ULTRASÓNICA2006 DISCOS

ULTRASÓNICA2006 DISCOS

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

DISCOS 2006


 

The Kooks: Inside In / Inside Out (Virgen/EMI)

        Lo mejor del fenómeno Arctic Monkeys, al menos para este grupo de Brighton, es que aquellos se han llevado toda la atención de los medios, por lo que The Kooks se pueden concentrar en su música -lo peor, claro está, que su cuenta bancaria nunca estará al mismo nivel-. Y lo cierto es que su debut, Inside In / Inside Out, no desmerece respecto al de los de Sheffield. Las referencias más obvias se sitúan en la órbita de The Kinks, The Jam o Supergrass, algo evidente en singles como “Sofa Song” o “You Don't Love Me”. “Seaside”, el corte que lo abre, comienza en tono acústico para dejar que las guitarras se desmadren en el siguiente corte y ya no perder el tren hasta el final. Prometedor debut.

Xavier Valiño

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CAMPUS GALICIA DISCO ZOOT WOMAN LIVING IN A MAGAZINE

ZOOT WOMA

Living In A Magazine 

(Wall Of Sound-Virgin)

 

            Jacques Lu Cont se llama el angelito. Lo suyo es insultante. Con unos escasos 20 años mantiene su grupo Les Rhytmes Digitales’ entre lo más representativo de la música de baile, ha sido elegido por Madonna para dirigir a su banda en su reciente gira, en la que la acompaña, y tiene un proyecto paralelo, Zoot Woman. Vamos, que no para. En esta última aventura, junto a los hermanos Adam y Johnny Blake, da rienda suelta a su fijación por el pop de los 80, la década en la que nació. Lo mejor de todo es que, aunque entonces no hubo demasiada música que se recuerde con interés, la de Zoot Woman sí debería estar en las antologías… ¿de entonces o de ahora?

 Xavier Valiño


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ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 BILLY BRAGG

ARTÍCULOS 2007
  
  

 

Billy Bragg, socialismo del corazón

 

 

 

         Lo tenía fácil. Estaba ahí, esperando a ser utilizado. Él mismo dio el titular para esta revisión de su carrera -‘Socialismo del corazón’-, siendo bien consciente de ello cuando escribió la canción “Upfield”. Pocas palabras pueden definir mejor lo que Billy Bragg ha venido haciendo desde el mismo año cero del punk, 1976, aunque su toma de conciencia política llegara con su carrera en solitario, a partir, sobre todo, de 1983.

 

         Ahora a sus 50 años, lo tiene más claro que nunca. En la palabra ‘compasión’ ha aprendido a articular mejor que nunca su discurso, un discurso con contradicciones, claro, como los de todo ser humano, pero bastante consecuente desde sus inicios. Si una generación de nombres clásicos del rock cumplen este año los 60 -David Bowie, Iggy Pop, Elton John, Marianne Faithfull, Ron Wood, Ry Cooder, Jeff Lyne, Dave Davies, Florian Scheneider, Santana…-, Billy Bragg vendría a significar su relevo, el de aquellos que comenzaron en el punk y tuvieron sus mejores momentos a finales de los 70 y principios de los 80: Joe Strummer, Paul Weller, Johnny Lydon…

 

Sin embargo, Billy Bragg ha sido siempre más celebrado y comentado por ser el británico más famoso de la izquierda fuera del Parlamento de su país, un socialista por sus ideas, que las ha ido dejando filtrar en las estrías de sus discos, entre canciones que hablan de sentimientos y relaciones personales. En algunos discos el tema se escoraba más hacia la política –The Internationale– y en otros hacia lo personal –Workers Playtime-, pero ambas vertientes han estado siempre ahí, casi en la misma proporción.

 

No es difícil sentir simpatía por alguien que cree que los 70 duraron tres años, del 76 al 79 -justo lo mismo que el punk; antes no había casi nada en la música popular para él-, y que cree, al mismo tiempo, que los 80 duraron 18 años, del 79 al 97 -los años más oscuros en los que los conservadores detentaron el poder en su país, en especial aquellos en los que la dama de hierro Margaret Thatcher fue la cabeza de aquel gobierno-.

 

No obstante, esa división temporal no coincide con las dos etapas que se pueden establecer en la trayectoria en solitario de Billy Bragg. Podemos decir que sus años con Riff Raff si coinciden con sus años 70, del 76 al 79, pero lo que él considera los años 80 no se puede aplicar a sus álbumes a su nombre, que tienen una línea divisoria bastante clara allá por 1990, con la edición del EP The Internationale: hasta 1988 llegaría una primera etapa que se cierra con Workers Playtime y, a partir de 1991 con la publicación de Don’t Try This At Home y el descanso de cinco años que le siguió vendría una segunda etapa que lo trae hasta nuestros días en activo. Y da la impresión de que va a ser por mucho tiempo.

 

 

    

“Puede hacerte reír. Puede hacerte llorar. Puede hacer que te ciegues de rabia. Billy Bragg, el hombre para las canciones y el baile”

Melody Maker

 

Stephan William Bragg -Stephan para su familia, Billy para el resto de la Humanidad- nació el 20 de diciembre de 1957 en Barking, una población que entonces se hallaba a un corto paseo en metro de Londres, algo crucial en la educación musical de nuestro hombre, y que hoy ha acabado engullida por la metrópoli. Su padre trabajaba en un almacén y su madre enseñaba cocina en el turno nocturno de una escuela de su ciudad.

