PORTISHEAD 2008

Portishead, la atmósfera dentro de la atmósfera

 

Diez años han tardado. Más incluso de lo que le llevó a The Beatles grabar toda su discografía. Pero aquí está por fin el tercer y esperadísimo disco de Portishead. Si de algo querían renegar era de la etiqueta del trip-hop y de convertirse en música sencilla para sonar de fondo en cualquier momento. Y lo han logrado con un disco más radical en su sonido, uno de los grandes álbumes de este principio de siglo. El tercer disco del trío de Bristol se llama, sencillamente, Tercero (Third). Hablamos con ellos, con excepción de Beth Gibbons, su cantante, que nunca hace declaraciones, alargando su misterio.

 

Por fin, tras diez años, aparece vuestro tercer disco.

            – Geoff Barrow (G.): No parece que haya pasado tanto tiempo, ¿verdad?

            – Adrian Utley (A): No tengo la sensación de que hayan pasado diez años aunque todo el mundo nos pregunte: “¿Dónde os habéis metido los últimos diez años?”

            – G: Hemos sido nosotros mismos

            – A: Sí, nosotros haciendo cosas.

            – G: Desde que editamos Dummy no paramos ni un momento, en cinco años. Básicamente, se trató de una excesiva sobreexposición.

 

¿Y en qué invertisteis estos últimos años?

– G: Mezclamos el álbum Roseland, NYC Live en un estudio de Gales. Lo terminamos en un estado mental de desesperación y volvimos a casa.

            – A: Estar fuera de casa durante tantísimo tiempo descoloca tu vida familiar, se desmorona. No siempre pasa, pero para nosotros sí, y no queríamos seguir con el grupo por un tiempo. No hablamos de ello. Simplemente lo dejamos y continuamos en diferentes direcciones. Todos nos involucramos en temas creativos de forma casi inmediata, o haciendo discos o produciendo bandas, haciendo bandas sonoras, en el proyecto que fuera, yendo de gira, tocando con gente, todos estábamos muy ocupados haciendo cosas. Beth hizo su propio disco en esa época. Así que lo que pasa es que no estábamos tan expuestos. La verdad es que no paramos hasta el 2001 cuando nos fuimos a Sydney y empezamos a trabajar en algunas canciones.

           

Tengo entendido que ahí empezó a gestarse Third.

– G: Fuimos al estudio de un amigo y trabajamos durante siete semanas; estaba bien, pero no hicimos nada que nos hiciera dar saltos y nos llevara a decir: “Éste es nuestro nuevo sonido, lo que de verdad queremos hacer y…”

– A: Le faltaba algo de orientación, ¿verdad?

            – G: Sí, le faltaba algo de enfoque. Así que, al volver a casa, seguimos cada uno por separado otra vez.

            – A: Geoff y yo nos tomamos un tiempo libre para producir el disco de The Coral, y el hecho de regresar al estudio con una banda y trabajar juntos en un proyecto nos dio mucho ímpetu para seguir adelante y decidir que continuaríamos con nuestro disco y que las canciones que teníamos eran un buen punto de partida.

 

¿Cundió el desánimo en algún momento, la sensación de que todo se había acabado?

– G: Yo estaba abiertamente desmotivado por la música desde la edición de nuestro segundo disco en adelante, hasta prácticamente hace cuatro años. La música funky en particular o los DJ’s y el scratching encuentro que como forma artística están especialmente carentes de creatividad, mientras que en sus inicios fue muy poderosa. Así que llegado el paso al tercer disco, nuestra intención era continuar experimentando plenamente e intentar abrir brecha. El otro día intenté explicarlo. Es como si intentaras agarrar dos polos opuestos: tienes una mano en el viejo e intentas abarcar el nuevo, pero tus brazos no son suficientemente largos.

            – A: Pero no puedes soltar el primero.

            – G: No puedes soltar el primero porque es lo que tú eres en ese momento y quieres abarcar los dos, así que sigues así y acabas bloqueado en esa posición.

