LOVE OF LESBIAN

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON VERANO EN LISBOA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 2005


 

Love Of Lesbian, pornografía emocional

 

 

         Tras Microscopic Movies (Pussycats, 1999), Is It Fiction? (K Industria, 2001) y Ungravity (Naïve, 2003), Love Of Lesbian dan el gran salto triple sin red: su conversión el castellano convence, atrapa y resulta en uno de los discos imprescindibles del 2005, Maniobras de escapismo. Santi Balmes (voz, guitarra y teclados) nos pone al día de un paso con tanto riesgo como beneficios evidentes para el grupo catalán.

 

¿Es éste vuestro disco más variado?

– Sí, creo que sí. Es una variedad que viene dada por las letras. Supongo que me encontraba en un momento mega bipolar en mi vida, en el que pasaba de la risa absoluta al llanto desconsolado. Realmente ha sido un año emocionalmente tropical. Tormenta y sol.

 

¿Puede que el cambio de idioma haya traído también intención de soltarse más musicalmente?

– La cuestión es que nos dimos cuenta que las letras condicionaban muchísimo más los arreglos que anteriormente. Había unas imágenes muy vívidas, así que decidimos extremar la intencionalidad en cada tema, como una colección de relatos.

 

¿Surgió el castellano de forma natural?

– Todo vino a raíz de bajar del escenario del Primavera Sound 2004 inmerso en una terrible crisis comunicativa. No me arrepiento de nuestros anteriores discos en inglés, pero era innegable que había un muro de comunicación entre la banda y el público que tenía que romper. Aparte, me daba bastante rabia que la mayoría de las personas no entendieran unas letras que no eran vulgares, pero sabía que el primer paso de acercamiento lo teníamos que dar nosotros.

 

Mishima, Les Phillipes, Sidonie, Standstill, Deluxe o El chico con la espina en el costado también están en el proceso, más o menos avanzado, de cambiar de idioma. ¿Os sentís cerca de estos grupos?

– Me siento muy cerca de la mayoría de estos grupos, más que nada porque hemos compartido escenario con la mayoría, y porque todos son muy majos. Yo creo que el cambio obedece a un proceso de evolución lógica en todas estas bandas. Hay un momento en el que intuyes que ya lo tienes todo dicho en un formato tan suicida como es el inglés en este país, y que necesitas probarte de nuevo, definir una personalidad mucho más contrastada, buscar tu propio espacio expresivo y, a poder ser, que sea único.

 

¿Ha sido más laborioso el proceso de composición?

– Sí, desde luego. El castellano te induce, indefectiblemente, a ser más concreto, y eso exige ser muy sincero o muy imaginativo. Hay cierto tipo de abstracciones que se dan en las letras en clásicos del pop inglés, que, traducidas al castellano, suenan terribles. El formato del castellano obligaba a un reset mental, exigía pensar y sentir en castellano.

 

La canción “Maniobras de escapismo” me trae a la memoria el mejor grupo gallego de todos los tiempos, Golpes Bajos. ¿Habéis seguido su obra?

– Coppini es grandísimo, así como todas las bandas en las que tocó. Hay algo en las letras que salían de Galicia en aquella época que me siguen pareciendo de lo mejor que se ha hecho nunca en España. Esa mezcla de humor enfermo, localismo e internacionalidad a la vez, mezclado con algo que solamente puedo atribuir a la meteorología, una resignación gallega que se emparenta curiosamente con el catastrofismo catalán. Puede que ambos extremos de la península se toquen, ¿no? Para mí, Golpes Bajos y Siniestro Total son una escuela, aunque no un espejo, claro.

 

Una de mis favoritas es “Houston, tenemos un poema”. Supongo que se trata de un guiño a Bowie. ¿Qué más nos podríais decir de la canción?

– Es una canción anti heroica. La tenía en inglés, y el estribillo era muy épico, así que me dije que la letra tenía que ser justo lo contrario. En ella hablo de la cobardía de la mayoría de nosotros. Creo que incluso los cobardes merecen un himno. Cobardes del mundo, compren Maniobras de escapismo.

 

Vuestros textos se revelan tragicómicos. ¿De dónde sale la inspiración?

– De mi bipolaridad. Hay algo químico en mi cabeza que funciona siempre, o en exceso, o en defecto. Deben ser los niveles de serotonina que los tengo súper alterados. Puedo pasar de creerme un genio a una basura de persona en cuestión de segundos.

 

¿Había intención de conseguir un tema o un hilo común, tanto en los textos como en el sonido?

– No. Hubiera sido imposible. Las letras reflejan la vida de un personaje desequilibrado, así que no nos comimos demasiado la cabeza en darle una línea estilística horizontal, sino reflejando estos altibajos.

 

Me da que el orden de las canciones está bastante pensado. ¿Qué pretendíais?

– El orden fue lo peor, nos llevó 15 días confeccionarlo. Hace poco leí a un chaval en su diario que decía que “Maniobras de escapismo es un disco que no tiene ni pies ni cabeza, pero sus canciones, una por una, son verdaderas joyas”. Eso me tranquilizó.

 

¿Ha habido algún artista o disco clave a la hora de plantearse maniobras de escapismo?

– No. Hubiera sido un error; eso se hace en los primeros discos. Escuchamos mucha música, pero ya no nos influye tanto como antes. Pero, de todas maneras, no creo que lo que escuche uno tiene que ser determinante, sino el recipiente mental donde va a parar esa influencia. Si tienes poca personalidad, puedes hacer un calco, por ejemplo, del último disco de The Arcade Fire. Pero si tus locuras o emociones son muy vívidas, estas influencias quedan muy diluidas en el proceso final. Creo que todo radica en ser sincero, hacer pornografía emocional de ti mismo.

