PAUL WELLER

Paul Weller, la mod-isea terrenal

         Si hay alguien en el panorama británico con una credibilidad consolidada en 25 años de carrera musical, ése es Paul Weller. A sus 42 años, después de su excepcional andadura con The Jam y su interesante aventura con Style Council, continúa en activo en solitario. Su último trabajo es  Illumination, un disco que recoge una buena representación de los sonidos que ha venido ofreciendo en las dos últimas décadas.

Lo primero, recordarle sus tiempos en contra de Margaret Thatcher y al lado de la sociedad británica castigada por su política. “Todavía conservo los mismos principios,” dice con cautela. “O sea, una cierta clase de socialismo, igualdad para la gente, hacer lo que es justo para la sociedad. Pero me quemé en los 80, así que soy cínico y suspicaz. Sólo vas a ser usado por los políticos y nada más. Soy muy escéptico con ellos. Y una vez que has tenido una familia como mucha gente, te quedas atrapado en eso y sólo te preocupa que estén bien.” 

Incluso su conciencia social parece que ha evolucionado. “No todo es blanco o negro,” suspira, como con nostalgia de la época en que era considerado un héroe de la clase obrera. “Parece que pierdes tu clase social si tienes éxito en lo que haces. Tampoco me gusta pensar que soy de clase media sólo porque tengo dinero. No quiero formar parte del partido o la clase social de nadie.”

A pesar de todo, no siempre está a la defensiva. “Mi estado de ánimo es muy variable y extremo, tal vez al borde de la depresión maníaca.” Tal volatilidad le ha llevado a bastantes cambios en su carrera y le ha dado la inspiración para alguna de sus mejores canciones: “My Ever Changing Mods”, “Changin’ Man” o “Brand New Start”. Paradójicamente, Weller ha llegado a representar una clase muy particular de consistencia y confianza entre la escena musical británica. 

“Todavía creo en la música,” dice. “Es la llave para un montón de cosas para mí. Y en la música siempre se puede confiar. Todavía puedo volver a canciones que me atraparon y aún lo hacen. Eso es lo que intento: crear algo que vaya a durar y que tenga algo más de profundidad dentro.”

 Weller casi se disculpa cuando admite que “la música es una de las pocas cosas que me interesan”. Dice que lee mucho (“sobre todo libros sobre música”) y escucha música todos los días (“una selección amplia, pero, sobre todo, reggae y jazz en este momento”). Dice que se siente fascinado por las conexiones entre los distintos géneros musicales. “De lo que había en  Heliocentric, probablemente no podrías decir que escuchaba a  John Coltrane, pero también me inspira el espíritu de esa gente y no sólo su forma de tocar.” También admite que practica con su guitarra todos los días, “sólo por el placer de tocar, por la forma en que te pierdes cuando lo haces, da igual adónde te lleve. Pero también estoy componiendo siempre. Eso es lo que hago en la vida.” 

Para alguien que ya ha editado tres colecciones de éxitos en su carrera, Weller admite, curiosamente, que no se considera prolífico. “No es que esté sentado aquí con 16 canciones en la recámara. Tengo un montón de pequeños fragmentos de acordes y melodías, tal vez unas líneas escritas, y tiendo a reservarlas hasta que puedo hacer que funcionen. Pero siempre ha sido un desafío para mí.” 

Su intención, dice, es “tener un grupo de canciones a final de año”. Muchos de sus discos, en especial con The Jam y Style Council, tenían un marco conceptual, pero en estos días no busca nada parecido. “No tengo ninguna pretensión así. Creo que se trata de hacer buenas canciones y, a veces, de grandes canciones. Y ése es el concepto. No necesito vestirlas de ninguna forma. Ya soy muy viejo para ello. La música debería ser lo suficientemente fuerte e inspiradora. Y parece que lo es.”

De su amplia cultura musical ha sacado conclusiones que le han abierto nuevos campos. “Por lo que a mí respecta, toda la música folk indígena del mundo tiene las mismas raíces: sólo se trata de diferentes ramas. Es parte del mismo árbol, y creo que es un concepto más grande que cualquiera que yo pueda aportar. Hay una magia especial cuando haces un gran concierto, y ése es el sentimiento que me hace volver una vez más.” 

La familia también es una de las cosas más importantes para Weller. “Lo que hay de magia en la música no lo puedo encontrar en ningún otro aspecto de la vida, excepto lo obvio: estar con los niños y la familia.”

Desde que despertó la curiosidad del público en 1977 como compositor a los 17 años, rebelándose contra las injusticias de la sociedad, su padre ha sido su manager. Ésa relación se ha mostrado como el elemento más consistente de su cambiante carrera, con su padre al mando de los negocios. “Él es más rock and roll que yo,” dice de su padre. “Él me empuja a la carretera otra vez. Tal vez quiere escapar de mamá.” Ya, sin bromas, Weller se muestra sincero en su lealtad. “Es una persona única y hemos tenido mucha suerte, ya que siempre hemos tenido una relación muy fuerte.”

A su edad, ya cuenta con retrospectivas de The Jam, Style Council y su carrera en solitario, así como un disco de tributo por otros artistas como Oasis o los Beastie Boys. “Mi testimonio”, dice sonriendo. “Me sentí honrado, pero todavía prefiero las canciones originales”. Aún así, no mira atrás: “Me gustaban entonces y ahora me gusta el presente. Y ésa es un parte de ser un modernista, del concepto mod.”

Así que aún mantiene los valores del movimiento juvenil de los sesenta que le inspiró cuando era un joven de actitud punk. “Aún lo amo. Si tengo algún código en la vida, todavía es ése. No se trata de la ropa y la música, es una cierta visión de la vida. Trata de tomar lo que es bueno, tanto sea del pasado como de ahora, y usarlo. No me gusta pretender que estamos en 1965. Me gusta pensar que es el 2002 y todavía sigo adelante. Mi hija recién nacida es una niña del espacio. ¡Una mujer del siglo 21!”

            Después de decirlo, se queda sorprendido por su pequeño discurso e intenta aclararlo. “Me gustaría componer la banda sonora de lo que acabo de decir. Música mod moderna,” dice, como si la idea se le acabase de ocurrir. Y después, con una sonrisa: “Tal vez me quede un disco conceptual dentro: 2001, una mod-isea espacial”. 

Xavier Valiño

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