MADE IN JAMAICA

Made In Jamaica, la canción de la redención

 

Al principio uno se teme lo peor, porque el documental musical Made In Jamaica comienza con mucho dancehall o cómo se llame la variante en concreto que se ve en el film que, en algunos casos -no todos, por suerte- tiene que ver bastante con las hazañas sexuales de sus autores. Pero, poco a poco, la cosa fue ganando. Más que nada porque apareció el reggae. Y porque también asomó la isla, sus calles, sus gentes… Nada tocado en profundidad, porque la música es la que domina, pero todo guiado por las letras de las canciones.
 

Se hablaba, sobre todo, de la violencia. Y ahí es donde estuvieron los comentarios más certeros: los de Gregory Isaacs, los de algunos de los componentes de Third World (quienes, por cierto, se pasean por una casa enorme de la que, aseguran, hace años no se les permitía pisar, así que algo han progresado) y, sobre todo, el más lúcido, Bunny Wailer. Él es quien habla de la violencia, de cómo el gobierno y los poderosos la mantienen hipócritamente, de cómo ningún traficante de armas ha pisado nunca la cárcel, pero hay miles y miles de jóvenes detenidos por arma de fuego… Y, también, miles de muertos, claro.

Eso es Jamaica hoy, claro, aunque por suerte no es lo único. Y lo otro también se toca: Jah, la religión, la esclavitud que dio origen a casi todo, el papel de los pioneros, la reverencia hacia Bob Marley, la situación de la mujer… Mejor sería decir que se escucha, porque toda la película es una gran canción, una detrás de otra, reflejando buena parte de los sonidos de la isla. En medio de cada tema, la opinión y la visión del que canta de lo que le parece más importante.

 

Gran parte de la película viene a confrontar el mundo del reggae clásico con el del dancehall actual. En cuanto a la música, cada uno tirará para lo que más le apetezca, pero lo que más sorprende son aquellos que medio rapean sobre una base reggae, sin llegar a la velocidad del dancehall. Eso y una cantante llamada Alaine que apareció en unos breves dos minutos cantando “We Can Go”, algo así como un nuevo “Unfinished Sympathy”, la joya de Massive Attack, que, a pesar de eso, poco tenía que ver con el resto de la cinta.

Pero en cuanto a lo que dicen, los veteranos ganan por goleada, demostrando que saben reflexionar sobre todo lo que han visto en estos años y que su isla estaría en otra situación si dejasen las cosas en sus manos. O sea, la eterna historia.

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