PONY BRAVO

Pony Bravo, escuela de calor

 

 

 

 

Pocos grupos pueden presumir de tener un mundo propio, una personalidad y las ideas bien claras desde su formación. Si además sumamos el humor como forma de expresión, las ganas por explorar los caminos menos trillados, la autogestión y dos discos cuando menos interesantes y distintos –Un gramo de fe y Si bajo de espaldas no me da miedo (y otras historias)-, está claro que Pony Bravo no son un grupo al uso. Daniel, su cantante, nos habla de la vida y obra del grupo surgido en Sevilla hace ahora seis años, recuperando esta entrevista como prólogo a su gira gallega que recala este jueves 10 en Compostela (Sala Moon). 

 

 

En la grabación de este segundo disco, ¿qué os planteasteis? ¿Qué era lo que queríais y lo que no pensabais repetir? ¿Se puede decir que buscabais algo más limpio para resaltar más los detalles en las canciones? 

– Bueno, de entrada no solemos resumirlo mucho, son muchos detalles de los que hablar en realidad, pero lo voy a intentar. Lo que no queríamos repetir eran formas antiguas, recursos para generar un estilo musical, eso sí lo teníamos claro. Se han repetido las cosas que han salido de forma natural en realidad, ahí sí hemos tenido mucho cuidado. No sé si buscábamos algo más limpio, puede que sí. Uno siempre intenta definir las ideas: al principio son más difusas y con el tiempo va encontrando qué decir y cómo. Nosotros llevamos poco tiempo y nos queda mucho todavía, estamos empezando en realidad.

 

¿Cómo concretaríais la evolución de Un gramo de fe respecto a Si bajo de espaldas no me da miedo (y otras historias)? ¿Más trabajo en el ritmo, más canciones y partes instrumentales, más atención al detalle…? 

– Un poco sí. Quizás lo que más intentamos hacer son canciones que puedan funcionar a varios niveles, música que con suerte pueda funcionar a nivel popular y que llegue, pero sin sacrificar la música en sí. Algunos grupos que nos encantan lo hacían y es muy divertido, bandas como Devo, Talking Heads o aquí Radio Futura, aunque la verdad es que también nos tiran mucho grupos más extraños como Derribos Arias, que también consiguieron ser muy populares haciendo lo que hacían. Supongo que un poco Pony Bravo va de eso y, sobre todo, de disfrutar entre los cuatro y hacer lo que queremos… Un poco lo mismo que la mayoría de grupos, en realidad.

 

En esa evolución, ¿cuánto ha tenido que ver lo que habéis escuchado, la música que habéis descubierto en este tiempo, y cómo se introduce eso en vuestras canciones? 

– Intentamos que tenga mucho que ver y va saliendo de forma natural, gracias a amigos que nos pasan música, gracias a Internet donde puedes oírlo todo sin gastarte miles de euros en discos. Suceden muchas cosas ahora mismo en la música que nos llevan a intentar trabajar sobre diferentes géneros e influencias, para responder un poco al público que ahora oye más música que antes. Sería bonito que subiera el nivel de los grupos igual que está subiendo el nivel del aficionado a la música, y para nosotros está sucediendo si te fijas en grupos como ZA!, Betunizer, Fluzo, etc….

 

Lo mejor de vuestra música es que parece que siempre estáis intentando ir más allá, investigar, experimentar, que os mueve realmente la pasión por la música. Más que la grabación, ese parece ser el elemento clave de vuestro trabajo, en el que realmente apetece estar como infiltrado para verlo. ¿Cómo es realmente todo ese trabajo? 

