MADELEINE PEYROUX

Madeleine Peyroux, detrás del pulso
 
 
 

Nació en Athens (Georgia, EE.UU.) y creció entre Brooklyn, el Sur de California y París, aunque fue en esta última ciudad donde encontró su voz. Siendo adolescente le atrajo la música en la calle y en 1989 empezó a tocar con un grupo de este tipo. Posteriormente, se unió a los Lost Wandering Blues & Jazz Band, de los que era la única joven, realizando giras por toda Europa durante varios años. Este viernes se presenta por primera vez en Galicia dentro del marco del Festival de Jazz de Pontevedra.

 

Maeleine Peyroux debutó en la escena discográfica en 1996 con un sorprendente primero álbum titulado Dreamland, que fue agasajado con un interminable torrente de magníficas críticas, entusiasmadas con su voz profunda de ‘tabaco y whisky’, lo que hizo que fuera comparada con frecuencia con la gran Billie Holiday. De pronto, se encontró en el camino más directo a la fama, formando parte de carteles de numerosos festivales de jazz. Careless Love, su continuación ocho años después, contenía canciones tan antiguas como alguna que ya había sido interpretada por Bessie Smith en los años 20, otras más recientes como “Between the Bars” o clásicos como “Dance Me to the End of Love” de Leonard Cohen.

 

En 2006 llegó Half the Perfect World, un disco que, continuando con la línea marcada por su anterior trabajo y profundizando en ella, contenía un extenso catálogo de piezas de grandes compositores, incluyendo alguna escritura por ella misma. Ya en 2009 lanzó su último trabajo Bare Bones, que es a la vez tanto una continuación de sus dos anteriores álbumes como un intrépido paso adelante en terrenos inexplorados. Producido, al igual que sus dos predecesores, por Larry Klein, este nuevo álbum es el más personal de Peyroux hasta la fecha, algo que difícilmente resulta sorprendente si se tiene en cuenta que ella participó en la composición de todas y cada una de las once canciones, lo que supone haber satisfecho el sueño de toda una vida.

 

“Esto es realmente una nueva experiencia para mí; es casi como si volviera a hacer mi primer disco”, dice. “Larry fue la primera persona que me dijo, ‘Vamos a escribir todas las canciones del disco, es algo que deberíamos hacer’. Yo había coescrito con Larry un par de veces en el pasado, pero esto fue un gran salto para mí como compositora, y también una profunda exploración como coautora”, continúa Peyroux, “no sólo en la experiencia de escribir, sino también por el mensaje que yo quería transmitir. Igual que el final de cualquier cosa que sucede -estar despierta toda la noche o cuando deja de llover y sale el sol-, es un momento de transición después de dejar atrás algún tipo de lucha”.

 

Quizá la mayor sorpresa llega aquí por el hecho de que, de cuando en cuando, las nubes se disipan, ofreciendo un atisbo de una nueva ligereza, conquistada con mucho esfuerzo, algo que normalmente no se asociaría con esta artista profunda y enormemente seria, cuyos trabajos anteriores han estado inmersos en la melancolía. “He estado trabajando para conseguir esto durante mucho tiempo”, señala. “No creo que podamos conocer realmente el drama sin conocer la comedia. Se necesitan uno a otra para poder ser reales y completos. Así, en un cierto sentido, estoy intentando traspasar las fronteras de ese sutil matrimonio entre dos contrarios: feliz y triste, trágico y cómico, o dolor y renovación”.

 

Peyroux ve el hecho de reducir la carga de seriedad como parte de un continuum psicológico que comenzó con la experiencia de la pérdida y la maraña de dolor resultante. “Hay referencias a la pérdida en varias de las canciones, si no en todas ellas”, señala, interrumpiendo su frase con una rápida risa, quizá dándose cuenta de cuánto está revelando de sí misma, más de lo que nunca lo había hecho anteriormente.

 

“En muchos sentidos, este disco es mi intento de expresar una filosofía de la vida”, confiesa. “Por eso decidí titular el disco Bare Bones, porque la mayoría de estas canciones son un modo de profundizar en la esencia de lo que creo que importa de verdad, así que en ese sentido es muy personal, pero el hecho de pararte a pensar en las cosas y decir ‘Esto no es tan importante, al fin y al cabo’, forma también parte de ese proceso. Una vez que llegas al punto en el que has descubierto que hay algunas cosas que no son sólo importantes, sino que revisten una importancia capital, entonces sí que se trata de un descubrimiento positivo: una revelación hermosa, trascendental”.

