MIKE SCOTT

Mike Scott

 

Mike Scott, antes conocido como líder del grupo The Waterboys, edita ahora su primer disco en solitario, Bring ‘Em All In, un álbum en el que ha compuesto todos los temas y toca todos los instrumentos. Para comprender su esencia es necesario escuchar a Mike Scott, quien se prestó a explicarnos su gestación. 

Retrocedamos a julio del 93 y situémonos en una sofocante ola de calor en Manhattan. “Por aquel entonces estaba haciendo audiciones para una nueva formación de mi banda, The Waterboys. Nuestro último disco Dream Harder acababa de lanzarse y quería hacer una gira. Encontré algunos percusionistas de ritmo muy buenos y disfruté con una serie de sesiones llenas de improvisación, pero, a pesar de todo, sentí que faltaba algo. Me di cuenta de que no estaba encontrando una banda, y esa idea me venía constantemente a la cabeza. Empecé a pensar que quizás era el momento de estar sólo por un tiempo”.

 

Efectivamente, ése fue el final de los doce años de historia de The Waterboys. Las canciones de Mike Scott para el grupo siguieron una evolución pareja a la de las dos docenas de músicos que, desde todos los estilos, pasaron por la formación; del mismo modo que evolucionaron con los cambios ritmo de su base de operaciones, que de Londres pasó a Dublín, luego a Galway y, finalmente, a la ciudad de Nueva York. “Mi estancia allí había llegado a su fin”, recuerda Mike Scott. “Ya tenía lo que había ido a buscar”.

Hasta entonces la historia de la vida musical de este joven de ojos grandes había sido tan rica e impredecible como la de cualquier aventurero. Sus discos estaban colmados de extraordinarias visiones, rompecabezas, pistas extrañas y suspense, que deberían terminar con la vieja frase ‘continuará…’

 

Y así fue. Volvió a su Escocia natal, pasando un tiempo en la conocida Comunidad de Fidhorn, lugar en el que trabajó en las  cocinas y en los jardines, y en el que consiguió centrarse en sí mismo y en sus canciones, las mismas que luego cristalizarían en Bring ‘Em All In. De hecho, fue durante los conciertos que dio en el teatro de la Comunidad donde tocó por primera vez alguno de esos temas.

 

Las nuevas canciones surgían de una forma más personal y abarcaban temas a los que antes Mike sólo se había referido de una manera indirecta: el origen de su dolor, de su amor y de su asombro. “Ansiaba escribir de esa manera. Lo que me estaba sucediendo era tan increíble que sentía que lo tenía que poner en un papel. Hice un viaje fabuloso hasta Findhorn y quería describirlo con claridad: todo está en el tema “Long Way To The Light”. Algunas canciones son pequeños incidentes de mi viaje -como “Iona Song” o “Edinburgh Castle”-. Y otras hablan de aquella comunidad, toda una auténtica universidad de la vida”.

 

El nuevo estilo tomó forma durante la gira de Mike Scott en solitario, que empezó en septiembre de 1.994. Contando tan sólo con él, su guitarra, un arpa y ocasionalmente un piano, hizo cerca de 40 conciertos en los nueve meses siguientes. En ese ambiente sobrio Mike Scott cantó sus canciones más personales, abriendo su alma al público. “Siento como si siempre hubiera estado escribiendo sobre ese viaje que es la vida, pero casi siempre lo he ocultado tras un lenguaje figurativo e indirecto. Esta vez simplemente he quitado el disfraz para utilizar un lenguaje cotidiano. Cuando estoy tocando sólo en el escenario me desprendo del ardor y me vuelvo desnudo y vulnerable. (Y me gusta!”.

Mike Scott grabó su nuevo disco con ayuda de un equipo alquilado, en un pequeño estudio en Findhorn. Tocó todos los instrumentos y produjo el disco con Niko Bolas, conocido por su trabajo con Neil Young. “Niko llegó directamente de trabajar con Rod Stewart en Los Ángeles”, dice sonriendo. “Pero no tardó en superar el choque cultural”.

 

La mayor parte de las grabaciones eran primeras tomas que Mike Scott revestía con adornos de guitarra y teclado. Luego se intentó mezclar el álbum en Nueva York. “El resultado final recupera sobre todo las primeras versiones, más frescas y verdaderas, más cercanas al espíritu original y con una atmósfera más cálida”.

 

Fue durante esos meses que Mike Scott tuvo tiempo también para recopilar material que no había sido editado antes, perteneciente a la primera etapa de The Waterboys, la etapa londinense, aquella que alguien definió como la de ‘la gran música’. The Secret Life Of The Waterboys, ’81-85, que se lanzó el año pasado, es una sorprendente ventana abierta a la mente de un compositor mucho más joven, pero ya lo suficientemente creativo e inquieto.

 

“En algunos de esos viejos temas solía cantar muy angustiado. No tenía el control que tengo ahora de mi voz. Y no tenía inhibición alguna cuando cantaba, especialmente en los dos primeros discos. Algo sucedió a mediados de los años ochenta y me cerré un poco: una especie de autoprotección se apoderó de mí. Cuando escucho la época que ahora se recoge en ese recopilatorio me puedo ver dejando aflorar todo lo que tengo dentro”.

 

Tal vez su primer disco en solitario, Bring ‘Em All In, sea indicativo de una nueva actitud más desenfadada. “Ahora atravieso una etapa en la que estoy preparado para mostrarme a mí mismo a través de mis canciones, igual que antes. Por lo de pronto, el pasado verano me instalé en Londres para estar cerca de la competencia y en octubre inicié  esta gira que me llevará de vuelta a América”. Sin duda la historia continuará inspirando caminos inexplorados. Más lejanos y, parece ser, más profundos.

 

DISCOGRAFÍA:

 

THE WATERBOYS:

The Waterboys, 1.983

A Pagan Place, 1.984

This Is The Sea, 1.985

Fisherman’s Blues, 1.988

Room To Roam, 1.990

The Best Of The Waterboys ’81-’90, 1.991

Dream Harder, 1.993

The Secret Life Of The Waterboys ’81-’85, 1.994

 

MIKE SCOTT:

Bring ‘Em All In, 1.995

 

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