MARK OLSON

 

Mark Olson, retratos de la América enferma

 

         Una de sus primeras respuestas es a la defensiva. “¿De verdad crees que he saturado el mercado?” No será para tanto, pero, por una razón u otra, Mark Olson ha editado tres discos recientemente: el recopilatorio Creekdippin’ for the First Time, su nuevo disco Mystic Theatre y el más que crítico con la política de su país Political Manifest. Más adelante, se suelta sin reparos. Al menos goza de la ventaja de quien se lo hace todo al margen de la gran industria desde hace unos años, justo desde que dejó atrás a los Jayhawks -aunque ahora reconoce que está pensado participar en una gira con su antiguo grupo para el próximo año por Europa-.

Has editado tres discos en los últimos meses. ¿De dónde viene tanta actividad?

– Muy simple: me gusta tomar una idea o una situación y convertirla en una canción. Una vez que lo he hecho con una, me pregunto por qué no escribir todo un disco, grabarlo, mezclarlo y poner en marcha el diseño de la portada. Generalmente me lleva unas tres semanas desde la primera canción hasta que acabo el disco. Ya lo he hecho siete veces desde que me fui del mundo de las discográficas convencionales. Por desgracia, da la impresión de que me he perdido un poco, pero lo cierto es que me senté a escribir un puñado de canciones y éste es el resultado.


¿Qué podemos encontrar en Creekdippin’ for the First Time?

– Se trata de una recopilatorio remasterizado de los siguientes discos: The Original Harmony Ridge Creekdippers, Pacific Coast Rambler y Zola and the Tulip Tree. El envoltorio es fantástico, hay fotos nuestras grabando y contiene explicaciones de las canciones. Tocamos material de entonces en nuestros conciertos y hay canciones con instrumentos extraños y arreglos que sólo se pueden oír en esos discos. Era como el paso siguiente de una grabación de campo a la que se le añadieron un par de cosas para darle ambiente.


¿Cuál es la idea detrás de Political Manifest?

– Una insensata. Para empezar, mi padre era peluquero y campeón de boxeo del Instituto del Estado de Minnesota. Me hacía pelear con este chaval mexicano cada viernes por la noche. Eran luchas justas, encima de la mesa de la cocina. De ahí “My Father Knows Foes”. Murió en 1976 por el PVC que había en la laca para el pelo. Mi familia no se enteró de la causa hasta que apareció en un reportaje en la televisión pública en el 2002. Los responsables de la industria petroquímica se habían cubierto bien las espaldas y habían eliminado el PVC de la laca sin decírselo a nadie por miedo a que los demandaran. Uno de sus hombres en Washington era George Bush Sr. Así que ahí tienes canciones llenas de rencor como “George Bush Industriale”. Más tarde, conduciendo la furgoneta a un concierto con nuestro batería Ray Woods -una gran incorporación al grupo- escuchamos en la radio que todas las tasas de la Escuela del Distrito de Houston fueron utilizadas para llevar al poder a Bush en el 2000. La familia de Ray trabaja como funeraria para el ejército estadounidense, así que le pregunté cuál de los dos empleos prefería y me contestó que el suyo no es buen negocio. De ahí viene “Poor GW”. Después,  escuché un discurso del senador Robert Byrd, y su dicción, su gramática y la forma de pronunciarlo era como el de mi abuela. De ahí “Senator Byrd Speech”. Me harté y pensé que estábamos seriamente en peligro, que no necesitábamos a esa gente para decirnos qué está bien y qué está mal, que había que sacarlos de ahí. Ésa es la razón por la que escribí Political Manifest.

¿Ves en él alguna influencia de los grandes músicos que solían cantar sobre asuntos políticos?

– Sí, de Woody Guthrie, Bob Dylan, Bobby Fuller y Phil Ochs.

¿Y hay alguna posibilidad de que te conviertas en el Michael Moore del rock’n’roll?

– No. Ya lo he hecho ahora y no volveré a hacerlo más.

Parece que te gusta mucho salir de gira. ¿Nunca te cansas?

– No, pero, ¿crees que es así? Siempre miro a los artistas del bluegrass, el country, el gospel y el blues que giran con 80 años. Aprecio mucho que en Europa viene a vernos gente de todas las edades, incluso los mayores. ¿Por qué no? Parece como si estuviera empezando cuando dicen que The Creekdippers hemos mejorado en los últimos años y, sí, ¡hay signos de mejora!

Hace algunos meses asistí a un concierto vuestro en el que no éramos más de 50 personas. ¿Compensa un viaje tan largo para tocar para tan poca gente?

– Es un hecho musical poco conocido, pero, por lo que a mí respecta, los mejores conciertos son en noches de días laborables en locales sin mucha gente de ciudades perdidas, siempre mientras sea sólo un par de veces por semana, porque si no la moral del grupo empieza a decaer y la situación financiera se hace imposible. 

De vuestros discos y giras se puede concluir que Mark y Victoria cantáis en un estilo muy diferente pero, al mismo tiempo, os complementáis. ¿Estás de acuerdo?

– Sí. Me gusta mucho cantar con ella los temas más rápidos. Tiene una forma de cantar y tocar como si estuviese cruzando los bosques a todo tren.

¿Qué es lo mejor y lo peor de editar discos con sellos independientes?

– Lo mejor es que haces el disco sin que nadie intente definir lo que estás haciendo antes de que lo hagas. Lo peor es que no mucha gente lo oye, pero, hey, algunos sí lo hacen.

Aunque vives en el desierto, ¿qué haces para mantenerte en contacto con tus seguidores y el resto del mundo?

– Antes de los últimos seis meses en la carretera, lo hacía a través de Internet pero, al llegar a casa, gracias a que todo se estropeó, dejé de hacerlo. ¡Por suerte, estamos conectados otra vez!

¿Algún descubrimiento musical reciente?

– Sí, Michele Gazich, un violinista de Brescia, Italia, que produjo el último disco de Massimo Bubolas. Cuando él tocó con nosotros llegué al máximo objetivo de nuestra carrera. Recuerdo un día en Bonn en el que aparecimos en una cervecería de una calle perdida y pedimos dos cervezas. Nos trajeron dos que eran cada una como dos latas normales en América. Empezamos a reírnos como dos colegialas. Necesitábamos una razón para estar allí a mediodía bebiendo, así que nos inventamos una. Decidimos que ya estábamos cansados del transporte público, que no queríamos ir más en tren. Yo acababa de leer un artículo en el Herald Tribune sobre los 20.000 taxis Volga que el régimen de Saddam había encargado a Rusia, con aire acondicionado y equipamiento de lujo americano. Ahora ya no los necesitaban en Irak y allí estaban esperando en Rusia, así que quisimos comprar uno. Brindamos con nuestras cervezas por el acuerdo y empezamos a hacer llamadas para realizar nuestra inversión. Al día siguiente Victoria y Ray nos despertaron de nuestro sueño-resaca y continuamos con los conciertos como habíamos planeado, en tren. Creo que es lo mejor de ser músico: encontrar alguien con quien soñar a lo largo de la ruta. Cualquier músico te dirá que es la clase de cosas que te hace seguir adelante durante días. ¡Te montas una reunión con alguien y acabas siendo el mayor estúpido!

Por último, ¿habrá nuevo disco de Victoria Williams pronto?

– Justamente ahora se está preparando para ello.

Xavier Valiño

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