 

¿Cómo está siendo hasta ahora la recepción a vuestro cuarto álbum?

– Mejor que cualquier disco anterior. Los comentarios exacerbados me hacen pensar que tendríamos que haber cambiado al castellano antes, la verdad.

 

Después de seis años, ¿cómo se ve la escena de la música independiente en este estado?

– La escena independiente goza de muy buena salud. Pero… ¿Y las radio fórmulas? ¿Y los canales de televisión? Creo que siempre formulamos la pregunta al revés. El mainstream en este país es de lo peor que conozco. Envidio la cultura musical de Portugal.

 

¿Cómo os gustaría que se recordase este disco?

– Como un clásico de la primera década del 2000. ¡Toma ya!

 

Xavier Valiño
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LES TRES BIEN ENSEMBLE

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON VERANO EN LISBOA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 2005


 

Les Très Bien Ensemble, exquisito manjar francófilo y francófono

 

 

“Me gustan todos los acordes, aunque siento predilección por el La Mayor, pero también depende de la temporada. Todos los acordes son buenos si están correctamente colocados”. Quien pronuncia estas palabras es Suzette, principal compositora y cantante coqueta al frente de Les Très Bien Ensemble, un grupo francófilo y francófono con residencia en Barcelona que hace del buen gusto y la elegancia inherente a la música gala la razón de ser de su existencia.

 

Como si fuera una de las idolatradas musas de su héroe Serge Gainsbourg, Suzette sabe cantar y actuar haciendo que su voz suene sexy, o infantil, o ambas cosas a la vez. En la cabaretera y cimbreante “Ne lui dis pas à Maman”, que cierra su nuevo disco, homenajea a Edith Piaf y al oficio más viejo del mundo: “Siento un profundo respeto por el oficio de la prostitución. Las chicas me caen bien. A menudo pienso que es mi vocación frustrada. (…) A menudo me he sentido una de ellas, ¡cosa que mi madre no debe saber jamás! No lo entendería”. Reflexiones de una Lolita del nuevo siglo, que sin embargo en el mismo disco dedica una deliciosa canción (“Les Vacances”) al despertar hormonal de los primeros veranos de adolescencia, con una melodía ye-yé inspirada en France Gall (risas incluidas).

 

Pero hemos empezado por el final. El disco comienza con un precioso instrumental, una postal del Montmartre bohemio y de la estética de las películas de Jacques Tati, para a continuación pasar al primer homenaje directo a Serge Gainsbourg, una espléndida canción dedicada a la madre de Suzette (Hélène) que sigue la fórmula de la voz masculina -en este caso Philippe– respondiendo a la frágil voz femenina, y que cuenta también con unos excelentes arreglos de cuerda en la mejor tradición de Michel Colombier.

 

“Gronde moi”, por su parte, es un recuerdo al padre de Suzette, con un aire a los años 50 reafirmado por la batería con escobillas y el sonido de las guitarras. Esta querencia por los años 50 se confirma en otro tema, “En attendant Raskolnikov”, que es una feliz actualización del sonido doo-wop, pero el sonido del disco está evidentemente más enraizado en las grabaciones clásicas de los 60, con esos exuberantes arreglos orquestales que parece como si hubieran sido encargados a un arreglista de bandas sonoras de la época. De hecho, en la grabación del disco se ha usado material analógico, microfonía de válvulas y mucha paciencia, para recrear esas sonoridades clásicas y transportarlas hasta nuestros días con una nueva vigencia.

 

“Siguiendo con el repaso a este disco, “La Poupée” es una canción pizpireta y alegre con un sonido de steel guitar casi hawaiano, y “Toi et moi” tiene un aire de soul blanco que nos recuerda a LOVE, pero también a compañeros de sello en Elefant como Camera Obscura o los primeros Le Mans, además de comenzar con un órgano entre barroco y pre-psicodélico en la línea de The Left Banke y contar con un arreglo de violines al más puro estilo de Belle & Sebastian”. Buenas referencias no les faltan, desde luego.

 

“El folk-pop a lo Françoise Hardy, el otro polo que enmarca sus travesuras junto al omnipresente Gainsbourg, aparece en “Sous le soleil”, un susurro al oído con arreglos de mellotron de flauta travesera y atmósfera de película de erotismo soft (no en vano Suzette participó hace poco en un recopilatorio de versiones interpretando el tema principal de la película “Emmanuelle”)”

 

“Les Tigresses” revela la procedencia española del grupo con un sonido familiar que parece compuesto por el mismísimo Augusto Algueró, y para acabar el disco con euforia tenemos el crescendo y el apropiado título de “C'est fini”, el perfecto broche a este magnífico debut en el que nuestra Lolita particular se despide con cariño, repitiendo: “Adieu mon petit, bon courage”.

 

Pero, ¿qué hay del grupo? Todo comienza a finales de enero del 97, con el encuentro de Suzette y Philippe tras un concierto del grupo en el que por aquel entonces militaba la primera (Me duele el corasson). Ambos descubren que comparten adoración por el pop francófono más elegante y seductor, desde Michel Polnareff hasta Katerine, pasando por el inevitable Serge Gainsbourg y su séquito de voces frágiles y perversas a partes iguales (France Gall, Jane Birkin, Brigitte Bardot). Era inevitable que acabasen formando un grupo juntos, un grupo en el que, por supuesto, todas las canciones estarían interpretadas en francés.