– Gracias por lo que dices. En realidad el proceso es muy normal, hay días buenos y malos. Es verdad que la mayoría de días nos lo pasamos muy bien y salen cosas, pero no hay mucho misterio si te soy sincero. Es más bien intentar estar oyendo música y aprendiendo, y ser humildes y no pensar que estamos descubriendo nada, no tener miedo a variar un poco, que es muy sano y salen mejores cosas si te arriesgas. Encasillarse uno mismo tiene mucho peligro, así que intentamos no hacerlo y oír mucho a nuestros amigos y a la gente con la que trabajamos que siempre dan muy buenos consejos. Y, también, currar mucho todos los días, que es la parte más cansina, pero nos gusta mucho la música y se disfruta en realidad; además, currar con tus amigos es un lujo, eso sí es verdad, se está bien así.

 

Seguís sorprendiendo y, a la vez, tenéis un sonido muy propio. ¿Cuánto hay de dejarse llevar, de probar y equivocarse, de estirar los límites de la canción? ¿Cuánto cuesta, cómo es de complicado, cuánto esfuerzo hay detrás que no se ve?

– No sé qué parte se ve desde fuera en realidad, aunque desde dentro uno tiene siempre otra visión, pero sí, hay que currárselo más horas si quieres meterte en estos asuntos de autoedición, creative commons o hacer música basada en muchas influencias, etc. Es como todo en realidad: cualquier proyecto para que vaya bien necesita miles de horas. Hay que acostumbrarse, supongo, y todo sale. Lo importante es que haya buen rollo, divertirse. Es un topicazo pero afecta mucho: cuando estás bien, sale todo mejor, hasta salen mejores ideas, y tiene que ver con la gente que tengas alrededor más que con si el grupo tiene éxito o no, creo yo.

 

 

 

 

Sin embargo, nunca perdéis de vista la melodía, la canción, ¿no?

– Sí, intentamos seguir haciendo canciones: hay muchas formas de hacer canciones por explorar en realidad, ya que se puede hacer bailar y pensar a la vez.

 

Muchas veces se dice que ya no cabe casi nada nuevo en el rock, pero vosotros parecéis desmentirlo. ¿Quiénes os inspiran en esta búsqueda, que otros artistas creéis que están experimentado en esa dirección?

– Ahora mismo, a nivel nacional, estamos conociendo a muchas bandas que nos impresionan mucho, como te decía antes, grupos como ZA!, Betunizer, Fluzo, Mansilla y Los Espías… Son gente que está haciendo cosas increíbles, muy divertidas y muy complejas a la vez, y estamos aprendiendo un montón con ellos. Para nosotros están a otro nivel realmente si los comparamos con otros grupos.

 

¿Se ha involucrado más el grupo en este disco, cediendo un poco Daniel en esa parte?

– En realidad, siempre hemos intentando aprender los cuatro a componer, y el proyecto entre otras cosas va de eso. Desde el principio lo tuvimos claro y la idea es que todos aprendamos con el tiempo y no haya roles ni líderes ni rollos de esos que al final hacen mucho daño a los grupos. Por ahora va bien: hay armonía y felicidad en Pony Bravo. Dani sigue aportando sus ideas, al mismo tiempo que en Fiera Pablo sigue teniendo un poco más de peso, pero lo ideal es que todos aportemos al mismo nivel y que al final haya canciones, y no autoría, lo que sería perfecto. Es un poco utópico pero es lo más interesante y divertido a la hora de trabajar y aprender, que es de lo que se trata, porque sale mejor música básicamente, y solo por eso ya merece la pena.

 

En este disco hay música de baile, adaptaciones de flamenco, un single como “Noche de setas”… Eso sin hablar de todos los sonidos y estilos que se intuye en cada canción. Muchos referentes bien digeridos. Cada vez se descubre algo nuevo, se escuchan cosas distintas… ¿Cómo se logra?

– A nosotros nos sirve mucho oír a los amigos que más saben de música, amigos que te descubren nuevos discos que te permiten no atascarse con las mismas canciones durante años, algo que le suele pasar a muchos grupos. También ayuda mucho aprender a aceptar las críticas aunque no te gusten, ya que muchas veces llevan razón, se aprende mucho de eso. Y, también, currar mucho, lo típico. Da mucha libertad tener tu sello y trabajar con gente que te ayuda y genera resultados, que se suman a las ventajas increíbles que tiene usar licencias creative commons y poner tu música para descarga libre en tu web, algo sencillo que da mucha tranquilidad. Supongo que es una mezcla de todo eso, pero a nosotros nos queda mucho, todavía estamos muy verdes, solo tenemos dos discos, aunque por ahora estamos contentos.

