NICK CAVE

Nick Cave en la parada de los monstruos

 

Los hechos desmienten la imagen lúgubre y de pasado tormentoso que le acompaña. Nick Cave es ahora un padre de familia, cerca de los 40, que disfruta unas pequeñas vacaciones para presentar Murder BalladsBaladas asesinas o Baladas de asesinatos, según el día-, su último disco. ¿Qué queda de aquellos días tormentosos y torturados en el australiano quien, después de desmembrar a la máquina de blues agónico The Birthday Party, ha editado ya nueve discos en lo que es la colección más impresionante de los diez últimos años? Pasen y teman.

 

Los textos de Murder Ballads se basan en el relato de varios asesinatos, pero no tienen siquiera la coartada de describir el proceso mental que lleva al asesino a actuar de esa forma.

– Cierto, porque no es un disco demasiado personal y no estoy tan metido en los textos. La grabación de Let Love In me dejó exhausto. Fue muy doloroso porque trataba lo que me estaba ocurriendo en aquel momento, que era una mierda. Murder Ballads fue escrito como un ejercicio académico, a partir de una idea que surgió hace muchos años y, cuando nos pusimos, mi interés por el tema había desaparecido. Antes leía sobre asesinatos y muertes, ahora ya no. Algunas, como «O’Malleys Bar» se ponen en la piel del asesino, pero la mayoría de las canciones son comedia pura. Si las hubiera escrito hace cinco años hubieran sido peores, en el fondo y en la forma. Pienso que el disco es divertido.

 

Tampoco es que sean precisamente cómicas. En tal caso tragicómicas.

– De acuerdo. Hay temas realmente perturbadores como «Song Of Joy» y «O’Malleys Bar», sobre una matanza múltiple en un bar, que muestra mis sentimientos hacia una sociedad que crea gente como ésa. Es contradictorio, porque odio al que es capaz de hacer algo así pero, a la vez, puedo simpatizar con él en algún sentido.

 

Además de sangre y vísceras hay también mucho amor. ¿Qué relación intentas explicar entre el amor y la muerte?

– Para mí, el asesinato como metáfora del acto más extremo sí está muy relacionado con el amor, porque en ese sentimiento reside mi más profundo odio y felicidad. Toma como ejemplo «Where The Wild Roses Grow», escrita para cantar con Kylie Minogue. Habla de mis sentimientos hacia ella y, a pesar de ser una balada sobre un asesinato premeditado, se trata de una canción romántica.

 

A primera vista choca la idea de Nick Cave junto a Kylie Minogue. Sin embargo P J Harvey sí está más cerca de ti, tanto musical como personalmente, haciendo los dos la música más personal de los últimos años y, por otra parte, la más duradera.

         – Polly Jean Harvey es una gran amiga. Los dos hablamos sobre lo mismo. Ella es compositora y trabaja desde el principio del proceso creativo. En el caso de Kylie, hasta ahora ha tenido gente escribiendo para ella y su relación con la música ha sido totalmente diferente. Hace años la vi actuar y pensé que ojalá cantara otras cosas. Quería verla cantar algo más sensual y melancólico.

 

¿Hasta qué punto escribir para ellas o para otras personas es una terapia personal?

– Las canciones me sirven para distintos propósitos: puedo atacar a alguien en concreto y asesinarlo con palabras, normalmente a las mujeres, porque me hieren profundamente. Hago temas así para que sepan como me siento y se sientan mal también. Otras me sirven para sentirme más cerca de la chica a la que amo. Es como si, al pensar en alguien, dedicándole atención y tiempo, se hiciera más grande, se acercara. Escribir no me ayuda a menguar el dolor que siento a veces, sino a comprenderlo. Para mí escribir es un acto espiritual de celebración, muy positivo.

 

Aun así, el dolor, la tristeza, las obsesiones, la depresión… el lado oscuro de la vida siempre ha estado en tus textos.

– Escribo más sobre el amor pero, por desgracia, cuando empiezo una relación, en seguida le veo el final. No es una forma de ser muy positiva, pero he aprendido a reconocer rápidamente los fallos que van a destruirla nada más empezar. Y entonces puede que resulte incomprendido, cuando se cree que mis canciones son negativas. Tengo una visión del mundo un tanto despiadada. No estoy en este mundo para aplaudir a todo.

 

¿Cómo encajas entonces las críticas?

– Antes me implicaba emocionalmente en las entrevistas. Si después se decía algo agresivo en mi contra, respondía. No me caía bien ningún periodista de los que conocí. Ahora sigo leyendo todo lo que se publica sobre mí, pero no me preocupa demasiado, aunque sigue doliéndome leer artículos sobre mí deliberadamente violentos. De todas formas, os hago una foto a todos y así os podré buscar y matar si habláis mal de mí.

 

Supongo que tendrá mucho que ver con todo el tiempo que ha pasado desde finales de los 70 y tus primeros discos con The Birthday Party en Australia. ¿Cómo te ves después de tantos años y tantos discos?

– Considero que soy un músico que trabaja sólo en su campo. Lo que hago no tiene ninguna relación con el panorama actual ni la ha tenido nunca. Me gusta esta situación. Mis músicos preferidos también trabajan en algo único: sus composiciones hablan de ellos, no de lo que pasa por fuera o de la moda. Me divierte estar de vez en cuando arriba y ser considerado pasado de época más tarde, como un dinosaurio, que es lo que soy.

 

No eres aún lo suficientemente mayor, más si lo comparas con lo políticamente correcto de las nuevas generaciones.

– Creo que tengo algunas actitudes prehistóricas hacia ciertos temas de este mundo tan políticamente correcto en que vivimos. Cuando creces tiendes a ser más tolerante con los demás, pero las personas se van formando poco a poco y la vida te hace ser como eres. Si no cambias, acabas odiando a todos, empezando por ti mismo.

Xavier Valiño

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