 

El nombre de la banda viene de la canción “Michelle”, de los Beatles: “Michelle, ma belle, sont les mots qui vont très bien ensemble” – “Michelle, querida, son palabras que van muy bien juntas”-, decía McCartney. La formación se completaba con Michel y Jacques.

 

En sus inicios, su repertorio se basa fundamentalmente en versiones: del gran Serge Gainsbourg interpretan “L´anamour” -también popularizada por la simpar Françoise Hardy-, y “Les Sucettes”. También toman prestadas joyas de Katerine – “Samba des jours benis” y “Le plus beau jour de ma vie”- y suelen cerrar aquellas primeras actuaciones con “La poupée qui fait non” de Michel Polnareff, otro de los grandes.

 

Sin embargo, en sus conciertos cada vez hay más canciones propias, como “Je veux étre un symbol sexuel”, o “La fille la plus douce du monde”, ambas cortesía de Suzette. Además de los grandes compositores y las sensuales voces antes citadas, otras fuentes de inspiración a la hora de componer son las bandas sonoras de la nouvelle vague, y la bossanova brasileña.

 

Tras un pequeño parón, motivado en gran parte por el tremendo éxito de Los Fresones Rebeldes, otro de los grupos de Michel y Philippe, Les Très Bien Ensemble vuelven a ensayar y a actuar en enero del 99 en una fiesta junto a Hello Cuca y The Surfin' Eyes -que también cuentan con Michel en sus filas, ¡cuánta actividad!-. Poco después se incorpora a la formación Paul de Los Soberanos, para introducir algunos detalles de órgano.

 

Con esta nueva formación se presentan en el Sidecar barcelonés junto a Krypton. Una cinta con dicho concierto llega hasta Elefant, que les ficha inmediatamente. Al poco tiempo graban su primer disco, con cuatro canciones (las dos canciones propias antes citadas más sus versiones de “L´anamour” y “Les Sucettes”) que se edita en forma de single de vinilo y CD-Single a principios de julio.

 

Su presentación en Madrid tiene lugar el 18 de Septiembre, en una fiesta homenaje a Serge Gainsbourg en la sala Siroco, junto a Los Caramelos y The Glitter Souls. No han podido presentarse en directo en demasiadas más ocasiones, debido a que Suzette se traslada una temporada a Francia.

 

Como nota curiosa, a finales del 99 una tienda de discos japonesa de Internet (Syft Records) selecciona su CD-Single como uno de los discos destacados del mes, y ofrece a sus clientes la posibilidad de escuchar una de sus canciones. Por otra parte, “La fille la plus douce du monde” es elegida por los oyentes del programa “Disco Grande” de Radio 3 como una de las mejores de 1999.

 

En marzo de 2001 editan un nuevo single en el que se incluye una versión de Brigitte Bardot (“Ça pourrait changer”) y tres nuevas canciones del grupo, en la que las influencias bossanova se hacen más presentes. En él ya no está Michel, que abandonó la formación poco antes de la grabación. En Noviembre, el grupo telonea a los estadounidenses The Ladybug Transistor en la sala Apolo de Barcelona.

 

El 23 de Febrero de 2002 participan en el Mini Pop Festival en Barcelona, junto a Sing-Sing, Vacaciones, The Relict, Orlando y otros. La nueva formación del grupo incluye a Lucien Bulles (guitarrista de Bubbles) al órgano y Serge Clavier (de los desaparecidos Curious Lane) a la batería.

 

Xavier Valiño
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LAMATUMBA 2005

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON VERANO EN LISBOA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 2005


Lamatumbá, fuego y soles

            Lamatumbá llegan a su tercer álbum concretando mejor que nunca su mestiza propuesta. El primero disco, Pachangüilanuí, apareció en el 2001. Dos años más tarde registrarían su segundo artefacto sonoro, esta vez con cinco canciones. Ahora, en el 2005, editan Lume (para que saia o sol) Fuego (para que salga el sol)– con el sello lucense Falcatruada, un álbum que los está dando a conocer en el resto del Estado gracias a giras como la que han realizado recientemente junto a Bersuit. Nos presentan este disco Ico, cantante, y Abraham El Niño -guitarras-.

¿Por qué cambios ha pasado Lamatumbá en estos tres discos?

            – Ico: Además de los cambios de formación que viven muchos grupos, los cambios más evidentes y sustanciales están referidos a nuestra actitud, tanto en las grabaciones como en los conciertos. Intentamos, además de hacer bailar, remover un poco las ideas de la gente que nos escucha, que haya una estrecha comunicación entre ellos y el grupo. En las anteriores grabaciones, nos faltaba la manera de comunicar: no sabíamos cómo decir lo que queríamos contar, no teníamos fijado un camino por el que andar. En este disco contamos muchas cosas y todas ellas forman parte de una historia que habla de esperanza, de amor, de verbenas, de caminos y de fuego.

¿Se podría decir que éste es el primer disco que realmente os sale como queríais?

            – Ico: En este disco estamos todos representados, no sólo los miembros del grupo, sino que detrás del nombre de Lamatumbá conviven muchos amigos, público y familiares que hicieron nacer al grupo, lo vieron crecer como nosotros. Ellos forman parte, como nosotros de Lamatumbá, ellos son Lamatumbá. De esta manera, todos formamos parte de la creación de este disco. La gente escucha el disco y nos dice que le ha gustado, que se lo ha copiado a sus colegas; entonces deducimos que sí nos ha salido cómo queríamos.

¿Cuál fue el régimen de grabación impuesto por Kaki Arkarazo en sus estudios? ¿Cómo fueron las sesiones?

