PRIMAVERA SOUND 2007

Primavera Sound 2007, la avenida de la sirena

 

No llegaron a cruzarse, pero tampoco está el horno para bollos entre ellos después de tener sus roces por las mezclas de los dos volúmenes de Mermaid Avenue. Y, aun así, Billy Bragg y Wilco, por separado, dieron dos de los mejores conciertos de la séptima edición del Primavera Sound.

 

 

Billy Bragg / Wilco

 

En el caso de Billy Bragg pocos esperaban que pudiera sorprender de la forma que lo hizo. ‘The Clash de un solo hombre’, como alguna vez se definió, se enfrentó al Auditorio con la única compañía de su guitarra y unos amplificadores. Al principio sólo disparaba alguna de sus andanadas ideológicas, pero cuando vio que le seguían sus comentarios -especialmente afortunado en el de la monja y los pingüinos-, se soltó. Se presentó como Johnny Clash, versionó a Johnny Cash y Bob Dylan (tras una votación a mano alzada en la que dio a elegir entre Elvis Presley y Dylan), el “Superstar” de The Carpenters -aunque recomendó la versión original de Delaney & Bonnie-, cantó un homenaje inédito a The Clash… Y, además, se lució como entertainer. Único e irrepetible. Por si fuera poco, además de pasearse durante tres días por el Forum, el sábado cantó para los niños de la guardería acompañando a Los Carradine en la canción en la que éstos le rinden tributo.

Jeff Tweedy, al frente de Wilco, estuvo casi en las antípodas, aunque no tanto como en otras ocasiones, ya que se permitió sonreír y pedir que le cantasen “oe oeoeoe…”. Se movió más entre los tiempos medios, corriendo un riesgo que no es nada común en conciertos al aire libre y al que siempre se sobreponía, y cuando se arrancaba con sus tormentas eléctricas quedaba claro que es el grupo de rock más compenetrado y engrasado de la actualidad. Además, cuando en uno de sus conciertos recupera el mejor momento de Summerteeth, “A Shot In The Arm”, como fue el caso aquí, lo tiene todo ganado.

 

 

Jonathan Richman / Spiritualized

No fueron los únicos triunfadores. Con Spiritualized, en acústico y gospel, con un trío de voces negras -o sea, como Howe Gelb, pero con el coro mucho más integrado-, parecía como si Jason Pierce hubiera abrazado la religión, y algunos alcanzaron la gloria -¿espiritual?- con él. Por muy visto que lo tengamos por aquí, Jonathan Richman estuvo mejor que nunca, en sólo 40 divertidos minutos que pusieron en pie a todo el Auditorio.

 

 

Robyn Hitchcok / Portastatic

Robyn Hitchcock, en compañía de Peter Buck y Scott McCaughey, sacó brillo con una apabullante confianza en sí mismo a sus eficaces melodías, mientras que Los Planetas hicieron su concierto, con mazazos rítmicos de la batería, una voz que se entendía, nervio, seguridad y actitud. Aunque hay que reconocer que quien más ganas le echó fue Mac McCaughan, al frente de Portastatic, poniendo toda la intensidad en canciones pop que en disco no parecen tener ni la mitad de fuerza.

Como sorpresas cabe mencionar a David Thomas Broughton y Shannon Wright, los dos artistas más viscerales del fin de semana, que se mostraron más que aprovechables en unos directos imprevisibles y distintos, aunque, seguramente, después de haberles visto una vez pierdan encanto en una segunda ocasión.

 

 

Black Lips / The Fall

Otros grandes momentos de los vividos entre el viernes y el sábado fueron los conciertos de The Fall, con un Mark Smith pasado de rosca, pero no por ello menos rabioso, demostrándole a muchos quién puede ser verdaderamente punk sobre las tablas, Black Lips, uno de los escasos grupos de garage que nadie debería perderse, o Mus, en una de sus escasísimas actuaciones en directo.