            – A: Ésta es una reflexión importante referida a cualquier banda: mantienes tu identidad a pesar de que estés evolucionando.

            – G: Sí, y a lo mejor te crecen los brazos

 

¿Hay canciones que tengan ya varios años?

A: “Magic Doors” es una canción del principio. “We Carry On” fue una canción del principio y ese tipo de temas se han mantenido con nosotros a lo largo de todo este tiempo. Nunca ha habido dudas al respecto. Hubo algunas dudas con “Magic Doors” pero…

            – G: Sí, “Magic Doors” tiene cinco o seis años ya, así que si ha sobrevivido todo este tiempo es que está bien.

            – G: Lo más difícil ha sido componer temas que nos hicieran sentir que merecían existir por un motivo. Si nos sentábamos en un piano Rhodes con un temblor y acordes muy tristes y la voz de Beth cantando, si ya lo habíamos hecho antes, ¿por qué hacerlo otra vez? Eso sería estúpido

            – A: Eso también es aplicable a los ritmos y a las letras que siempre han tenido mucha importancia. Y al scratching, así que “Machine Gun” es todo ritmo y voz. Hay otras cosas, pero básicamente se trata de eso, de ese sutil equilibrio donde nos sentimos cómodos y sabemos que es el punto correcto, porque hemos hecho otros temas donde había voz y ritmo y de forma inmediata sabíamos que no eran buenos.

 

¿Cómo se tomó vuestra discográfica el retraso?

– G: Nos fuimos a ver al nuevo jefe de Island entonces, Nick Gatfield, y le pusimos siete canciones.

            – A: Creo que fue en el 2006, ¿no?

            – G: 2006. Entonces, digamos que estábamos en ello. Le gustó mucho y nos dijo que nos veríamos en dos meses para hablar del tema. Y nosotros le aseguramos que estaríamos a punto de terminarlo. Teníamos siete canciones y un año más tarde sólo seis. ¡Exacto! Habíamos descartado un tema y nos sentíamos miserables porque no teníamos ninguna canción más.

            – A: Descartamos muchísimo material. No estoy seguro, pero creo que mucha gente lo hace en procesos creativos, seas lo que fueres, pintor, escultor, novelista o lo que sea.

            – G: Además, creo que tengo pavor a ser malo en lo que hago, así que si lo haces repetidas veces, si trabajas en una canción en dos ocasiones y no funciona, a mi me deja KO durante semanas. Sin remedio. Me hace sentirme un inútil.

 

 

 

Queda claro que fue un proceso duro.

– A: Creo que a veces fue difícil. Hay días oscuros debido a cómo es nuestro proceso de trabajo, ya que intentamos diseñar el sonido antes de que la canción realmente exista. Podemos llegar incluso a frustrar un tema antes de empezar porque sentamos muchas bases como norma, severas normas auto impuestas sobre cómo componer y cómo crear el sonido. No queremos usar solamente guitarras desdibujadas o efectos que hayamos usado antes. Eso es una norma que tiene que mantenerse en el universo que intentamos crear, y muchos de los elementos de este disco desentonan estéticamente, no son perfectos, no es una norma, pero sí un juicio estético, una consideración acerca del sonido.

            – G: Las cosas no pueden ser normales. Si son normales, a veces les falta inspiración. Eso nos parece, aunque con parte del material volvemos a hacer cosas bastante normales. Creo que eso entra dentro de la composición: si te sientas a un piano, sobre todo en mi caso, y si sentado al piano suena como un piano, rápidamente me aburro con el sonido.

            – A: Es mejor si el piano tiene un micrófono malo para que distorsione el sonido…

            – G: Desde luego, y que pase a través de un amplificador y de ahí a tus cascos y de repente el sonido te inspire, te motive.

 

Os creo, porque “Machina Gun” suena realmente como una ametralladora industrial.

G: “Machine Gun” surgió cuando Adrian estaba buscando un teclado viejo para comprar y alguien trajo un uno que tenía una batería electrónica incorporada, como parte del teclado, y lo tocamos y era ese tipo de clave electrónica distorsionada. Fue genial

            – A: Fue de inmediato emocionante. Otras cosas como “The Rip Would” empezaron con un disco de un extraño sonido de orquesta folk que sonaba muy bien.

