PENTANGLE

Pentangle, más que folk británico

Cuando se habla de folk rock británico clásico, el primer nombre que salta a la palestra es, cómo no, Fairport Convention. Obviamente ellos fueron los “inventores” del género, si es que alguien inventa algo en música, aunque curiosamente en sus inicios no fueran más que unos talentosos mocetones ingleses embebidos en los sonidos que llegaban de la costa oeste de su ex-colonia transatlántica, que cuando se percataron de que lo mismo que los yankis hacían con su música tradicional lo podían hacer ellos con la suya, crearon el molde que inspiraría todo un género. Lo curioso del caso es que cuando Fairport Convention todavía tiraban de repertorio foráneo, Pentangle ya grababan versiones de temas tradicionales ingleses que cobraban una extraña nueva vida.

 

La explicación creo que es sencilla: por mucho que se los relacione con el folk rock, alguna etiqueta hay que ponerles, lo de Pentangle era otra cosa. Sus cabezas visibles sí venían de la escena folk, pero su curiosidad por otras músicas no paraba ahí, y los escuderos, menos conocidos pero igualmente importantes dentro del grupo, ponían un fondo inequívocamente jazzístico que los hacía únicos y prácticamente inimitables. No, no había demasiado rock en Pentangle, aunque curiosamente, o tal vez precisamente por eso, su influencia en ese mundo fue mucho mayor que la que ellos recibieron de él.

 

Cuando en 1967 el grupo tomó forma definitiva, ninguno de sus miembros era novato en el asunto. Bert Jansch ya era una celebridad en el subterráneo mundo del folk, un virtuoso de la guitarra acústica admirador de Davy Graham, con varios discos a su nombre y secretamente admirado por lumbreras del rock: Donovan le dedicaba canciones (“Bert Blues”) y aprendía sus trucos a la guitarra; aparecía nombrado entre las inspiraciones del segundo disco de Buffalo Springfield (seguro que gracias a Neil Young puedes comprobar como se ‘parece’ su “Ambulance Blues” al “Needle of death” de Jansch), y Jimmy Page cometió uno de sus habituales plagios con su arreglo de “Black Water Side” simplemente cambiándole el nombre por “Black Mountain Side”.

 

 

John Renbourn, no menos virtuoso guitarrista y amante del blues rural, y también con discografía propia, se inclinaba más hacia la música antigua inglesa donde Jansch miraba hacia el blues acústico, aunque los dos compartían devoción por la tradición folk de las islas y ninguno le hacía ascos a mirar más allá de sus respectivos gustos personales. En el disco que grabaron en 1966 en su apartamento, “Bert & John”, y que finalmente les animaría a trabajar juntos más seriamente, ya incluían una versión de “Goodbye Pork Pie Hat” de Charlie Mingus. Por su parte, Jacqui McShee había cantado en algún disco de John y conocía un amplio repertorio de música tradicional, tanto americana como inglesa.

 

Los tres se encontraban y tocaban juntos o revueltos en diferentes formaciones en Les Cousins, el centro de reunión en el Soho de los folkies que no eran bien recibidos en los locales de gustos más conservadores. Allí aparecía de vez en cuando Alexis Korner, uno de los padres del r’n’b británico, acompañado de una sección rítmica que formaban Danny Thompson (contrabajo) y Terry Cox (batería), que no tardarían en alargar las noches tocando con Bert y John. De esas improvisadas reuniones salió la idea de Pentangle, cuando se dieron cuenta que compartían curiosidad por los gustos respectivos y ganas de tocar juntos.

 

Aunque los dos guitarristas editaban sus discos en Transatlantic, a la discográfica puntera del folk británico no le hacía demasiada gracia que dos de sus mejores bazas se escondieran tras un nombre colectivo. El grupo busca ayuda en Jo Lustig, un tiburón neoyorkino emigrado a Londres que llevaba a varios artistas folk y que se sale con la suya. Pone a Pentangle en contacto con Shel Talmy (sí, el mismo que produjo a Kinks, Who o Creation entre otros tantos), que se encarga de trasladar sin demasiadas interferencias su sonido al vinilo de sus tres  primeros discos (editados, por cierto, en España por la añorada serie Guimbarda a finales de los 70).

