NIRVANA NEVERMIND

 

NIRVANA: Nevermind (Sub Pop/Geffen-BMG, 1991)

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            Hace poco en las noticias locales comentaron un incendio en una casa de la vecindad. Parece que alguien había dejado la espita del gas de la cocina abierta sin darse cuenta y que, cuando volvió, encendió un cigarro y… Se había acumulado tanto gas y fue tan grande la explosión que, cuando llegaron los bomberos para hacer su trabajo, no quedaba mucho de la cocina ni de la casa. 

            Si uno lo piensa detenidamente, ese incidente puede recordarle el impacto explosivo que tuvo el álbum Nevermind de Nirvana cuando se editó allá por septiembre de 1991. Durante años la escena rock americana había desaparecido prácticamente, y necesitaba desesperadamente algo fresco que le diera nueva vida. El gas en la industria de la música había quedado abierto demasiado tiempo y había demasiados buitres esperando el próximo gran acontecimiento. 

            Por aquel entonces, Nirvana no era más que un desaliñado combo de tres tipos con una considerable energía punk que nunca habían dedicado ni un minuto a considerar la fama como una opción seria para una carrera en la vida. Simplemente querían hacer el tipo de música que les hiciera felices y que los mantuviera al margen de cualquier problema. Su primer disco, Bleach, de 1989, exhibía algo prometedor y, también, alguna que otra bravuconada, aunque no mucho más en proporción que muchas de las bandas independientes que nacían en Seattle al mismo tiempo: Soundgarden, Pearl Jam, Mudhoney, Alice In Chains, Mother Love Bone, Screaming Trees… 

            Pero cuando Nevermind se publicó dos años después, esta vez en una multinacional, encendió, sin proponérselo, la mecha que arrasó con todo a su alrededor. Era la perfecta combinación de actitud punk, rock setentero y melodía pop, algo que casi no se había oído con anterioridad, a no ser por los Pixies o en elementos de Hüsker Dü, Dinosaur Jr. y los propios Sonic Youth. Con el apoyo de un poderoso equipo de promoción detrás, el álbum se comió la escena, impulsado por “Smells Like Teen Spirit”, el himno adolescente de los 90, y ayudado por canciones como “Come As You Are”, “Lithium” o “In Bloom”. 

            Todos pudieron oler el gas entonces, pero nadie vio como llegaba la explosión. De hecho, hubo muchas bajas con el éxito de Nirvana, entre ellas la del mismísimo Kurt Cobain, desbordado por la fama, y de casi toda la escena grunge, que desde ese instante iniciaría el previsible descenso. Ahora bien, desde que Nirvana aterrizaron en la escena rock y salieron lanzados desde la puerta en llamas de la industria musical, nada volvió a ser lo mismo.

Recomendado en una línea similar: 

Dust, de Screaming Trees (1996) 

 

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