 

Su primer momento de fama llegó a los 13 años, después de escribir a la luz de unas velas un poema titulado “Este niño” sobre la salvación del mundo por Jesús. Sus profesores, incrédulos, llamaron a sus padres para saber de dónde lo había copiado. Tras descubrir que él era realmente el autor, se lo llevaron a Radio Essex a leerlo.

 

Por aquel entonces, el adolescente Stephan Bragg ya había iniciado una amistad con quien sería su mayor aliado musical durante todos estos años, Philip Wigg, más conocido como Wiggy. El primer disco que escucharon juntos fue “Maggie May”, de Rod Stewart. De ahí a devorar compulsivamente la música que se programaba en la radio y grabar sus propias casetes no había más que un paso.

 

Durante meses fueron recogiendo en sus libretas escolares sus top 20 de cada semana. “Scarborough Fair” de Simon & Garfunkel encabezó las listas de Billy durante dos años, llegando a contar el dúo con 14 de las 20 canciones en su lista en una ocasión. “You Were It All”, de nuevo de Rod Stewart, fue el primer single que Billy compró con su primera paga, y el Grandes éxitos de Bob Dylan el disco que sonó en su reproductor incesantemente durante meses.

 

Con una guitarra acústica de Wiggy y una armónica de Billy se pusieron a dar cuenta del cancionero de Rod Stewart y Bob Dylan. Al poco, Billy se hizo con su primera guitarra. Fue la época en la que empezaron a comprar revistas musicales y a sentirse diferentes frente al resto de sus compañeros: mientras Led Zeppelin, Yes, Queen o Deep Purple eran moneda común entre sus compañeros, ellos miraban más hacia los sonidos influidos por el folk, el blues y el soul, en especial The Faces y Rolling Stones, de quienes devoraron todo su fondo de catálogo, así como de todos los grupos que éstos habían versionado.

 

Billy dejó pronto la escuela para ponerse a trabajar, primero como administrativo en una naviera y, después, como chico de los recados en un banco, lo que le dejaba bastante tiempo para visitar sus tiendas de discos favoritas. Como nunca llegó a tener una educación superior, tuvo que tomarse su afición y trabajo en la música como responsable de gran parte de su formación.

 

Aunque su primer grupo Riff Raff no llegó a presentarse como tal hasta 1977, dos años antes ya existía una primera formación con Steven ‘Ricey’ Rice en los teclados y Robert Handley en la batería. Por aquel entonces se dedicaban a hacer versiones de aquellos grupos que les habían marcado, al tiempo que empezaban a componer sus propias canciones.

 

 

  

“Bragg refleja las esperanzas y los miedos de la gente”

Melody Maker

 

En noviembre de 1976 el grupo da su primer concierto con el nombre de The Flying Tigers en el Gran Concurso Rock para Amateurs celebrado en Hornchurch. Como curiosidad, en aquella edición participó también un grupo de heavy llamado Iron Maiden (sí, esos mismos), que no tardarían mucho en arrasar en las listas. Ninguno de los dos ganó, pero ya habían tenido al menos la oportunidad de tocar frente a una audiencia.

 

El momento clave en sus vidas estaba por llegar. El 9 de mayo de 1977 se presentaron a un concierto de The Jam, de quienes habían oído hablar muy bien y a quienes tenían ganas de ver en directo. Ni siquiera sabían que el grupo participaba en la gira White Riot como invitado de The Clash. Ahí descubrieron el punk, lo que el punk podía hacer por ellos -y ellos por el punk-, y su afinidad con los dos grupos que actuaban aquella noche.

 

Ése fue el gran big bang para el cuarteto. El otro, un anuncio en el Melody Maker que hablaba de unos estudios de grabación en el campo, en Clopton. Sin compromisos que los retuvieran en su ciudad natal, el grupo se marchó por una semana allí, donde se les unió Johnny Waugh al bajo, aunque aquella semana acabó convirtiéndose finalmente en tres años en el lugar como héroes locales. Ruan O’Lochlainn era el dueño del estudio, un tipo con cierta experiencia en la producción. Su mujer, Jackie, fue quien les puso el nombre, Riff Raff, “simplemente porque eran exactamente eso”.

 

En la primera semana allí, Riff Raff compusieron ocho canciones, entre ellas “Romford Girls” y “I Wanna Be A Cosmonaut”, que acabarían en su primer EP. Ese primer disco fue editado por Chiswick Records, gracias a los contactos en Londres de los responsables del estudio, al mismo tiempo que otros dos EPs de los grupos The Jook y The Drug Addix (el primer grupo de Kristy MacColl), en un lanzamiento presentado conjuntamente como Suburban Rock’nRoll.

 

En aquellas fechas, el grupo apareció por primera vez en televisión, gracias a que un equipo de la BBC se había presentado en el estudio tras una llamada de la propietaria Jackie, que quería denunciar como un granjero que no estaba contento con tenerlos como vecinos les dejaba la mierda de su granja en la puerta. Así que encima de aquel montón de estiércol aparecieron Riff Raff con Billy Bragg por primera vez en la pequeña pantalla.

