PREFAB SPROUT (II)

Prefab Sprout, la perfecta canción pop (II)

 

 

Si Satanás está en posesión de las mejores melodías, Paddy McAloon le robó al mismo Belcebú. No está claro cómo sucedió ni cuándo, pero el caso es que se apropió de unas cuantas canciones pop perfectas sin que este se enterara. Además, regodeándose en ello y para escarnio público del anticristo, el escocés se atrevió a asegurar en una de sus primeras canciones editadas que sí, que el diablo las tenía todas, desviando la atención lejos de su persona.

 

No creemos que Paddy McAloon le vendiera su alma al diablo, como siempre se ha mantenido que hizo Robert Johnson (y algún que otro músico) por un puñado de sus armonías celestiales, aunque sí es cierto que lo necesita imperiosamente para seguir viviendo, llegando a afirmar que “si no estoy componiendo, estoy muerto”. (Repasamos su historia en tres entregas ayer, hoy y mañana).

 

 

Buscando Atlantis

 

“Me ha llevado demasiado tiempo darme cuenta de que el mito de Smile solo tiene que ver en parte con la música, por mucho que valoremos las canciones de Brian Wilson. Ciertamente, también se trata de las cosas sombrías y grises a las que los músicos se tienen que enfrentar a menudo, o por lo menos ignorarlas bajo su propio riesgo. Es cierto que ello hace que destaquen las dificultades a las que los compositores de letras se enfrentan en un mundo de mentes demasiado literales. Y puede que incluso tenga algo que decir del ego: sobre asumir, de forma poco realista y alegremente, que todo el mundo lo ve como tú lo ves. Al final, no es más, probablemente, que una historia sobre la entropía: la tendencia natural de las cosas, por muy hermosas que sean, a tomar caminos distintos en un momento dado”.

 

 

A partir de ese momento, Prefab Sprout desaparece del radar público, posiblemente tocados por la falta de éxito comercial de Jordan: The Comeback. En los siguientes cinco años, Paddy McAloon opta por centrarse en componer más canciones, colaborando con Jimmy Webb y escribiendo para otros artistas como el actor británico Jimmy Nail o la cantante estadounidense Cher. Sería en  abril de 1997 cuando el grupo reaparece en el programa de la lotería británica haciendo playback de “A Prisoner Of The Past”, single que avanza Andromeda Heights. El sexto álbum del grupo vería la luz un mes más tarde -nunca se llegaría a publicar en los EE.UU.- y aunque no cuenta con su producción, agradece a Thomas Dolby “su apoyo y su consejo”. En esos meses, Paddy conoce a la que será su mujer, Victoria, en la sección de música clásica de una tienda de Newcastle, iniciando una vida familiar que lo alejaría más si cabe del grupo que lo había dado a conocer. De hecho, entre marzo y abril del 2000 tiene lugar en el Reino Unido la última gira del grupo, con Neil Conti recuperado como batería aunque sin Wendy Smith, desligada definitivamente de la formación. Un año más tarde, Paddy sufre una enfermedad en sus ojos que le hace pasar varias veces por el quirófano y que disminuye su visión.

 

Cuando parecía que el grupo había pasado a mejor vida, se publica The Gunman and Other Stories en junio del 2001, un disco producido por Tony Visconti que casi se puede considerar un álbum en solitario de Paddy McAloon, por cuanto Wendy y Neil no participan en él y la contribución de su hermano Martin es menor. En él se incluyen varias de las canciones compuestas en la década anterior para Cher o Jimmy Nail. Para alguien que había criticado a Springsteen, presentar en ese momento un disco centrado en la mítica del Oeste norteamericano puede parecer un paso en falso.

 

Sintiéndose liberado del nombre bajo el que habían aparecido todas sus canciones, dos años después aparece i trawl the MEGAHERTZ, un disco casi enteramente instrumental y ya bajo el nombre de Paddy McAloon, aparentemente inspirado por sus problemas en la vista. Su voz únicamente aparece en “Sleeping Rouge” mientras que el corte titular se extiende hasta los 22 minutos con los recitados de la actriz Ivonne Connors. Compuesto en el ordenador de casa mientras se encontraba convaleciente, McAloon le añadió después en un estudio dos violines, una viola, un cello y un bajo doble para redondear el sonido.

