MUSTANG, NEPAL

VIAJES


Mustang, el Reino Prohibido del Himalaya

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Mustang es uno de los escasos lugares en la región del Himalaya que ha sido capaz de retener su tradicional cultura tibetana intacta… La auténtica cultura tibetana permanece hoy sólo en el exilio y en lugares como Mustang, que tuvo durante mucho tiempo lazos históricos y culturales con el Tibet – Dalai Lama.

¿Cuánto tiene que ver la televisión -o su ausencia- en que todavía sea posible encontrar en el mundo lugares intactos? Mucho, se supone. Bután podría ser hoy algo similar a Mustang, pero la llegada de la primera televisión hace cuatro años ha conseguido que empiece a sucumbir a influencias externas. Mustang todavía se libra de esa descomunal influencia y, por ahora, casi también del turismo gracias a una deliberada política de conservación cultural y medioambiental.

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También es cierto que desde que en 1994, dos años después de abrirse oficialmente al turismo, se pudiera ver en las televisiones de medio mundo el documental Mustang: el Reino Oculto, presentado por Harrison Ford, su reconocimiento como uno de los últimos reductos mágicos y casi inexplorados del planeta no ha cesado de crecer.

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Mustang, el Reino Prohibido, se encuentra al noroeste de Nepal, compartiendo límites geográficos con el Tibet en Asia Central. En sus escasos 80 kilómetros de Norte a Sur y 45 kilómetros de ancho casi nunca llueve. A pesar de estar situado a más de 2.500 metros de altitud y de que las regiones colindantes estén sometidas a la influencia del monzón, Mustang, se encuentra resguardada de las lluvias a la sombra de parte de las grandes cimas del planeta como el Annapurna (8.078 metros), el Dhaulagiri Himal (8.167 metros) o el Nilgiri (7.061 metros).

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Su paisaje es árido y seco, y las condiciones de vida no son fáciles, por lo que parte de su gente emigra gran parte del año a partes más bajas de Nepal. Tan sólo 9.000 personas pueblan esta región, distribuidas entre tres poblaciones principales y pequeños asentamientos. Toda la región y su paisaje están fuertemente condicionados por el río Gandaki, que corta el territorio en dos. Su valle, el Thak Khola, forma el cañón más profundo del mundo.

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Hoy, Mustang es un reino independiente, aunque ligado por lenguaje y cultura al Tibet. De hecho, y tras haber conseguido escapar a la influencia china, hoy puede considerarse como el auténtico baluarte del budismo. Su compleja historia comprende una familia real que ya rige sus destinos durante 25 generaciones, varias fortalezas del siglo XV y numerosos monasterios budistas creados gracias al dinero que proporcionaron en su día las caravanas de la sal.

Mustang fue un principado independiente hasta 1951, fecha en que se consolidó como un reino. Durante los 60, después de que el Ejército chino tomase el control del Tibet, se convirtió en el centro de actividades y refugio de la guerrilla Khampa en su lucha contra los chinos.

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Llegar a tan recóndito paraje puede convertirse en una odisea; desde luego, los destinos más aventureros son los más exigentes. Pero merece la pena: cañones, abismos, pasos imposibles, acantilados, barrancos, cuevas que todavía usan los budistas cuando se retiran a meditar, sendas horadadas en la roca en las que no cabe más que una persona…

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En un trekking a Mustang se pueden invertir entre 14 y 24 días, partiendo de la localidad de Jomson, a la que se llega en avión desde Katmandú, la capital de Nepal, vía Pokhara. Tampoco es barato: el permiso para acceder al Reino Prohibido tiene un precio disuasorio, casi prohibitivo: 700 dólares. A esta cantidad hay que sumarle el gasto de la organización del viaje, con guía oficial y porteadores.

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Tampoco todo el que lo solicita tiene asegurado el permiso. El gobierno nepalí, consciente de que la influencia occidental se debe mantener al mínimo, sólo concede 1.200 permisos al año, lo que da una media de menos de 3 personas al día con derecho a acceder más allá de sus semicerradas puertas.

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Ya en el camino, que varias veces se acerca a los 5.00 metros de altura, abundan los templos budistas, con pinturas bien conservadas. En este territorio desértico y complicado, los templos superan en número a los árboles. Los pequeños poblados siguen un régimen de vida feudal: mientras los hombres cuidan sus pequeños cultivos de cereales y sus yaks, las mujeres están al cuidado de las casas.

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La etapa final del viaje lleva a la capital, Lo Manthang, en un valle en el que abundan los yaks, los caballos salvajes y las terrazas de cultivos. Allí se encuentra el palacio real, residencia del rajá y su familia, que vienen de un linaje que los emparienta con Ame Pal, el guerrero que fundó el reino budista en 1450. Conviene hacer coincidir la llegada con el festival de Tiji, una colorida celebración de tres días denominada ‘La persecución de los demonios’, distinta a todo lo imaginable. Sus bailes de máscaras y representaciones religiosas hicieron creer al primer hombre blanco que las contempló en 1964, Michel Peissel, que se encontraba en otro mundo.

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Si se quiere una aventura más completa, el reto está en continuar hacia el Este, en dirección a Lo Gekhar, en donde muchos de sus habitantes jamás han visto a un occidental. Ésa es la zona  en la que, supuestamente, vivió Padmasambhava, el fundador del budismo, y donde construyó Samye -el monasterio budista más antiguo del Tibet-, en su lucha contra los poderes malignos que querían destruir su religión.

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Mustang, con sus hermosos y amplios paisajes de apariencia lunar, es, también, el reino del leopardo de las nieves, la protegida oveja azul y el mítico Yeti, o abominable hombre de las nieves, que los lugareños aseguran haber visto en más de una ocasión. Comprobarlo requiere de un esfuerzo físico considerable, pero pocas caminatas en el mundo tienen mejor recompensa, una recompensa que, contrariamente a lo habitual, está más en el propio camino que en su destino final.

(2006)

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