 

En 1978, para ver de nuevo a The Clash, Bragg se encontró participando en su primer acto político, aunque esta vez desde abajo, entre el público. El festival Rock Contra el Racismo había sido ideado meses antes para contrarrestar a Eric Clapton, quien meses antes había dicho que todos los inmigrantes negros en el Reino Unido deberían ser enviados de vuelta a sus países -curioso en alguien que tocaba blues y había tenido un gran éxito cantando una canción de Bob Marley-. Allí Bragg empezó a darse cuenta de que rock y política podían ir unidos, algo que recuperaría más tarde.

 

En esos años Bragg conoció a fondo el negocio, pateándose todos los locales de la zona sin dejarse ninguno, pasando por todo lo que una estrella de rock suele conocer en su carrera, todo ello con un único EP de tirada limitada. Tras las previsibles deserciones, Billy y Wiggy entraron de nuevo en el estudio en 1980 junto a un nuevo compinche, Mark Earwood, en el piano, y Oscar O’Lochjaliann, de doce años, hijo de los dueños del estudio, a la batería. Junto a ellos registraron ocho canciones, que fueron editadas por el sello Geezer Records en cuatro singles de edición limitada a 1.000 copias cada uno, con “Every Girl”, “Kitten”, “Little Girl Know” y “New Home Town” en sus caras A.

 

Pero Riff Raff ya había desaparecido con la decisión de todos de volver a Londres. Por entonces, Billy se había desengañado de su vida en el rock y, sobre todo, de que el punk no hubiera conseguido cambiar casi nada. Desilusionado y desorientado, Billy encontró refugio en el Ejército de Su Majestad. Cuando se le menciona, no se excusa ni se justifica, pero conviene recordar para entender mejor sus razones que su padre ya había conducido un tanque en el Ejército, que su madre le presionaba entonces para encontrar un trabajo, que todos los días pasaba por delante de una oficina de reclutamiento cercana al hogar paterno y que había escuchado demasiadas veces el disco Setting Sons de The Jam, con unas cuantas referencias a la vida militar.

 

 “Quiero conducir un tanque y no quiero ir a Irlanda del Norte”. Con esas palabras se alistó. Cuatro meses de instrucción en el regimiento de caballería fueron suficientes para descubrir que lo que de verdad quería hacer era volver al mundo que había dejado atrás, tras comprobar que estaba componiendo canciones de nuevo y que en la fecha de la muerte de Bob Marley él había sido el único en el cuartel que realmente había sentido un cierto vacío. No tenía nada que ver con aquel mundo, así que por 175 libras -“el dinero mejor invertido de mi vida”, declararía después- compró su libertad, quedando desvinculado para siempre del Ejército.

 

 

  

“Se lo debe todo a Spandau Ballet”

NME

 

Tras encontrar trabajo en una tienda de discos, Billy recuperó dos canciones compuestas en el pasado, “Richard” y “A New England”, para su nueva encarnación, Spy Vs Spy, al tiempo que componía otras nuevas. Era 1982, y con ese curioso nombre empezó a dar conciertos en solitario -como contraposición a grupos como Spandau Ballet o Duran Duran, que copaban las listas-, en una línea entre el punk y folk, algo que definía como “los Clash de un sólo hombre”.

 

Su primera actuación fue en marzo de aquel año, concierto al que acudió un periodista del Melody Maker al que Bragg le había escrito una carta pidiéndole que fuera a verlo. Unas semanas más tarde ganó 50 libras en un concurso para grupos noveles al quedar en segundo lugar. Gracias al dueño de la tienda de discos para la que trabajaba, que tenía un estudio portátil, Bragg registró sus primeras seis canciones, de las que cuatro acabarían en su primer mini-álbum (“A New England”, “To Have And To Have Not”, “The Man In The Iron Mask” y The Milkman Of Human Kindness”) y una en su siguiente álbum (“Strange Things”), quedando fuera sólo “The Cloth” -para la que se acompañaba a la hora de interpretarla en directo de una caja de ritmos-.

 

Aquella maqueta fue remitida a todas las discográficas del momento. En Melody Maker, aquel periodista que había contactado fue el primero en comentar la música de Spy Vs Spy, bastante favorablemente. A su lado aparecía un comentario, bastante menos positivo, de otra maqueta de un grupo llamado Nux Vomica, y que, aunque el crítico no lo sabía, estaba compuesto por Billy Bragg, Wiggy y su hermano. Nux Vomica dejó de existir en el mismo instante en que leyeron la crítica.

 

Billy Bragg seguía dando conciertos en antros infumables, pero eso le sirvió para aprender a tratar con una audiencia que no tenía ningún interés en lo que estaba viendo y a articular sus monólogos entre las canciones con los que atraer su atención. Algunos conocidos le hablaron de Peter Jenner, que había sido manager de Pink Floyd, T Rex, Roy Harper y The Clash, y que ahora trabajaba en Charisma Records.

 

Bragg se presentó en su oficina y se sentó a esperar su oportunidad. Aquel era el día en que Peter Gabriel, el gran artista de Charisma, iba a aparecer en televisión y, por suerte, en la compañía no funcionaba la televisión. Bragg se ofreció a arreglarla, lo consiguió y, a continuación, fue hasta el despacho de Jenner a dejarle su maqueta. Desde el momento en que escuchó las canciones, Jenner se convirtió en su máximo valedor, primero en Charisma y, después, como mánager, trabajo en el que continúa hasta hoy.

