RADICAL SONORA (I)

Radical Sonora

 

Bunbury, servidor de nadie

 

Bunbury-Radical_Sonora-Frontal

 

Y Héroes del Silencio se separaron. Lo que tenía que ser un punto y final, se convierte en esta historia en el –breve– prólogo. En septiembre de 1996, en una rueda de prensa en Lima, se anunciaba la disolución del grupo. Un año después, el 22 de septiembre de 1997, su cantante y principal compositor, Enrique Bunbury, publicaba su primer álbum en solitario, Radical Sonora, un disco que marcaba un cambio de rumbo acusado respecto al grupo en el que se había dado a conocer, tanto en la imagen como en la música, y que se abría con unos versos definitorios: «Derrumba los muros, abre las puertas / Deshazte los nudos que te sujetan / Rompamos barreras, cortad ataduras / que tanto te alejan de aquello que buscas / ¿Qué decides, qué prefieres? / Tú eliges, ¿qué?».

(Hoy y mañana repasamos la gestación de este álbum de Enrique Bunbury)

 

¿Cómo fue ese proceso? ¿Estaba definido desde tiempo atrás? Bunbury tenía claro que quería seguir haciendo rock aunque distanciándose de los clichés, utilizando instrumentos no convencionales, según reconoció el propio autor en su día. «Me había desencantado de la carretera. Héroes llegó a estar un año entero de gira, dando unos 150 conciertos a lo largo y ancho de dos continentes», son palabras del propio responsable (al igual que todas las declaraciones que acompañan a estas líneas). «Cada noche debes recrear algo que grabaste mucho tiempo atrás y vas perdiendo el estímulo. Que conste que no me quejo del mundo del rock; ha sido una gran universidad de la vida». (5)

 

El músico tenía clara su continuidad en el mundo de la música, pero también sopesó, aunque fuera un solo minuto, dedicarse a otros menesteres. «Fantaseé con la idea de un chiringuito en algún lugar caribeño, en el que no necesitara mucho más de lo que la naturaleza me brindara. O meterme en un ashram. También podría haberme dedicado al mundo del trapecio o al de las marionetas, tipo Being John Malkovich. Ya ves que mis posibilidades eran múltiples y todas con gran salida profesional». (4)

 

Pero no fue así. También estaban las canciones, de las que Bunbury tenía varias compuestas, así que siguió adelante con lo que había hecho hasta entonces, aunque con el objetivo de marcar distancias con su anterior proyecto. Era como presentarse en sociedad como un artista que empezaba, buscando su público, negando los beneficios que le podía otorgar su pasado. No bastaba con darle una nueva orientación musical a su música. Había que hacerlo evidente desde el exterior. Empezó cortándose el cabello, pintó sus uñas de negro y esmeralda, embutió su angulosa figura en una vestimenta ceñida, se calzó botas grandes y llevó aquella imagen a la portada y el libreto del compacto (diseñado por su hermana) y a vídeos como el de “Salomé” (dirigido por su hermano menor).

 

El simbólico corte de pelo estuvo inspirado por alguien insospechado: el filósofo Antonio Escohotado. «El cambio fue espiritual totalmente. Durante una charla que tuvimos unos cuantos con Escohotado en una sobremesa, empezó a hablar de los signos del estado espiritual de una persona a través del cabello. La teoría era que, al llevar el pelo largo durante mucho tiempo, hay partes de tu pelo que han vivido experiencias contigo que se han ido acumulando y acumulando. De alguna forma, desprenderte de todo eso te hace empezar una nueva etapa. En resumen: que es muy bueno, cuando empiezas una nueva etapa, raparte el pelo. Es un poco lo que hice yo. Me lo rapé al uno diciendo: bueno, este pelo es nuevo, ésta es una vida nueva, este pelo no está contaminado por los pensamientos negativos que hayan podido estar acompañándome durante los últimos dos años de enfados, tristezas y tensión… Hay símbolos en tu vida que te ayudan o te sirven como asidero para tomar- nuevos rumbos, y este pequeño símbolo creo que funcionó. Lo que decía Escohotado venía a representar algo que pudiera ayudarte a tomar una serie de decisiones diferentes en tu vida». (3)