            – Ico: Cuando contactamos con Kaki, lo hicimos por las referencias que teníamos de él, de su trabajo con Negu Gorriak, Nación Reixa y Os Diplomáticos de Monte-Alto, quisimos que entendiera la idea de nuestro trabajo desde el primer momento. Nos vio en directo y comenzamos a hablar sobre la grabación. Durante las grabaciones, el ambiente fue muy distendido, conversando en todo momento sobre los temas, proponiendo nuevos aspectos. Kaki nos ofreció una visión que nosotros no habíamos conocido hasta ese momento, la de la producción, además de comprender perfectamente la idea que queríamos transmitir y trabajar codo con codo con nosotros hasta llegar a ella.

            – El Niño: Fueron todas sesiones largas, pero con flexibilidad dependiendo de cómo fueran marchando las cosas. Teníamos un orden hecho de antemano para grabar, pero se fue modificando poco a poco. En resumidas cuentas, estábamos cuatro o cinco horas por la mañana y tres o cuatro por la tarde… Por la noche, Kaki se iba y nos quedábamos con los samplers y la programación en el ordenador de Pedro. También trabajábamos algún sábado y alguna noche que Kaki se podía quedar. Uno de los temas lo grabamos de noche, con licor café y carallada

¿De quién fue la idea para las ilustraciones? ¿Por qué quisisteis contar con David Rubín?

            – El Niño: Lo que nos parecía bonito era la posibilidad de poder narrar de alguna manera lo que intentábamos transmitir musicalmente. Lo que interesaba era que se pudiese reflejar que Lamatumbá es un colectivo que se nutre de muchas fuentes y en el que hay un espíritu multicultural. Por otra parte, David, además de ser un magnífico ilustrador y un sobresaliente creador de cómic, es una persona que conoce muy bien al grupo desde sus comienzos, y, de alguna manera, siempre ha formado parte de él. Tiene las ideas muy claras y consiguió expresar, tanto en el libreto como en la portada, el hilo conductor que hemos intentado llevar a lo largo de la exposición de las canciones, hilo guiado siempre por el lume (fuego) y todo lo que eso lleva consigo.

¿Os llegó la inspiración de este disco de un relato de Galeano?

            – El Niño: No. Galeano influye lo mismo que tantos otros. Lo que sucede es que el fragmento que se cita en el disco habla de fueguitos que uno lleva en su interior, que te llenan de energía y fuerza, y que son los que, de alguna manera, constituyen tu vida y tu manera de afrontar las cosas. Algo, el fuego, tan íntimo como universal, presente en toda reunión, en toda comunicación, y lo que te empuja a la vida, a hacer y decir cosas. Todo esto se ajusta bastante a nuestra idea de Lume.

– Ico: El proyecto nació y, poco a poco, se le fueron añadiendo ideas que pudieran acompañar y clarificar el cuento que narramos con el disco. El texto de Galeano fue una de esas ideas, en el que vimos reflejado mucho de lo que queríamos contar: todos somos fuegos que arden de distinta manera. Nuestro fuego, Lume, es lo que nos hace enfrentarnos cada mañana a un nuevo día, lo que te anima a decirle a alguien lo mucho que lo quieres, lo que nos hace recordar a los que ya no están con nosotros, lo que hace que intentemos cambiar, evolucionar y que el mundo cambie con nosotros. Los textos de Galeano nos han ayudado a escribir más de una canción como “Licor Café”.

¿De qué canción habéis quedado más contentos?

            – El Niño: Habría mucho que decir… Quizá merecería la pena citar “La despedida” porque es uno de los temas más queridos por el grupo, por todas las circunstancias que rodearon y empujaron a que ese tema fuese compuesto: al ser uno de los más antiguos, era especialmente difícil poder reflejar en él la frescura y la ilusión que queríamos imprimir en el disco. Mientras lo íbamos grabando, poco a poco empezaba a parecer un tema nuevo, cantado y tocado como la primera vez, manteniendo el cuerpo original de la canción, pero modificando los pequeños detalles, que son, al final, los que decantan un cambio.

– Ico: Este disco cuenta una historia, por lo que su sitio está justificado por un argumento, las canciones forman parte de ese argumento, de ese cuento. Todas cuentan algo sobre nosotros, sobre aspectos de nuestra vida, situaciones que hemos vivido y todas cuentan parte de esa historia, por lo que destacar una de ellas sería como no contar algún episodio. Estamos orgullosos de todo el disco.

Es un buen momento para la música mestiza, ¿lo vivís así?

            – Ico: No nos importa si hacemos un tipo de música concreto o si nos pueden meter dentro de alguna categoría. Nosotros hacemos música y lo que quepa dentro de ella depende de cada momento. Nos gusta llamar a lo que hacemos ‘verbena’ pues en ella cabe todo, sin disculpas de ningún tipo. Es cierto que salen muchos grupos de mezcla, pero debemos tener presente que esa mezcla debe ser personal, con carácter; si se pierde la esencia, sea cual sea, se pierde todo.

            – El Niño: Lo que vivimos es que hay muchos grupos que tienen muchas cosas que decir y que, poco a poco, van encontrando algún hueco para decirlas, que es, más o menos, nuestro caso. Nos hemos encontrado a lo largo de estos años a mucha gente así, pero el mestizaje siempre es insuficiente. Lo que es bonito es poder trasladar musicalmente determinadas ideas sociales y políticas como la fusión, que respeta la diferencia, o el mismo mestizaje.

Parece que tenéis cierta soltura con muchos estilos, ¿cuál se os resiste y cuál os negaríais a tocar?