 

Peter Jenner consiguió sacarle a la compañía un acuerdo especial: sin contrato, editarían un disco de entre 4 y 12 canciones si Bragg conseguía grabarlas de alguna forma. Así que, finalmente, tras un fin de semana de grabación en directo en un estudio, tocando sus canciones varias veces hasta conseguir la versión deseada, el 1 de julio de 1983 aparecía en el sello Utility, una subsidiaria de Charisma Records, Life’s A Riot With Spy Vs Spy, el debut de Billy Bragg ya acreditado a su nombre y conteniendo 7 canciones.

 

 

  

“Puse la aguja sobre el disco y “A New England” comenzó a sonar. Sé que es un cliché, pero puedo decir que de verdad cambió mi vida”

Andy Kershaw

 

El locutor Andy Kershaw fue el primero en descubrir el potencial de aquel disco y programar a Bragg, rescatándolo de la caja donde en su emisora ponían los discos que a nadie interesaban. Que John Peel lo pinchara ya tuvo que ver más con otra casualidad: durante uno de sus programas comentó que le gustaría comer un plato oriental, así que Bragg y un colega fueron a comprarlo y se lo llevaron en persona a la BBC, añadiéndole al menú el debut en disco de Bragg. Desde aquel momento, Peel sería uno de sus mejores aliados, aunque la primera vez que lo pinchó lo hizo a la velocidad equivocada, a 33 revoluciones, en lugar de las 45 a las que giraba el mini-LP. Poco después estaba grabando su primera sesión para John Peel.

 

Por otra casualidad de la vida, Bragg encontró nueva compañía tras la desaparición de Charisma. En una sesión de fotos apareció una amiga de la fotógrafa, quien resultó ser la hermana del dueño de Go! Discs, sello que acababa de iniciar su andadura ese mismo año. Tras escuchar el disco varias veces seguidas, Andy Macdonald, que pasaría a jugar un papel decisivo en la carrera de Billy Bragg, le propuso reeditar su debut, dándole a cambio la colección de discos de éxitos de Motown y una lata de polvos de talco con la imagen de The Beatles. Así que el 11 de noviembre de 1983 reaparecía en las tiendas su debut a un precio de 2.99 libras y con una tirada de 5.000 copias.

 

Gracias al líder de The Redskins, por entonces también periodista musical, Bragg consiguió su primera crítica positiva en el NME, lo que le llevaría a acabar el año como número 1 en las listas de álbumes independientes. Como él mismo reconoció en una ocasión, “1983 fue el año en el que me di cuenta de que el único sitio en el que podía encontrar el nirvana era entre ninfa y nitrato en el diccionario”.

 

Poco después, en mayo de 1984, Bragg daba su primer concierto en apoyo al partido laborista, conociendo en aquella ocasión a su líder, Neil Kinnock, en un primer acto de una concienciación política que iba en aumento. Si en sus conciertos hasta entonces se había limitado a ser un comentarista de lo que veía, la huelga de mineros de 1984 en contra de la política del gobierno de Margaret Thatcher acabó por dar forma a su visión de la sociedad. Al tocar enfrente a los mineros en varios conciertos, tuvo que ir respondiendo a sus preguntas, definiendo su posición.

 

Tras esa pequeña gira, Bragg había pasado de ser un rockero crecido con el punk a un socialista con ideas e ideales. Como bien dijo en su momento, “Tatcher me convirtió en un socialista al empezar a cambiar todo aquello con lo que había crecido y que daba por hecho”, lo que, dentro de lo negro que algunos ven aquellos años, puede ser uno de sus únicos puntos positivos.

 

 

 

“Enérgico, anguloso, inquieto, emocional, independiente, lleno de fuerza y divertido”

Neil Kinnock, líder laborista

 

Tras quedar atrapado por la música de The Smiths, en especial por “Back To The Old House”, la cara B del single “What Difference Does It Make”, Bragg hizo su primer concierto compartiendo cartel con ellos en junio de ese año. Casi al mismo tiempo, Bragg fue el padrino en la boda del responsable de su discográfica, Andy Macdonald, con Juliet de Valero, una joven con experiencia en la promoción y que acababa de incorporarse al sello. Hija de un exiliado español que a los 15 años fue evacuado de El Escorial cuando las tropas rebeldes se alzaron contra el Gobierno republicano en 1936, la importancia de Juliet es crucial en la vida de Bragg, ya que después de ayudarle en su carrera durante años, acabaría casándose con él en 1992.

 

La primera gira norteamericana trajo un golpe de efecto pensado por Jenner y Bragg, imitando algo que Elvis Costello había hecho unos siete años antes. Idearon un sistema de amplificación móvil, que Bragg podía llevar colgado con un par de altavoces. Nuestro hombre-orquesta se paseó por las calles de Nueva York, tocando por la Sexta Avenida tras ser expulsado del Hotel Milton, y dando cuatro recitales desde el tejado del Danceteria, enfrente al Empire State.

 

Tras acabar aquella gira con Echo & The Bunnymen, que incluyó una parada en la mansión de Elvis Presley, Bragg y su colega de toda la vida Wiggy alquilaron un coche y condujeron por la Ruta 66 hasta Sunset Boulevard. De aquel momento, Bragg recuerda que fue el momento en que se dio cuenta que todos sus sueños se habían convertido en realidad. Y no era más que el principio.

