NISTAL

Nistal, álbumes de fotos

 

 

 

 

 

Ricardo Nistal vuelve a ser el único componente de Nistal en su cuarto disco No es fácil ser hombre, dejando atrás la formación de cuarteto con la que registró su anterior álbum Al Norte de aquí, motivado por dos elementos: por un lado, el deseo de volver a la sencillez a la hora de hacer música, como a él más le gusta, con un sonido más humano, próximo, sin excesivas alharacas pero sin renunciar a las canciones como epicentro; y, por otro, a la marcha de quienes le acompañaban en aquel disco que ha propiciado este giro. Según nos explica, con este formato se mueve como pez en el agua: “la pecera es más pequeña pero es más fácil de cuidar y de alimentar”.

 

Aunque pudiera parecer lo contrario, no hay tantas diferencias ahora en relación a la anterior etapa, porque tú eras el líder.

– Obviamente el peso de una formación que se llame como tu apellido recae sobre tu persona. Pero les estoy muy agradecido a ellos porque trabajaron duro, motivados y como auténticos camaradas el tiempo que permanecimos juntos. Fue una etapa que disfruté, pero mantener un grupo hoy día es harto complicado. Y es mejor así: cada uno tiene que hacer lo que tiene que hacer con su vida.

 

Por primera vez editas repites con el mismo sello (Astro/Popup). De todas formas, parece más una autoedición con algo de respaldo por su parte. Es una vía bastante válida hoy.

– Has acertado. Y es que las discográficas y todos hemos cambiado. Para mejor o peor, no lo sé, pero la vida sigue. Me planteé autoeditarlo pero necesito sentirme parte de algo y hay algunas cuestiones técnicas con las que me ayudan. Hablamos, tras el disco anterior, de que yo quería gestionar prácticamente todo y Astro/Pop Up -que tiene también otras prioridades- lo vio lo más natural. Son como el hermano mayor al que quieres y recurres solo cuando has perdido las llaves de casa estando de borrachera. ¡Pero que ni se le ocurra decirte lo que debes hacer con tu vida!

 

¿Eres tú el autor de la hermosa presentación del compacto, que venía en un recipiente en bandeja de aluminio con su mantelillo y su cubierto de madera? ¿De dónde viene la idea?

– Yo no podría crear algo así de bonito, bastante me cuesta ya con las canciones. El diseño artesanal ha sido obra de Elena Martín Sánchez, mi chica. Al ser mi primer disco en formato digital, se me planteó el problema de cómo hacerlo llegar a los medios más allá de un triste enlace de descarga. Y me propuso esta preciosidad. Las copias, a partir de su prototipo, las hago a mano una a una cada noche. Parece que a la gente y a los medios les gusta, por lo que ahora las quiero vender en los directos. Por supuesto, también está en las tiendas digitales. ¡No vaya a ser que mi discográfica lea la entrevista y se me enfade!

 

Veo que en alguna canción del disco, como “Corazón cicatriz”, os habéis reencontrado tres ex Babylon Chat.

– Fue muy emocionante. En todos mis discos siempre llamo a alguien de Babylon Chat. Es una pequeña manera de hacerme sentir que el grupo se encuentra aún en estado latente. Me gusta contar con su beneplácito, quizá es una herencia del pasado. Gabriel Cuesta siempre ha estado presente en cada disco, ya sea tocando o de forma presencial en el estudio. Igor Paskual produjo mi primer álbum y ahora Héctor Tuya este último. Siempre me fijo en sus ojos cuando nos reencontramos y grabamos. Tienen un brillo especial.

 

“¿Dónde están las flores que nos prometieron?” abre una nueva temática en tus canciones, el tema político. ¿Tocaba, era el momento?

– Más que nunca. Si eres artista, es momento de posicionarse. Siempre he huido del término cantautor como de la peste. Pero claro, un músico es cronista de la época que le toca vivir, es reflejo de una sociedad. No se puede vivir de espaldas a ella. No me considero un cantautor, repito, pero tengo tal cabreo e indignación con cosas como la nueva ley del aborto, que hasta dan ganas de hacer canción protesta.

 

“Soy el motor” cierra el disco con un rayo de esperanza, tras varias canciones que hablan de desengaños. Supongo que esa era precisamente la intención, ¿no?

– El disco es optimista, o hace el esfuerzo por serlo. Mis discos anteriores caen más en el pesimismo y suele ser porque tiendo a escribir más cuando estoy de bajón. Esta vez he aprendido un par de cosas en la vida -más bien a base de repetir errores que por otra cosa- y he querido compartirlas. Esta canción es un claro ejemplo de ello y me pareció una buena manera de terminar el disco con el mismo tono esperanzador con el que empieza.

 

Transmites unas experiencias que parecen muy personales.

– La gente tiene álbumes de fotos, yo tengo mis discos. A través de ellos puedo ver mi vida, a quién amé, quién quería ser, los excesos que cometí… y expío así mis pecados, miedos y mis vergüenzas. Lo que sí intento es que mis canciones sean bellas en sí mismas, deseo que permanezcan más allá de mi propia vida. Es mi pequeña aportación a la humanidad.

 

 

 

 

 

Hay sentido del humor en las letras, con ganas de quitarle trascendencia a las cosas. ¿Te surge fácilmente o requiere de mucho trabajo?