 

 

Sonic Youth / Blonde Redhead

Mientras Evripidis And His Tragedies contagiaron un pop radiante, del que casa perfectamente con el Festival Internacional de Benicassim, Battles deslumbraron con algo así como la ‘deconstrucción’ del rock -‘matemáticas rock’, le llaman-. Y Sonic Youth, reinterpretando entero su Daydream Nation, volvieron a convencer con un noise-rock que parece seguir tan vigente como en el momento de su edición, allá por 1988.

 

 

Patti Smith / Mus

Menos unanimidad hubo en otros conciertos. Por ejemplo, en el Patti Smith, con demasiados tiempos muertos, reinterpretaciones sin pulso del “Smell Like Teen Spirit” de Nirvana o el “Soul Kitchen” de The Doors. Solamente levantó algo los ánimos en versiones como las de Jimi Hendrix (“Are You Experienced?”), Rolling Stones (“Gimme Shelter”), Bruce Springsteen (“Because The Night”) y Van Morrison (“Gloria”) y en la aturullada interpretación final de su “Rock And Roll Nigger”.

Oakley Hall, aun luchando contra un horario temprano, se descubrieron como unos dignos administradores del rock americano con raíces, aunque todavía les falta mucho para llegar al listón que marcan Wilco, modelo de referencia en algunos de sus temas. Blonde Redhead empezaron apabullando al personal, aunque a los pocos minutos se repetían demasiado en canciones que no parecían querer diferenciarse unas de otras.

 

 

Low / Oakley Hall

Por su parte, el nuevo e interesante proyecto de Damon Albarn, The Good, The Bad & The Queen, más de ambientes cerrados, hubiera ganado más en el Auditori: fue bastante complicado oír sus canciones entre los potentes sonidos que salían de los escenarios próximos de bandas como Lisabö o Isis. Algo parecido se puede decir de Low: en el escenario ATP la opinión de cada cual dependía mucho de la situación del espectador frente al mismo, ya que según la ubicación los conciertos sonaban allí mejor o peor.

 

 

Maxïmo Park / The Long Blondes

A The Long Blondes y Maxïmo Park el escenario principal se les quedó algo grande: pusieron toda su energía y su impactante presencia, como es de esperar siempre de todos los grupos aupados por la prensa musical británica, pero nada mejor que una frase de los segundos para resumir su papel como cabezas de cartel: “No os vayáis aún, que esta canción que viene ahora es realmente buena”.

 

 

Modest Mouse (Johnny Marr)

Más decepcionantes resultaron Modest Mouse, tal vez uno de los grupos más sobrevalorados de la actualidad, aunque el escenario ATP se quedó pequeño para ver a un grupo que ha sido número 1 en los USA y que debería haber tocado en el escenario principal. Curioso que Johnny Marr se haya decidido a unirse a ellos, refrendando algo anecdótico del Festival: el papel de gregarios de lujo de estandartes de los 80, como Peter Buck al lado de Robyn Hitchcock y Paul Simonon en The Good, The Bad & The Queen.

 

 

Los Planetas / The Good, The Bad & The Queen

Mientras The Buzzcocks masacraban sus canciones debido al alcohol que -era evidente- habían consumido antes de saltar al escenario, Múm parecían un grupo distinto a aquel de ambientes gélidos y embrujadores que conocíamos hasta ahora: en su lugar, con cambio de formación incluido y con resultados muy claros, aparentaban ser un cruce entre The Sugarcubes y Barrio Sésamo.

En cuanto a la organización, una vez más funcionó casi a la perfección. Prueba es que en los tres días se batió el récord de espectadores, llegando a los 62.000, y con una tendencia imparable: el aumento de la audiencia internacional que, aseguran, llega ya al 30%. Aun así, debería mejorarse el transporte público -en especial la noche del jueves-, hacer más ágiles las colas de entrada y salida -incomprensiblemente, este año el Auditori estaba situado fuera del recinto, con excesivos controles de pulseras y tarjetas todo el rato-, y separar unos escenarios que se pisaban unos a otros continuamente en lo que respecta al sonido.

Texto y fotos: Xavier Valiño

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