 

Peyroux sacó el título de la canción, así como el tema que recorre todo el disco, de When Things Fall Apart: Heartfelt Advice For Difficult Times (Cuando las cosas se vienen abajo: consejos sinceros para tiempos difíciles), un libro de la monja budista Pema Chodron, cuya lectura le había recomendado un amigo. “¿No podemos simplemente volver a la esencia?”, escribe Chodron en un pasaje fundamental. “¿No podemos simplemente volver? Ése es el comienzo del comienzo. La esencia, el buen yo. La esencia, el buen dedo sangrando. Volver a empezar desde cero, con la esencia mínima. Relajarse con el momento presente, relajarse con la desesperanza, relajarse con la muerte, no enfrentarse al hecho de que las cosas terminan, que las cosas pasan, que las cosas no tienen una sustancia duradera, que todo está cambiando sin parar todo el tiempo: ése es el mensaje fundamental”.

 

 
 

El mensaje de Chodron conectó con Peyroux a un nivel muy profundo. “La imagen de la esencia me lanzó a escribir esa canción. Mi padre murió hace unos años y me llevó mucho tiempo pasar a la siguiente página después de enfrentarme a eso. Es claramente a mi padre a quien tenía en mente cuando empecé a escribir “Bare Bones”. Finaliza con estos versos: “Supongo que mi viejo era difícil de leer / Y realmente no sé lo que creo / Pero en esta esencia hay algo maravilloso al fin y al cabo”.

 

Desde un punto de vista estructural, los objetivos de Peyroux como compositora incluían “no tener nada en la canción que no necesitara estar ahí, pero sí contar lo suficiente de una historia como para conseguir todo lo que necesitas. Y si una canción consigue ser realmente clara al decir algo que es prácticamente imposible de decir en un lenguaje llano, ése es el objetivo de componer canciones, así como de interpretar una canción”.

 

Cuando se le pide que describa el sonido de Bare Bones, Peyroux se para a meditar sobre la pregunta durante un rato. “Las letras y los sonidos son ambos honestos, de modo que encajan unas y otros. Estamos explorando realmente la actitud tranquila, relajada, porque tendemos a caer en un modelo rítmico que no se explota mucho en la música popular. Todo por delante del pulso, por encima del pulso o intentando llegar al próximo pulso; todo es corto y muy repetitivo; nosotros somos mucho más lentos que todo eso”.

 

Mientras que la composición del disco llevó varios años, la grabación inicial quedó completada en menos de una semana gracias a la intimidad reinante entre Peyroux y los instrumentistas: Dean Parks en diversos instrumentos de cuerda, Larry Goldings al órgano, Jim Beard al piano, Vinnie Colaiuta a la batería, Carla Kilstead al violín y Klein al bajo. Lograron hacer la canción que da título al álbum en una sola toma, “Homeless Happiness” (“Felicidad sin hogar”) en dos, y ninguna canción necesitó más de cuatro o cinco. La banda de estudio tocó junto a Peyroux, compartiendo espacio, rodeándola, y ella cantó y tocó la guitarra acústica para reforzar las buenas vibraciones; más tarde grabó los últimos toques de su parte vocal y partes de guitarra a las pistas ya completadas.

 

Peyroux compara el proceso de escribir y grabar estas canciones a “abrir una rendija a la luz del sol por la mañana: te hace sentirte bien. Estoy realmente contenta de haberme puesto a componer, y a veces me quedo extraordinariamente sorprendida porque me gusta lo que hemos conseguido hacer al final. Estoy realmente emocionada, porque la sensación es de una nueva etapa, y es un gran trabajo. He estado rodeada de hermosos sonidos, de músicos realmente honestos. Suena como si fuera música hecha para mí”.

 

Cada una de estas once canciones revela sus múltiples facetas una por una según van llegando a la mente del oyente. “Instead” (“En vez de”), coescrita con su amigo Julian Coryell, abre el disco en un tono maravillosamente vitalista: “En vez de sentirte mal, siéntete contenta de tener algún sitio al que ir”, ronronea Madeleine con su asombrosamente evocadora voz de contralto, “En vez de sentirte mal, siéntete feliz de que no estás solo. En vez de sentirte alicaída, anímate con todas las cosas que amas. En vez de perder el tiempo, siéntete bien con las cosas que sueñas”.

 

“River Of Tears” (“Río de lágrimas”, una colaboración con Klein) y la negra road movie “Love And Treachery” (“Amor y traición”, con Joe Henry y Klein) evocan a Leonard Cohen en su precisión y su tensión mantenida. “You Can’t Do Me” (“No puedes hacerme”) empieza a mostrar un ritmo ufano que recuerda a los mejores temas de Steely Dan, y está escrita, de hecho, con uno de sus miembros, Walter Becker.

 

Una especie de madrigal posmoderno, “Our Lady Of Pigalle” (“Nuestra Señora de Pigalle”), escrita con David Batteau y Klein, “trata de una mujer que está paseando por las calles muy tarde de noche, y a la que un hombre invita a irse a la cama con él. El título hace referencia a ella como un símbolo de salvación”. En “I Must Be Saved” (“Tengo que salvarme”), escrita por ella misma, Peyroux describe “el esfuerzo por no perder algo, sólo para darte cuenta más tarde de que vas a perderlo de todas formas: si me pierdo en tu mente, en tus pensamientos, entonces tengo que salvarme”.

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