– Quienes me conocen saben que tengo dos caras. Una más tristona y solemne y otra más cínica y divertida. No me cuesta nada tener sentido del humor en una letra porque yo soy así. Lo que me requiere más trabajo es lograr que sea buena y mordaz.

 

Siempre ha habido colaboraciones en tus discos (Templeton, Deluxe…) En este caso son de procedencia muy dispar (Israel Nebeker, de los norteamericanos Blind Pilot, Rubén Pozo, de Pereza, y los portugueses Plastica). Da la impresión de que te entiendes bien con tus colegas.

– Lo que ocurre es que al llevar cierto tiempo en la música conoces gente, incluso antes de que sean populares y todo es más natural de lo que pueda parecer. Agradezco a todos y cada uno de los que han colaborado en mis discos. Invitar a otros músicos tiene cierto componente de marketing que no voy a negar, pero es sobre todo porque la canción en la que intervienen mejora y cobra vida. Creo que también lo hago para suplir la parte mágica que tienen los grupos.

 

“¿Para qué vas a regalarle un disco a alguien cuando le puedes regalar un concierto?”, es el lema de tu nueva propuesta,  Conciertos a domicilio. No parece muy distinta del Live in the Living que promueve Rick Treffers de Mist, quien por cierto estuvo también en Astro.

– Ni tan distinta de la que llevó a cabo Fran Nixon, apuntaría yo. La idea pulula en el ambiente desde hace tiempo, sobre todo fuera de España que es de donde a mí me llegó el influjo. Creo que la idea no es propiedad de nadie, sino de los valientes que se atrevan a hacerlo, está ahí en el aire para quien la quiera coger. Realmente lo que diferencia a cada propuesta es el artista en sí. A mí me empujaron más mis colegas americanos Blind Pilot, que empezaron haciendo una gira en bicicleta por casas y lugares más atípicos, conectando así con el público. El año pasado vinieron de gira por Europa y me llamaron para tocar con esta idea por el norte de España con ellos. También me ha hablado mucho del tema mi amigo Peter Murray, del grupo John Heart Jacky. Él quiere hacer algo similar con su nuevo disco en Nueva York, donde reside. Hemos hablado de hacer alguna cosa así juntos por allí tarde o temprano. Como ves, al final cuando conoces músicos de fuera relativizas un poco todo lo que ocurre en tu propio país, y eso es bueno. Dicho lo cual, creo que es momento de que germine en España un circuito de casas para tocar a domicilio. Sería la leche tal como están las cosas.

 

¿Cómo ha sido hasta ahora esta experiencia? ¿Algunas anécdotas?

– En mi caso no me mueve el ánimo de lucro sino dar a conocer mi música y tener experiencias enriquecedoras. Siempre y cuando no palme pasta, claro está. La gente lo valora como algo único a la vez que cercano y tú te olvidas de la presión disfrutando de la música en su estado puro. Estoy abierto a cualquier propuesta en www.nistal.info/adomicilio. En febrero andaré por el norte con ello, que lo sepan los lectores.

 

Hubo un juicio por el tema de Babylon Chat. ¿Cómo acabó aquello?

– En su día dividió a los miembros que habíamos pasado por él en dos facciones. Yo fui citado a declarar, junto con Loquillo, como testigo de la defensa a Igor Paskual, por causa de su incorporación a Loquillo y los Trogloditas. Como podéis imaginar, aquello resultó un poco surrealista para mí. En el otro lado, como testigos de la acusación, fueron citados Héctor Tuya y Ricardo Saavedra. Afortunadamente, el tiempo lo cura todo y cada uno de nosotros cerró sus heridas y la gente se ha reconciliado. Por eso, más allá del aspecto profesional (determinante para el resultado final de este álbum) contar con Héctor Tuya como productor ha significado muchísimo para mí en el plano personal. Date cuenta: la primera vez que nos vimos tras aquel día en los juzgados ha sido años después en su estudio de grabación.

 

¿Has leído el libro de Igor Paskual?

– Aún no pero alguien me dijo que en algún pasaje habla bien de mí. Voy a tener que comprármelo. Una parte de mí -por los recuerdos que uno tiene un tanto idealizados- no sabe si revisitar los capítulos relativos a Babylon Chat. Pero otra se muere de ganas por hacerlo. Iba a ojearlo en la FNAC el otro día pero el cabrón lo vende plastificado. Lo compraré estas navidades.

 

¿Algo que te haya cambiado la visión de la música últimamente?

– Ver a grupos que abandonan habiendo empezado en esto después que yo. Me ha hecho tratar de disfrutar más del paisaje mientras recorro el camino que de correr tanto hacia ninguna parte.

 

Hace casi una década que sabemos de Nistal. ¿Cómo han sido estos diez años en la música con cuatro discos editados?

– En honor a la verdad, son 8 años con 4 discos. No me hagas sentir viejo, por favor, que aún estoy hecho un rapacín. Pues he vivido la inocencia e ilusión del principio, pasando por el subidón y posterior resaca de cuando en la música circulaba algo más de pasta, para llegar finalmente al momento actual de síntesis en el que hago música por el placer de hacerla, con los pies en el suelo. Básicamente, los mismos bandazos que todos los de mi generación y los de nuestra querida España.

 

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