ULTRASÓNICA 1997 ENTREVISTA CON PREFAB SPROUT

Prefab Sprout, el diablo tiene las mejores melodías

 

 

 

“El sonido del llanto”

 

Si Satanás está en posesión de todas las mejores melodías, Paddy McAloon le ha robado al mismo Belcebú. No está claro cómo sucedió ni cuándo, pero el caso es que se apropió de unas cuantas sin que se enterara. Y, además, para escarnio público del anticristo, el escocés se atrevió a asegurar en una de sus primeras canciones editadas que sí, que el diablo las tenía todas.

 

No creemos que Paddy McAloon le vendiera su alma al diablo, como aseguran que hizo Robert Johnson y algún otro, por un puñado de sus melodías, parte de las mejores del pop desde que Elvis meneara por primera vez sus caderas, aunque llegó a afirmar que “si no estoy componiendo, estoy muerto”. Pero cuando hay una teoría bastante extendida desde 1983 que mantiene que Prefab Sprout significa POP, por algo será.

 

            Los hermanos McAloon vivieron sus primeros años en el condado de Durham, Escocia, más concretamente en una pequeña población llamada Witton Gilbert. Paddy nace el 7 de junio de 1957 y su hermano Martin cinco años después, el 4 de enero de 1962. Entre 1968 y 1975, Paddy asiste al Seminario Católico de Ushaw, aunque como estudiante laico.

 

Fue en 1972, cuando contaba 14 años, cuando Paddy McAloon se inventa el nombre de Prefab Sprout (Brote Prefabricado), desechando otros como Grappled Institution, Chrysalis Cognosci, Dry Axe o Village Bus, aunque tardaría aún unos años en usarlo; la intención era crear un nombre inusual a imagen de alguno de los más famosos de la época: Moby Grape, Tyrannosaurus Rex o Grand Funk Railroad. Otra teoría sugiere que Paddy lo tomó de un texto malinterpretado de una canción de Nancy Sinatra y Lee Hazelwood, “Jackson” (en concreto, “hotter than a pepper sprout”), aunque parece que esta historia se la habría inventado.

 

En 1974 forma su primer grupo, Avalon, con cuatro amigos, influido por Marc Bolan -“mi primer héroe”- y David Bowie, así como “cientos de grupos excesivos que no quisiera mencionar”. Su repertorio consistía sobre todo de versiones (entre ellas, “While My Guitar Gently Weeps” de The Beatles, “Rock And Roll” de Led Zeppelin y alguna de Eagles) y durante una temporada tocaron por todos los garitos de la zona. Entre 1975 y 1978 Paddy estudia en la Universidad Politécnica de Newcastle, al tiempo que trabaja, junto a su hermano, en la gasolinera de su padre para sacarse un dinero extra.

 

Sería en 1977 cuando Paddy da forma a la primera formación de Prefab Sprout junto a su hermano Martin en el bajo y Michael Salmon en la batería. En 1979 coinciden varias veces con otra banda primeriza, Instant Bop; la novia de su líder, John Sunter -quien aparecería entre los agradecimientos de los dos primeros discos de Prefab Sprout-, es Wendy Smith, que acabaría formando parte del grupo. Durante cuatro años recorren gran parte de los locales con música en vivo de las Midlands.

 

En febrero de 1982 graban su primer single con dos canciones: “Lions In My Own Garden (Exit Someone)” (acrónimo de Limoges, ciudad francesa en la que entonces estaba estudiando la novia de Paddy) y “Radio Love”. Lo publican con una edición limitada de 1000 copias en Candle Records, creado para la ocasión y que se presentaba como el sello en el que ‘la cera no prenderá tu mecha’. Es en los conciertos de presentación del single cuando Wendy Smith se incorpora definitivamente al grupo.

 

Siete meses más tarde graban su segundo single, “The Devil Has All The Best Tunes” (“El diablo tiene todas las mejores melodías”), con “Walk On”, un tema compuesto ya en 1976, en la cara B, sobre “el consuelo de la música cuando eres joven, haciendo exámenes, escuchando pop y metido en tu propio y pequeño mundo”. Wendy pone ya los coros, tal y como haría desde ese momento en casi todas las grabaciones del grupo, aunque en esta ocasión, además, cuenta con la ayuda de una amiga, Feona Atwood. Por aquel entonces, los comentarios en los discos y las notas de promoción las empieza a firmar una tal Emma Welles, que más tarde se descubriría que era el propio Paddy McAloon.

 

El responsable de la tienda HMV de Newcastle, Keith Armstrong, escucha los singles y monta un sello, Kitchenware Records, para reeditarlos; el primero aparece en marzo de 1983, ahora con una foto de Edie Sedgewick en la portada, y el segundo en octubre. Por aquel entonces, el batería que les acompañaba abandona el grupo. Prueban a varios músicos y dan varios conciertos con distintos baterías, pero sería Graham Lant quien grabaría con ellos el primer disco.