 

Las imágenes que creáis son muy poderosas. ¿Qué letristas os gustan o qué tipo de letras son las que más os llaman la atención?

– Para nosotros ahora mismo las mejores letras las hace el escritor Fernando Mansilla, que bajo el nombre de Mansilla y Los Espías genera canciones con unos textos que están a años luz de la mayoría de proyectos similares. Vive aquí en Sevilla y ha sido para nosotros y para mucha gente un descubrimiento. Calidad asegurada.

 

¿Es posible conjugar el sentido del humor con algún tipo de comentario social? Pienso en Devo o Talking Heads. ¿Es ese vuestro camino? Por cierto, ¿la gente lo pilla, lo acepta?

– Para nosotros es uno de los caminos, entre otros, y la gente pilla más cosas de lo que yo suponía antes de hacer música, o al pasar de un primer disco más pop a un segundo más extraño. La verdad es que es sorprendente el nivel que tiene mucha gente a la hora de oír música, sobre todo cuando viajas por ahí, y de hecho nosotros casi que aprendemos más de los amigos que solo oyen música que de los que tienen un grupo. Cuando estamos con ellos siempre flipamos mucho con la importancia que Internet ha tenido y está teniendo para que esto suceda. Antes podíamos oír muchos menos discos y eso se nota al final: se comprende la historia de la música de otra manera cuando tienes acceso a todo lo que se ha hecho, y no solo a lo que aparece anunciado en los medios de comunicación tradicionales.

 

Por cierto, ¿cómo fue aquella “Noche de setas”? ¿Algo que no se haya contado en la canción?

– Bueno, con las setas siempre pasan cosas, je, je. No todo se puede contar. Queda relegado a la experiencia setil y a sus misterios cósmicos. Hay que vivirlo realmente. Para nosotros hay una diferencia enorme entre las drogas. No todas son dañinas. Hay algunas, pocas la verdad, que te pueden aportar mucho. De hecho, a las setas no las llamaría drogas. Me da rabia que se las siga metiendo en ese paquete. Digamos que cada uno debe explorar eso por sí mismo.

 

¿Son necesarias para componer, para ayudar esa investigación de la que hablábamos o fue algo hecho a propósito para ver que salía en esa ocasión?

– No hay ninguna droga necesaria para componer. Lo ideal es estar uno bien y trabajar, generar esos estados sin meterse nada, al menos es así para nosotros. Otra cosa diferente es vivir experiencias y experimentar, en la vida privada de cada uno, con los amigos, eso sí creo que aporta muchas cosas. También nos apetecía hablar de drogas en las canciones pero desde otros enfoques, con humor, como excusa para en realidad hablar de otras cosas, como un detonante humorístico a veces. Con el tiempo vemos que no somos de esos grupos que defienden el modo de vida rockero-desfasado-yonki como si fuera algo que ayuda a componer. Nos parece un mito, porque la verdad es que lo que ayuda son otras cosas, y no son precisamente las drogas -aunque la ganja no es que perjudique, je, je-, pero lo ideal es el ‘natural high’.

 

En vuestro caso, el flamenco es un elemento más, esporádico, pero que ya está en vuestras canciones. Los Planetas tardaron década y media en mirar hacia sus raíces. ¿Cómo y cuándo llegáis al flamenco?

