PEDRITO DIABLO Y LOS CADAVERAS

Pedrito Diablo y Los Cadáveras, el baile de los justicieros

  

 

  

 

Los antecedentes de Pedrito Diablo y Los Cadáveras podrían dar para una tesis sobre la endogamia y el rock, ya que en sus genes hay algo de la mejor escena gallega de los últimos años: Thee Tumbitas, Los Villanos de Boraville, Pussycats, The Passadenas, Rancho Hambre…y los Cadáveras. Ahora editan su debut, El cuerno del Chivo.

 

¿Cuándo y por qué surge Pedrito Diablo y los Cadáveras?

 

– Hace un par de años la compañía de teatro Troula Animación nos propuso al dúo Los Cadáveras encargarnos de toda la parte musical de uno de sus pasacalles con temática mejicana. Como teníamos total libertad, pensamos que un repertorio surf western podría encajar mejor en el espectáculo que lo que veníamos haciendo. Después de realizar el trabajo para la compañía, y viendo las posibilidades del proyecto, decidimos continuar como banda. Como las nuevas canciones no tenían nada que ver con el garaje low-fi de Los Cadáveras, nos inventamos a Pedrito Diablo para diferenciarlo. Se puede decir que somos la banda de un fantasma. Por otro lado, como tantas otras.

 

Ni cadáveres ni calaveras en el nombre, sino todo lo contrario. ¿Qué queréis representar exactamente con la palabra cadáveras?

– Nos gustan (para nosotros) los nombres que, aunque no estén escritos en nuestro idioma, tengan una raíz parecida, de tal modo que tanto los de allí como los de aquí cojan la idea fácilmente. Pensando en un nombre, y siguiendo esta premisa, se nos ocurrió mezclar dos palabras: calavera y cadaveric. Al final nos quedamos con una palabra frankenstein con acento inglés y sabor a grelo. Por tocar las narices, la verdad.

 

Al ser un proyecto surgido sin planteárselo previamente, ¿fue fácil encontrar un mínimo común denominador entre los componentes del grupo?

– Todos los miembros del grupo somos grandes fans de bandas como The Ventures, Link Wray, Duane Eddy, Trashmen, Dick Dale, Los Destellos, Los Relámpagos o Los Indios Tabajaras, así que el tener una banda de surf instrumental era algo que tarde o temprano teníamos que hacer. Esta fue nuestra oportunidad y no la dejamos escapar.

 

¿En qué coinciden vuestros gustos y en qué se separan?

– Cuando vamos en la furgoneta embrutecidos todos coincidimos en Beasts of Bourbon, The Stooges o The Cramps, y sí nos ponemos cantarines nos arrancamos con “Rockeros” (Los Perros,) “Crapulismo” (Motociclón) o “La raya” (Obús) que son lo más. También estamos de acuerdo en que Morricone, Alessandro Alessandroni, Love, Fairport Convention, Flying Burrito Brothers o Syd Barrett son ideales para la vuelta. En cuanto a las diferencias… por el momento no hemos descubierto nada grave digno de mención. 

 

¿Erais un trío al principio al que añadisteis un segundo guitarra y un trompeta? ¿Fue para la grabación del disco, para el directo…?

– Éramos un trío al principio por limitaciones de la compañía de teatro pero las canciones estaban compuestas con dos guitarras y trompetas, por lo que en cuanto nos “independizamos” añadimos los elementos que faltaban.

 

Algunos os descubrirán con vuestro debut, pero ya veníais tocando con anterioridad. ¿Cómo ha sido este tiempo de directos y dónde habéis tocado?

– Todos los conciertos que hemos hecho hasta ahora por Galicia nos han servido para ir dando forma al proyecto y consolidarlo. El ritmo del show, la estética y el sonido son cosas a las que le hemos dado muchas vueltas durante este tiempo, pero es ahora cuando estamos listos para cortar cabelleras por el mundo.

 

¿Y para el disco, qué buscabais? ¿Cómo se compuso y qué se planteó para conseguir el sonido que teníais en vuestras cabezas?

– Las canciones las compusimos alrededor de una mesa con marisco, vino y escopetas en mano, de tal modo que lo único que nos pudiera molestar, si llegara el caso, fuese el vecino del otro lado del planeta. Como los temas resultaron muy brillantes y melódicos, pero a la vez enérgicos, nuestra principal preocupación era captar todos estos detalles sin perder esa potencia que sólo el buen marisco da.

 

¿Se consiguió finalmente? ¿Algo que hubierais cambiado?