 

El siguiente proyecto en el que se embarca Paddy McAloon es un nuevo álbum producido una vez más por Thomas Dolby, pero todo queda en nada cuando le diagnostican la enfermedad de Meniere, perdiendo la audición totalmente en uno de sus oídos. En su lugar, opta por relanzar Steve McQueen, con el añadido de ocho de sus canciones regrabadas en formato ‘acústico’, aunque el afán de perfeccionismo de su autor alarga la grabación tres veces más de lo que en 1985 le había llevado grabar el álbum original.

 

 

 

Simas de profunda tristeza

 

“El texto que escribí para acompañar la edición de Let’s Change the World with Music es una declaración de amor por Brian Wilson. En ese momento sentía que buena parte de la historia de Smile, los aspectos más hippies, tenía mucho que ver con mi propia situación. Espero que no haya parecido que intentaba glorificarme, algo que, por supuesto, no era mi intención. Después de leer lo que había escrito me quedó el interrogante si alguien lo entendería mal, si alguien pensaría que quería compararme con un genio como Brian Wilson. Sí es cierto que sentí algunas de las cosas por las que seguro que él pasó, como qué buscaba con mis canciones, el sentido de la responsabilidad, la angustia de tener que ganar dinero con el disco al tiempo que intentas perseguir un sueño salvaje… Ahí sí puede haber esas analogías que establecí en el texto. También otros aspectos con una cierta ironía, como nuestros problemas auditivos… Alguien en mi familia me recordó que de joven quería ser como Brian Wilson, aunque parece que lo que conseguí fue lo malo de ese sueño, je, je”.

 

A partir de entonces, el nombre de Prefab Sprout solo se reactivaría para la edición de canciones compuestas años atrás. Así sucedió en 2009 con Let’s Change the World with Music, un disco sobre el que en su momento Paddy McAloon aseguró que hablaba de la Guerra del Golfo y los clichés de la música, y del que la artista australiana Wendy Matthews había hecho versiones de “Ride” y “God Watch Over You” en su disco The Witness Tree de 1994. Esta gran colección de canciones grabadas en 1993 tiene su origen en 1976, cuando McAloon quedó fascinado por la historia del disco perdido de los Beach Boys, Smile. En aquel año había leído un artículo escrito por Tom Nolan para Rolling Stone sobre aquel disco de ‘música espiritual’, en el que hablaba de “destellos de brillo y luminosidad, aunque también profundas sombras de tristeza como enormes simas de densa hiedra trepadora”. Desde ese momento, esas ‘simas de profunda tristeza’ marcarían toda su producción, como una frase recurrente que le venía siempre a la cabeza antes de componer.

 

 

Tres lustros después, McAloon empezó a componer el disco que seguiría a Jordan The Comeback bajo el influjo de aquella frase, y sus canciones fueron surtiéndose de metáforas espirituales: la música como fuerza consoladora, como inspiración, incluso como la voz de lo sublime, inspirándose para ello en la clase de lenguaje e imaginería que se puede encontrar en el góspel. Buscaba trascender a través de la música. Pero ni él ni su compañía creyeron que el público estaría preparado para asumir semejante reto. Así que, curiosamente, y al igual que le había pasado al grupo que le había inspirado, The Beach Boys, de nuevo un disco de ‘música espiritual’ –sin que deba entenderse el término de forma literal– pasaba a engrosar la lista de los discos perdidos de la historia del rock. Por suerte, Smile tuvo una edición comercial después de que Wilson lo retomase en 2004, y, finalmente, Let’s Change the World with Music, también, cinco años después.

 

La última entrega de la banda, Crimson/Red, en 2013 (filtrado semanas antes de su edición con el título de Devil Came a-Calling), no deja de ser otra inmaculada colección de canciones compuestas en diferentes etapas de su trayectoria por Paddy McAloon y grabadas por él en el estudio para cumplir definitivamente con aquel lejano contrato de 1982 del que todavía le quedaba por entregar un disco a su compañía. “Billy”, “The Best Jewel Thief in the World” o “The Songs of Danny Galway” son algunas de las joyas pop que encierra, descubriendo que en un álbum aparentemente más oscuro también puede haber rayos de luz deslumbrantes y cegadores, refrendando una vez más que McAloon es el mayor genio del pop de las últimas cuatro décadas.

 

 

 

 

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