recientes como los australianos The Drones y los también australianos Eddy Current Suppression Ring, por ejemplo. No voy a dar más nombres porque siempre queda pretencioso. Salgo mucho a los clubs nocturnos de San Sebastián y soy capaz aún de apreciar una buena canción, en directo o en disco.

Creo que siempre se ha hablado menos de referencias cinematográficas en tu obra. Si es que tienen algún tipo de influencia, ¿cuáles serían? ¿Qué películas o directores han causado mayor impresión en tu persona?

– No seré nada original: me ha interesado mucho Buñuel y Berlanga. Como película, para cambiar de registro, diría Arrebato de Iván Zulueta. También le tengo mucha simpatía a Jacques Tourneur.

Parece que últimamente estás dando bastantes conciertos con banda y que por fin hay una gira más o menos al uso, donde estáis dejando muy convencido a todo el mundo. ¿Notas esa contundencia, piensas que esta puede ser la banda más rotunda que hayas tenido?

– Hemos dado media docena de conciertos. La banda es la mejor que he tenido nunca con una diferencia abismal: Rafa Rueda, Joseba B. Lenoir, Fernando Lutxo Neira y Félix Buff. Son músicos de pura raza. Efectivamente. Yo no estaba acostumbrado a ese nivel. Es un lujo que me he dado a mis 50 años.

¿Cómo te estás enfrentando a un repertorio que ya tiene unos cuantos años en muchos casos? ¿Te parece igual de fresco, sigues teniendo la misma ilusión al tocarlo, lo disfrutas ahora más?

– Hicimos ensayos para entresacar temas viejos que funcionaran bien con tres guitarras, bajo y batería, y que yo me creyera a estas alturas lo que estaba cantando. Hay canciones de cada disco y la revisión me ha resultado sorprendente en muchos casos. En otros no, lógicamente. No todas las canciones funcionan bien en directo. Pero eso no depende de si son viejas o recientes, sino de la composición, de la progresión de acordes, de la colocación de la voz. Es un misterio.

¿Y te está siendo fácil llegar a gente joven, a un público nuevo o ves, como mantienen otros músicos, que el rock ya es para gente de una cierta edad?

– No sabría decirte qué público me viene a ver. Seguramente sean más jóvenes que yo, porque los de mi quinta ya no salen si no es al vermut del mediodía. Yo creo que tengo un público treintañero no lejos de los cuarenta.

Tus últimos discos los has producido tú y los distribuye Warner, gracias a la confianza en ti de Alfonso Pérez. Aun así, ¿de cada uno de ellos depende que puedas grabar otro? ¿Cómo vives esa incertidumbre?

– Sí, sucede que para financiar un disco obtengo adelantos de derechos y de royalties, de un dinero futuro que me pertenece. Pero si los discos no se venden, voy acumulando la deuda y hay un punto en el que ya no se tiene crédito. Desconozco si para el próximo disco tendré o no tendré, o qué pasará. Ya veremos.

¿Has llegado a un momento de total libertad, en el que te puedes permitir grabar lo que te parezca y cuando te apetezca, o eso ha sido siempre algo irrenunciable?

– Cuando no vendes discos, la compañía discográfica no se mete contigo en absoluto. Para lo bueno y para lo malo. Eso de las presiones sobre el repertorio es solo para los superventas. Donde hay mucho dinero en juego, lógicamente.

¿En algún momento sentiste que era tiempo de dejarlo? ¿Cundió el desánimo algunas veces? ¿O, por el contrario no hay esa presión y simplemente escribes por necesidad vital?

– Jamás se me ha ocurrido dejarlo. Ni por un momento. Como te he dicho antes me he sentido siempre un diletante, un aficionado. Como un manitas que destripa una radio y vuelve a montarla por puro gusto.

Rafa Berrio 3 (foto Thomas Canet)

Las pequeñas cosas

«Yo, que he juzgado el mundo en torno a mí como una inhóspita intemperie», dices en una de tus canciones. ¿Te sigues sintiendo a disgusto en el mundo actual?

– Sí. Pero no me engaño. En cualquier otra época sentiría lo mismo.

Sin embargo, me sorprende que en los últimos tiempos hayas abrazado la tecnología, manteniendo un blog, y escribiendo en twitter y Facebook. ¿Era una necesidad, un mal menor?