– Fue poco a poco la verdad, fuimos aprendiendo a disfrutar de la cultura que nos rodea, viendo que para hacer algo tienes que hablar de lo que conoces. No sé, es un proceso de ir oyendo música e ir quitándose prejuicios de encima. Cuando éramos pequeños solo conocíamos los grupos que salían en las revistas o en la televisión. Gran error. Si buscas, encuentras los grupos verdaderamente buenos, y el flamenco como música y como cultura es increíble: te podría llevar toda la vida ir rascando sin encontrar más que dos o tres detalles porque es complicado. Para nosotros es importante al menos rozar un poco de todo eso, por principios y porque es lo que nos sale, ya que no vivimos en Brooklyn o en Berlín, sino en Sevilla. Se es de donde se es aunque uno no quiera, al menos así pensamos ahora.

 

Tenéis El Rancho como discográfica. Os encargáis del diseño. Regaláis vuestro disco. ¿Cuáles son los principios de la banda en cuanto al negocio musical? ¿Cómo lo enfrentáis?

– Bueno, el disco permitimos que se lo baje la gente, pero no lo regalamos. En realidad se cobra por los conciertos, por el compacto, por los carteles, etc… La idea del copyleft consiste en compartir cultura, música, ser honesto y no querer engañar a nadie, y sobre todo generar un modelo de negocio donde el que mande sea el público y el artista, y no las grandes empresas. Es solo eso en realidad, y además es más rentable, se generan más beneficios al final para el grupo y para el público. Al menos esa es nuestra experiencia en estos años.

 

¿Reserváis para Fiera vuestras canciones más arriesgadas?

– Al principio hablamos de ello, en la primera época, cuando estábamos viendo qué forma podría tomar Fiera, pero decidimos componer desde las premisas del proyecto y desde sus influencias, y nada más. Y es que no se puede manipular la música, o al menos para nosotros ni siquiera se debería intentarlo en realidad. Es mejor directamente arriesgarse en todos los proyectos, si hay ganas, y que pase lo que tenga que pasar. Si funciona y tienes suerte, y conectas con la gente, pues perfecto, y si no, pues mala suerte. Pero no tiene por qué afectar mucho a la música que hagas en realidad, porque si intentas verlo todo el tiempo en plan analítico, al final sale todo un poco más falso, y eso se nota. Es mejor ponerse a tocar y ya está. Al menos eso es lo que nos está pasando a nosotros. 

 

 

 

 

 

Mantenéis el acento en las canciones, algo que la mayoría parece haber perdido, sonando más asépticos. ¿Intencionado, inconsciente?

– Pues ha costado trabajo. Aquí en el sur, y supongo que en más partes, el acento es un tema delicado. En la música hay acentos predominantes, al menos en rock, pero con el tiempo yo creo que todos estamos cada vez más convencidos de que la buena música y el mercado de la música no tienen nada que ver, y de que nos han engañado desde siempre con estas cosas; por ejemplo, con los acentos, cuando lo mejor es poder oír no solo la música sino los acentos, todos esos detalles. No hay más que oír a Fluzo, que canta en gallego y es increíble cómo suena, o a Mishima, que cantan en catalán y no te das cuenta de lo bien que lo hacen. Hay de todo y eso es lo bueno. En resumen, viva el acento si se usa bien, sin mentir y sin rollos raros: si hablas así, con acento, canta así, por respeto al que te escucha básicamente, y por respeto a la música que solo evoluciona gracias a este tipo de detalles, uno detrás de otro, poco a poco.

 

Para mí los grupos más interesantes son aquellos que descubren nuevos caminos arrastrando más seguidores a cada paso. ¿Sentís que en los últimos tiempos parece haber una mayor receptividad hacia el grupo? ¿Os condiciona eso?

– Lo intentamos, pero es pronto todavía. Aun así, sí que vemos que se puede, que si te lo curras y no intentas engañar a nadie con posturas o poses, algo de simpatía se consigue, y si sigues así trabajando y tocando mucho (que es muy importante esto) pues te va conociendo más gente, eso también es verdad. Y la gente está muy preparada y oye mucha música. En realidad, es bastante natural el proceso, al menos para nosotros, o eso nos está pasando. Todo va poco a poco, pero es verdad que el grupo se oye más que antes y te vas acostumbrando. Es muy bonito cuando pasa.

