MORNING RUNNER

Morning Runner, arde Reading

MORNING RUNNER

 

Morning Runner no busca ser la nueva revelación o el último grito. Simplemente persiguen hacer buenas canciones, como las que hay en su debut, Wilderness Is Paradise Now. Y, tal y como nos cuentan, están satisfechos con el resultado. “Estamos orgullosos de este disco y lo que nos ha llevado hacerlo. Esta colección de canciones representa lo que somos.”

 

Morning Runner se conocieron en Reading, Berkshire, mientras formaban parte de distintos grupos. Musicalmente, la ciudad es más conocida por el festival de rock que lleva su nombre que por la contribución de sus habitantes a la música (¿alguien se acuerda de Slowdive?). “Te sientes enorme cuando eres joven, aunque hay una actitud de pueblecito”, dice el batería Ali Clewer. “No me gusta, pero lo cierto es que se dan menos puñaladas traperas por la espalda para llegar a lo más alto.”

 

El pianista Chris ‘Fields’ Wheatcroft apareció desde Salisbury, donde dejó de lado su curso de música clásica. El cantante y guitarrista Matthew Greener se trasladó allí con sus padres de adolescente, mientras que Ali, el batería, y Tom Derreti, el bajo, nacieron y se criaron en Reading. Matthew empezó como batería en otra banda, aunque componía gran parte del material. Frustrado, se marchó para tocar en solitario, hasta que una noche un promotor local le pidió que volviera a tocar con la banda y Matthew aceptó, aunque no admitió que no tenía banda y se fue corriendo a reclutar a Tom y Ali. “Me caían bien, aunque ayudó que no les conociera tanto”, explica el vocalista de voz suave.

 

En su actuación de debut, el futuro componente de la banda, Fields, disfrutó de la frescura de lo que presenció. Ya le habían sugerido antes que se uniera a la banda, y eso hizo. Ello, a pesar de la renuencia de Matthew a incluir un pianista en un grupo que estaba convencido de que lo único que debían hacer era componer canciones como las de sus bandas de garaje preferidas: The Strokes, The White Stripes y los Yeah Yeah Yeahs. “Éramos tres tocando lo más fuerte posible”, dice Tom con arrepentimiento. “Después llegó Fields y nos enseñó lo que era la melodía.”

 

Al principio, los chicos operaban bajo el nombre de Matthew, pero la extraña alquimia de la dinámica de grupo dejó claro que necesitaban su propio nombre. Después de tres meses de tensas discusiones, escogieron el primer nombre que se les ocurrió, que es, claro está, Morning Runner (Corredor mañanero).

 

“La gente que corre a primera hora de la mañana me alucinaba”, explica Matthew. “Me hacía pensar en la lucha de la gente por intentar mejorar, ya sea física, mental o espiritualmente, cuando al final terminarán muriendo un día u otro. Lo respeto. Morning Runner trata acerca de mejorar uno mismo, imagino, exceptuando lo inevitable, pero hacer lo que uno pueda para seguir siendo optimista, ésa es la verdadera libertad para mí. Optimismo realista.” “Es algo que hacemos con la mayoría de las decisiones”, añade Tom. “Encontramos una buena respuesta al principio, después nos alejamos y al final volvemos a ella.”

 

Muy pronto, Morning Runner empezaron a hacer ruido, con la voz pasional de Matthew y el respaldo igualmente radiante de la banda. En 2003 fueron fichados por el sello indie de Manchester Faith And Hope. Después de editar el 7” “The Great Escape” / “Oceans” en 2004, ofrecieron numerosos conciertos por todo el país y al mismo tiempo se convirtieron en uno de los grupos más cotizados por los ejecutivos discográficos. Esto hizo que la banda fichara por Parlophone en noviembre de 2004 y preparara el terrero para una agenda muy apretada al año siguiente.

 

La banda pasó gran parte de 2005 de gira, junto a artistas como Ian Brown, Coldplay, Bloc Party, Magic Numbers y The Pogues, construyéndose así una sólida base de seguidores. Después se unieron al productor John Cornfield para grabar su álbum de debut. “Simplemente queríamos probarle, pero conectamos muy bien desde el principio”, dice Fields. “Para nosotros es muy importante el carácter, mucho más que la capacidad técnica, y John tiene las dos cosas.”

 

De modo que, a lo largo de nueve meses, entre ajetreadas rondas de conciertos, Morning Runner fue creando Wilderness Is Paradise Now. Lo primero que hay que destacar es su sonido puro. Y no es ninguna casualidad. “El método de John es bastante orgánico”, dice Matthew. “No hace una producción a saco, y no queríamos sonar muy pulidos. Queríamos que fuera directo en la máxima medida de lo posible.”

 

Y ¿qué hay del título del disco, de dónde salió? Pues de un poema que leyó Ali. “El poema describe un lugar salvaje que pasa a convertirse en el paraíso gracias a la persona que está contigo”, explica Ali. “Una especie de optimismo que parecía resonar en muchas de las ideas del álbum.”

 

Contra toda lógica, el álbum comienza con el tema “It’s Not Like Everyone’s My Friend”. “Habla de darse cuenta de que no puedes ser amigo de todo el mundo, pero no pasa nada”, dice Tom sabiamente. “Un vez que lo sabes, encuentras la libertad”, prosigue Matthew. “No puedes conseguir todo lo que quieres, y saberlo es un alivio. Mucha gente dijo que era muy denso para empezar un disco, pero pensamos que si los que lo escuchan se van a asustar por eso, nunca nos van a apreciar en directo.”

 

Igual de potente, e incluso más punzante, es el tema furioso “Have A Good Time”. “A menudo la gente se encuentra en situaciones en las que se compromete a sí misma, ya sea a la hora de componer temas o al trabajar para una empresa”, añade Matthew. “Nos preocupamos demasiado por agradar a los demás y buscamos la alabanza por cosas que no son importantes en absoluto.”

 

Y, ¿qué es lo que recibes después de sudar sangre por ellos? Te despiden con una carta impersonal, como se relata más adelante en la canción “Work”. “Es algo en lo que he pensado desde que era pequeño”, confiesa Matthew. “La gente se define a sí misma mediante su posición en su lugar de trabajo. A mi padre le despidieron y solicitó trabajos en los que le entrevistaron personas 20 años más jóvenes.”

 

Morning Runner quieren contarte una historia, y en “Gone Up In Flames” introducen tres narraciones, desde el perdedor de un circuito, pasando por un doliente desconsolado, hasta una consumidora posesiva. “Son todo imágenes de desesperación”, explica Matthew. “Me contaron esta historia acerca de una mujer tan obsesionada con una perla que vendió todas sus posesiones para hacerse con ella.”

 

En “Burning Benches” Fields hace señas con su piano antes de que el resto del grupo empiece a revolotear alrededor de sus figuras. “Va de la obsesión, sobre cuando no puedes conseguir algo y te sientes como si se acabara el mundo. No es tanto acerca del amor como de la obsesión”, admite Matthew. “Sonaba un poco demasiado bonito, por eso hacia el final lo hicimos más potente, queríamos hacer un poco de bulla.”

Xavier Valiño

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