PENÉLOPE Y CARLO

 

 Penélope y Carlo, bossa nova flautística

penelope y carlo

 

    ¿Anomalía o frente reivindicativo? ¿Moda o pasatiempo de temporada? Nada de eso. Penélope y Carlo están aquí para que el ye-yé ibérico, con influencias varias llegadas de los 60, sobreviva al cambio de siglo. Carlo se explica.

 

¿Alguna pista sobre vuestros inicios o andanzas musicales?

– La verdad es que no existen como tales. Nosotros tocábamos en casa para entretenernos. Penélope tocaba instrumentos de cuerda, guitarra y violín, y yo los órganos, sobre todo el Hammond. Como organista, siempre me ha gustado mucho la música negra americana. Pero con nuestras limitaciones, lo que sale es una música ingenua con raíces en el ye-yé hispano.

 

¿Qué fue lo que os abrió definitivamente las puertas al lounge instrumental?

– Es lo que hemos oído siempre. Nuestra actitud no es nada oportunista, porque sabemos que existe una tendencia actual a recuperar el lounge, el easy-listening… Ya cuando era adolescente me gustaba Burt Bacharach, Henry Mancini, John Barry, Serge Geinsbourg… Hemos indagado mucho en la cultura musical de los 60 porque nos apasiona. Vestimos así cuando vamos por la calle y nuestra casa está decorada con muebles de época. Nos gusta todo lo relacionado con aquella década, fundamentalmente la estética, aunque nada que ver con Vietnam o mayo del 68. En cualquier caso, es una cuestión de elección.

 

¿Hay otra portada del disco distinta a la que finalmente salió editada?

– Sí, una portada que diseñó un amigo pero no quedó todo lo bien que quisiéramos en lo que respecta al color o a la definición de la foto. El concepto era bueno: Penélope, pistola en mano, como una chica Bond, con letras moradas y negras sobre fondo blanco. Pero el resultado no estuvo a la altura, así que lo desechamos. Al final nos decidimos por una foto que hicimos en la propia distribuidora El Diablo, de Subterfuge, aunque para la próxima bien podríamos utilizar nuestra casa.

 

¿Cómo surge la posibilidad de grabar un primer disco?

– Nosotros hacemos fiestas en casa desde hace tiempo, dedicadas a cócteles o a temáticas concretas, como películas de detectives o música francesa, por ejemplo. Como tenemos tecnología digital en casa, empezamos a componer música para las fiestas, para los amigos, y las colábamos entre las otras canciones. Uno de ellos las llevó a Subterfuge y, como vieron que encajaba en el proyecto de “Música para un guateque sideral”, nos propusieron el disco. A nosotros nos pilló de sorpresa, porque todo ha sido muy improvisado, aunque no nos podíamos negar ante la posibilidad. Ahora estamos preparando el directo con una banda, acercándonos más a la tecnología y, al mismo tiempo, a los sonidos acústicos, metidos en un berenjenal que no nos lo esperábamos. Lo que nos gustaría ahora es poder contar con una orquesta.

 

¿Recordáis exactamente a qué películas o series de TV corresponden los fragmentos intercalados entre las canciones del disco?

– Entre las películas españolas aparecen fragmentos de El astronauta, Atraco a las tres y Los chicos del PREU. Hay dos concesiones al mundo no ibérico: un trozo de un single de Jim Backus y una frase de Mars Attacks, que es también lo único contemporáneo. Y de series de televisión hay un fragmento de Los vengadores, serie de la que somos fanáticos, más concretamente sacado de un capítulo titulado “La muerte danzarina”, en el que Emma Peel va buscando pistas para solucionar un caso y llega a una zapatería en la que pide unos zapatos a medida, con lo que tiene que mostrar su pie izquierdo desnudo, dejando aturdido al zapatero, y de ahí también la canción dedicada a su pie, una bossa nova flautística.

 

¿Qué hay de sentido del humor en vuestra música?

– Mucho, y creemos que la gente lo capta. Lo comprobamos en los conciertos, en los que el público está con la sonrisa de oreja a oreja. Hay pequeños detalles en las canciones que sí llegan a la gente. Por ejemplo, “Bossanova 2000” intenta reflejar el espíritu de lo que hacían Augusto Algueró, García Abril o Manuel Alejandro, más incluso que intentar reflejar los originales de Antonio Carlos Jobim.

 

¿Cómo salen los títulos?

– En algunos casos vienen antes los títulos, en otros son inspirados por la música o simplemente por una película. Lo que sí tenemos claro es la corriente: como utilizamos un crisol de estilos tan amplio, lo que hacemos es intentar hacer una canción como otra que nos gusta mucho, algo que también ha reconocido Alaska, o con la idea de hacer algo para una banda sonora que nos podrían haber encargado. Y lo que sale, con nuestras pretensiones y nuestras limitaciones, es puro Penélope y Carlo.

 

¿Y qué diferencia había entre lo que hacían García Abril, Alfonso Santiesteban o Augusto Algueró con lo que hacían sus contemporáneos del extranjero?

– Yo creo que todos intentaban universalizar el lenguaje de la cultura popular. Había una pretensión de tocar todos los palos, pero haciéndolo de una forma muy castiza. Canciones como “Será el amor” de Algueró o “El golfo” de Manuel Alejandro para Raphael toman elementos de fuera, pero desde un punto de vista ibérico, con un resultado totalmente ye-yé. Contaban, sobre todo, con músicos de formación clásica que sabían perfectamente lo que se traían entre manos. Los arreglos de Manuel Alejandro, como en “El golfo”, me parecen incluso superiores a los de Burt Bacharach. Lo digo sin dudarlo, ya que son personajes que tengo muy estudiados, aunque te lo digo desde el punto de vista de mi gusto personal. La película está a la venta en una edición muy barata, así que es recomendable su compra, y tampoco es de las peores.

 

¿Hay algo interesante en la resurrección del lounge en los 90?

– Hay gente que si que nos interesa, como Pizzicato Five o Fantastic Plastic Machine. Aunque todos tienen una fijación por la tecnología para modernizar su música que no nos va mucho, mientras que nosotros la utilizamos para que se parezca a lo de entonces. No somos esclavos de la tecnología.

 

¿Qué os parece cómo utiliza la música en las películas Tarantino?

– Lo mejor es la idea de rescatar canciones olvidadas y el gusto con el que las escoge, dándole una fuerza impensable a algunas escenas. Es  muy interesante eso de utilizar canciones que están en el subconsciente colectivo para aplicarlo al cine. Aunque a nosotros nos va más la comedia clásica americana, películas de Billy Wilder, Blake Edwards, los musicales de Fred Astaire, las películas de ciencia-ficción de los 60…

 

¿Compondríais la banda sonora para una película porno?

– Sí, la música que tienen es terrible. Estaríamos encantados. De hecho, compositores italianos de los 60 y 70 o el propio Santiesteban tuvieron que trabajar para el cine erótico para ganarse la vida. Lo importante es tener acceso al cine, sea lo que sea, ya que es un reto interesante componer para imágenes.

 

Por último, ¿algún lugar o combinado recomendado?

            – Los que preparamos nosotros en casa. Y si alguien quiere salir, recomiendo un dry martini o un bloody mary, sobre todo el que preparan en Madrid en el Café del Cosaco, un club de jazz que está al lado de la Plaza de la Paja.

Xavier Valiño

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