QUIQUE GONZÁLEZ

Quique González, suave es la noche

 

            Ya son cuatro los discos editados por Quique González, cuatro álbumes que lo han colocado entre los placeres exquisitos que disfruta aún una minoría y que bien pudiera estar en boca de una amplia mayoría. Él mismo nos presenta Kamikazes enamorados, su cuarto disco. 

El problema, el obstáculo insalvable entre él y su potencial público: las discográficas. En realidad una, aunque con distintos ejecutivos, distintos contratos, distintas palabras y la determinación, siempre frustrada, de haber dado a conocer a Quique González entre el gran público, algo que, por otra parte, de haber sucedido, puede que no nos hubiese permitido disfrutar de un cuarto disco como Kamikazes enamorados

Antes fueron Personal, Salitre 48 y Pájaros mojados. Este último podía haber sido el que hubiese acercado a Quique González a más gente de seguir todo su cauce normal. “Es posible, pero no puedo pararme a pensar en ello,” afirma Quique González, tal vez ya demasiado escamado como para mirar atrás.  

Cada uno de esos tres discos tiene su interés, pero su propio autor tiene su opinión. “Estoy satisfecho de todos ellos, pero Salitre 48 siempre será muy especial porque significó el trabajo de dos años y, al grabarlo en casa, suena diferente a cualquier disco.”

Por supuesto, todo sirve para llegar hasta aquí, así que hay cosas que se aprenden en el proceso, tanto para repetir como para no volver a intentar. “No sirve de nada arrepentirse,” afirma Quique. “Trato de mirar al frente, aunque me haya podido equivocar. No obstante, se aprende más de los errores.”

Tal y como está el mundo de la música, Kamikazes enamorados es un disco valiente por su carácter intimista y su instrumentación minimalista, algo casi impensable en una industria dominada por artistas cortados por el mismo rasero. ¿Cómo lo ve él? “No sé si es valiente o no, pero es el disco que quería hacer y, desde luego, el más difícil.” 

Hace no mucho aún, Quique emprendió una gira acompañado sólo por su piano y una guitarra acústica. Tal vez ése fuera el germen de este disco. “Sí, se puede decir que es hijo de esa gira porque las canciones están compuestas y grabadas en medio de la gira, peleando a la contra.” 

Evidentemente, un disco así casi hubiera sido imposible en otra discográfica, menos aún en una multinacional, y por eso Quique se ha lanzado con su propio sello, Varsovia!! “Es difícil que aceptaran un disco sin baterías, tan contenido, aunque estoy seguro que ellos te dirán que sí.” 

Cabe pensar en este álbum tan intimista como una necesidad, pero Quique no se  define. “Era lo más coherente,” responde. En tal caso, suponemos que le inspiraron cosas distintas para este disco o que el planteamiento era diferente desde el principio. “Las dos cosas, pero no planteo mucho con antelación los discos. Vienen de arrebatos. Las canciones saben más que uno, van por delante, en el sentido de que ellas mismas eligen el mejor arreglo.” 

Algunas de las canciones de este cuarto disco tienen a Madrid muy presente, tal y como pasaba con el Moris de los 70. Por ejemplo, “Calles de Madrid”, aunque Quique no conoce demasiado de la obra del argentino-madrileño. “No realmente; canciones como “Sábado a la noche” sí, pero he de reconocer que no me he metido en su obra a fondo.” 

Curiosamente, las canciones de Birabent, hijo de Moris, aún utilizando la electrónica, no andan muy lejos de este último disco de Quique. En este  caso, ni siquiera sabe quién es. “Tampoco, lo siento,” es su rotunda respuesta. Algún día puede que lo escuche. 

En un momento de este cuarto disco, Quique canta: “¿Te vale con mi corazón en la calle?”, y ésa es, seguramente, la fuerza de sus canciones, que engancha a sus seguidores con la intensidad emocional que pone en ellas. “Ojalá, porque yo intento poner toda la pasión que tengo.” ¿Y hay alguien que él vea que haga algo similar en España? “No se trata de compararme con nadie, pero no conozco un disco similar a Kamikazes enamorados.” 

Quique González siempre ha hablado de su devoción por muchos músicos españoles, tanto o más que los extranjeros, lo que no es nada habitual. Está claro que influyeron también en su forma de componer y lo siguen haciendo. “Me han influido mucho, pero hace unos años que tengo más influencias de fuera. Pero, para mí, Miguel Ríos ha abierto el camino de todos los que estamos detrás, y por eso le respeto más que a nadie.”  

A estas alturas ya no nos extrañaría que alguien que comienza lo reconozca como su influencia. “Pues ojalá sea verdad que pueda traspasar así.” Por último, y dado su nuevo sello, le preguntamos cómo se lleva lo de ser ahora empresario. La respuesta es tan tajante como definitoria de su personalidad: “No me siento empresario, más bien artesano.”

Xavier Valiño

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