            – El Niño: ¿Por qué deberíamos negarnos a ningún estilo? Lo importante es definir de una manera propia lo que recoges por ahí, venga de donde venga y sea lo que sea. Aunque tampoco nos sentimos obligados de ninguna manera a estar cambiando de estilo a la mínima oportunidad. No hay una fórmula para esto. Todo depende, y nosotros somos tantos…

– Ico: En la verbena cabe todo. No tenemos un estilo definido y tampoco lo buscamos; nuestra música cambia en cada momento. No nos negamos a tocar nada, ya que todo puede enriquecer. Hay que tener los oídos abiertos siempre.

¿Algún problema o anécdota por vuestros textos reivindicativos?

– Ico: Siempre tenemos, como muchos otros grupos, las típicas exigencias de los medios: esta canción no puede sonar, no puedes llevar esa camiseta. En cualquier medio de comunicación existen temas que no se pueden criticar.

            – El Niño: Las cosas hay que decirlas con la cabeza bien alta o no decirlas.

¿Os sentís parte de una tradición que arrancaría con Os Resentidos y continúa con Os Diplomáticos de Monte-Alto? Incluso creo que podemos retroceder hasta Los coyotes.

– Ico: Todos esos grupos que nombras fueron pioneros en varios aspectos, pero sobre todo en acercarse a la música gallega o latina desde el punto de vista del rock. Nosotros guardamos nuestra tradición en muchas de nuestras canciones, melodías, letras… Beben directamente de la tradición gallega, en algunos casos de la portuguesa, pero también reconocemos el gusto por las culturas más lejanas, como Brasil, Rumanía… A los tres grupos le debemos mucho, a cada uno lo suyo.

            – El Niño: Es indudable que fueron pioneros en cuanto a mezcla musical hecha en Galiza. Pero las semejanzas que nos unen no son más profundas que las diferencias que nos separan. Si hay detrás nuestra una tradición, ésa es la del Cuco de Velle. Pero no hay herencia sin transformación, y nosotros hemos adaptado ese espíritu a nuestro contexto.

¿Qué se le puede decir a quien no conozca a Cuco de Velle, vuestra referencia?

            – Ico: O Cuco de Velle fue una persona increíble que la montaba allí por donde pasaba. Con unos amigos fundó La charanga, y en la palloza hacía sus ensayos los domingos a la hora de los vinos. Nosotros intentamos recordar la potencia de esa banda, de sus composiciones, que iban desde las muiñeiras hasta las habaneras. Era un todo terreno que mezclaba lo que caía en sus oídos para hacerlos suyo.

            – El Niño: Como decía un señor de Ourense afincado en Lugo, “cuando todo estaba prohibido sólo teníamos al Cuco”. Las reuniones que él hacía eran realmente verbenas al más puro estilo tradicional, donde no había más que comunicación musical y espíritu de fiesta, descontando, por supuesto, todo el proceso de recuerdo y memoria que hizo de tantas músicas que estaban olvidadas.

¿Preserva Lamatumbá el espíritu de las verbenas gallegas?

            – Ico: Intentamos recuperar ese espíritu de charanga, de verbena, pero con la intención de intercambio, de que exista comunicación entre el público y el grupo, esa comunicación es la energía o lume. En nuestra verbena no sólo caben los éxitos del verano, no sólo hacemos bailar, sino que queremos que la comunicación fluya y termine convirtiéndose en un intercambio de ideas. Intentamos modernizar las verbenas.

            – El Niño: Lamatumbá propone, más bien, una verbena actualizada a estos tiempos y a este contexto en el que vivimos, una verbena del siglo XXI. Por lo tanto, muchas cosas han cambiado, pero el espíritu festivo es indudablemente el mismo. Quizá reivindicamos con más desparpajo y sin ningún miedo.

¿Cómo aparecisteis en A feira das mentiras? ¿Habéis tenido más trato con Manu Chao?

            – Ico: Conocimos a Manu hace unos cuantos años en Galicia cuando planeaba lo de A feira, charlamos, cantamos, lo pasamos bien. En A Feira nació el grupo: estuvimos haciendo talleres para chavales y dando guerra con un grupo de percusión, Os carallos de Ourense. A partir de eso, quisimos hacer para siempre lo que allí vivimos, intentando llevarlo a nuestro terreno y contando con nuestras posibilidades. Seguimos teniendo contacto con Manu. De vez en cuando se viene al carnaval de Ourense, o te lo cruzas en la calle.

            – El Niño: En A Feira colaboramos como todos, que es para lo que íbamos, y fue una experiencia colectiva increíble. Todo aquello funcionó como un centro social itinerante y quizá sea verdad que allí surgió la semilla de Lamatumbá. Con Manu hemos coincidido alguna vez más y tocamos con él y con Nilo M.C. en el Festival do Norte, en Vilagarcía de Arousa, hace tres años.

¿Cómo fue la reciente gira con Bersuit?

            – Ico: Con Bersuit tuvimos el primer contacto hace 3 años en una gira que hicieron por aquí, los teloneamos y, año y pico después, nos llamaron para telonearlos unos cuantos conciertos. Con ellos estuvimos en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Pamplona, Castellón, Girona, A Coruña, Santiago y Ourense. Recorrimos muchos kilómetros, aprendimos grandes cosas e hicimos buenos amigos

            – El Niño: Con Bersuit nos coincidió todo muy bien en un momento en el que teníamos mucha ilusión por salir a tocar fuera y ver qué pasaba fuera de Galiza. La verdad es que lo pasamos muy bien y fue muy emocionante tocar en salas tan míticas como la Razzmatazz de Barna o la Antzokia de Bilbo. Fue una experiencia muy gratificante y, de alguna manera, le dio ánimo y un impulso más al grupo. Que vuelvan pronto.