 

Cuando las sesiones de grabación finalizan, Keith Armstrong lleva las cintas a Londres. Habla con CBS y consigue de Muff Winwood (hermano de Steve Winwood) un contrato por ocho discos, quedando Kitchenware como los mánagers del grupo. Antes de editar su primer álbum en marzo de 1984, Swoon, el grupo hace una gira con Elvis Costello.

 

Cuando por fin aparece su debut, la portada muestra a un irreconocible Paddy McAloon entre hojas de repollo, en una foto hecha en una fiesta en Utrecht y que trataba de simbolizar según sus palabras su ‘renacimiento musical’. El disco, que contiene temas inolvidables como “Cruel”, “Couldn’t Bare To Be Special” (ambas alabadas por Elvis Costello), “Cue Fanfare” o “I Never Play Basketball Now”, nunca fue del agrado de Paddy McAloon. Cinco años más tarde aseguraba: “No me gusta nada nuestro primer disco. Hay un gran álbum ahí y tengo el proyecto de hacerlo de nuevo. Si pudiera, iría por todas las tiendas con la cara cubierta para comprar todas las copias que hay o, mejor, cambiarlas por nuevas versiones”.

 

Tras editar el disco, Neil Conti se incorpora a la batería. Él sería, por fin, el cuarto elemento clave del grupo, al menos para los siguientes y definitivos discos. También, en ese momento, Thomas Dolby se cruza en su camino, para acabar produciendo sus dos discos más recordados. Sucedió que, mientras participaba en un programa de la BBC en directo, Dolby escuchó algunas de las canciones del debut de Prefab Sprout y mostró su admiración. El responsable de Kitchenware Records, que estaba pendiente del programa, no tardó en ponerse en contacto con él.

 

Thomas Dolby accede a trabajar con ellos produciendo su siguiente álbum, y Paddy McAloon le muestra 60 canciones que ha compuesto a lo largo de los años. Su primer trabajo consiste en seleccionar las once que acabarán formando parte del segundo disco para, a continuación, sacarles todo el brillo desde la mesa de mezclas. Todas las elegidas eran anteriores a 1979, así que habían sido compuestas mucho antes incluso de grabar su primer disco.

 

Steve McQueen, que para Paddy McAloon debería haber sido el quinto disco, aparece como su segundo álbum en junio de 1985, con una nota que dice: ‘Debido a la excepcional duración de este disco, pínchalo MUY ALTO’. Aunque no lo parezca, la icónica portada con los cuatro en una moto de época no era en color, sino en blanco y negro, y fue coloreada más tarde; además, no fue hecha por el fotógrafo contratado -a quien realmente miraban en ese instante; de ahí que parezcan prestar atención a otra cosa- sino por su ayudante.

 

El álbum encuentra problemas en los EEUU para su edición: los herederos de Steve McQueen amenazan con demandar al grupo, así que cambian el título por Two Wheels Good (Dos ruedas está bien), en alusión a la moto de la portada, aunque la cita está tomada realmente de una frase de Rebelión en la granja de George Orwell. Por el mismo motivo, “Faron Young” pasa a titularse allí “Faron”, y el disco americano cuenta con tres caras B no aparecidas en la edición británica: “He’ll Have To Go”, “The Yearning Lions” y una nueva mezcla de “Faron (Truckin’ Mix)”, junto a una toma distinta de “When Love Breaks Down” en la que no intervino Thomas Dolby.

 

El grupo, con un montón de canciones disponibles a las que dar salida, decide grabar inmediatamente su siguiente álbum, en el espacio que tienen entre la gira por Europa y algunos conciertos en Japón. Registran Protest Songs en septiembre y deciden publicarlo como una edición limitada durante una semana en diciembre de ese año, coincidiendo con la gira de Steve McQueen. El éxito inesperado del single “When Love Breaks Down” lleva a su compañía a decidir archivarlo indefinidamente, aunque algunas copias destinadas a Japón se pierden, con lo que empiezan a circular copias piratas conocidas como The Protest Demos.

 

En marzo de 1988 aparece From Langley Park To Memphis, que se adelanta con un single, “Cars And Girls”, que se mofa de la temática habitual de las canciones de Bruce Springsteen: “Simplemente quería decirle que esa metáfora para todo (‘la vida es una autopista’) no es lo suficientemente grande para incluir toda la complejidad y tristeza de este mundo”. La portada del single muestra una cerilla que, sí, parece Springsteen en una de sus poses características.