 

La ruptura con el pasado estaba bien meditada. Además, como ha hecho casi siempre en su trayectoria, buscó reaccionar frente a su anterior grabación, identificando sus errores para no repetirlos. «Esa es un poco la emoción que sentí cuando de repente sabía que mi próximo disco era en solitario y que mi futuro era yo. Solo encima de un escenario, con una banda y teniendo la responsabilidad absoluta. Eso me pareció tremendamente impresionante. En ningún momento me pareció un sufrimiento. A mí me da vértigo la rutina, me da vértigo el repetirme, me da vértigo cometer los mismos errores; pero cometer errores nuevos, eso me parece emocionantísimo y aleccionador». (3)

 

Bunbury-Radical_Sonora-Interior_Frontal

 

En su gusto por las músicas y los países del Hemisferio Sur encontró Bunbury una vía inédita en su repertorio, donde tuvieran cabida las influencias de algunos artistas que escuchaba habitualmente como Nusrat Fateh Ali Khan (Pakistán), Oum Koulsoum (Egipto) o Ravi Abu Khalil (Líbano). De hecho, en el disco hay instrumentos como sentir bereber, mandolina, sgira bereber, sitar, oúd, marimba portuguesa y «aquel instrumentillo indonesio que me regaló Morti [líder de El Fantástico Hombre Bala] y que nadie sabe cómo se llama» (tal y como se recoge en el compacto), así como grabaciones de campo hechas por el propio responsable del álbum en lugares dispares como Benarés, Túnez, Tánger, Santa Cruz de la Palma o Marrakech.

 

Por aquel entonces, la música electrónica de bandas como Massive Attack, Björk, Portishead, Orbital, The Chemical Brothers o The Prodigy dominaba el mundo de la música, influyendo a artistas de rock como David Bowie (quien editaba Earthling en 1997) o U2 (que publicaba Pop en aquel mismo año). «Música electrónica he escuchado siempre, igual que rock, igual que otros tipos de música, y la verdad es que en los ochenta escuchaba a Kraftwerk, Depeche Mode y ciertas influencias del kraut rock. Pero ha sido a finales de los ochenta y principios de los noventa cuando han aparecido nuevas tendencias que a mí me han interesado más, que tienen bastante que ver con la música dance que tanto oigo por ahí, porque van más por la onda electrónica. A mí estas músicas me interesan por su hipnotismo, por su capacidad de crear un estado de trance en el oyente. Es algo que siempre me ha gustado, desde la psicodelia a las músicas árabes o la india. Y yo creo que, en cierto modo, todos están trabajando con mantras, sean sonoros o sean de palabra». (1)

 

Para empezar, Bunbury tenía un título, Radical Sonora, que evocaba tanto el desierto de Sonora (México), como el cambio drástico ya comentado de apariencia y sonido. «El nombre tiene dos lecturas: la estrictamente musical que es la que adjudico a este disco, un cambio radical que quería hacer notar desde la portada del disco; por otro lado, es un juego de palabras con el desierto de Sonora y mi postura radical ante ciertas tendencias espiritualistas que uno puede tener, mi postura radical a defender ciertas cosas que me interesan por encima de lo que a mucha gente le pueda parecer un poco ridículo». (7)

 

Amparadas bajo ese título irían canciones que ya tenían algunos meses y que se habían empezado a componer y grabar aún con Héroes del Silencio en activo. A pesar de lo que se pudiera pensar, ninguna de esas canciones había sido escrita para el grupo. En el momento en que Bunbury empezó a hacer maquetas, ya estaba claro que la gira de Avalancha (1995) era la última y que cada uno de los componentes de Héroes del Silencio seguiría su camino. «Había muchas que estaban escritas en la gira de Avalancha. Quizás eso es lo que me salvó de no volverme loco en esa gira… Durante un tiempo mi única diversión era trabajar en un nuevo proyecto, que maduraba pensando y reflexionando sobre la música…». (2)