            – G: Eso nos inspiró mucho…

            – A: Sí, sirvió de inspiración para alcanzar un estado de ánimo del que hablábamos y había un sonido de guitarra acústica y un theremin, y Beth compuso una estrofa y un estribillo y así se quedó durante un año, probablemente más, hasta que Geoff le dio un ritmo diferente. Tenía otro ritmo, pero lo descartamos, y se convirtió en otra cosa, con el nuevo ritmo y después el teclado. Al final mutó transformándose en otra canción.

 

¿Pensáis que Beth Gibbons, vuestra cantante, ha cambiado durante este tiempo?

            – A: Ha cambiado en el proceso. Toca instrumentos en el álbum, lo que probablemente no habría hecho antes, y eso se debe a haber hecho su disco en solitario, en el que se involucró más tocando, y creo que eso le dio confianza para hacerlo ahora. En cualquier caso, es una de las cosas en las que el grupo ha cambiado.

            – G: Sí, antes solíamos darle música para que la cantara, ahora ella nos da música.

            – A: Con instrumentos que se mantienen en le disco. Cada canción es como una banda diferente en realidad. Hay diferentes instrumentos en cada canción.

 

Se ve que en el sonido también hay una evolución.

            – G: Ésa es la diferencia con el sampling también. La idea de que puedas tomar una grabación clásica para un tema y un disco industrial para otro tema, de principios de la música electrónica… Hay un salto de aquí allá y creo que eso hace de la música algo apasionante, porque puedes saltar a nivel sonoro y seguir siendo la misma banda.

            – A: Como en “Hunter”: al principio era un tema orquestal raro, casi un tema pop de los 60.

            – A: Con oboe y percusión orquestal y cuerdas y demás. O sea, esta norma viene de los comienzos, como Geoff dice: samplear discos de hip-hop donde tomas la atmósfera, pero ahora recreamos en directo esa atmósfera dentro de la atmósfera.

 

¿Os influye la situación a vuestro alrededor cuando grabáis?

– A: La mitad del tiempo de creación de este disco la hemos pasado sentados hablando de galletas, de política, del tiempo, del calentamiento global o de lo que fuera.

            – G: Cualquier cosa con tal de escaquearnos de currar.

            – A: Así que ese tipo de influencia depresiva, si era de lo que hablábamos ese día, probablemente tuvo un impacto en las notas que tocamos.

            – G: Creo que vivimos en un mundo más asqueroso. Bueno, siempre fue una mierda, ¿no?

 

En vuestro caso sí tiene sentido el disco como unidad y no las canciones sueltas.

– A: Una de las cosas que tiene bajarse música de Internet es que te puedes bajar canciones sueltas. No tienes que comprarte todo el disco y una de las cosas más relevantes de este asunto, y la razón por la que no tenemos singles en particular, es porque nuestro trabajo es una obra completa, debe ser considerado como un álbum. Tiene que tener equilibrio.

            – G: Tiene que ser un álbum equilibrado No se hasta qué punto la gente se va a interesar mucho por un álbum íntegro.

            – A: No creo que la gente lo haga. Creo que la mayoría de la gente se hace recopilaciones, como solía hacer antes.

            – G: Una recopilación de trip-hop.

            – A: Sí, colecciones de trip-hop, que es donde probablemente se nos incluirá mucho, en algunas hasta con dos temas.

            – G: El sonido de Bristol.

 

¿Y que pensáis del resultado final?

A: La gente dice que este álbum suena más directo que los anteriores, pero pienso que se debe a que los temas no están cargados de samples. Todavía hay demasiados loops, pero el disco rechina menos, y eso da la sensación inmediata de que no es nuestro.

            – G: El álbum es ahora algo que creo hemos logrado hacer con éxito, algo que supone avanzar. Sentimos que encaja como tercer álbum. Pero llegar hasta aquí es siempre como un grano en el culo.

 

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