 

En la portada del álbum, una intrigante nota: ‘Gracias especiales por habernos ayudado a encontrar el significado de la palabra ‘Rollmo’’. La palabra, que les acompañaría durante años y que daría nombre al fanzine de 18 números centrado exclusivamente en la banda, le llegó a Paddy McAloon en un sueño en el que Michael Jackson producía uno de sus discos y decía que la canción necesitaba un ‘rollmo’. Según Paddy, en ese momento Jackson presionaba un botón que le daría al disco ‘un toque de magia’. Curiosamente, esta palabra, desconocida en inglés, está prohibida en las matrículas de California por ser ‘obscena, incitar a la violencia y ser un insulto para los homosexuales’.

 

Pero es la fotografía de la portada de ese tercer disco la que los muestra con la peor imagen que nunca exhibieron. Para un grupo sin imagen reconocible, quien se encargó del estilismo de la sesión de fotos les hizo un flaco favor. En lo musical, el disco aparece como el más producido de su carrera, el más directamente dirigido a las listas de éxitos y con mayor número de colaboradores, entre ellos Stevie Wonder o Pete Townshend. Según Paddy McAloon, “era más accesible. Fue algo deliberado. Me di cuenta de que una buena canción simple es mejor que una complicada que sale medio bien”.

 

Uno de los más evidentes ejemplos de esa simplicidad es “The King Of Rock’n’Roll”, que McAloon compuso en 20 minutos tras bajarse de un bus. Según su versión de los hechos, le pareció tan estúpida que no pensó que pudiera grabarla, en especial por el estribillo por el que la canción es recordada: “Hot dog, jumping frog, Alburquerque” (“Perrito caliente, rana saltarina, Alburquerque”). En un encuentro posterior con Paul McCartney y el batería de The Crickets, éstos le indicaron que se había convertido en su particular “My Ding-a-Ling” (el single ‘tonto’ de Chuck Berry que llegó al número 1). Y otro de sus mejores momentos, “Hey Manhattan”, estaba pensada para ser cantada por Isaac Hayes, aunque éste se negó.

 

En junio de 1989 se edita finalmente Protest Songs, grabado en directo en el estudio cuatro años antes, en un estudio de 24 pistas, y con canciones como “Tiffanys”, que es una continuación de “Ghost Town Blues” aparecida en Swoon. Según McAloon, el álbum “hablaba, más que ninguno de nuestros otros discos, del mundo exterior, la vida diaria en Newcastle y el desempleo, aunque no me gustaría que se me viera como una estrella del pop que se cuestiona qué va mal en el mundo”.

 

Ya en abril de 1990 aparece Jordan: The Comeback, de nuevo producido por Thomas Dolby, y dividido en cuatro partes: la primera, con cinco canciones pop sin un tema concreto; la segunda, cuatro canciones con Elvis Presley como motivo; la tercera, una sinfonía pop en colores de cinco temas, inspirada por la cara B del Abbey Road y también conocida como ‘la ruptura de Fred Astaire y Ginger Rogers’; y la cuarta, canciones que hablan de “añoranzas, hacerse mayor y el deseo de paz”.

 

El disco cuenta con 19 canciones (entre ellas la favorita de McAloon, “One Of The Broken”), que hablan de fe, sexo, la música americana de los 50, Agnetha de Abba, Jesse James, Daryl Hall y, cómo no, ¡Rollmo! Según Paddy McAloon, al componer este álbum “quería lograr, en buena parte, canciones que pudieran cantar Elvis Presley o Barbra Streisand”. Entre las notas del disco, una dedicatoria al “personal de los Estudios Rollmo por su uso pionero de las técnicas de grabación Zorrophonic”.

 

Life Of Surprises, el primer recopilatorio del grupo, se edita en julio de 1992 con dos inéditos: “If You Don’t Love Me” y “The Sound Of Crying”, una cínica alusión dirigida al “Heal The World” de Michael Jackson que se titulaba inicialmente “Only The Boogie Music Will Never Let You Down”. Tras su publicación, Neil Conti abandona el grupo; más exactamente, “se le deja marchar”. Martin y Wendy, intuyendo que el grupo ya no va a trabajar al mismo nivel, inician otras actividades al margen de la banda, en concreto trabajando en terapia musical con niños.

 

Tras cinco años de ausencia, en los que McAloon colabora con Jimmy Webb y compone para Jimmy Nail o Cher, Prefab Sprout reaparece en abril de 1997 en el programa de la lotería británica haciendo playback de “A Prisoner Of The Past”, single que avanza Andromeda Heights. El sexto álbum del grupo ve la luz un mes más tarde y, aunque no cuenta con su producción, agradece a Thomas Dolby “su apoyo y su consejo”. En estas líneas, su autor reconoce estar obsesionado por los arreglos, lo que hace que haya trabajado en seis discos a la vez durante estos siete últimos años.