 

En los días libres de aquella gira, Bunbury aprovechó para meterse en distintos estudios de Estados Unidos, Guatemala y Puerto Rico. “Encadenados” era una de las canciones que se registraron en la primera maqueta, hecha con voz, guitarra y algo de piano. Por su parte, “Alicia” y “Servidor de nadie” fueron grabadas en la primera sesión, en Guatemala. Pero fue una versión, “El jinete”, la primera canción que grabó en su carrera en solitario, un corte que no tiene nada que ver con el disco. Un contacto norteamericano le había comentado al cantante zaragozano que era bastante factible que la incluyesen en la banda sonora de la película El Zorro que se estaba rodando entonces, con Antonio Banderas de protagonista. «Mandamos la canción a Antonio Banderas y a los de Columbia Tristar; desafortunadamente, no la eligieron. De hecho, fui a verla, y al terminar suena una canción de Withney Houston o algo así que no pega nada, ¡y “El jinete” era perfecta! Pero había una serie de grandes empresas detrás y, bueno, tal vez no les gustó, que también puede ser. Pero me parece que pegaba demasiado bien». (3)

 

Tras aquellas primeras grabaciones, el disco empezó a fraguarse en un primer viaje a Marruecos de Bunbury a principios de 1997, donde dio forma a las canciones, ideó algunos arreglos y descubrió nuevos paisajes mientras trataba de mezclarse con la gente del lugar sin ninguna compañía. Al volver, alquiló un chalet en las afueras de Zaragoza, al que llamó Salomé Studio y que le sirvió de estudio, local de ensayo y morada para acabar de darle forma a las canciones entre enero y marzo. A continuación, él y algunos músicos se encaminaron a Londres, acabando en 20 días las bases de 22 canciones, las doce que finalmente acabarían en el álbum más “La fatiga”, “Distinto”, “América”, “Koulsoum”, “La prueba”, “Liberat”, “¡Yo qué sé!”, “Hale-Boop”, “El jinete” (versión de José Alfredo Jiménez) y “Come Together” (versión de The Beatles).

 

En poco tiempo, Bunbury había reclutado al grupo de colaboradores con los que grabaría y haría la gira de presentación. Su hombre de confianza en los meses previos, Alan Boguslavsky, el guitarrista mexicano que se había incorporado a Héroes del Silencio tras grabar El espíritu del vino, fue el primero en conocer sus intenciones. Además, recuperó al teclista Javier Copi Corellano, músico conocido en Zaragoza que había grabado teclados en El espíritu del vino. A ellos se les añadieron el batería Ramón Gacías (quien había formado parte de la banda zaragozana Días de Vino y Rosas) y el bajista norteamericano Del Moran (habitual en grabaciones de Joe Walsh o Los Especialistas), a los que se sumó en la gira posterior al percusionista Luis Miguel Romero.

 

En abril, Bunbury volvió a Marruecos acompañado del fotógrafo Riqui Dávila y su mánager personal Toni Mateos, con la intención de tomar distintas imágenes que aparecerían en el compacto. Tras acabar las canciones en Londres, se masterizaron en otros estudios de la capital londinense, Metrópolis. En la capital británica trabajaron en todo momento con una pieza fundamental en este debut en solitario: el productor Phil Manzanera, antiguo componente de Roxy Music, y con quien Bunbury había congeniado perfectamente en la grabación de dos de los discos de Héroes del Silencio: Senderos de traición y El espíritu del vino.