¿Se hace muy difícil darse a conocer fuera de Galicia?

            – El Niño: Es siempre difícil salir. Y es difícil pretender que fuera las cosas funcionen igual que en Galiza… porque todo es muy distinto. Pero en lo que se refiere al estilo de música de Lamatumbá, tiene más salida y más difusión en otros sitios como, por ejemplo, Euzkadi y Catalunya, donde hay muchos grupos que funcionan muy bien, que hacen circuitos por todas las ciudades de allí, sin importar su tamaño, y son sitios donde hay mucho más apoyo a la música. Ahora bien, nosotros somos gallegos y eso ya lo hace todo distinto.

– Ico: Está siendo bastante duro, pero es un trabajo que hacemos con gusto porque lo realizamos todos codo con codo. Es complicado, pero no es imposible. Hay que tomarse las cosas con calma y no queda más remedio, viendo cómo están las cosas en este terreno, todo empantanado, sin movimiento.

Supongo que no llegáis a vivir de la música, así que ¿a qué se dedica la gente del grupo?

– Ico: Hay unos cuantos que son maestros, otros trabajan en estudios de grabación, tenemos a algún camarero y a gente en el paro. Hay de todo.

            – El Niño: La mayor parte del grupo se divide entre el sector de la enseñanza y el de la hostelería. Menos mal, porque, si no, no habría manera de poder entrar todos en los bares. Es que somos tantos…

Xavier Valiño
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KT TUNSTALL 2005

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON VERANO EN LISBOA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 2005


KT Tunstall, física y química

 

“Bueno, KT sugiere algo más de actitud que Kate, que para mí suena simplemente a hija de granjero”, declara riendo. Ésa es KT Tunstall, una cantante que cultiva un estilo clásico en la tradición de Rickie Lee Jones, Carole King y Fleetwood Mac con un articulado, accesible e inmediato, preparado con raíces, melancólica incertidumbre y ambiente after-hours. O sea, lo último en una línea de cantantes y compositores escoceses contemporáneos entre los que están Texas, Travis, Teenage Fanclub y The Beta Band. 

KT se crió en la ciudad universitaria de St Andrew’s -“hermosa pero escondida, un poco burbuja”- y siempre supo que la habían adoptado cuando nació. “Crecí sabiendo que podía haber tenido un millón de vidas diferentes. Eso le da cierto misterio a tu vida y tu imaginación se desborda”. 

Su álbum de debut, Eye To The Telescope, es la consecuencia creativa de esa imaginación curiosa. “Mis canciones examinan y exploran pequeñas emociones específicas, situaciones o historias”, explica. “Son canciones de mesa de cocina, como una conversación entre otra persona y yo. Es casi como si hubieran enviado a un extraterrestre para recoger muestras de emoción de los seres humanos y reunirlas todas en un disco”. 

La cantante pasó su infancia en las montañas, alejada del mundanal ruido. En realidad, la música no fue nunca parte de la ecuación de su vida hasta que su hermano mayor le descubrió las delicias del glam metal. “Me sentaba fuera de su habitación y grababa su música a través de la puerta”. 

El primer disco que tuvo fue la banda sonora de La historia interminable, pero su favorito, por suerte, es Hunky Dory de David Bowie. “Su sonido me caló de verdad y despertó mi amor por componer música y por las cosas del espacio”, explica. “Cuando era niña me gustaban mucho los libros de ciencia-ficción. Mi padre era físico y solía llevarnos a mis hermanos y a mí cuando éramos pequeños a su laboratorio. Jugábamos con nitrógeno líquido y generadores Van de Graaff. Mi padre tenía las llaves del observatorio de la Universidad de St Andrew y nos llevaba allí en mitad de la noche para enseñarnos el Cometa Halley. Ésa es en parte la razón por la que el álbum se llama Eye To The Telescope (Ojo al Telescopio)”. 

La joven y activa KT empezó a estudiar piano, luego flauta y, poco a poco, su voz de cantante fue desarrollando su térrea individualidad. “Estoy convencida de que aprendí a cantar porque alguien me dio una cinta de Ella Fitzgerald: ella fue mi profesora de canto”. 

En su adolescencia, KT ya había empezado a escribir sus propias canciones, “pero sólo me salían esas tonterías de amor sensiblero. Era totalmente como un vómito de amor ñoño. Pero pensaba que estaba haciendo rock”. A los 16 años, empezó con la guitarra, aprendió ella sola con un libro de un músico callejero y la sensiblería dio paso a una revelación musical.  

Hambrienta de experiencias e independencia, ganó una beca para ir a la Kent School en Connecticut, Nueva Inglaterra, y se empapó de conciertos de The Grateful Dead y 10,000 Maniacs. También pasó un tiempo en una comuna hippy, formó su primer grupo, The Happy Campers, y dio toda una serie de pequeños conciertos informales. “A la segunda semana de tocar en un programa a micrófono abierto ya era  ‘¡la invitada especial desde Escocia!’”, recuerda. 

La siguiente parada en su odisea personal fue un curso de música en el Royal Holloway College, donde intentó sin éxito formar otro grupo. “Conseguí ganar el Battle Of The Bands (un concurso de grupos) ¡con un acompañante a la mandolina! Era yo contra once bandas góticas y gané yo”. 