 

Como te puedes imaginar, hay que empezar preguntándote la razón por la que Prefab Sprout ha tardado tanto tiempo en editar un disco nuevo.

– No es que estuviese a la espera de la inspiración para escribir canciones nuevas, pues escribí muchas, pero hay una gran diferencia entre escribir canciones y hacer los arreglos, que consume un montón de tiempo. Me cansé de trabajar más de dos años en un disco llamado Earth: The Story So Far, que es lo que la compañía quería. Me sentía deprimido por el hecho de que, a pesar de que me gustaba la música que había hecho, me resultaba difícil de completar. Jimmy O’Nail me pidió algunas canciones, y su disco resultó un gran éxito, lo que me ayudó a construir un estudio donde pudiese hacer un nuevo disco. Después de este éxito, más gente me pidió que colaborase en sus proyectos, como por ejemplo Cher… Como ves, anduve muy lejos de los trabajos que podía haber hecho para mí.

 

¿Eso significa que dejaste de ver a Prefab Sprout como tu actividad principal y le prestaste más atención a tu trabajo como músico, no como miembro de una banda?


– En cierto modo es verdad. Decidí que, en lugar de ver a Prefab Sprout como un grupo, iba a escribir por el placer de hacerlo y ver adónde me conducía. Como escribo continuamente, junto las canciones en grupos que me parecen coherentes y homogéneos. Las archivo y decido cuáles son las que van bien juntas, de forma que pueda crear álbumes con estados de ánimo diferentes. Pretendía con eso convertirnos en un grupo más fuerte. Quería intentar un juego psicológico conmigo mismo, que era escribir música sin depender del sonido de un grupo. No buscaba el final de Prefab Sprout, sino tener una perspectiva mucho más amplia del grupo. Me senté al ordenador, con mis teclados y comencé a hacer arreglos de la misma forma que lo hace un compositor.

 

Se puede decir que viviste apartado durante siete años de la escena musical británica. ¿Tienes una opinión formada de la misma?

– Tengo ideas, pero son palabras que vienen de alguien que perdió contacto con lo que sucede. Como paso la mayor parte del tiempo escribiendo mi música y oyéndola, cuando salgo del estudio no quiero oír la de los demás. No soy un experto en la escena musical actual y prefiero no opinar. Aunque, en general, diría que no me interesa el pop de hoy en día. Para mí es la imitación de la música que oía cuando era más joven, con la diferencia de que aquélla era mejor. No sé que edad tendrás, pero yo ya tengo casi cuarenta, así que comprenderás lo que quiero decir.

 

¿Sientes el peso de la edad?

– En cierta forma sí. Oí mucha música y no siento, en este momento, la capacidad que tenía para impresionarme a los 18 o 19, cuando todo me parecía nuevo. Gané experiencia entonces y ahora oigo música de forma diferente. En este momento miro hacia cosas que pueden enseñarme algo nuevo, me siento más arrastrado hacia la música clásica o el jazz.

 

¿Cómo ves ahora, después de haber sido editado, Andromeda Heights, tu regreso?

– Todo lo que hago y escribo llena un espacio vacío en mi vida. Me siento tan próximo a las cosas que me lleva un tiempo ver cómo encajan en una perspectiva más grande. Puedo decir, honestamente, que me gusta lo que escribí. No quiero parecer arrogante o vanidoso, pero debo decir que, sea buena o menos buena, ésta es la clase de música que a mí me gustaría oír. Como no la veo en las tiendas, la hago yo mimo. Así debería ser siempre. Hay canciones de finales de los 80 (“A Prisoner Of The Past”, “Swans”) y la más reciente (“Andromeda Heights”) es de hace dos años, del verano del 95.

 

¿Qué espacio pretendías llenar con este sexto disco?

– Se explica así: si no estuviera haciendo algo, no me sentiría completo. Supongo que se puede traducir en un hecho muy simple: a la mayoría de las personas les gusta tener un empleo, sentirse útiles. A mí también me sienta bien trabajar.

 


Hacer canciones pop románticas y dulces no es, hoy en día, algo fácil. Incluso quien lo hace -Neil Hannon de Divine Comedy o Lloyd Cole- tienen más o menos tu edad. ¿Puede que no esté de moda?

– Es una buena pregunta… No lo sé; creo que cuando eres joven estás en contacto con otros sentimientos y quieres decir algo sobre el mundo. Hice muchas canciones así, que abordan asuntos diferentes. En este disco quise escribir música romántica porque me gusta oírla, al igual que busqué utilizar canciones de amor para hablar de cosas externas a las relaciones amorosas. No obstante, alguna habla también de nuestra relación con nuestra propia mortalidad. El romance, para mí, es un tema que me gusta usar en un sentido más literario, en el sentido en que deseas las posibilidades que la vida tiene para darte, y no en el sentido que puede ofrecer un disco de Lionel Ritchie.