 

No se puede decir que haya muchos cambios entre unos y otros porque la fórmula estaba muy clara desde el principio: canciones tradicionales de ambos lados del atlántico, blues, jazz y unos cuantos originales, generalmente de Bert aunque firmados por todos, mecidos por un sólido pero imaginativo contrabajo y unas baquetas y, sobre todo, escobillas que vuelan sobre la batería, más tocada que golpeada; una guitarra en cada canal del stereo, independientes siempre, pero siempre pendientes de lo que hace su otra mitad, continuamente lanzándose guiños, alejándose y encontrándose alrededor de la melodía principal;  y, finalmente, la cristalina voz de Jacqui McShee poniendo las bases, al tiempo que Sandy Denny, por las que se medirían las voces femeninas en el folk rock británico.

 

 

En Pentangle (1968), su primer disco grande tras un single de tanteo, se nota el poso que dejaron las jams de Les Cousins y su puesto como grupo residente en el Horseshoe Hotel, también en el Soho, en lo aparentemente improvisado de algunos temas, y en el lucimiento quizá excesivo de bajo y batería en solitario, pero esa versión de los Staple Singers ya deja claro que sus radares son de amplio alcance.

 

Para cuando se edita Sweet Child en el mismo año, el enfoque y la producción son mucho más concisos y aparecen las grandes canciones originales, como la que titula el disco, sin dejar de aventurarse en pasajes libremente desarrollados (“In Time”), que para algo habían conseguido que la compañía lo editara como disco doble, uno directo y otro en estudio, y hubiera sitio para todo: blues de Furry Lewis y jazz de Charlie Mingus, éste en dos ocasiones y con nueva visita a “Goodbye Pork Pie Hat”; danzas del siglo 16 que Terry Cox realza con el uso del glockenspiel; romances y baladas tradicionales que hablan de amor, asesinatos y fantasmas, dulcemente cantadas, eso sí; visitas a clásicos del folk (“Time has come” de Ann Briggs), y estratégicos espacios de esparcimiento individual para cada miembro del grupo, no fuera a romperse el equilibrio interno necesario para que cinco músicos que por sí solos podrían ser líderes en cualquier otro grupo permanecieran unidos.

 

Particularmente creo que aquí alcanzaron su punto más alto creativamente hablando, porque el boom comercial, algo casi impensable para un grupo con raíces folk tan sólidas, llegaría con Basket of Light al año siguiente. El Lp llegaría al número 5 en las listas de ventas aupado por la sintonía que, gracias a los manejos de Lustig, compusieron para una serie de la BBC, “Take Three Girls”, luego regrabada para el disco como “Light Flight”. El disco no se diferencia demasiado de su antecesor, e incluso hay quien lo prefiere a aquel, pero desaparecen los instrumentales en beneficio de las canciones, las excursiones jazzeras pasan a segundo plano y tímidamente van apareciendo nuevos colores en la paleta el grupo: el sitar, introducido por John, debuta en “Once I Had a Sweetheart”, y repite en “The Hunting Song” combinado con un banjo tocado por Bert, pura fusión oriente/occidente. Siguen demostrando su eclecticismo al combinar en un mismo disco una personalísima adaptación de “Sally Go down the Roses”, un clásico del girl group sound de las Jaynetts que prácticamente improvisaron en el estudio, con un lúgubre canto medieval “a capella” que parecía rescatado de una húmeda celda monacal.

 

 

Durante estos años, y casi hasta el final del grupo, el régimen de conciertos era intensísimo, con constantes visitas a unos USA en los que se habían convertido en un pequeño acontecimiento underground. Ellos, que tocaban sentados y con instrumentos acústicos, aparecían en los dos Fillmore en una época en la que cualquier grupo que se preciara quería hacer temblar las paredes del local, e incluso se permitían el lujo de tocar en el Carnegie Hall de New York, el Royal Albert Hall londinense o la Catedral de Coventry. Detrás de todo estaba la mano de Jo Lustig, que incluso lograba que el Melody Maker le dedicara dos reseñas a su primer LP, una de un crítico de jazz y otra de uno de folk, y que el mismísimo John Peel le escribiera las notas de contraportada.

 

Pronto se convertirían en el producto más vendido de Transatlantic, aunque ninguno de ellos dejaría de lado sus carreras individuales: Bert Jansch seguía editando discos en solitario en los que participan varios miembros de Pentangle, en especial la sección rítmica, lo mismo que John Renbourn, éste frecuentemente con la colaboración de Jacqui; a Danny Thompson y Terry Cox no les faltaba trabajo como músicos de sesión, e incluso Danny mantenía un trío propio del que llegó a formar parte un joven John McLaughlin. Quizá demasiada actividad que compaginar con un grupo estable.