Tras vencer a los góticos, KT regresó a St Andrews y se metió por completo en la escena de la que salieron The Beta Band y The Fence Collective, formó un grupo y empezó a afilar sus gustos con una dieta a base de James Brown, Lou Reed, Billie Holliday, Johnny Cash y PJ Harvey.  

Unos años más tarde y unas cuantas bandas después, era la hora de la verdad para Tunstall. Volvió otra vez a Londres donde, finalmente, las cosas empezaron a encajar. Se fraguaron diversas relaciones de trabajo y empezó a escribir proyectos con el productor y cantante sueco Martin Terefe, con Jimmy Hogarth y el londinense Tommy D. Con más de cien canciones en el bolsillo, se puso a trabajar en su álbum de debut con su nuevo grupo y con el legendario productor de U2, New Order o Happy Mondays, Steve Osborne, a los mandos. 

Steve era productor e ingeniero de sonido; él hizo de todo. Incluso me invitó a quedarme con él y con su familia para que pudiéramos trabajar más tiempo. Grabamos el álbum en un pequeño y enrevesado estudio en medio del bosque en Wiltshire. Era la casa de un discapacitado. La cabina de voces era la rampa de la silla de ruedas entre su habitación y la cabina de control. Así que podías cantar cuesta abajo o cuesta arriba. Era perfecto, muy crudo. Tiene una pequeña choza en el jardín donde ensayan todos los grupos locales. Era como la película A quemarropa, con Burt Reynolds y Jon Voight”. 

Menos los psicopáticos vecinos, es de suponer. Ni banjos de duelo tampoco. “Yo no quería llevar demasiado equipo al estudio porque cuando tienes que ser ingenioso es cuando consigues hacer música interesante. Tom Waits dijo que si quieres que algo suene como una caja de cartón golpeada con una bota, entonces dale a una caja de cartón con una bota”. 

Este planteamiento visceral está inspirado en la reciente conversión de KT al silbar y crujir de los primeros blues. “En general, soy una persona positiva y atolondrada pero me encanta el lado oscuro de la música y siempre querré explorarlo. Mi disco suena positivo, pero no hay duda de que hay cosas ocultas”.

Xavier Valiño
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KASABIAN 2005

ULTRASÓNICA ENTREVISTA CON VERANO EN LISBOA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 2005


Kasabian, adiós a las almas perdidas

 

En el mundo de la música, la pasión es algo cada vez menos frecuente, pero en el caso de Kasabian, la tienen a montones. No hacen música para ser famosos, o porque el mundo discográfico vaya a convertirles en millonarios. En su caso, se trata ante todo de una auténtica necesidad, porque llevan la música grabada en las venas. “¿Por qué formamos parte de un grupo?”, pregunta el cantante de Kasabian, Tom Meighan. “Sencillamente porque es lo único que sé hacer, y no hay nada en el mundo que me guste más que la música. Esto es exactamente lo que siempre había soñado hacer desde que tenía cuatro años. Por eso he llegado al lugar donde estoy”.

Kasabian surgió y se formó en Leicester, una ciudad como tantas otras. Se trata de esa clase de sitios donde la gente se pasa la vida escuchando música, jugando al fútbol, emborrachándose y recorriendo las calles por las noches porque no hay nada mejor que hacer.

“Cuando éramos más jóvenes vivimos de cerca los intensos primeros años 90. Se estaba viviendo una auténtica revolución musical”, afirman, “y resultaba una experiencia increíble. En cierto modo fue algo parecido a lo que ocurrió con la compañía Motown Records, salvando las diferencias y centrándonos en el mundo del sonido drum’n’bass, un género que ofrece un ritmo único que se echa de menos en la música independiente, un universo que muchas veces peca de aburrido y poco innovador”.

Kasabian empezaron a tocar juntos en serio cuando tenían 17 años. Tom (vocalista), Sergio Pizzorno (compositor, guitarra principal y teclados) y Chris Edwards (bajo) se conocían desde pequeños. Christopher Karloff (guitarra y teclados) se incorporó al grupo cuando los demás miembros de la banda le conocieron en un pub: “Un día, cuando menos lo esperábamos, vimos a un tipo con unas patillas muy largas y al instante pensamos: ‘Este tío tiene toda la pinta de poder tocar con nosotros’. Se lo propusimos y se unió al grupo. Ni más ni menos”.

Poco después, la explosión del brit-pop les proporcionó la energía necesaria para crear su propio grupo. Lo primero que hicieron fue conseguir su primer teclado. “Era la primera herramienta que necesitábamos para tocar, así que no nos lo pensamos dos veces y nos fuimos a comprarlo”, afirma Tom. “En cuanto tuvimos el teclado empezamos a componer temas de rock. Teníamos un montón de buenas ideas y muchísima creatividad”.

Más tarde, uno de los componentes del grupo estaba leyendo acerca de la historia de Charles Manson, y en el artículo aparecía el nombre de la joven embarazada que ayudó a escapar a aquel grupo de asesinos, Linda Kasabian. En un principio pensaron utilizar aquel nombre en una sola canción, pero finalmente acabaron sintiéndose muy cómodos con el nombre de Kasabian, mucho más cuando se enteraron de que en armenio significa ‘carnicero’, un término muy apropiado para un grupo con un estilo muy ecléctico cuya principal ambición, por otra parte, ha sido siempre crear sin barreras. “Desde el primer día en que creamos el grupo, siempre he estado seguro de que podíamos conseguir cualquier cosa, sin limitación alguna. Sabíamos que podíamos ofrecerle a la gente algo especial”, afirma Tom.