 

No sé si es intencionado, pero al final acaba por salir tu religiosidad en tus canciones.

– Sí, no consigo evitarlo. Es, tal vez, mi pasado lo que me lleva a eso. Tuve una educación católica… Una vida en la que no se asume alguna dimensión espiritual es, probablemente, una vida vacía. No quiero decir que todo el mundo debería creer aquello que le enseñaron a creer, pero creo que todos nosotros, en un determinado momento, nos planteamos cuestiones sobre nuestro lugar en el mundo y el universo.

 

¿De qué forma eso se manifiesta en las canciones, dado que las preguntas que te planteas no aparecen de forma obvia o explícita?

– Puedo darte un ejemplo. Una canción como “Life’s A Miracle”, sin referirse a la religiosidad en concreto, aborda el hecho de que sólo vivimos una vez y el tiempo que tenemos es, por lo tanto, precioso y único. Todos lo sabemos, pero necesitamos recordarlo diariamente o nos perdemos en los pormenores de la vida. Toda la música, en cierto sentido, es de otro mundo. Toda la gente consigue levantarse por la mañana, si tiene dinero para sobrevivir, mas la música es vital para nuestra espiritualidad.

 

¿Si te preguntases a ti mismo si crees que vives lo mejor que puedes, que responderías?


– Diría que hay tantas cosas que puedes hacer con la vida que el patrón que escoges puede no ser el mejor, pero nunca lo llegas a saber. Haces ciertas cosas porque la necesidad te obliga a hacerlas o porque te gusta hacerlas, pero nunca tienes la seguridad de estar haciendo lo mejor. Me gusta pensar, desde un punto de vista creativo, que no tengo quejas. Aunque, a otro nivel, me pregunto si habré aprovechado mi tiempo de la mejor forma. Tal vez haya tenido algunos errores de los que otros hayan tomado nota.

 

Dijiste recientemente en una entrevista que tu música era increíblemente glamorosa. ¿Qué te hace estar tan seguro?

– Voy a intentar colocarlo en contexto. El entrevistador me preguntó si me sentía bien en el papel de astro pop, de persona a la que se observa con atención. Si voy a cualquier lado, intento ser invisible, de modo que pueda llevar una vida normal, y no miran para mí. Mi música es glamorosa en el sentido de que es ella la que pide atención, implora ser oída. No soy yo y una guitarra acústica para un ‘desenchufado’; se trata de una música muy rica. Si la escuchas con los cascos, creo que es una experiencia sónica. Al menos es mi opinión.

 

Tengo entendido que hay cinco discos de Prefab Sprout prácticamente concluidos. ¿Qué les va a pasar?

– Los grabaré todos, si Dios quiere. Si no enfermo, los voy a grabar todos en los próximos años. Para eso los hago: mi intención es grabarlos. Aunque el primer paso es acabar de acumular material suficiente.

 

MEREDITH BROOKS

Meredith Brooks, buenos sentimientos


 

 

Meredith Brooks, nació en el estado norteamericano de Oregón.  Aunque actualmente vive en la gran ciudad, aún siente una mezcla de nostalgia y admiración hacia la vida y la libertad que disfrutó en su entorno familiar. Hoy aún recuerda claramente muchos de aquellos momentos inolvidables. Escuchándola parece que todavía podemos sentir algo de la paz que se respiraba en el pequeño pueblo donde vivía justo después de que se apagaran todas las luces y todo el mundo se fuera a dormir. Sin embargo, en la realidad urbana que disfruta actualmente, las prisas y la presión la llevan a vivir la vida al límite. De encontrar un punto medio entre dos mundos tan distintos surge la tensión de sus canciones. Leer más

RASHA

Rasha, por el camino

 

Llegó a España huyendo de la dictadura militar islámica que ostenta el poder en Sudán, un régimen que está enfrascado en una guerra inacabable con los cristianos rebeldes. Allí no podía salir sin el velo ni viajar sin su padre, su marido o su hermano. También influyó en la decisión Al-Andalus y la poesía árabe antigua, pensando que España era parecida al mundo árabe. Después de cinco años colaborando con su hermano Wafir Shaik el Din, le ofrecieron grabar su primer disco, Sudaniyat, que ahora presenta, y que dedica a un primo muerto recientemente en la guerra que se vive en su país. Leer más

JUAN PERRO

Juan Perro, el son y algo más

 

Se veía venir. Cuando Santiago Auserón, su hermano Luis y Enrique Sierra optaron por disolver Radio Futura hace cinco años, los ritmos caribeños se habían hecho con el corazón y la cabeza de la banda más relevante de los 80. Los tres iniciaron carrera en solitario. Santiago, ya bajo el nombre de Juan Perro, dejó bien claro que lo que más le interesaba era el son cubano, en un primer disco de título Raíces al viento. Dos años después vuelve con La huella sonora, un disco que nos presenta tema a tema para comprobar que no sólo de son vive el hombre. Al menos eso es lo que parece. Leer más

ULTRASÓNICA 1997 ENTREVISTA CON SINIESTRO TOTAL

Siniestro Total, la retranca universal

 

 

 

“¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?”