 

En su estudio llamado Gallery, en Surrey, cerca de Londres, se llevó a cabo gran parte del trabajo, siempre con la premisa de probar nuevas estrategias, algo de lo que tanto él como Phil Manzanera fueron responsables. «Fue mi filosofía. Si tú normalmente escribes unos acordes y luego la letra, hazlo al revés y escribe primero la letra y luego los acordes, o empieza con un ritmo. O ni siquiera tengas acordes, haz una melodía sobre la nada con un casete. Hay mil formas de escribir canciones y todas eran válidas mientras no fueran las que había utilizado hasta entonces. Fue una época muy experimentalMano a mano, nos enzarzábamos en muchas discusiones en torno a las ‘estrategias oblicuas’ de Brian Eno, buscando formas de grabar que fueran radicalmente opuestas a lo que hacíamos con Héroes, que era básicamente tocar. Buscábamos que las guitarras no parecieran guitarras. Hay sonidos en el disco que llevaron a confusión a muchos oyentes, que creen que en el disco había pocas guitarras, cuando es un disco con muchísimas guitarras pero muy tratadas para llegar a sonidos poco ortodoxos. Jugábamos mucho con los colores: poníamos colores a las canciones para buscar un sentido global y un equilibrio entre los que estábamos manejando. Había mucha teoría en ese disco. El azul, el rojo, los verdes…, con todo eso estábamos jugando, primero para hacer el orden del disco, y por otro lado para equilibrar el álbum. Y es posible que alguna canción como “La fatiga” se quedara fuera por el color o algo así. No es el único de mis discos en el que aparqué canciones que creo buenas por circunstancias que ahora considero absolutamente ridículas». (3)

 

Ambos tenían la idea de utilizar el estudio como un instrumento, algo que Manzanera había probado ya con Brian Eno. Además, el guitarrista de Roxy Music contó con Ash Howes, un ingeniero con fama de aventurado a la hora de grabar y quien más tarde acabaría trabajando con U2. Con la tecnología asumiendo un papel clave, la tarea no fue fácil, máxime teniendo en cuenta que parte de los instrumentos electrónicos utilizados los emplearon por primera vez poco antes de empezar la grabación. Además, había que sumarle a la mezcla los sonidos magrebíes de campo registrados por el propio Bunbury. Para revestirlos contaron con dos músicos egipcios (Emille Bassili y Waeil Abo Baker) que tocaban habitualmente en un restaurante londinense. En los créditos aparece también la hija pequeña de Manzanera, Sophie, de la que tomaron prestada su caja de música.

 

En cuento a las letras, en su debut en solitario Bunbury se mostró menos hermético que en los cuatro discos de su grupo, dedicando canciones al inconformismo (“Big-Bang”), su ciudad natal (“Negativo”), las mujeres (“Encadenados”, “Salomé”, “Nueve”), el derecho a guiar su camino (“Contracorriente”), su pasión por los pueblos del Sur (“Planeta Sur”), la imaginación como forma de vida (“Alicia (expulsada al país de las maravillas)”), el individualismo (“Servidor de nadie”), la vida más contemplativa y calmada de la sociedad oriental (“Despacio”), el hachís (“Polen”) y la introspección (“Alfa”). El acercamiento a una sencillez en los textos era otra de las premisas del álbum. «Ciertamente, mis metáforas muchas veces no eran acertadas. Puedo reconocer que había canciones extremadamente pretenciosas, pero prefiero pecar por exceso de ambición que por lo contrario. El rock español pocas veces se ha atrevido a experimentar con las letras y los conceptos, a diferencia de, por ejemplo, el rock argentino». (3)

 

Con todo, Bunbury consiguió que su personalidad impregnara más que nunca todos los aspectos del álbum. De hecho, incluyó una frase de Miguel Hernández en los créditos, «Solo soy yo cuando estoy solo», que se convertía en pieza imprescindible para comprender el disco, con la idea de fondo ya comentada: encontrar un oyente para el álbum. «Yo no quería robar el público a Héroes, no lo pretendí en ningún momento. Quería separarme del concepto que la gente podía tener de mí en Héroes del Silencio, -el rock masculino-. Pero esa frase tiene muchas connotaciones. La más importante es que todos fingimos en la vida. No me comporto de la misma manera cuando estoy contigo haciendo una entrevista que cuando estoy con mi mujer o con mi madre. De hecho, no me comporto igual con mi madre que con mi padre. No me comporto igual con cada uno de mis amigos verdaderos y cada uno de ellos probablemente solo conozca una cara de mí. Ése es el sentido real de la frase. Yo intenté decirle a la gente dónde me encontraba en ese momento, que venía de un grupo, que estaba en una situación diferente y que esto realmente era lo que me definía más exactamente, por lo menos en aquel momento, como individuo o más bien como músico». (3)