La siguiente parte de la historia del grupo surgió cuando asistieron a una fiesta que se celebraba en una granja en la ciudad de Rutland, a unos 50 kilómetros a las afueras de Leicester. Pasaron un buen rato charlando con el hijo del granjero, y acabaron quedándose allí. La granja, situada junto a un lago artificial, en un lugar aislado y especialmente tranquilo, había sido en otros tiempos un antiguo molino que se utilizaba para proyectos textiles y estaba formado por un gran número de edificios abandonados.  

En cuanto los miembros de Kasabian se instalaron en su nuevo hogar, todos tuvieron muy claro que aquel era el sitio ideal para iniciar su nueva carrera musical. “Teníamos una televisión enorme, montañas de DVDs y videojuegos, un equipo de sonido tan potente que te hacía temblar hasta el último pelo de la cabeza cuando lo escuchabas, y, sobre todo, teníamos suficientes discos como para que aquel enorme aparato tuviera siempre algo que digerir. En la parte de arriba del local, junto a la habitación que compartíamos, creamos un estudio lleno de sintetizadores procedentes de todas las décadas imaginables, y un montón de guitarras e instrumentos de percusión. Sólo teníamos dinero para alquilar dos habitaciones, así que no había más remedio que quedarnos en una habitación”, recuerdan.  

Por supuesto, también contaban con todo el tiempo que fuera necesario para hacer con él lo que les diera la gana. Claro, tampoco faltaban las fiestas. “En 2003 organizamos un mini-festival al que invitamos a un montón de amigos, los cuales instalaron sus tiendas de campaña alrededor de la granja, mientras tocábamos en directo en uno de los edificios industriales abandonados que formaban parte del complejo en el que se encontraba la granja”. 

Sin embargo, como la mayoría de sus amigos vivían a más 100 kilómetros de distancia del grupo, también pasaron largas etapas en las que podían trabajar sin interrupciones ni distracciones de ningún tipo. Tenían tiempo para dormir, para pasear, para tocar o para ver películas durante todo el día, y después se pasaban las noches enteras trabajando. “Es el momento ideal, cuando surgen las mejores ideas”, afirma Karloff. “En lo que se refiere a la inspiración, es como si absorbiéramos toda la música imaginable y después la escupiéramos convertida en algo mucho más fresco e innovador”.  

“La buena música se encuentra en cualquier sitio. Incluso una canción que aparentemente es una porquería puede incluir algún pequeño detalle interesante”, afirman. Entre los ingredientes que dan forma a los temas del grupo se encuentra una mezcla explosiva formada por influencias de Los Beatles, The Doors y los Rolling Stones, es decir, los discos que formaban parte de las colecciones de sus padres. A todo ello se une la pasión de la madre de Tom hacia el sonido Motown, la afición que Karloff siente hacia el cine y las bandas sonoras (una actitud que heredó de su padre), la sensación de libertad que surge cuando te pasas la noche bailando al aire libre en pleno campo, junto con una mezcla de influencias rave y hip hop con elementos del brit-pop y algunos toques de la música de Chuck Berry, Roy Orbison, The Tour Tops, The Supremes, The Ronettes, Ennio Morricone, la primera etapa de Pink Floyd, el álbum de Brian Eno Music For Airports, Donna Summer, Joy Division, Eminem y un montón de artistas más, de ayer, de hoy y de mañana. Es decir, prácticamente de todo.

“Al principio, las ideas surgen como algo muy pequeño y, después, a medida que pasan los meses se van convirtiendo en algo cada vez más grande”, afirma Sergio. “Para preparar algunos temas necesitábamos un monitor del tamaño de una pantalla de cine. Con este disco hemos sentido algo muy especial, la alegría que surge cuando creas música por el simple placer de hacerlo”.  

Por si no tuvieran bastante con la tranquilidad y la inspiración que han disfrutado trabajando en la granja, lo cual les ha aportado toda la libertad que necesitaban para explorar nuevos retos, también han sido suficientemente inteligentes como para echar la vista atrás de vez en cuando y someterse a la disciplina de crear canciones que no superaran los tres minutos de duración. A Kasabian les gustan los temas que incluyen un buen estribillo, con melodías que enganchan fácilmente con el público y que, además, ofrecen una música llena de energía que Sergio define como “una experiencia que te empuja a luchar y que te ofrece un subidón de adrenalina”.

Sin embargo, lo que realmente marca una gran diferencia entre Kasabian y el resto de grupos es su actitud: “Cada vez es más difícil encontrar bandas con verdadera personalidad, la mayoría son bastante grises y poco atractivas”, afirma Sergio. “En muchos casos, la música actual es aburrida, no tiene alma, ni ritmo, nadie se arriesga, y eso hace que ya no sea algo divertido. Nosotros, en cambio, nos tomamos la música muy en serio, pero también queremos pasárnoslo bien con ella. Para nosotros esto no es un trabajo”, añade Tom. “Necesitábamos grabar este álbum, y ahora necesitamos irnos de gira. Tenemos muy claro que tenemos una vida alucinante, y estamos haciendo exactamente lo que nos gusta. Si no disfrutásemos tanto con la música seríamos como almas perdidas. Creo que la música necesita de gente como nosotros. La música británica necesita a alguien que le dé una patada en el trasero y, en ese sentido, Inglaterra necesita contar con un grupo que pueda volver a ilusionar al público. Eso es algo que ahora mismo no está haciendo nadie más. Parece como si la música hubiera pasado a mejor vida, y no queremos que la gente le dé la espalda. La gran serpiente de la música va a resurgir de nuevo del fondo de los mares y va a asustar a todos los piratas que asolan los mares…”

Xavier Valiño
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