 

Siguen siendo inimitables. Se les ocurre un capricho y allá van a por todas. Cultura popular, el curioso engendro que ahora tienen en las estanterías de las tiendas, es un jocoso recorrido por la historia del pop hispano… ¡y portugués! Al menos tienen ganas de avanzar hacia lo impredecible. A la hora de hablar de la criatura, Julián Hernández lleva la voz cantante. Eso sí, hay más cosas en las que no cambian: son más locuaces si se les invita a unos vinos y unas tapas.

 

¿Quién tuvo la brillante idea de hacer un disco y espectáculo como Cultura popular?

– La verdad es que es muy colectivo. Empezamos dándole vueltas, y fue surgiendo un poco por eliminación, porque la primera idea era algo que no fuera un concierto normal de Siniestro Total, o sea, donde no tocáramos nuestras canciones. Si tenían que ser versiones, que no fueran de guiris, que ya habíamos hecho bastantes. Si tenía que ser un espectáculo, pues que fuera un programa de TV. La idea era que fuera como una edición del Festival de Eurovisión, pero salió más amplio.

 

¿Surgieron el disco y el video al mismo tiempo?

– Es simultáneo. En el momento que se acabó de planear el trabajo, la idea era grabarlo, integrando las cámaras de vídeo en el espectáculo, porque no íbamos a poder hacerlo muy a menudo. Se grababa todo, lo que sucedía en el escenario, detrás y de frente. Era mucho esfuerzo, mucho trabajo y dejarlo que se muriera en dos días era un poco ‘chorra’.

 

¿Y quién fue capaz de poner el morro necesario para obtener los dineros de la Universidad de Santiago de Compostela?

– Era una cuestión de producción. Nuestra productora, Mundo Cruel, se lo curró. El dinero de la Universidad de Santiago era claramente escaso para una producción de este calibre, aunque al final se salvó el tema. Lo que hubo fue buena voluntad y, sobre todo, un entendimiento histórico entre gallegos y vascos, que se encargaron de la realización.

 

¿A qué personaje o a qué idea le toca el deshonroso papel de hilo conductor de esta historia?


– Está Josito, un personaje que tiene el mismo nombre que el actor. Se trata del regidor del programa, el hijo de un cacique rural que es presionado por su jefe para que consiga audiencia y para que se haga del partido en el poder. Él maneja a la gente pero, a la vez, hay alguien que lo maneja a él desde un sitio que no se ve. Es una especie de relación mística, casi como el Papa, que es alguien que está aquí y maneja a la gente, pero tiene un jefe arriba que es el que lleva los hilos. Es un poco como esa relación religiosa que hay en un plató de televisión, en el que hay un director que habla pero no se le ve, como un mensaje divino. La idea era tratar el tema de la audiencia, la cultura popular, la alta cultura, la baja cultura, la publicidad, los informativos…

 

¿Quién tuvo la desfachatez de seleccionar las canciones?

– La verdad es que es la elección fue colectiva, buscando lo que tuviera sentido, aunque yo soy el que tengo una colección mayor de discos. Por ejemplo, el “Compre” de Cucharada, era evidente por su relación con la publicidad. También pensamos en hacer alguna de grupos gallegos o de Vigo que en su día no tuvieron mucha repercusión y, sobre todo, no caer en los tópicos evidentes: Los Brincos, Tequila, Nacha Pop… O sea que se trataba de hacer una especie de basurero musical, recolectar cosas que a la gente no le hubieran gustado en su momento, pero que eran realmente fascinantes.

 

Hay algunas que no son tan previsibles, pero hay otras que son otro mundo, como la de Trigo Limpio.

– Pensábamos en una idea de culebrones, y la de Trigo Limpio era perfecta, de una realidad masoquista, más fuerte que cualquier otra cosa. A lo mejor ahí hay una vuelta más de tuerca que en las otras canciones, pero la canción funciona como tal.

 

Un grupo gallego haciendo versiones de otros. ¿Se os van a cerrar muchas puertas por hacer lo que otros no hacen?