– Bueno, cerré Twitter y en el ‘Caralibro’, como dice mi amigo Roger Wolfe, estoy como el Guadiana, entrando y saliendo. Solo porque anuncio las fechas de los conciertos. Y, en fin, el blog es un mero almanaque de eventos. No soy nada activo en las redes. A veces me divierten y otras las aborrezco. Como todo.

Te sientes más protegido en la literatura que la vida real, ¿no? ¿Qué te da que no encuentras a tu alrededor?

– Si me permites la cita: «Los libros te dan la esperanza de algo». «Los libros nos dicen que existe el amor, la gloria, la grandeza, la bondad. La vida nos dice que no hay nada». Recomiendo a todo el mundo que lea El cuaderno gris de Josep Pla. En realidad, cualquier libro suyo. La lectura de Pla es uno de los grandes placeres de la vida.

En tu caso, tu obra no es fácil de localizar, está dispersa en pequeños sellos. ¿No fastidia un poco eso, que esté perdida? ¿Has pensado en regrabarla o recuperarla de alguna forma, si es que es posible?

– No me molesta que esté dispersa, al contrario. Es mejor así. Perdida, descatalogada. Creo que una recopilación de mi obra me decepcionaría, me parecería un fiasco. No, no, nada de antologías ni reediciones. Sálvese quien pueda. Mi única idea es grabar el disco sucesivo teniendo en cuenta, eso sí, los errores que haya podido cometer en el anterior.

Quien esté acostumbrado a seguir a un grupo por sus discos editados con sellos y distribuidos en tiendas, supongo que le costaría seguir la trayectoria de Rafael Berrio. ¿Ha sido frustrante en algún momento?

– Para mí no. Quizá para quien me haya descubierto ahora y quiera conseguir la obra anterior. Pero creo que esa dificultad le pone un poco de misterio a la cosa. Le da cierto prestigio.

Si fue así, ¿en qué momento sentiste el desengaño de saber que no ibas a tener una gran repercusión, que no debías desesperarte por no llegar a más gente? Supongo que eso fue, al mismo tiempo, una gran liberación y que entonces pudiste centrarte en hacer las mejores canciones posibles con las habilidades que manejabas.

– Siempre he pensado que si un artista no cala entre el público, es torpeza del artista, no del público. A mí me hacen gracia esos autores resentidos con el mundo que tienen unas locas pretensiones de ‘incomprendidos’. Eso es de una vanidad insoportable. Luego haces repaso de su obra y el resultado es una pura bagatela. ¿Por qué se iba a tomar interés nadie en una obra sin interés? No, yo no he sentido desengaño, como tú dices, he sentido en todo caso que, o no me daba para más el talento, o no me estaba esforzando lo suficiente.

¿Sientes que la gente te valora más con el paso del tiempo, que el seguir obstinadamente tu propio camino al final ha llevado a algún tipo de recompensa?

– Sí, la justicia poética y esas cosas. Tengo un grupo de fanáticos adictos. Son muy pocos pero muy ilustres. En su mayoría músicos, cineastas, escritores, poetas, actrices… Por supuesto, también gente que no tiene que ver con el arte. ¿Qué más podría pedir?

¿Qué satisfacciones esperas aún de la música, qué te queda por hacer?

– Me queda por escribir una canción memorable, realmente memorable. Es tener mucha ambición. No lo conseguiré.

¿Qué proyectos tienes para el futuro? Has hablado de una zarzuela, una ópera chica con Joserra Senperena, y también de un musical.

– Senperena y yo hemos descubierto una vieja zarzuela bastante olvidada que nos ha encantado y tenemos idea de hacer nuestra propia versión. Estamos haciendo gestiones con los herederos para obtener los derechos y poder empezar a trabajar en ello. No digo el título de la opereta para no chafar el proyecto.

De tu obra, ¿con qué canción, disco, letra o verso te gustaría que te identificasen?

– Es difícil… Quizá con la letra de la canción “No solo de amor, del aire también se vive”. Por decir algo. O con la letra de la canción “Algo que se lleva en la sangre”.

Para finalizar y quitarle un poco de trascendencia a estas líneas, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que has vivido en este tiempo en el mundo de la música?

– El lejano día en París en el que enamoré a una francesita llamada Frédérique cantándola tangos de Carlos Gardel al oído.

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