 

En octubre de 1984 aparecía Brewing Up With Billy Bragg, compuesto por las canciones que tenía y que no habían entrado en el primer mini-LP. Lo mejor fue la campaña de lanzamiento. Junto al disco se regalaba un cupón de 15 peniques que rezaba ‘Kit para escuchar el disco en la privacidad de tu hogar’, y que tenía las siguientes instrucciones: “Simplemente lleva el cupón a tu café favorito, cámbialo por una taza de té, lleva la taza a casa y… ¡pincha el disco!” Acompañándolo, una pegatina que pedía que no se pagase más de 3.99 libras por el disco, lo que le trajo un cierto boicot de cierta cadena de tiendas de discos, aunque sólo cuando el álbum desapareció de las listas de éxitos.

 

 

 

“No hace ningún favor a nadie que los clientes empiecen a ver discos que están en las listas vendiéndose a 3.99 libras”

Portavoz de las tiendas Our Price

 

1984 fue su año. Tras alcanzar el número 1 de las listas independientes, apoyar la huelga de mineros y dar un total de 156 conciertos, se encontró inaugurando 1985 con su primer single de éxito, “A New England”, aunque en la versión de su vieja amiga Kirsty MacColl y en formato de banda al completo, lo que venía a indicar que la racha continuaba.

 

Tras unas semanas de gira por los EEUU, en la que conoció a REM y tocó con Screamin’ Jay Hawkins, Bragg fue invitado a hacer una gira por aquel país con The Smiths, su banda favorita en aquel momento. Los recuerdos de aquella gira son de los mejores que Bragg atesora: conversaciones con Morrissey, sus primeros acordes compartidos con Johnny Marr y todas las ventajas de una gira en condiciones.

 

A su vuelta a Inglaterra, Billy Bragg se involucró en su proyecto más político: Red Wedge. La idea era unir a grupos de pop en conciertos en los que se pudiera acercar el programa laborista a los jóvenes para hablar de asuntos como vivienda, educación, empleo, medio ambiente y distintas medidas a favor de la cultura. Paul Weller con The Style Council, The Specials, Tom Robinson, The Damned, Madness, Prefab Sprout, Lloyd Cole o The Smiths fueron algunos de los que contribuyeron a la causa.

 

Desde el 21 de noviembre de 1985, el movimiento permaneció activo hasta el 11 de junio de 1987, fecha en la que, tras un nuevo fracaso electoral de los laboristas, se empezó a desinflar, y muchos dejaron esa misma noche de estar interesados en la idea de mezclar política y pop, como Paul Weller, por ejemplo. Billy Bragg no, aunque a partir de ese momento la forma de involucrarse con los laboristas sería distinta, dándose de baja como miembro del partido en 1991, aun sin dejar de votar por ellos.

 

En cualquier caso, en 1985, Billy Bragg conoció a Pete Seeger, con quien cantó “La internacional”, dio sus primeros conciertos al otro lado del Telón de Acero, y, sobre todo, vio como la responsabilidad de ser el artista principal de su compañía, Go! Discs, pasaba a otras manos, cuando The Housemartins alcanzaron el éxito en las listas con “Happy Hour” y “Caravan Of Love”. En el contestador automático de su compañía dejó un mensaje para la secretaria en el que quedaba claro: “Dile a los Macdonalds que estoy feliz de que el peso de su hipoteca se haya ido de mis hombros”.

 

La grabación de su siguiente disco se planteó de forma un tanto diferente, con el productor de The Smiths, John Porter, más tiempo para las sesiones y dando entrada a algún instrumento más: órgano, bajo, percusión, mandolina y slide guitar completan la dieta habitual de Billy Bragg a la guitarra y la voz. Talking With The Taxman About Poetry, que así se llamó aquel tercer disco, apareció finalmente el 22 de septiembre de 1986.

 

Durante 1987, además de las elecciones en su país que lo tuvieron bastante ocupado, Bragg cayó rendidamente enamorado de una chica llamada Mary. La relación tuvo continuos altibajos, a lo que no ayudaba nada que él fuera aumentando el ámbito de sus giras: aunque tocaba bastante en su país, Jenner no dejaba de apalabrar conciertos en Europa del Este, Norteamérica, Oceanía, Sudamérica…

 

 

 

 

“Es bastante guapo para ser un comunista”

Fan neoyorquina

 

Back To Basics, una recopilación de sus tres primeros discos, apareció en junio de ese año, como queriendo recordar, en período electoral, cuál era el ideario de Bragg. Unos meses más tarde se editaba, sólo en los EEUU, el mini-álbum en directo Live And Dubious EP, con un mensaje bien claro a los votantes estadounidenses en su contraportada: “Participad en el proceso democrático. Estáis eligiendo un Presidente para todos nosotros. Por favor, tened más cuidado esta vez”.

 

En la gira por Norteamérica que acompañó a la edición de ese disco, Billy Bragg perdió la voz gritándole desde su taxi ‘Gilipollas’ a todos los que llevaban una pegatina de Bush en sus coches. Mientras estaba en aquel país, Bragg tuvo su único número uno en Gran Bretaña, con una versión de The Beatles, “She’s Leaving Home”. Grabada meses antes en tan sólo un par de horas con la única colaboración de Cara Tivey, se editó como single del disco benéfico Sgt Pepper Knew My Father de la revista NME.

 

Bien es cierto que era una doble cara A y que la canción que cantaban Wet Wet Wet, “With A Little Help From My Friends” recibió mucha más atención por parte de todos los medios, pero nadie le quita poder decir que tuvo un número uno siendo un artista no mayoritario. Cuando le ofrecieron la portada del NME días más tarde, Bragg apareció con una camiseta en la que se podía leer: ‘¿Quién coño es Wet Wet Wet?’