 

¿Qué es lo que más os ha gustado de lo que han dicho sobre vosotros y, también, lo más curioso?

– Pues nos hace mucha gracia con Fiera como se confunde la gente. Incluso hay amigos nuestros que lo llaman Feria, je, je, o Furia también. Hay de todo: todo el tiempo la gente está diciéndote cosas, te ríes un montón. También con Pony Bravo hay motes y variaciones del nombre, algunas más bastas que no pegan aquí en la entrevista, pero imagínate…

 

En cuanto a los curiosos diseños de Daniel, ¿habéis tenido algún problema? ¿De dónde viene habitualmente la inspiración para los carteles, portadas, etc.?

– La verdad es que nunca ha habido ningún problema. El enfoque con los carteles es parecido al enfoque con las canciones, con excepciones. Por ejemplo, para los carteles hay influencias claras: gente como Josep Renau, John Heartfield, o también gente cercana, como Miguel Brieva, al que admiramos mucho. Hace poco hemos descubierto a Miguel Noguera, en el festival ZEMOS98, y a sus ideas y dibujos, que son increíbles. En realidad, hay calidad por todas partes y no paras de reírte, como con Miguel Brieva. Son geniales los dos, la verdad, cada uno en su estilo.

 

¿En qué países habéis tocado y cómo os ha ido, cómo se os ha recibido? ¿Alguna diferencia con nuestro Estado?

– Hemos tocado en Egipto, en Buenos Aires, Estocolmo, en Caracas, Marruecos, Budapest… Cada sitio es diferente. El mundo árabe, por ejemplo, es una cultura totalmente distinta, ni idea de qué pensarán al vernos. Supongo que verán a otro grupito occidental blanquito y, en cambio, Estocolmo es más normal, más ciudad occidental modernita. La diferencia con España no es mucha cuando te vas a ciudades occidentales. Sales un poco más de ahí y empiezas a flipar: es otro mundo la verdad, y eso que las salas de conciertos y los festivales de rock se parecen bastante entre ellos.

 

¿En qué medida os compensa hacer música? ¿Cómo lo lleváis en estos tiempos tan revueltos?

– Compensa totalmente, al menos para nosotros. Es muy duro económicamente dedicar todos los beneficios al sello y a montar otras historias, pero llevamos años acostumbrados a tener nuestros trabajos en paralelo y la verdad es que se puede compaginar todo. Es complicado sacar tiempo para otras cosas, pero se puede si te gustan las cosas que salen.

 

¿Cuál creéis que debe ser el papel del artista en estos tiempos?

¿Influye en vosotros a la hora de componer?

– Depende de la decisión personal de cada artista. En nuestro caso, se pueden tener varios roles y varias funciones en el arte, aparte de la más evidente que es entretener y amenizar, pero es cuestión de si como persona eres cínico y vas a lo tuyo o si te preocupas de tener cultura y generar otro tipo de cosas más positivas para la música o para la gente que te rodea y para ti. De todas formas, es un tema espinoso: depende de tu espíritu crítico y de cómo quieres vivir en realidad.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en el mundo de la música?

– Cuando llegamos a El Cairo para tocar vimos que no habían usado el cartel de Chiquito en la Esfinge que les mandamos. Hicieron otro con una foto nuestra así en plan rápido y nos dijeron que el cartel con Chiquito como que no lo entendían. No entendían que hacía la cara de ese señor en su monumento nacional. Ahí nos dimos cuenta de que Chiquito no llega al mundo árabe, por desgracia. Aunque estaría bien un Chiquito árabe, así con sus bromas árabes y sus jaarrrl, pero en mundo Islam. Esperemos que cuando se quiten de encima finalmente a todos los dictadores se relajen y empiecen a reírse un poco más, que la verdad es que no se ven muchos motivos por los que hacer humor. Y es que están bastante puteados, la verdad. Cuando viajas a sitios así y te sales un poco de los destinos turísticos se ve más miseria de la que parece.

 

 

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