– El hecho de tocar canciones de otros es algo que está olvidado, y puede que eso sea un defecto. A mí me gusta especialmente la música de los años 50 en Nueva Orleáns, y entonces la gente tocaba las canciones de todo el mundo, con un intercambio de ideas, de canciones, que daban mucha vida. La interpretación distinta de una canción, como hacían los Beatles del principio o los Rolling Stones, está un poco perdida, y la verdad es que es divertido tocar canciones que no sean tuyas.

 

¿Os atreveréis a pasear este espectáculo por la Península con más conciertos?


– Es relativamente caro y difícil encontrar sitios donde montar toda la ‘pirula’ y, si en algún sitio se puede hacer y salen los números, entonces sí, pero sería una cosa esporádica. Por ahora, los conciertos de Siniestro Total integrarán canciones, como los Who con Quadrophenia, pero la idea es dejar ese valor de que el espectáculo entero sólo se puede hacer con la parte visual.

 

¿No pensáis que el espectáculo está muy dirigido al video, cómo dijeron algunos después de presenciarlo en directo?

– Fascinante. Entonces es que se consiguió lo que se pretendía. No, bueno, el espectáculo era para los que estaban allí, y el video lo grabó Mikel, al que no se le escapa nada. Es curioso que dijeran eso, porque ahora mismo la música no tiene cabida en la televisión.

 

A pesar del aspecto lúdico, ¿no es éste el disco más serio que ha hecho Siniestro Total hasta la fecha, por lo del homenaje a otros grupos y el video?

– Por lo que respecta a la producción, sí, ya que, excepto el dinero que puso la Universidad, lo hicimos todo nosotros: diseño gráfico, imagen, guión, música, diapositivas, video… Ahí es el punto en el que podemos estar más orgullosos, ya que fue cosa nuestra, no teníamos respaldo detrás. Y a la compañía le dimos todo acabado.

 

¿Cuántos caprichos como éste puede aún permitirse el grupo antes de la debacle total?

– No lo sé. Pero para nosotros significa un antes y un después, ya que si podemos hacer esto, significa que tenemos una cierta capacidad de producción para hacer cosas raras que merece la pena intentar. Nosotros llevamos unos años haciendo versiones en bares y cosas así, pero esto era un montaje más grande.


 

¿Y qué hay de todos esos hijos putativos que os salen ahora por toda Galicia: Heredeiros da Crus, Korosidansas…?

– No creo que lo sean. Nosotros mantenemos una relación muy buena con mucha gente, incluso gente contradictoria con nosotros, a pesar de lo difícil que es llevar una relación así en el mundo de la música. Heredeiros da Crus y Korosidansas son los dos extremos. Nos llevamos bien con los dos y entendemos a los dos. La cuestión es que ahora en Galicia se está haciendo buena música y desde una perspectiva muy libre, sin tabúes, sin complejos. La gente puede cantar en gallego como postura política o sin ser así, pero en ningún caso eso condiciona el hacer buena música.

 

Por fin hay una explosión de grupos en gallego.


– Sí. Puede haber unos tipos nacionalistas y radicales como Xenreira, unos dementes como Heredeiros o unos intelectuales haciendo rock como Korosidansas. Conviven un montón de cosas que hace diez años eran impensables en Galicia. Es uno de los panoramas musicales más interesantes, más que la movida, pero al no tener una unidad, no hay un lema para venderlo. Además, ha habido otro problema, y es que en Galicia se pensaba que el rock era imperialista y, aunque es verdad, también es inevitable. Hay que asumirlo, igual que nosotros hablamos mal latín por una cuestión imperialista. Lo que hay que tener claro es que ese lenguaje sirve para lanzar mensajes: Xenreira, Negu Gorriak o Public Enemy quieren demostrar constantemente su ideología. Lo que es bueno también es que el nacionalismo asuma que eso es factible. No es necesario salir con una gaita para hacer música que hable de, por, para y en gallego.

 

¿Cómo se lleva eso de ser el único de los Siniestros originales que siguen luchando en el frente?

– Puede que en un sentido estricto sea así. Nosotros dividimos el grupo en dos épocas: antes del 88 y después, cuando entraron Segundo y Ángel. Yo no tengo la conciencia de decir “estaba antes”, ya que aquí no se establecen jerarquías por eso. El caso es que me toca a mí dar la cara, y tampoco me importa. Al final fue por obligación: fui saltando de la batería a la guitarra y a cantar. Es una especie de ascensión hacia los infiernos.

 

¿Cuál es el precio para que Siniestro Total hagan un disco de rap?

– Estaría bien. A mi me gusta el rap; no todas las cosas, pero sí algunas. En ese sentido, me compro más discos de blues sin mirar el contenido que de rap, pero hay cosas muy interesantes. Ahora mismo los Fun Lovin' Criminals son de lo mejor que ha salido últimamente.