 

Por esas fechas entraba de nuevo en el estudio con el productor Joe Boyd, quien venía trabajando desde los 60 con gente como Soft Machine, Pink Floyd, Incredible String Band, Fairpot Convention, Nick Drake, R.E.M. o 10.000 Maniacs. El disco estaba centrado casi exclusivamente en documentar su frustrada relación sentimental con su novia de entonces. Workers Playtime, una digna continuación de Talking With The Taxman About Poetry, fue publicado en septiembre de 1988.

 

Las giras por medio mundo continuaban. Mientras, Billy Bragg junto a su manager Peter Jenner relanzaron el sello Utility, en otra aventura más de esas tan habituales en el mundo del rock en la que músicos se convierten en responsables de discográficas que acaban fracasando, a pesar de que en su caso llegaron a editar a bandas como The Blake Babies, en las que militaba Juliana Hatfield.

 

Su siguiente disco, The Internationale, se publicaría en 1990, con un repertorio íntegramente político, como queriendo establecer un equilibrio con su anterior álbum. Poco después llegaba el intento definitivo de Billy Bragg de hacer un disco más accesible, más pop. Grabado con amigos como Johnny Marr, Peter Buck o Michael Stipe, Don’t Try This At Home aparece en septiembre de 1991.

 

Sus 57 accesibles minutos no fueron suficiente como para que el disco vendiera en su país más de las 70.000 copias habituales, por lo que, a partir de ahí, Billy Bragg entró en un período en el que se replantearía muchas cosas y que trajo grandes cambios en su vida laboral y personal. La primera, su decisión de concentrarse a partir de ese momento en llegar a su público de siempre, los ya convertidos, y dejarse de preocupar por ampliar su audiencia.

 

La segunda tuvo bastante que ver con la gira interminable en la que llevaba ya 10 años. Para presentar Don’t Try This At Home, Bragg había montado una banda llamada The Red Stars, con Wiggy, Cara Tivey, Nigel Frydman y Rob Allum. Al final de la gira se encontraba exhausto, por primera vez sin alicientes claros al saltar a escena y soltando unos monólogos que tenían a toda la banda un tanto harta. Cuando Bragg decidió dejar la vida en la carretera por un tiempo, salvo ocasionales apariciones en el escenario por alguna causa que lo reclamara, disolvió el grupo, distanciándose durante unos años de su lugarteniente durante tanto tiempo, Wiggy.

 

En esa determinación también tuvo que ver su apéndice. Obligado por los médicos, tuvo que suspender la gira, mantener reposo durantes meses y ser operado. Una de las primeras personas en prestarle apoyo fue Juliet, recién divorciada del capo de Go! Discs. Tras encontrar un interés común en los curiosos fenómenos de las figuras geométricas que aparecían en los campos de cosechas, ambos consiguieron salir de sus cerrados mundos hasta entonces y desconectar de la música. Recorrieron su país en busca de las figuras y acabaron casándose, claro.

 

Pero, además, estaba también su relación con su discográfica, Go! Discs, un sello que no pasaba por su mejor momento. Su contrato se finiquitó reteniendo Bragg todo su fondo de catálogo, y el millón de libras que le debían por su participación en la sociedad lo metió en un fondo para los trabajadores del sello. Éstos, sorprendidos ya que no tenían ni idea de lo que Bragg había hecho, acabaron repartiéndose una cantidad nada despreciable el día que el sello desapareció definitivamente, años más tarde.

 

En los meses siguientes, Bragg se dedicó más a otras actividades, como colaboraciones en prensa, programas de radio y de televisión, contribuciones a las bandas sonoras de las películas Safe (dirigida por Antonia Bird en 1993, un telefilme sobre los adolescentes abandonados en las calles de Londres) y Nadie es perfecto (dirigida en 1995 por Nicole Holofcener), el nacimiento de su hijo Jack, su nuevo contrato con Cooking Vinyl, la reedición de todos sus discos, la edición del recopilatorio Victim Of Geography en 1993 y del disco en directo No Pop, No Style, Stricly Roots en 1995 -que sólo se vendía por correo-…

 

 

 

“La música soul no reside en el estilo de las pistas que suenan al fondo o en la ropa que llevas, sino en el corazón y el alma del artista. Ésa es la música soul y Billy Bragg es un cantante soul”

Musicomh.com

 

Las nuevas canciones no llegaban, pero tampoco parecía importar. Bragg se lo tomaba con calma. Poco a poco fue encontrando su lugar. Fue invitado a participar en el Festival de Glastonbury de 1995, y, a pesar de sus miedos, fue recibido a lo grande. “King James Version”, la primera canción que compuso para lo que sería el siguiente disco, se abría con un verso que dejaba claro que parte del pasado había sido superado: “Estaba atrapado en un corte de pelo en el que ya no creía más”. En otra de las líneas de los temas que surgieron a continuación, “From Red To Blue”, queda perfectamente resumido el período que va de 1992 a 1996 en la vida de Bragg: “Todos debemos cambiar un poco si no queremos romper”.

