QUANT

Quant, ponle un poco de powerpop a tu día

 

 

Llevan más de 12 años facturando primoroso powerpop desde la comarca ferrolana. Primero, en seis maquetas entre 2004 y 2009, después, con un primer álbum, New Adventures in Full Colour, una colección de canciones publicada en 2009, y ahora, ya con edición normalizada en todo el Estado, llega Handmade, homemade (Rock Indiana). Al habla con Óscar, su único componente fijo.

 

¿Qué recuerdos quedan hoy de las primeras maquetas? ¿Cuántas llegaste a grabar?

– Llegamos a grabar seis, y algunas de esas canciones las regrabamos para el primer disco. Una época muy divertida. Visto en perspectiva, nos faltaban tanto conocimientos técnicos de grabación como pericia instrumental -¡aun más que ahora!- aunque nos sobraba ilusión e imaginación -¡tanta como ahora!-. Era un sonido demasiado amateur, aunque me gusta pensar que conserva su encanto. Las empaquetábamos en cuidados CD-ROM con portadas hechas a mano y las regalábamos en nuestros conciertos o a cualquiera que mostrara un mínimo de interés. Es algo que volveremos a hacer, seguro.

¿Cómo fue el primer disco, New Adventures in Full Colour? ¿Llegó a toda la gente que debería haberlo escuchado?

– Aún tenemos copias a la venta. Lo concebimos un poco como una colección de singles, rescatando las que más nos gustaban de las maquetas, y grabamos otras muchas para la ocasión. Ahora veo ese disco como el cierre de una etapa y el principio de otra.

¿Qué ventajas tiene hacer un disco en casa? ¿Cómo sería un disco vuestro de grabarlo en un estudio?

– Las ventajas de grabar en tu propia casa son las mismas que las desventajas: flexibilidad de horarios y ninguna presión por terminarlo, puedes recrearte en el detallismo o pasar horas editando una caja de batería…  Pero eso también entraña el peligro de perder un poco la perspectiva y ahogar las canciones, haciendo que pierdan la frescura y el interés. Algún día haremos algo en un estudio profesional, estoy seguro de ello, si surge la oportunidad. No cierro las puertas, pero por ahora me siento cómodo e ilusionado grabando con los pocos medios de los que dispongo. Es muy emocionante cuando la canción se va completando, va tomando forma y, de repente, todo parece encajar. ¡Es una sensación increíble!

¿Alguna desventaja por vivir y grabar en el Noroeste peninsular?

– ¡Más bien son todo ventajas!  Ja, ja. No creo que para destacar o tener cierto éxito o repercusión tengas que vivir en el centro de la Península. Esto es un proyecto pequeño, sin grandes pretensiones más allá de grabar y tocar canciones que nos gustan entre amigos. Nos servimos de las herramientas que te ofrece Internet para poder llegar a cualquier aficionado al powerpop.

También sale en un sello gallego, distribuido por Rock Indiana, que es el sello perfecto para tus canciones. ¿Fue difícil encontrar discográfica?

– Son dos sellos, Quequeres y Rock Indiana, compartiendo coedición. Es la situación ideal para mí: por un lado, el nuevo sello de mi amigo Xabier Graña (organizador del XiriaPop) y, por otro, mi discográfica estatal favorita, de la cual llevo años coleccionando sus referencias y me encantan todos sus grupos. Es perfecto para Quant, tanto a nivel estilístico como conceptual.

El sentido del título, Hecho a mano, hecho en casa, está claro. ¿Algo más que se nos escape o que quisieras decir con él?

– Sí, está claro: quería resaltar, tanto con el título como en todo el diseño del digipack, un poco la labor artesanal de haber grabado estas canciones en mi propia casa, casi en pijama y zapatillas, contando con un montón de amigos que me han ayudado, y que sin ellos este disco no existiría.

En las letras se nota cierta evolución, hacia textos más reflexivos, dejando atrás los más inmediatos. ¿Cómo lo ves tú? ¿Está motivado por las circunstancias actuales?

– Es algo que he trabajado un poco más. En nuestras primeras maquetas hablábamos en todas las canciones de verano, chicas en bikini y tablas de surf, un poco en la tradición de los Beach Boys y un montón de grupos surf que nos siguen encantando, pero quería evolucionar en ese sentido, buscando temáticas más maduras, incluso combativas, pero siempre sin perder la perspectiva pop y evitando caer en el panfleto aburrido. Siempre he sido súper fan de los Housemartins, que desde una imagen y concepto meramente POP eran capaces de las letras más reivindicativas o subversivas, y todo eso mientras bailaban y hacían el tonto en todos sus videoclips. A algo así espiro yo.

Se nota también mayor potencia en el sonido, mayor protagonismo de las guitarras. ¿Era la intención?

– Desde el principio tenía claro el concepto sonoro del disco, y las guitarras tenían que estar en primer plano. La mayor diferencia con el primer álbum es que este sí fue concebido como tal, como un todo conceptual, un bloque sonoro desde la primera a la última canción. Sigo creyendo en la idea de escuchar un disco desde el principio hasta el final, 30 o 40 minutos en los que te paras, te sientas y profundizas en la escucha. Es algo que yo hago a menudo y creo que es una pena que se pierda esta costumbre.