 

¿Qué hay de vuestra reencarnación como el espíritu de Robert Johnson haciendo blues?


– Nuestra vieja aspiración es grabar un día un disco de blues, lo que pasa es que es una música que siempre la vamos incorporando a nuestro repertorio en forma de canciones o ideas, aunque nos apetecería un disco más centrado en esa idea. De todas formas, el rock es lo que sabemos hacer y lo que nos gusta. La cuestión está en simultanear las ideas a través del tiempo, y ahora estamos haciendo un disco nuevo más rock; el día en que podamos pararnos y pensar en los doce compases y las cinco notas veremos qué nos sale.

 

Había un antecedente para un programa de la Televisión Gallega.

– Una vez hicimos unas versiones de Elmore James y Howlin' Wolf para la Televisión Gallega. El nombre para el grupo lo habíamos sacado de un disco de Johnny Copeland que se llamaba “Texas Twister”, y nosotros nos pusimos The TV Texas Twisters -Los televisivos Tornados de Texas- (TTT). Fue muy divertido: la noche anterior anduvimos por Santiago y tocamos con una resaca brutal, pero así es el blues.

 

¿Y cómo el azote de Frank Zappa para conciertos sorpresa?

– Sí, pobre Frank Zappa. Menos mal que estaba muerto. Lo hicimos de todo corazón en una pequeña sala de Madrid. La verdad es que la música de Frank Zappa es muy difícil de tocar, pero sí estuvo muy bien porque nos dio la oportunidad de hacer otro concierto con versiones de otra gente. Además, también se había muerto Albert Collins, y aprovechamos e hicimos todo junto.

 

¿En qué estilo os creéis especialmente incapaces de hacer nada?

– Está claro que con el jazz no podemos, aunque hicimos un pequeño intento en Policlínico miserable, nuestro disco anterior. Que éste haya salido más ecléctico no quiere decir que nos sintamos capacitados para todo.

 

¿Cuántos grupos quedan aún por piratear en el mundo de Siniestro?

Unos cuantos, aunque volvemos a lo de antes: por mucho que queramos abarcar, siempre acabamos en lo de siempre. Aunque para dar algunas pistas ya contamos con las explicaciones de Robin, más o menos acertadas según las canciones y las indicaciones que da.

 

¿Está Hispanoamérica lo suficientemente madura para una invasión de Siniestro Total?

– Nos vamos en mayo. El año pasado los conciertos nos estaban saliendo muy bien, como muy hilados y con un repertorio muy divertido, y a Blanco se le ocurrió grabar varios conciertos. En diciembre nos fuimos a Buenos Aires. La gente conocía los discos, pero a base de pagar un montón de pasta o de piratearlos. Así que cogimos aquellas grabaciones, hechas en Maceda (Ourense), Zaragoza, Oviedo, Madrid y Buenos Aires, y Segundo las mezcló. Ese disco, que se llama Así empiezan las peleas, sale en varios países -Colombia, México, Chile, Argentina, la zona latina de Estados Unidos…- y ahora nos vamos a tocar a Perú y otros sitios. Al fin y al cabo los gallegos siempre tuvimos una tradición de cruzar el charco muy arraigada.

 

¿Entiende la monarquía vuestras canciones?

– Personalmente creo que la monarquía no entiende absolutamente nada. De todas formas, la canción “Joder Cristina” es bastante amable, me parece a mí.

 

¿Y si Aznar os escuchara realmente en privado, sería el final de Siniestro?

– Eso fue en el momento en que Aznar iba a ser nombrado Presidente del PP. Supongo que lo que pasó es que quiso quedar de moderno, y le preguntó a sus asesores o estos le aconsejaron que citara a algún grupo de entonces y le soplaron los nombres de Mecano y Siniestro Total y los dejó caer cuando seguramente no sabe nada de nosotros.

 

¿Qué satisfacciones esperan Siniestro de la música?

– Sobre todo, el divertirnos nosotros mismos al ensayar y tocar, y que haya una respuesta de la gente, una receptividad que se transmita de vuelta al grupo. Y por ahí tendrá que ir uno de nuestros próximos discos, lo del disco de blues.

 

¿Tal vez sea la retranca gallega lo que os ha permitido seguir en el negocio durante tantos años?

– Ahora que lo dices, igual tienes razón. Por lo menos para tener las suficientes agallas como para que no nos amargaran las cosas tan terribles que pasan en este mundillo. La retranca es una manera de ver las cosas que nosotros aplicamos a las cosas que hacemos. Así, en un momento dado, viendo lo que pasaba, nos encogíamos de hombros y, ante el desastre, lo mejor era reírse e irnos a tomar unos vinos.

 

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