 

Por fin, tras un parón de casi cinco años, William Bloke se editaba en septiembre de 1996 -con una continuación, Bloke On Bloke aparecida al año siguiente, en forma de mini-álbum con el subtítulo Más de las sesiones de William Bloke-, dejando claro que Billy Bragg va a estar aquí con nosotros mucho tiempo. En la nueva situación, sin Margaret Thatcher, sin el Muro de Berlín, sin la Guerra Fría, sin apartheid, sin la Unión Soviética, sin Bush padre y con los laboristas ganando su primera elección tras 23 años al año siguiente, Bragg revelaba un planteamiento ideológico similar, pero mejor definido que nunca.

 

En “King James” señalaba que “la compasión tiene que ser el valor familiar más importante”, y en “Upfield” cantaba: “Los ángeles me preguntaron cómo me sentía después de todo lo que vi y escuché / Que me hablasen a mí, un pagano, me hizo dudar de su palabra / Pero se rieron y dijeron: / ‘No importa si nos ayudas en nuestra misión / Porque tienes un socialismo del corazón’”. Aunque sea difícil de creer, él asegura que la idea le llegó en 1989, cuando iba con su grupo de Nueva México a un concierto en San Francisco, a partir de una idea de William Blake y de una imagen de gente vestidos de ángeles entre los árboles manifestándose en contra de la construcción de nuevas autopistas

 

Otro hito importante en la trayectoria de Bragg llegaría en 1998, con el primer volumen de su colaboración con Wilco en Mermaid Avenue a partir de las canciones de Woody Guthrie. Nora Guthrie, hija de Woody, tras haber visto a Billy Bragg en concierto y saber que su canción “You Woke Up My Neighbourhood” tomaba el título de un dibujo del trovador norteamericano, le propuso recuperar alguna de los cientos de canciones que quedaban en los archivos de su padre sin musicar. Bragg accedió, pero quiso contar con alguien que pudiera aportar otra visión, y pensó que Wilco, que le habían gustado en directo y especialmente en su disco Being There, podría ser el grupo que andaba buscando.

 

Las sesiones de grabación en Dublín marcharon bien, y en ellas decidieron repartir las labores de composición al 50% y mezclar cada uno sus propias canciones. Sin embargo, cuando ambos grupos volvieron a sus propios países, las relaciones se enquistaron.  Hubo problemas entre ellos sobre cómo entendían las mezclas, y al final salió publicado lo que había sido grabado. Aun así, y a pesar de aparcar una gira conjunta que tenían pensado llevar a cabo, compartieron escenario alguna vez, incluyendo un par de actuaciones en televisión.

 

El proyecto, a pesar de las diferencias, fue positivo para ambos artistas, sobre todo en cuanto a crítica, así que se publicó un segundo volumen, Mermaid Avenue Vol. II, en el 2000. Entre ambos discos se vendieron más de un millón de copias, y Bragg aún recuerda hoy que el primero de los volúmenes vendió más en los EEUU que toda su discografía.

 

 

 

Pregunta: ¿Cuándo sabes si un izquierdista se ha vendido?

Respuesta: Cuando nombran una calle en su honor

The Sun

 

En 1999 Billy Bragg participa nuevamente en el Festival de Glastonbury. Más que por los méritos musicales, aquella edición será recordada por su enfrentamiento con Manic Street Preachers. En la parte reservada a los artistas, Bragg se encontró con unos aseos portátiles de los que colgaba una nota que decía: ‘Estos servicios están reservados para el uso exclusivo de Manic Street Preachers. Por favor, respeten esto. Gracias’.

 

Bragg pasó la información a un medio y el grupo galés, cabreado por haber aireado aquello que seguramente no hubieran querido que nadie supiera, respondió por boca de su bajista Nicky Wire en su siguiente actuación diciendo: “No dejaría que la polla de Billy Bragg mease en mi servicio por todo el dinero del mundo. ¡Vuelve al Ejército, jodido idiota, y deja de robar canciones de Woody Guthrie, gilipollas narizotas!”. Por suerte, Bragg se lo tomó con humor, aunque su propuesta de debatir el asunto a través de la publicación NME fue ninguneada por los galeses.

 

Anécdotas aparte, 1999 fue también el año en que Bragg recibió una llamada para colaborar en uno de los discos de Ian ‘Mac’ McLagan, antiguo componente de The Faces y The Small Faces, uno de los grupos que lo habían empujado a iniciarse en la música. A partir de ese primer contacto, Ian McLagan pasó a ser habitual en las giras y en las grabaciones de Billy Bragg.

 

Además, ese mismo año le dedicaron una calle en su ciudad natal, Barking, llamada Bragg Close, y la Universidad Politécnica de esa localidad le concedió un título honorífico, a pesar de que él nunca había llegado a pisar sus aulas. Parecía como si, de repente, hubiera un cierto reconocimiento después de tantos años.