 

Ese acercamiento a una forma más femenina de ver la música, por simple deducción al alejarse de rock masculino que había mencionado en algunas entrevistas, necesitó de posteriores aclaraciones de su responsable. «No sé si esa frase fue muy acertada. En todo caso, lo que quise decir es que con este disco quiero alejarme definitivamente del ‘macho rock’ al que Héroes del Silencio se acercó peligrosamente no en las letras, pero sí en lo referente a su actitud. Me refiero a ese rock de pelo en pecho, de coger a la mujer por los pelos, al rock de guitarrazos y sensaciones masculinas. He querido alejarme, de esto porque a nivel personal y a nivel vital me parece repugnante. Quiero hacer una música más ‘sensible’, sin ningún miedo a mostrar ciertos sentimientos». (6)

 

Tras la edición del disco, llegó el momento de volver a la carretera, aunque en distintas condiciones. La banda trabajó con gente que procedía del Teatro del Temple, un grupo alternativo de Zaragoza. Los músicos vestían por colores, predominando el negro y el naranja butano, que junto al azul eléctrico eran los colores que Bunbury asociaba al disco. Los primeros conciertos no fueron bien recibidos por una parte del público. En el debut en directo, el 6 de febrero de 1998, en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, la banda se encontró con que los espectadores no paraban de tirar objetos al escenario. Bunbury golpeó a un monitor de sonido y acabó con un esguince en el tobillo, «que aún me cruje. En Latinoamérica hubo gritos de “Héroes, Héroes, Héroes”, pero me pareció que menos que aquí. Creo que Radical Sonora se entendió mejor en Latinoamérica que en España». (3)

 

El disco fue recibido con disparidad de opiniones. Por una parte, los medios de comunicación, que le habían dado la espalda en los últimos tiempos de Héroes del Silencio, fueron más receptivos al entender el riesgo que asumía su autor por intentar no repetirse y no optar por la vía fácil,  iniciándose una relación más amable y fluida con ellos. Por otra, los más acérrimos seguidores de su anterior banda no aceptaron el cambio de muy buena gana, sintiéndolo como una traición. «Hubo una cerrazón por un núcleo de fanáticos que consideró que mi disco en solitario era, en sí mismo, independientemente de su contenido musical, un atentado a la continuidad de la banda. Que mis ínfulas creativas y moderneces estilísticas, eran las culpables directas de la disolución del grupo. Pensé que los que habían comenzado con nosotros a mediados de los ochenta, que venían de influencias similares, escuchando a The Cure, Joy Division, Siousxie, Killing Joke y demás grupos del after punk más oscuro (que en aquel momento en España llamaban música siniestra), que nos siguieron, aceptando nuestra evolución hacia el hard rock, el rock alternativo y el grunge en los primeros noventa, por supuesto que iban a entender mi acercamiento hacia la tecnología y las nuevas posibilidades rítmicas, el drum’n’bass, el jungle, el trip hop ¡y los mantras árabes y orientales!» (4)

 

