NEIL YOUNG & PEARL JAM

Neil Young, cuando ruge el búfalo

 

 

            Incombustible. Ése es el término perfecto para Neil Young. Junto con el de MAESTRO. Más de 30 años en activo y sigue dando a la luz obras relevantes sin respiro. Dos al año en los últimos meses, como Sleeps With Angels y Mirror Ball. Y con este ya van ocho encadenadas desde 1.989: El Dorado, Freedom, Ragged Glory, Weld, Harvest Moon y Unplugged son las otras seis.

 

            Él, y otros pocos al margen de las modas y siguiendo sus propios dictados, son los que saben evitar presiones porque están de vuelta de todo. Nick Cave, Tom Waits, Lou Reed, Leonard Cohen… Todos ellos inquilinos de islas desiertas en un mar infestado de tiburones y vulgaridad.

 

            Con Mirror Ball, Neil Young ha dado otra vuelta de tuerca: explicar como parecer nuevo haciendo lo que siempre ha sido su fuerte. El truco pasa por conseguir que Pearl Jam sea la banda de acompañamiento. Los nuevos reyes del rock pesado respaldando a su máxima influencia, el auténtico abuelo del grunge.

 

            Sin preocuparse por los líos legales, que los ha habido entre las compañías discográficas de ambos para editar el disco, y con la banda de acompañamiento más que interesada por figurar en un disco de Neil Young, aunque son precisamente esos problemas legales son los que impiden que el nombre de Pearl Jam figure en algún lugar visible.

 

            Al final ha sido Warner, el sello del canadiense, el que se ha llevado el gato al agua. Lógico, si tenemos en cuenta que todas las canciones son composición del propio Neil Young, que él impone su estilo directo y efectivo -¿dónde está la maquinaria pesada de Pearl Jam?- y que lo de menos es quién le respalde: da igual que sean Crazy Horse, Booker T. & The MGs o los mismísimos Pearl Jam. El propio Eddie Vedder sólo encuentra lugar para algunos coros y unas líneas.

 

            Esta vez, Mirror Ball va en la onda eléctrica, sin respiro, la de encender la alarma de fuego. Nada extraño si tenemos en cuenta que en la última década casi todos los nuevos grupos lo citan entre sus influencias. O que el cabecilla y mártir de toda una generación, Kurt Cobain, se pega un tiro dejando una de las frases de una de sus canciones emblemáticas como testamento: It’s better to burn out than to fade away -“Es mejor arder de una vez que consumirse lentamente”-, lo que dio lugar a su penúltimo trabajo, Sleeps With Angels.

 

            Detrás de sí tiene buena parte de los mejores momentos de la historia del rock junto a otros ciertamente inclasificables. Lo que quedará para la posteridad son sus discos en solitario, de los que ya hay más de una treintena e incluso alguno no editado desde 1973, como Homegrown.

 

            Durante los 70, Young dejó una buena cantidad de clásicos como After The Gold Rush, Harvest, Tonight’s The Night, Decade, Zuma o Rust Never Sleeps. En los 80, en contra de todo el sistema y de su propia compañía, que llegó a demandarlo por la baja calidad de sus discos, se dedicó a experimentar con distintos estilos: country, techno, rockabilly, funk y blues.

 

            El canadiense ha pasado por todas las experiencias, como para tener suficientes recursos. En su juventud sobrevivió a la diabetes, la polio, la epilepsia y al divorcio de sus padres. Su padre, un periodista deportivo de Toronto, publicó varios libros, entre ellos Neil & Me, sobre la relación con su hijo.

 

            Mirror Ball tiene bastante de las experiencias anteriores. Pero que nadie se deje engañar por tan insigne compañía. Mirror Ball puede ser el disco definitivo a la hora de empujar la carrera de Neil Young, pero muchos otros de sus discos detrás podrían haber ocupado su lugar tranquilamente.

 

            Tal vez el huracán Neil Young esté haciendo sonar sus encendidas guitarras en su rancho en medio de la pradera, como acostumbra a hacer para calmar su ansiedad, asustando a sus vecinos. Tal vez el próximo disco vaya en esa línea o tal vez no. A estas alturas da igual: el ciclo que comenzó con El Dorado es de los que no encuentran equivalencia en el mundo del rock.

Xavier Valiño

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