 

Tras la recopilación de caras B y rarezas Reaching To The Converted (Llegando a los convertidos) y un disco en directo grabado en estudio y que sólo se vendía por correo, Mermaid Avenue Tour, registrado con su nueva banda The Blokes, en febrero de 2002 llegaría England Half English, su último álbum en estudio hasta el momento y en el que se puede encontrar, a modo de compendio, un poco de todo lo que había hecho con anterioridad.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

         Glastonbury: An Oral History, Crispin Aubrey & John Shearlaw (2004)

         Morrissey & Marr: The Severed Alliance, Johnny Rogan (1992)

         Punk Rock – An Oral History, John Robb (2006)

         Still Suitable For Miners, Andrew Collins (1998)

         The Progressive Patriot, Billy Bragg (2006)

 

Xavier Valiño

(Ver también entrevista con Billy BraggVer también discografía comentada de Billy Bragg)

BETTYE LAVETTE CON DRIVE BY TRUCKERS

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 BETTYE LAVETTE CON DRIVE BY TRUCKERS

Bettye Lavette y Drive By Truckers se unen en la escena del crimen

Bettye Lavette: The Scene Of The Crime (Anti-PIAS)

 

         Pocas veces un disco ha quedado tan bien explicado en su libreto interior. También es cierto que en muy contadas ocasiones es uno de sus protagonistas quien lo hace. Paterson Hood, líder de Drive By Truckers, destripa en las páginas que acompañan a este disco parte de los secretos del proyecto e, incluso, de la trayectoria de Bettye Lavette: desde su disco perdido de 1972 hasta el reencuentro en este 2007, 25 años después, de Lavette con David Hood, padre de Paterson -cuadrando así el círculo-.

 

         La idea de unirlos fue del capo de Anti, pero Hood, que siempre había soñado con grabar con alguno de los clásicos del soul, la hizo suya y, sobre todo, supo entender el proyecto como nadie. Por encima de todo estaba Bettye Lavette, la voz, esa voz arenosa, en primer plano, sin necesidad de que la música la cubriera, sino tan sólo que la respaldara, aunque está claro que al ser un grupo que lleva años trabajando juntos eso se tiene que reflejar en sus estrías. Además, lo novedoso es que sea un grupo de rock, y no músicos de sesión habituados al soul, creciéndose el material con el contraste.

 

Y, por supuesto, están las canciones, 10 en este caso -una compuesta entre ambos- que eligieron de 30 en las que trabajaron. El material casi es lo de menos. Porque en los dos discos que Bettye Lavette lleva editados en este siglo a sus 60 años -y, por suerte, aún le queda uno más con Anti- suena LA VERDAD. La verdad de una mujer que se enfrenta a su vejez en plenitud, tras 44 años en la música, sin casi ninguna recompensa. The Scene Of The Crime, como antes sucedió con I've Got My Own Hell To Raise, es pura intensidad emocional: instrumentación espartana, canciones desnudas, una voz que vive y respira entre la música.

 

            Poco importa que la selección se nutra de canciones compuestas por hombres (en el que le precedió eran de mujeres) porque eso se convierte en un detalle anecdótico. Aquí lo que queda claro es que la cantante las hace suyas para mostrar una única historia, la suya, al tiempo que nos recuerda una de las máximas del soul: que su grandeza radica en el/la cantante y no tanto en la canción.

 

Xavier Valiño

 

(Ver entrevista con Bettye Lavette)

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ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 ARCTIC MONKEYS EN CONCIERTO EN VIGO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2007


 

Arctic Monkeys en concierto

 

(Auditorio de Castrelos, 19 de julio de 2007, 20.000 espectadores)

 

 

Es casi insultante. Que lleguen unos chavales que están entrando en su veintena y hagan las cosas así de simples debería ser motivo de que alguien los enchironara. Oasis parecía que venían a comerse el mundo y a convertirse en estrellas del rock hace ahora más de una década, pero es que éstos ni siquiera parece que lo pretendan y las diferencias están claras -basta decir que lo único que pidieron para los camerinos en su concierto de Vigo fue postales de la ciudad para enviar a sus amigos-.

 

No sé. Sólo se me ocurre pensar en dos grupos, y el segundo de ellos con una personalidad muy fuerte. El primero es The Beatles. Empezaron con canciones aparentemente simples, para ir avanzando luego hacia algo insospechado en su principio. Arctic Monkeys también se presentaron así hace poco más de un año, pero ya en su segundo disco se aventura que tienen muchas líneas de evolución por dónde tirar y, lo que es mejor, hasta pudiera ser que no tomaran ninguna de éstas. En Castrelos quedó claro que no van a piñón fijo, que su música tiene muchos matices y, sobre todo, que saben cómo hacer uso de ellos y en que momentos -sin que, de nuevo, lo parezca-.

 

El segundo es The Jam o, mejor dicho, Paul Weller. Muchos han pretendido ser sus herederos naturales en los últimos 25 años, pero parece como si sólo Alex Turner, sin mencionarlo ni una sola vez, lo fuera por derecho propio. A pesar de estar en un grupo excelente, con alguien tan potente como el batería Matt Helders -¿de dónde habrán sacado a esta máquina?-, casi se puede asegurar que Turner tendrá un día carrera en solitario. Probablemente, Paul Weller será su referente más evidente, siempre que se cuide de no acabar como Sting.

 

 

 

Queda por mencionar sus canciones, tan pegadizas y sencillas a primera vista, que parece mentira que nadie las haya hecho así antes. Lo saben, y eso es lo que defienden en un directo seco, al grano, pero sin fisuras y sin alardes, sin imagen aparente, incluso sin bises. Conocen que tienen en su mano el triunfo, incluso bien a la vista, así que no necesitan de nada más. Así van cayendo “The View From The Afternoon”, “Brainstorm”, “Teddy Picker”, “Dancing Shoes”, “Fake Tales Of San Francisco”, “When The Sun Goes Down”, “I Bet You Look Good On The Dancefloor”, “A Certain Romance”, “Fluorescent Adolescent”… Y poco más tiene que contar uno más de sus excelentes directos. Como decía Mucho Muchacho: Hecho, es fácil.

 

Xavier Valiño
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