 

 

En esa evolución, ¿cuánto ha tenido que ver lo que has escuchado, la música que has descubierto en este tiempo, y cómo se introduce eso en las canciones?

– Escucho muchísima cantidad de música a todas horas; nunca me he considerado un músico, yo soy un fan. Tanto que se me ha ocurrido intentar imitar a mis ídolos, colgarme una guitarra, juntar cuatro acordes y cantar una melodía. Es imposible que todo eso no se filtre de alguna forma en mis canciones. No entiendo a los que niegan sus propias influencias o los que no escuchan determinadas cosas para no verse influidos. Todo enriquece.

En este disco hay una versión de Neil Young. ¿Qué otras versiones has hecho? ¿Alguna de Dion? ¿Cuáles te gustaría hacer? ¿Y quién te gustaría que hiciera versiones de tus canciones?

– Hemos grabado y tocado un montón de versiones en estos años, pero siempre procurando llevarlas a nuestro terreno, aportando nuestra personalidad a cada una. Desde The Rutles hasta Redd Kross, pasando por Andrés Dobarro o los Raspberries. Algún día nos atreveremos con el gran Dion Dimucci, aunque me temo que antes tendremos que aprender a cantar como él.

Parece que Quant eres tú solo aunque tienes un montón de colaboradores, ¿no? ¿Quiénes han colaborado y cómo han sido sus aportaciones?

– Puede decirse que soy el único miembro fijo de Quant. Los colaboradores van entrando y saliendo dependiendo de su disponibilidad y ánimo. Muchos viven en otras ciudades y llevan a cabo proyectos similares: Boy Elliott, Roger de Flor, Quincho y Amparo Arias (eminente publicación de su primer disco, grabado en Sausalito). En este disco también cuento con las estupendas voces de los Happy Losers en uno de los temas y espero que esta lista de amigos siga ampliándose

Cuéntanos de tus proyectos recientes (Lee Van Quant, en los disco homenaje a Lois Pereiro y Magín Blanco…)

– Lee Van Quant es un divertimento con mis amigos Lee Van Cleef -unos punkis, sí, pero de los de verdad-. Nos juntamos muy de vez en cuando y vemos lo que sale. Hasta ahora llevamos tres canciones y nadie sabe si habrá más. Para el homenaje a Lois Pereiro hemos musicado uno de sus poemas y he tratado de recrear un poco el sonido de la época del poeta, si bien no tenemos demasiada información acerca de la publicación del disco. El homenaje a Magín Blanco nos hace muchísima ilusión, se lo merece por trayectoria y simpatía. Hemos escogido “O arco da vella”, de su último disco, y le hemos dado un tratamiento diametralmente opuesto a la original, convirtiéndola en una gran superproducción, con percusiones, mellotrón, theremin, mandolina, guitarras con vibrato y miles de voces con toneladas de reverb.

¿Y cómo fue lo de tener a Nick Garrie por ahí?

– Eso fue una maravillosa coincidencia astral. Nick Garrie quería participar en el disco homenaje a Magín Blanco, así que Felicia le organizó un concierto por estas tierras y, aprovechando el viaje, Nick se personó en Sausalito (mi estudio casero) para grabar su propia versión. Fue una grabación muy cruda en la que primó más la emoción de la primera toma que la calidad técnica. Fue un día inolvidable y Nick es un gran tipo.

¿Para cuándo canciones o discos de Quant en castellano? Recuerdo que grabaste una (en gallego) para el tributo a Andrés do Barro.

– Es algo en lo que estoy trabajando. Me gustaría sacar algo en castellano y/o gallego muy pronto, pero no quiero perder la frescura, quiero que sea un proceso natural, no forzar nada. No quiero que sea una ruptura total con el cambio de idioma; me gustaría que surgiese porque el sonido y las propias melodías lo piden, no porque yo quiera forzar el cambio. Poco a poco van saliendo cosas.

¿Por qué tienen este tipo de sonidos tanto predicamento en la comarca de Ferrolterra? ¿Qué tiene que ver en todo esto el Felipop?

– Es algo que todos nos preguntamos y ninguno sabemos explicar. Quizás coincidamos mucho en los mismos bares y nos hayamos influido unos a otros, pero lo cierto es que en Ferrolterra existen muchísimo grupos pop, powerpop, punk, rock’n’roll, surf… Somos una generación de gente haciendo cosas muy interesantes, quizás un poco ajena al gran público pero, ¿a quién le importa? El Felipop es algo muy importante en esta comarca, forma parte de la educación sentimental de todo el que tenga un corazoncito popero. Son ya muchos años coincidiendo en Limodre y allí hemos hecho muchísimos amigos. Mientras amanece en la Hortiña suenan The Keys y todo el mundo se abraza despidiéndose hasta el año siguiente.

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en el mundo de la música?

– Ha habido varias muy graciosas, como por ejemplo tocar en The Cavern (Liverpool) o el quedarme sin palabras al borde de la lágrima al encontrarme con Teenage Fanclub por las calles de Santiago. También el día que, rodando un videoclip, destrozamos por accidente con un foco el cartel de una entidad bancaria (se lo merecían). Pero me quedo con la cantidad de amigos que he hecho todo este tiempo.

 

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