Nos Primavera Sound 2014

Nos Primavera Sound 2014

 


Veremos en qué acaba. En la agenda está el traslado de la próxima edición de principios a finales de junio. Todo en función de una climatología que se preveía muy adversa este año y que al final no lo fue tanto; para entendernos: no llovió ni cayó el diluvio universal que se esperaba. Si se traslada de fechas, la diferenciación con su hermano mayor barcelonés será una realidad y un elemento decisivo, con lo que seguro que más de uno hará doblete.


Por lo de pronto, este año el Primavera Sound de Oporto se volvió a saldar con un éxito absoluto, debido sobre todo a la perfecta organización: el festival vende sidra, vino, té y cafés en puestos especiales y a precios más que populares. Las barras nunca están llenas. El sonido es, sencillamente, impecable. Se repartieron chubasqueros para todos y volvieron a regalar manteles enormes tipo picnic. Se cumplieron los horarios incluso recuperando el retraso acumulado por Television. Regalaron y decoraron con flores a quien quisiera. Y es, más que cualquier otra consideración, un festival cómodo, razonable y manejable. Solo consta un pero: el libreto con los grupos del festival aparentemente solo se repartió en la zona de prensa.

 

 

Sus 50 artistas están lejos de la oferta barcelonesa que supera las dos centenas, así que en algún momento se agradecerían menos tiempos muertos, pero al menos los más aclamados allí repitieron aquí. Charles Bradley es, en directo, toda una fuerza desatada de la naturaleza, probablemente el único capaz de conducirnos a un festival al aire libre de los 60 con hueco para el soul. Ty Segall sigue reformulando el garage lindando con el hard rock con total descaro, contando con Mikal Cronin de escudero de lujo. Por último, ver a Slint reproduciendo la exigente experiencia física de Spiderland es un tanto por el que ya compensa todo el bono del festival.

Puede llamar la atención darse cuenta de que los tres tocaron en el mismo escenario, el ATP, (todos, además, el domingo, uno detrás de otro), pero ya es una constante: allí suelen disfrutarse los mejores momentos y las mayores sorpresas. Este año, además de los citados, se podría mencionar también en el ATP entre lo más granado a la red tejida por Godspeed You Black Emperor, Loop o Pond y el teatral e inesperado pase de Yamantak/Sonic Titan. Y, sí, claro, Shellac, aunque lo de Albini y compañía podría pasársenos por alto dada su condición de banda residente.

Sumémosles otros nombres como la debutante Courtney Barnett, con un show descontrolado para su rock de corte clásico, o Cloud Nothings entre los recogidos en letra pequeña del cartel. Y, entre los grandes, el regreso de Slowdive fue el otro gran concierto del Festival, reclamando su condición de indispensables del shoegaze, tan válidos hoy como entonces, incluso más teniendo en cuenta que ahora actúan para multitudes.

También hubo las lógicas decepciones, porque no todo puede estar a la misma altura o al quedar en evidencia simplemente por comparación. A la apatía de Pixies se le suma un disco reciente nada apropiado para levantar pasiones. Las en principio apetitosas Dum Dum Girls buscaban epatar con su frialdad (y su sugerente atuendo), pero no pasó de ahí. A Sky Ferreira, mucha pose, le faltan aún muchas millas de rodaje y más canciones. Midlake, sin desmerecer su válido folk-rock crepuscular, fueron los únicos que tuvieron que sortear problemas con el sonido. Y a Television le costó arrancar hasta conseguir encontrar algún atractivo extra a escucharles recrear un disco tan clásico como Marquee Moon.

Quien sí va sobrada de actitud es St. Vincent, teatral y encantada de conocerse, después de haber aprendido más de un truco de su compañero de gira reciente David Byrne. También la tienen The National, haciendo valer su condición de cabezas de cartel, con mucha más contundencia que en su versión de hace tres años en Barcelona. Y John Grant, ahora que se le hace caso, aprovecha para sacar lo mejor de un repertorio en solitario que vale su peso en oro; difícil verlo y no pensar en la mejor Sinead O’Connor (con quien ha colaborado), la de sus inicios.

La versión más rock, más convencional, la puso Lee Ranaldo. Nada que objetar, a no ser que uno fuera buscando la libre dispersión de Sonic Youth. Por su parte, Neutral Milk Hotel se reveló como una carta ganadora, folk-rock primoroso empequeñecido (o engrandecido, según se vea) por su negativa a ser filmados o fotografiados.

Las hermanas Haim salieron a por todas con un show repleto de tics rockeros, que engrandecían sus canciones entre el AOR y Fleetwood Mac. Sin embargo, al día siguiente su pirotecnia quedaba más a la vista y palidecía al lado de Warpaint, mucho más interesadas en lograr efectos parecidos (o distintos, según el caso) con sutileza y tejiendo atmósferas que atrapaban, sí.

 

 

En la vertiente electrónica o bailable, cabe destacar al danés Trentemoller, en este caso con banda y una vocalista llenando el escenario. Y, como ya es habitual en todo recinto donde se presente (no hay más que recordar el Festival do Norte), !!!, con su cantante Nic Offer, invitaron una vez más al desfase colectivo.

Quedan para el final los dos extremos menos afines al resto de artistas. Kendrick Lamar presentó ante numerosos seguidores su rap eléctrico y afilado, con banda y una base rítmica pletórica, aunque su largo concierto fue de más a menos. Y, poniendo en evidencia a todos los demás (¿cuántos llegarán a su edad, 70 años, dando lecciones sobre un escenario) Caetano Veloso fue el auténtico rey, un líder de la tribu con pleno dominio de las tablas y del público, desde “A bossa nova é foda” hasta “A luz de tieta”. Nos Primavera Sound solo agranda su leyenda al identificarse con un artista sin par. Por largo tiempo.

(Parque da Cidade, Oporto, del 5 al 7 de junio de 2014. Público: 70.000 espectadores)

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