– Estamos muy contentos con el resultado final y esto debemos agradecérselo en gran medida a los estudios Muu! de Vigo, un estudio con una acústica impecable dirigido por una gente maravillosa. En cuanto a si cambiaríamos algo, pues claro, siempre es así, pero esto forma parte del estado de paranoia en el que sueles quedarte tras una grabación tan intensa. En realidad está perfecto.

  

  

  

 

¿Cómo veis la escena del surf (o música instrumental, que no sé cómo preferís llamarla) en España? ¿Bastantes bandas, pocos discos?

– Hay muy buenas bandas instrumentales en España: Los Twangs, Imperial Surfers, Los Tiki Phantoms, Los Vibrants o Los Supertubos son buena prueba de ello. Tenemos algún que otro festival como el Surforama o el Surfing the Lérez que ayudan al género. El problema, como para cualquier empresa, es poder darle continuidad para que esta se consolide y, tal y como están las cosas -el mercado discográfico, los cachés, la venta de entradas…-, es dificilísimo mantener en pie una banda, un sello, una sala o un festival, sean de surf o de cualquier cosa. Por eso los supervivientes tendrán, sin duda, un hueco en el cielo… o el infierno. Pero un hueco, al fin y al cabo.

 

¿Qué se puede aportar desde las Rías Baixas a ese estilo? ¿Es posible innovar en algo con unos parámetros tan marcados?

– Es cierto que cuando nació el proyecto seguimos un patrón claro para centrar el sonido pero, una vez asentamos las bases, hemos ido añadiendo elementos que nos diferencian del género al uso. Algunos guiños a la psicodelia, a la música latina o incluso al jazz hacen que tengamos un sonido especial. De todos modos, lo normal es que estos matices se vayan apreciando más en nuestros directos y en futuros trabajos que en nuestro disco debut.

 

¿Y cómo influye en la música ser de ahí? ¿Hubiera sido distinto de venir de otro lugar?

– Creo que en el sur de las Rías Baixas pega una brisa especial muy propicia para la música. Desde finales de los 70 no han dejado de salir bandas cojonudas de distintos palos llegando a existir ciertas escenas de casi todo: punk, hardcore, rock-a-billy, heavy metal, garage, ska… incluso hay algún indie. Supongo que si fuéramos de otro lugar se notaría menos nuestra tendencia hacia la endogamia.

 

Están claras las influencias del spaghetti-western, con ecos de Sergio Leone, Nino Rota o Sergio Corbucci, y ahí está para probarlo un vídeo tan claro como “Desenfunda forastero”, el texto de la carpeta del disco y la mayoría de los títulos. ¿Cómo se ve y se aprecia ese género tan polvoriento y caluroso desde el Norte?

– Durante años la TVG no dejó de poner westerns a todas horas. Incluso tenemos a nuestra propia estrella del western recientemente fallecido, de nombre artístico John Balan, una leyenda… Sin duda, el género ya forma parte de la idiosincrasia de nuestra generación. Simplemente hemos cambiado el bourbon por licor café. El resto está asimilado.

 

Por cierto, ya que me gusta mucho la película Mogambo, ¿el título es un homenaje a la película?

– John Ford nos encanta pero, siendo sincero, hicimos la canción pensando en un club de Vigo que se llama como la película. Se trata de un local en el que lo pasamos de cine, eso sí.

 

¿Qué otros homenajes hay en el disco?

– El disco en sí mismo es un homenaje a toda la estética y música de los spaghetti-western así como a la música latina de los 70 (nuyorikan…). 

 

¿Qué versiones hacéis en directo, además de la de The Ventures que viene en el álbum?

– Dependiendo del día, tocamos unas u otras, pero te puedo decir que es fácil que caigan “Breakin’ the Law” de Judas Priest, “Dos cruces” de Carmelo Larrea, “Surfin’ the Nile” de Link Protudi… y hasta ahí puedo leer.

 

Green Cookie, el sello que lo edita, ¿es vuestro?

– Se trata de un sello griego de rock and roll que tiene entre su catálogo bandas internacionales como Speedball Jr, The Ultra 5, The Dadds o Los Venturas.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en la música?

– Hay muchísimas, pero quizás gane una en la que uno de nosotros (llamémosle Pedrito) acabó en un Ayuntamiento delante de la Concejala de Cultura únicamente vestido con una toallita de manos. Esta malamente cubría sus partes y, empapado de una mezcla de sudor químico y alcohol, se empeñaba en normalizar la situación.

  

 

 

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