Interesa, para finalizar, conocer la opinión de su autor. En un primer momento, Bunbury sentía orgullo por lo hecho, aunque el resultado no coincidiese de todo con los planteamientos previos. «Cuando terminé Radical Sonora estaba convencido de que el disco era como yo quería. Pero es que pensaba en aquel momento que era un disco más árabe de lo que ahora veo que es. De hecho, toda la promoción iba por ahí: filmación en Marruecos, fotos hechas en un recorrido entre Tánger y el Sáhara… Incluso la presentación iba a ser en Marrakech y estuvimos hablando con varios músicos de allí para que colaboraran y tocásemos las canciones con una sección de cuerda y un percusionista… Ahora veo que el peso de lo árabe no era tanto como pensaba, teniendo en cuenta que para mí era como una característica esencial. Porque lo que pretendía con ese disco era aproximar el rock a la música electrónica, pero no desde la perspectiva anglosajona, porque eso era imitación de U2, Bowie o Depeche Mode, o un acercamiento a The Prodigy o a The Chemical Brothers. Lo que tenía muy claro era que quería hacer eso, pero con una fuerte carga de cultura española, mezclando la árabe y lo andalusí. Al final eso se diluyó y me quedó el cóctel mucho más tecno rock de lo que creía… Creo que es un disco de transición, como todo, pero más claramente porque tiene un pie en el rock, otro en el mundo árabe, otro en la música electrónica y una cierta intención de búsqueda, experimentación y aprendizaje. Ese es uno de los pilares básicos para seguir adelante». (2)

 

Con los años, Bunbury empezó a darse cuenta de sus virtudes y defectos, así como que no había conseguido reproducir totalmente lo que tenía en su mente antes de ponerse a trabajar, aunque hay canciones que han ido haciéndose un hueco en su corazón y en su repertorio de directo. «Hace muchos años que no escucho el disco; de hecho, no recuerdo muchas de las canciones que hay en ese álbum. Me encanta una que no entró en el disco, “La fatiga”, y que salió posteriormente. “La fatiga” me parecía la letra más triste que podía escribir jamás. Creo que luego he escrito alguna más triste todavía, pero ésa tenía una profunda tristeza, muy hermosa, aunque creo que jamás la toqué en directo. “Encadenados” me gustaba mucho cuando la hacíamos. Estaba también “Despacio”, y me parece que “Alicia (expulsada al país de las maravillas)” ha sido finalmente el emblema de ese álbum. “Planeta Sur” fue representativa también durante un tiempo y la tocábamos siempre en directo; existe incluso una versión rockabilly que a lo mejor rescato algún día. No recuerdo muchas más. Bueno, “Nueve” también me gustaba. “Despacio” es un poco mística. Era una canción que partía de la vibración del cosmos, que decían que estaba en una nota intermedia entre el si y el do, que es un semitono. Está en un cuarto de tono. Decían que era una nota curativa y que ayudaba a curar el dolor de cabeza. Quise hacer una canción que básicamente está en una sola nota. Lo que hicimos, al producirla con técnicas de dub, fue dejar esa nota constante en toda la canción. Quisimos hacer una canción curativa. ¿Para mí? No, no me duele la cabeza casi nunca, pensaba más en los demás, algo que fuera mejor que él optalidón». (3)

 

En su opinión más reciente sobre su debut en solitario, Bunbury parece haberse reconciliado con él, aunque solo sea porque el álbum no cuenta con tantos defensores. «A día de hoy, julio de 2014, pienso que es un disco infravalorado. Pudo ser mejor si hubiera cantado de manera más sutil, con más matices. Pero creo que es un disco valiente, diferente, avanzado, con un sonido hi-fi internacional, y con algunas canciones interesantes y válidas. Normalmente no soy tan generoso al hablar de mis discos, exceptuando de los que creo que merecieron un trato mejor, a los que defiendo por carecer estos de abuela». (4)

 

 

  • Arturo Blay: Enrique Bunbury. La Máscara, 1988.
  • Javier Losilla: Diván, conversaciones con Enrique Bunbury. Zona de Obras, 2000.
  • Textos y entrevistas de Nuria Tesón, Darío Manrique Núñez y Diego A. Manrique para la edición de Radical Sonora de El País, 2007.
  • Entrevista de Juan Puchades titulada “Enrique Bunbury, el número uno por derecho” y publicada en Cuadernos Efe Eme, nº 1, septiembre de 2014.
  • Entrevista de Diego Manrique en El País, del 9 de septiembre de 1997.
  • Entrevista de Donat Putx en La Vanguardia, del 11 de septiembre de 1997.
  • Entrevista titulada “Bunbury: Héroe solitario” en la revista Tú, 1998.

 

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