MORGAN LIVE

Morgan en concierto (Sala de Cámara, Auditorio Alfredo Kraus, 15-3-2018)

 

 

No podía ser más oportuno el desembarco de Morgan en Canarias. Su primer concierto en las islas acababa 83 minutos antes de que se editase su segundo y esperado álbum, Air. Tras convertirse en el grupo más comentado de los últimos dos años en toda España, el quinteto arrancaba su nueva gira en Las Palmas.

 

Y, a pesar de presentar una buena batería de temas inéditos, Morgan cautivó con una mezcla de humildad y honestidad nada habituales entre las bandas que suman ya multitudes en sus conciertos. La razón principal está en su líder, Carolina (‘Nina’) de Juan, un diamante en bruto a medio camino entre la ingenuidad y el desgarro, con una voz portentosa que es lo más cercano que hemos tenido por aquí a una Aretha Franklin o una Janis Joplin –si obviamos a la gallega Tara de los años 70–.

 

En poco más de hora y media fueron desgranando casi todo su repertorio, al que aún le falta sumar algunas canciones redondas más, pero entre las que destacan ya aquellas más cercanas a los sonidos de raíz afroamericana y, también, más agradecidas para la audiencia como «Oh, Oh» (acompañada por los coros de todo el público), «Another Road (Gettin’ Ready)», «Flying Peacefully», «Praying» o «Work».

 

 

Cerca del final dejaron caer sus dos canciones en castellano («Volver» y «Sargento de hierro»), sin duda las dos mejor acogidas y, por su comunicación directa, las más emotivas, evidenciando que, antes o después, acabarán grabando un disco enteramente en castellano y llenarán grandes recintos. Presentando la primera, Nina representó inconscientemente la contradicción entre estar acompañada de una banda digna y poseer un don que la lleva a volar por encima de sus acompañantes y de todo el público presente en la sala: “Ahora vamos a interpretar «Volver», mejor dicho, voy a interpretar».

 

Para el final, Nina optó por cantar sin amplificación, a pelo, la última canción de este disco recién estrenado, «Marry You», solo acompañada de la guitarra eléctrica antes del explosivo final con toda la banda a pleno rendimiento. Ahí, de pie (la única vez que dejó la banqueta en la que sentó al piano durante todo el concierto), moviéndose frágil e indefensa, con los ojos cerrados y las manos apuntando en todas direcciones, explotando a fondo todas las posibilidades de su voz, quedó claro que es una de esas dos o tres voces únicas que nacen en años y que marcan a una generación.

 

 

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