 

En Cruel Sister (1970) sí que se aprecia un cambio considerable. Por primera vez lo componen sólo piezas tradicionales y el trabajo colectivo pierde presencia. John y Jacqui parecen dar un paso al frente y protagonizar la mayor parte del disco, tanto en el aspecto vocal como en el instrumental (vuelve el sitar y se introduce sutilmente la guitarra eléctrica), pasando casi desapercibidos tanto la sección rítmica como un Bert Jansch que debe conformarse con liderar una larguísima versión de “Jack Orion”, tema que ya había titulado su tercer disco en solitario y que aquí se alarga hasta unos casi 12 minutos que se hacen eternos.

 

La sensación de dispersión dentro del grupo se hizo aún más palpable durante la grabación de su último disco para Transatlantic. Bill Leader, que ya había producido Cruel Sister recuerda las sesiones como un pequeño calvario en el que los diferentes miembros del grupo apenas coincidían en el estudio, particularmente Bert y John,  que “llegaban a distintas horas, dependiendo de lo que hubieran bebido la noche anterior”. Tampoco ayudaba que las relaciones con Jo Lustig se hubieran enturbiado por la cancelación de una gira por los USA, ni la presión por parte de la compañía por recuperar la notoriedad de Basket of Light.

 

 

A pesar de todo, Reflection (1971) no deja ver ninguno de esos problemas y es una recuperación en toda regla. No es que vuelva la chispa de Sweet Child, pues sus lecturas de temas tradicionales suenan más clásicas y menos aventureras, pero al mismo tiempo aparecen más estilizadas, envueltas en una producción más de su tiempo, incluso suena una guitarra con wah-wah, y con destellos de genio que dejan ver a un grupo en pleno dominio de sus facultades (la parte central de “So clear”, un “When I get home” de dos acordes que curiosamente anticipa el “Walk on the Wild Side” que tío Lou grabaría un año después rodeado de británicos), y demuestran que lo de Cruel Sister sólo fue un paréntesis.

 

Desgraciadamente el disco pasó absolutamente desapercibido en un momento en el que el rock había cambiado definitivamente, y había poco sitio para un grupo típicamente de los 60, con poco gusto por la electricidad, sin imagen y ninguno de los atractivos escénicos que en aquellos días comenzaban a prevalecer, y al que su “éxito” y sus continuas giras en el extranjero habían apartado de sus seguidores más folkies. Cuando termina su contrato con Atlantic recalan en Reprise, quizá debido al prestigio alcanzado en Estados Unidos, para grabar lo que se convertiría en el último disco de su etapa clásica.

 

Solomon´s Seal (1972) parece una síntesis de sus dos predecesores, decididamente folk en los cortes más británicos, comandados por Jacqui, y más cerca del  ambiente de Reflection en los que  los chicos se dejan ver (“Sally free and easy”, “People on the highway”, “Jump baby jump” o “Lady of Carlisle”), con la cada vez más prominente guitarra eléctrica de John Renbourn poniendo fondos de wah wah, trémolo o incluso distorsión en los mejores momentos de un disco que el propio John considera su favorito entre los que Pentangle grabaron.

 

 

A pesar del optimismo con el que iniciaban esta nueva etapa, y de la extensa gira que incluso los llevó a Australia, pronto nuevos problemas comenzaron a añadirse al excesivo consumo de alcohol y los compromisos de sus carreras individuales: Transatlantic dejó de pagarles royalties, problemas internos en Reprise los arrinconaron dentro de la compañía y Jo Lustig tenía nuevos y más rentables clientes de los que ocuparse (Van Morrison, Lindisfarne o Steeleye Span). Todo son conjeturas porque en realidad nadie explica muy bien por qué un buen día de 1973 Bert Jansch desencadena la disolución del pentángulo llamando a Jacqui para decirle que deja el grupo, posiblemente porque todos tenían cosas que hacer. Bert y John siguieron grabando por su cuenta, con Jacqui poniendo la voz al John Renbourn Group, y Terry y Danny labrándose una incansable carrera todo terreno, más distinguida la del contrabajista, que pone su instrumento al servicio de John Martyn, Donovan, Nick Drake o Richard Thompson, entre  docenas de colaboraciones más o menos alimenticias.

 

Volverían a reunirse a principios de los 80 para una gira, pero en el disco que la sucedió ya no estaba John Renbourn, y en las siguientes reencarnaciones sólo se mantendrían Bert y Jacqui, editando discos dignos y que no manchan el nombre de un grupo que ya no recuperaría la magia de sus primeras grabaciones, cuando los cinco ángulos conformaban una figura única.   

Carlos Rego

 

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