NRBQ: High Noon, A 50-Year Retrospective

NRBQ: High Noon, A 50-Year Retrospective (Omnivore)

 

NRBQ, o sea, New Rhythm & Blues. Para más datos, la ‘mejor banda norteamericana desconocida’, funcionando ya desde hace más de 50, cuando a finales de 1965 se formaron en Lousville, Kentucky. Si son muy contados los casos de quienes han llegado a las cinco décadas en el mundo del rock, menos aún lo son aquellos que siguen grabando y editando discos relevantes.

 

Su obra ya fue objeto de otros recopilatorios en el pasado (como Peek-A-Boo de Rhino en 1990, aunque solo cubría dos décadas), pero ninguno había llegado tan allá como este. Es más, con el eclecticismo de su legado (no hay más que recordar que su debut incluía tanto versiones de Eddie Cochran como de Sun Ra), es difícil pensar que uno solo de sus más de 30 álbumes hasta la fecha les pudiese representar fidedignamente. Y eso lo hace mejor que ningún otro High Noon.

 

La razón es obvia: 106 canciones, desde su primera maqueta en 1966 (“Homebreaker”) hasta la actualidad, más de seis horas que recorren buena parte de la gran música norteamericana, el rock and roll, rhythm & blues, avant-jazz, country, rockabilly, pop… Sus cinco discos, divididos cronológicamente, aparecen ordenados de forma extraña, empezando por lo grabado desde 2005 hasta ahora para luego volver a sus inicios y acabar en 2004.

 

Recopilado por Cheryl Pawelski, este exhaustivo retrato no se limita a sus canciones más representativas parándose en casi todos sus discos (aunque no recoge sus colaboraciones con John Sebastian o Skeeter Davis), sino que incluye también 14 inéditos, grabaciones en directo o tomas alternativas. En el libreto, John Dangelis los compara con las bandas que acompañaban a Count Basie o Duke Ellington, por su versatilidad, además de trazar una completa semblanza a medio camino entre el entusiasmo del fan y el conocimiento de un arqueólogo del rock. Bien surtido en fotos, créditos y memorabilia, llama la atención que se olvide de citar la muerte del batería de su formación más clásica, Tom Ardolino.

 

En ella estaban también Al Anderson (guitarra y voces) y Joey Spampinato (bajo), además del teclista Terry Adams, que es quien ha mantenida viva la llama siendo fiel a su idea inicial, a pesar de los diferentes cambios de formación y de sellos que los acogieron. Su maravillosa complejidad, con estructura de canción pop, su sofisticación, su espíritu indómito, la diversión y energía que siempre contagiaron es lo que reivindica esta colección, fijando definitivamente su nombre en letras doradas en el panteón de la música popular norteamericana.

 

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